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Comentario bíblico del Evangelio de Juan

Juan 4.25-26 – Jesús es el Mesías

Juan 4.25-26 – Jesús es el Mesías

Comentario Bíblico Devocional del Evangelio de Juan

Muy bienvenidos al comentario del Evangelio de Juan, publicado por Gracia y Vida

En esta publicación continuaremos con nuestro estudio de la historia de Jesús y la mujer samaritana, y en el texto de hoy podremos ver y entender que Jesús es el Mesías de Dios, el Cristo

Hoy haremos un análisis, estudio y aplicación de los textos de Juan 4.25-26. Y para esto te presentamos un análisis del texto y de todos los datos necesarios para comprender el mismo en su contexto.

Antes de comenzar con tu lectura te invitamos a orar. Esperamos que El Espíritu Santo se manifieste a través de tu estudio de la palabra de Dios, y que esta lectura sea de bendición para tu vida. 


Texto Bíblico: Juan 4.25-26

25 La mujer le dijo: «Sé que el Mesías viene (el que es llamado Cristo); cuando Él venga nos declarará todo». 26 Jesús le dijo: «Yo soy, el que habla contigo».


Introducción a los versículos 25 y 26

Hasta este punto del encuentro entre Jesús y la mujer samaritana hemos visto diferentes temas importantes:

El día de hoy nos toca ver una revelación muy especial de parte de nuestro Señor Jesucristo, que en muy pocas ocasiones manifestó explícitamente y tan directamente ser el Mesías. 

Ahora, ¿sabes tú qué significa la palabra Mesías y qué implica que Jesús haya sido el Mesías designado y enviado por Dios? Más abajo, después de la explicación de estos versículos, te dejamos las respuestas a estas preguntas.


Veamos ahora el:

Resumen del mensaje de Juan 4:25-26

En Juan 4:25-26 vemos un momento clave en el encuentro entre Jesús y la mujer samaritana. Después de haber hablado sobre el agua de vida y la verdadera adoración, la mujer expresa su esperanza en la venida del Mesías, quien habría de revelar todas las cosas.

Ante esta expectativa, Jesús responde de manera directa y personal: “Yo soy, el que habla contigo”. Con esta declaración, Jesús se identifica abiertamente como el Mesías prometido, algo que no hacía de forma frecuente.

Este pasaje muestra el paso de la expectativa a la realidad: aquel que la mujer esperaba ya estaba delante de ella. Así, el texto nos enseña que Jesús no solo trae la revelación de Dios, sino que Él mismo es la revelación, y que el conocimiento verdadero de Dios se encuentra en un encuentro personal con Cristo.


Pasemos ahora al:

Estudio del Texto Bíblico de Juan 4:25-26

El texto dice:

La mujer le dijo: «Sé que el Mesías viene (el que es llamado Cristo); cuando Él venga nos declarará todo».

La mujer samaritana expresa su conocimiento del Mesías

(Sé que el Mesías viene)

Ya habíamos analizado la pregunta anterior de dicha mujer. Ella le había preguntado por el lugar correcto de adoración. La respuesta de Jesús obviamente había descolocado a la mujer, dado que Él había cambiado el enfoque de lo que en verdad era importante: 

Ni en este monte ni en Jerusalén, sino que lo importante es adorar en espíritu y en verdad

Por ende, mientras ella pensaba en el lugar, Jesús le habló de la manera adecuada de hacerlo; y al mismo tiempo le dejó bien en claro que la controversia que mantenían judíos y samaritanos por este tema intrascendente.

¿Qué llevó a la mujer a cambiar abruptamente de tema? Esto es algo que podemos suponer: Ante tamaña declaración de Jesús, alguien que ya le había demostrado que no era un hombre común, ella por fin declaró algo que tenía mucho sentido: 

La autoridad final estaría en la persona del Mesías. Él sin dudas podría decir con total autoridad qué era lo verdaderamente importante para Dios. Sólo el Mesías podría y debería ser escuchado.

Esto claramente desencadenó la afirmación de Jesús, pero analizaremos su respuesta más abajo. Por ahora es importante que podamos observar los siguientes temas:

A- No solo los judíos esperaban al Mesías, sino que también los samaritanos

Pero, ¿Cómo sería esto posible, dado que ellos solo aceptaban el pentateuco y no los libros proféticos? Bueno, es que es posible encontrar una referencia al Mesías en el libro de Génesis:

El cetro no se apartará de Judá,

Ni la vara de gobernante de entre sus pies,

Hasta que venga Siloh,

Y a él sea dada la obediencia de los pueblos.

(Génesis 49.10 – Siloh es interpretado como “Él”, la persona designada por Dios, como el Gran Rey de parte de Dios – Ver la traducción NVI)

Además de esta profecía, también era más que conocida la de Génesis 3.15, por lo que la expectativa de la venida del Mesías era compartida tanto por los judíos como por los samaritanos.

B- La aclaración del apóstol Juan

Esta aclaración: “el que es llamado Cristo”, es otra de las evidencias de que las personas a quien se dirigía este evangelio no eran de procedencia judía. 

Hemos mencionado en otras muchas ocasiones (ver la introducción al Evangelio de Juan) que fue el apóstol Juan quien escribió este evangelio casi al final de su vida, cerca del año 100 d. C. El mismo fue escrito en Éfeso para ser leído por la Iglesia de esa ciudad de Asia Menor, por cristianos de procedencia mayormente griega. 

Es por esto que el apóstol necesita hacer la aclaración de qué significaba la palabra Mesías y a quien se le aplicaba. Si bien era muy bien comprendida entre la población judía (y samaritana), no lo era para otras culturas. Vale aclarar que no fue la mujer samaritana la que hizo esta aclaración sino el escritor de este Evangelio.

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Continuando ahora con nuestro texto, vemos que la mujer hace la siguiente declaración de fe sobre el Mesías:

Juan 4.25-26 - Jesús es el Mesías
Juan 4.25-26 – Jesús es el Mesías

El Mesías como revelador de la verdad

(“nos declarará todo”)

Ya habíamos dicho que el pueblo de Dios esperaba al Mesías, de quien estaba profetizada su venida, y que tanto Judíos como Samaritanos espereban su llegada. 

Según la expectativa judía, Él tomaría el control sobre la nación de Israel y se restauraría el poder del reino de David. Pero según la expectativa samaritana, más allá de tomar el control, de tener autoridad y de gobernar, Él declararía y revelaría todas las cosas.

Es obvio que ambas visiones depositaban todas sus expectativas en el Mesías, y por lo tanto, esto mismo es lo que con tanto fervor esperaba la mujer que hablaba con Jesús. Al declarar todas las cosas, Él tendría una autoridad tal que ningún hombre se le podría oponer

Esa era la esperanza, no solo de la mujer, sino también de todo su pueblo. Una esperanza de restauración que los pondría nuevamente en su lugar. Después de tantos años de segregación y de discriminación, ellos podrían volver a pertenecer al pueblo de Dios. 

Entonces, es lógico dado el contexto, que el Mesías fuese la palabra de autoridad que ella tanto esperaba. Y por ende, si lo que Jesús le había dicho era correcto, el Mesías lo revelaría

Muy posiblemente esta era la razón para que la mujer saltara (o pasara) del tema sobre el lugar de adoración, a este otro tema sobre el Mesías. Posiblemente, dado que no sabía frente a quien estaba, que no estuviera tan segura sobre esta afirmación y quisiera tener una palabra de autoridad al respecto.

Como hemos dicho, este era un “pie” fenomenal (maravilloso, oportuno y único) como para que Jesús se acercara un “pasito” más a lo que era su propósito, su meta principal para tomar este camino que pasaba por samaria (Juan 4.4), y para comenzar el diálogo con la mujer samaritana.

El objetivo fundamental de Jesús era obsequiar la salvación, tanto a la mujer, como también a todo su pueblo.

Éste era el propósito divino que Jesús perseguía. El agua de vida estaba allí dispuesta para ella, y la mujer sólo debía pedirla y tomarla (esta misma oportunidad te espera hoy también a ti ¿Lo sabías?)

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La clara respuesta de Jesús, quien había tomado el control de la conversación desde el primer momento de la misma, fue la siguiente:

El texto dice:

Jesús le dijo: «Yo soy, el que habla contigo»

La declaración directa de Jesús

(“Yo soy”)

¡Cuán maravillosa afirmación! Una que ella no habría podido imaginarse. Ni siquiera los discípulos habían tenido una afirmación como esta (por lo menos, no la encontramos escrita en la Biblia).

Dos veces salió de la boca de Jesús tal declaración. Sin lugar a dudas esta oportunidad lo ameritaba, y es por eso que vemos que Él no dudó en revelar quién era: El enviado de Dios para la salvación del mundo. En Él se cumplía la profecía de Isaías, quien expresó:

El Espíritu del Señor Dios está sobre mí,

Porque me ha ungido el Señor

Para traer buenas nuevas a los afligidos.

Me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón,

Para proclamar libertad a los cautivos

Y liberación a los prisioneros; Isaías 61.1

La otra oportunidad en la cual Jesús reveló explícitamente su misión y su condición de Mesías, fue en ocasión de la sanidad de un ciego de nacimiento, a esta otra persona Jesús le preguntó lo siguiente:

35 (…) «¿Crees tú en el Hijo del Hombre?». 36 Él le respondió: «¿Y quién es, Señor, para que yo crea en Él?». 37 Jesús le dijo: «Pues tú lo has visto, y el que está hablando contigo, Ése es». 38 Él entonces dijo: «Creo, Señor». Y lo adoró. 39 Y Jesús dijo: «Yo vine a este mundo para juicio; para que los que no ven, vean, y para que los que ven se vuelvan ciegos». Juan 9.35-3

Por nuestra parte, nosotros ya en otro momento habíamos aclarado que Jesús prefería el título de “Hijo del Hombre” en lugar del de “Mesías”. En el momento de hablar sobre ese tema habíamos dicho que la razón para esto era su identificación con la humanidad. 

Él se veía a sí mismo como un pariente redentor de la humanidad (el llegar a serlo era la única manera de poder redimir a la misma). Puedes leer más al respecto en el estudio de Juan 3.13 – Jesús es el Hijo del hombre.

En todas las demás oportunidades Jesús había pedido a las personas y a sus discípulos que no revelasen su identidad, lo cual era más que importante para no acelerar el proceso de su muerte en mano de las autoridades de Israel.

Para explicar un poco mejor esta situación, baste con considerar que el ministerio principal de Jesús fue en Galilea, y no en Jerusalén. Si bien en dicha provincia las autoridades tenían poder, y siempre contaban con quien les «contara» sobre la actividad de Jesús, era en Jerusalén en donde ejercían su mayor influencia.

En el tiempo establecido por Dios, Jesús fue a Jerusalén y se quedó allí para llevar a cabo la entrega de Su vida. Pero antes de ese momento: “la hora todavía no había llegado” y es por eso que prefería enseñar, curar y demostrar el amor de Dios sin ser reconocido como lo que era, El encargado de venir a preparar el camino de la humanidad hacia Dios. 

Sólo para nombrar unos pocos ejemplos sobre esto, bástenos con los dos siguientes:

13 Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a Sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?». 14 Y ellos respondieron: «Unos, Juan el Bautista; y otros, Elías; pero otros, Jeremías o alguno de los profetas». 15 «Y ustedes, ¿quién dicen que soy Yo?», les preguntó Jesús. 16 Simón Pedro respondió: «Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente».

17 Entonces Jesús le dijo: «Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos. (…) 20 Entonces ordenó a los discípulos que a nadie dijeran que Él era el Cristo. (Mateo 16.13-17, 20)

1 Seis días después, Jesús tomó con Él a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto. 2 Delante de ellos se transfiguró; y Su rostro resplandeció como el sol y Sus vestiduras se volvieron blancas como la luz. 3 En esto, se les aparecieron Moisés y Elías hablando con Él. (…)

5 Mientras estaba aún hablando, una nube luminosa los cubrió; y una voz salió de la nube, diciendo: «Este es Mi Hijo amado en quien Yo estoy complacido; óiganlo a Él».

6 Cuando los discípulos oyeron esto, cayeron sobre sus rostros y tuvieron gran temor. 7 Entonces Jesús se les acercó, y tocándolos, dijo: «Levántense y no teman». 8 Y cuando alzaron sus ojos no vieron a nadie, sino a Jesús solo.

9 Mientras descendían del monte, Jesús les ordenó: «No cuenten a nadie la visión hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos». (Mateo 17.1-3, 5-9)

En otras muchas ocasiones también les pidió lo mismo a las personas que habían recibido algún milagro de Él. Otra ocasión fue por ejemplo en Juan 10.24-25. Pero dado que el punto está más que claro no seguiremos con él. Seguramente podrás encontrar muchas referencias si las buscas.

El Mesías como revelador de la verdad

(“nos declarará todo”)

La mujer samaritana no solo expresa su creencia en la venida del Mesías, sino también su expectativa respecto a lo que Él hará: declarar todas las cosas.

Esta expresión muestra que el Mesías era entendido como alguien que traería claridad completa, resolviendo dudas y revelando la verdad de Dios de manera plena.

Esto implica que la mujer reconoce que aún hay cosas que no comprende completamente, y que espera que el Mesías sea quien dé la explicación definitiva.

De este modo, el texto presenta al Mesías no solo como una figura esperada, sino como el revelador de la verdad.

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Análisis gramatical del texto bíblico en el idioma original y su traducción

Versículo 25

λέγειle dijo
αὐτῷa Él
la
γυνήmujer
οἶδα
ὅτιque
ΜεσσίαςMesías
ἔρχεταιviene
el
λεγόμενοςllamado
Χριστός·Cristo;
ὅτανcuando
ἔλθῃvenga
ἐκεῖνοςÉl
ἀναγγελεῖdeclarará
ἡμῖνa nosotros
πάντα.todas las cosas.

Versículo 26

λέγειle dijo
αὐτῇa ella
el
ἸησοῦςJesús
ἐγώYo
εἰμιsoy
el
λαλῶνque habla
σοι.contigo.

Observaciones gramaticales clave (Juan 4:25-26)

Juan 4:25

λέγει αὐτῷ ἡ γυνή· οἶδα ὅτι Μεσσίας ἔρχεται (ὁ λεγόμενος Χριστός)· ὅταν ἔλθῃ ἐκεῖνος, ἀναγγελεῖ ἡμῖν πάντα

«Sé que el Mesías viene (el que es llamado Cristo); cuando Él venga, nos declarará todo»

El verbo λέγει (“le dice”) aparece en presente histórico, un recurso frecuente en el Evangelio de Juan que mantiene la vivacidad del relato y sitúa al lector dentro de la escena.

La expresión ἡ γυνή (“la mujer”) continúa identificando a la interlocutora sin nombrarla, manteniendo el enfoque en su rol dentro del diálogo más que en su identidad personal.

El verbo οἶδα (“sé”) está en perfecto con sentido presente, lo que indica conocimiento establecido o convicción. No se trata de una suposición, sino de algo que la mujer considera cierto.

La construcción ὅτι Μεσσίας ἔρχεται (“que el Mesías viene”) expresa una expectativa futura. El uso del presente ἔρχεται (“viene”) puede entenderse como un presente con sentido futurista, algo esperado con certeza.

La aclaración ὁ λεγόμενος Χριστός (“el llamado Cristo”) funciona como una explicación del término “Mesías”, mostrando equivalencia entre el término hebreo y su forma griega.

La cláusula ὅταν ἔλθῃ ἐκεῖνος (“cuando Él venga”) introduce una oración temporal con subjuntivo (ἔλθῃ), indicando un evento futuro esperado pero no fechado.

El verbo ἀναγγελεῖ (“declarará”) está en futuro, señalando la acción que la mujer espera del Mesías: revelar o anunciar plenamente.

La expresión ἡμῖν (“a nosotros”) amplía la expectativa más allá de lo individual, incluyendo a su comunidad.

El término πάντα (“todas las cosas”) enfatiza una revelación completa, sin limitaciones.

Juan 4:26

λέγει αὐτῇ ὁ Ἰησοῦς· ἐγώ εἰμι, ὁ λαλῶν σοι

«Yo soy, el que habla contigo»

El verbo λέγει (“le dice”) vuelve a aparecer en presente histórico, manteniendo la continuidad narrativa y el dinamismo del diálogo.

La expresión ὁ Ἰησοῦς (“Jesús”) identifica claramente al hablante, destacando la importancia de lo que está por decir.

La frase ἐγώ εἰμι (“Yo soy”) es una construcción enfática. El uso explícito del pronombre ἐγώ (“yo”) junto con el verbo εἰμι (“soy”) refuerza la identidad del sujeto.

El participio ὁ λαλῶν (“el que habla”) está en presente, describiendo una acción en curso. Jesús se identifica como el que en ese mismo momento está hablando con ella.

El dativo σοι (“contigo” / “a ti”) señala de manera directa a la mujer como receptora de esta revelación, subrayando el carácter personal del encuentro.

La estructura completa ἐγώ εἰμι, ὁ λαλῶν σοι funciona como una autoidentificación directa, donde Jesús se presenta como aquel de quien la mujer acaba de hablar.

Palabras clave de Juan 4.25-26 y su significado

Palabra griegaTransliteraciónStrongSignificado y explicación
ΜεσσίαςMessíasG3323“Mesías”. Término de origen hebreo (מָשִׁיחַ, mashíaj) que significa “Ungido”. En el contexto bíblico se refiere al enviado de Dios con una misión redentora. Su uso aquí refleja la expectativa mesiánica presente tanto en judíos como en samaritanos.
ΧριστόςChristósG5547“Cristo”. Equivalente griego de “Mesías”, también significa “Ungido”. El evangelista aclara este término para lectores no familiarizados con el hebreo, mostrando la correspondencia entre ambos conceptos.
οἶδαoídaG1492“Sé”. Verbo en perfecto con sentido presente, que indica conocimiento firme o convicción establecida. La mujer no expresa duda, sino una creencia arraigada acerca de la venida del Mesías.
ἔρχεταιérchetaiG2064“Viene”. Verbo en presente que puede expresar una acción futura con sentido de certeza. Refleja la expectativa activa de la llegada del Mesías.
ἀναγγελεῖanangueleiG312“Declarará”, “anunciará”. Verbo en futuro que implica comunicar de manera clara o revelar. Describe la expectativa de que el Mesías traiga una revelación completa de la verdad.
πάνταpántaG3956“Todas las cosas”. Expresión que enfatiza totalidad. Indica que la revelación esperada del Mesías sería completa, sin dejar nada esencial sin explicar.
ἐγώ εἰμιegṓ eimíG1473 / G1510“Yo soy”. Expresión enfática que resalta la identidad del hablante. En el Evangelio de Juan tiene un peso teológico importante, ya que Jesús la utiliza para revelarse de manera directa.
λαλῶνlalṓnG2980“El que habla”. Participio presente que describe una acción en curso. Subraya que la revelación no es abstracta, sino que ocurre en ese mismo momento, en el diálogo directo con la mujer.
σοιsoiG4671“A ti”, “contigo”. Pronombre en dativo que indica el destinatario de la acción. Destaca el carácter personal de la revelación: Jesús se da a conocer directamente a la mujer.

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¿Qué significa y qué implica que Jesús sea el Mesías en la Biblia?

El significado de la palabra Mesías

Para comenzar debemos decir que tanto la palabra Mesías (del hebreo Māšîaḥ), como la palabra griega Cristo tienen el mismo significado, el cual es “Ungido”.

Para entender qué implica la palabra pudiéramos comenzar por observar que, en el Antiguo Testamento, las personas elegidas por Dios para realizar tareas específicas y especiales, eran ungidas con aceite. Esto es importante porque hay una continuidad en el significado y en la implicancia de esta palabra que se comparte en ambos Testamentos.

Veamos un poco más al respecto:

Los siervos escogidos por Dios en el Antiguo Testamento

Dios mismo les hablaba a sus siervos para indicarles que tal o cual persona debía ser ungida. Cuando dicho acto se llevaba a cabo, el mismo servía como testimonio de la elección y del llamado de Dios para que dicha persona le sirviera. 

Sucedía normalmente que al concretarse el hecho, es decir, una vez ungidas, esas personas comenzaban a vivir una nueva experiencia relacional más íntima con Dios y, aunque el momento de comenzar con la tarea no siempre era inmediato, la persona tenía en claro qué debía hacer cuando dicho momento llegara.

Así por ejemplo podemos ver que tanto Saúl (1 Samuel 10.1) como David (1 Samuel 16.1-13) fueron ungidos para ser reyes de Israel. Ambos fueron ungidos y un tiempo después pudieron cumplir el mandato divino. Obviamente no fueron los únicos.

Ahora, no tan solo los reyes eran ungidos, sino que también lo eran los sacerdotes como Aarón y sus hijos (Éxodo 30.30; Levítico 8.30), y así mismo los profetas, como por ejemplo Eliseo (1 Reyes 19.16). Seguramente has de encontrar más ejemplos si los buscas.

Todo esto nos lleva a decir que:

Cada persona elegida por Dios para realizar una tarea específica para su servicio era ungido. Este ungimiento valía como una designación particular de Dios y como un testimonio para la persona llamada y para los que presenciaran tal acto.

La expectativa y la esperanza de la llegada del Mesías

Fue después de la promesa de Dios a David que los judíos pudieron comprender que cierta persona, llamada “el ungido de Diosvendría para ocupar el trono de David. Gracias a ella podía entenderse que el Mesías sería un Rey tan especial que tendría un reino sin final. Leamos:

Él edificará casa a Mi nombre, y Yo estableceré el trono de su reino para siempre. 2 Samuel 7.13

Además de esta profecía, podríamos encontrar una enormidad de ellas, aplicables todas a Jesús. En algunas de ellas se lo menciona como el Mesías que iría a venir (Salmos 2.2 y Daniel 9.25), pero también en otras se lo llama: Emmanuel (Isaías 7.14), el gobernante de Israel (Miqueas 5.2), el Señor (Isaías 40.3), etc., etc.

Esta enormidad de profecías nos permite entender la gran expectativa albergada en los corazones de los judíos, quienes esperaban al Mesías prometido por Dios (y aún así nos resulta lamentable que la idea a la cual se habían hecho sobre el mismo, finalmente cegó el entendimiento de muchos de los que lo tuvieron frente a frente…).

Para concluir con esta breve reseña sobre el Mesías en el Antiguo Testamento, nos gustaría dejarte una cita bíblica hallada en el libro de Jeremías, la cual nos ayudará a entender todavía mejor la gran expectativa del pueblo, dado que la misma era interpretada como una profecía de lo que sucedería con la llegada del Mesías, leamos:

31 Vienen días», declara el Señor, «en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto, 32 no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, Mi pacto que ellos rompieron, aunque fui un esposo para ellos», declara el Señor. 

33 «Porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días», declara el Señor. «Pondré Mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré. Entonces Yo seré su Dios y ellos serán Mi pueblo. 34 No tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciéndole: “Conoce al Señor”, porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande», declara el Señor, «pues perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado». (…)

38 «Vienen días», declara el Señor, «en que la ciudad será reedificada para el Señor, desde la torre de Hananel hasta la puerta del Ángulo. 39 Y el cordel de medir saldrá más allá, directamente hasta la colina de Gareb, y girará hasta Goa. 40 Y todo el valle de los cadáveres y de las cenizas, y todos los campos hasta el arroyo Cedrón, hasta la esquina de la puerta de los Caballos hacia el oriente, serán santos al Señor. La ciudad no será arrancada ni derribada nunca jamás». Jeremías 31.31-34, 38-40.

¡Qué texto más maravilloso! ¿Cómo no entender a aquel pueblo luego de leer este tipo de profecías? 

Recordemos que la nación de Israel había sufrido por mucho tiempo y que la situación reinante en su sociedad cada día, sumada a la esperanza que la palabra de Dios les proveía, hacían que ellos estuvieran poco menos que “desesperados” por ver el cumplimiento de las mismas. Lo mismo es cierto para con los samaritanos.

El Mesías en el Nuevo Testamento

Pasando ya al Nuevo Testamento, se puede ver, por ejemplo, como el mismo Juan registra la alegría de Andrés al anunciar a Simón Pedro, que habían encontrado al Mesías (ver Juan 1.40-42).

También Pablo nos habla de Jesús llamándolo el “Cristo”, y diciendo de Él que murió por nosotros (Romanos 5.8). Véase incluso como en 1 Corintios 1.1-2 utiliza dos maneras para mencionar a Jesús; en 1.1 lo llama Jesucristo, en tanto que en 1.2 Cristo Jesús. En la concepción paulina tanto el nombre de Jesús como su ministerio son inseparables.

Además también otros muchos textos nos permiten ver a Jesús como el Mesías. Ver por ejemplo Marcos 8.29; Juan 1.41; 10.24-25; etc., etc. Más allá de estos textos, fue particularmente el Evangelio de Mateo quien procuró demostrar este hecho.

Mateo nos da abundantes referencias acerca de las profecías hechas sobre Jesús. En muchos versículos de su evangelio encontramos la frase: “escrito está” asociada con el Mesías. Esto es lógico dado que él intentó demostrar al pueblo judío que en Jesús se cumplían las profecías mesiánicas

Podemos ver algunas de estas referencias en Mateo 2.2; 4.6-7; 11.10; 16.16; 26.24; 26.31, etc., etc. Si te interesa leer más al respecto, Gracia y Vida tiene un estudio sobre las profecías cumplidas por Jesús según el Evangelio de Mateo, el cual te invitamos a leer.

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Ayudas para maestros y predicadores

Bosquejo sugerido para enseñanza o predicación

1. Una expectativa presente en el corazón (Juan 4:25)

“Sé que el Mesías viene…”

La mujer expresa una creencia que formaba parte de su marco religioso.

A pesar de su situación personal, conserva una expectativa espiritual.

Esto muestra que el conocimiento de Dios puede estar presente aun en medio de confusión o necesidad.

2. La esperanza de una revelación completa (Juan 4:25)

“…cuando Él venga, nos declarará todo”

La expectativa no es solo la venida del Mesías, sino su función: revelar.

La mujer entiende que el Mesías traerá claridad donde hay dudas.

Esto refleja una conciencia de que la verdad aún no ha sido plenamente comprendida.

3. Una búsqueda que va más allá del debate (Juan 4:25)

El diálogo venía de temas como el agua y la adoración.

Ahora la mujer dirige la conversación hacia una respuesta definitiva.

Esto muestra un cambio: de la discusión a la expectativa de una solución final.

4. La respuesta directa de Jesús (Juan 4:26)

“Yo soy…”

Jesús no responde con una explicación, sino con una declaración.

No apunta a otro, sino a sí mismo.

Aquí no hay ambigüedad: la respuesta es personal y directa.

5. La revelación en el contexto de una relación (Juan 4:26)

“…el que habla contigo”

Jesús se identifica como el Mesías en el mismo acto de hablar con ella.

La revelación no ocurre en un escenario distante, sino en un encuentro personal.

Esto resalta que el conocimiento de Cristo no es solo doctrinal, sino relacional.

6. La cercanía de la revelación divina (Juan 4:26)

La mujer esperaba a alguien que vendría en el futuro.

Jesús le muestra que esa expectativa ya se ha cumplido.

Lo que ella esperaba está presente delante de ella.

7. El contraste entre expectativa y realidad cumplida (Juan 4:25-26)

La mujer habla de lo que vendrá.

Jesús responde mostrando que ya ha llegado.

Este contraste es clave en el pasaje: de la espera a la revelación.

Claves para enseñar este pasaje

1. Las personas pueden tener verdad parcial, pero necesitan revelación completa

La mujer sabía del Mesías, pero no lo reconocía aún.

2. La expectativa espiritual no sustituye el encuentro personal con Cristo

Saber acerca del Mesías no es lo mismo que conocerlo.

3. Jesús es la respuesta a las preguntas espirituales

La mujer esperaba respuestas; Jesús es la respuesta.

4. La revelación de Cristo es directa y personal

Jesús se da a conocer a personas concretas, no solo a multitudes.

5. El cumplimiento de las promesas de Dios ya ha comenzado

Lo que era esperado como futuro se manifiesta en Cristo.

6. El conocimiento verdadero transforma la comprensión

El pasaje marca un punto de inflexión en la percepción de la mujer.

Posibles títulos de sermones o enseñanzas

El Mesías que ya ha venido
De la expectativa al encuentro
Cuando la búsqueda encuentra respuesta
El “Yo soy” que se revela
Más cerca de lo que imaginas
La respuesta delante de ti
Del conocimiento a la revelación
El Mesías que habla contigo

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Conclusión del mensaje de Juan 4:25-26

En Juan 4:25-26 vemos cómo la expectativa de la mujer samaritana encuentra su respuesta en la persona de Jesús. Aquel Mesías que ella esperaba ya estaba delante de ella, hablándole.

Este pasaje nos muestra que la revelación de Dios no es solo una idea futura, sino una realidad presente en Jesucristo. Él no solo anuncia la verdad, sino que Él mismo es la verdad revelada.

Así como esta mujer fue confrontada con la realidad de quién era Jesús, también nosotros somos llamados a reconocerle como el Mesías, el Cristo enviado por Dios, en quien encontramos salvación y una relación verdadera con Él.

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Preguntas frecuentes sobre Juan 4:25-26

¿Qué significa que Jesús es el Mesías?

Significa que Jesús es el “Ungido” de Dios, el enviado prometido en el Antiguo Testamento para cumplir el plan de salvación. Tanto el término “Mesías” (hebreo) como “Cristo” (griego) hacen referencia a esta idea.

En Juan 4:26, Jesús declara explícitamente ser el Mesías, identificándose como aquel que había sido esperado por generaciones.

¿Por qué la mujer samaritana esperaba al Mesías?

La mujer samaritana, al igual que otros samaritanos, tenía una expectativa basada en las Escrituras de que vendría un enviado de Dios que revelaría la verdad.

En Juan 4:25 ella dice: “Sé que el Mesías viene… cuando Él venga, nos declarará todo”, mostrando que esperaba que el Mesías trajera claridad espiritual.

¿Qué significa “nos declarará todo”?

Esta expresión refleja la expectativa de que el Mesías revelaría completamente la verdad de Dios.

No se trata solo de información, sino de una revelación plena que permitiría comprender correctamente la voluntad de Dios, la adoración y la salvación.

¿Por qué Jesús se revela como el Mesías en este pasaje?

En Juan 4:26, Jesús dice: “Yo soy, el que habla contigo”.

Esta es una de las pocas ocasiones en las que Jesús declara de manera directa y explícita ser el Mesías. Lo hace en un contexto personal, mostrando que la revelación de Dios no es solo teórica, sino relacional.

¿Qué importancia tiene este pasaje en el Evangelio de Juan?

Este pasaje es clave porque muestra una revelación directa de la identidad de Jesús.

Además, ocurre en un contexto inesperado: Jesús se revela como el Mesías a una mujer samaritana, lo que resalta que el mensaje de salvación no está limitado a un grupo específico.

¿Qué enseña Juan 4:25-26 para la vida del creyente?

Enseña que Jesús es la revelación plena de Dios y que en Él se encuentra la verdad.

Así como la mujer samaritana pasó de la expectativa al encuentro, el creyente es llamado a reconocer a Jesús como el Mesías y a confiar en Él como la fuente de salvación y vida.

¿Qué diferencia hay entre Mesías y Cristo?

No hay diferencia en significado, sino en el idioma de origen. “Mesías” proviene del hebreo Māšîaḥ, mientras que “Cristo” proviene del griego Christós. Ambos términos significan “Ungido”.

En la Biblia, estos títulos se utilizan para referirse a la persona escogida y enviada por Dios para cumplir su plan de salvación. En el Nuevo Testamento, “Cristo” se convierte en el equivalente griego de “Mesías”, aplicándose directamente a Jesús.

¿Qué significa “Yo soy” en Juan 4:26?

Cuando Jesús dice: “Yo soy, el que habla contigo”, está haciendo una declaración directa de su identidad como el Mesías.

La expresión “Yo soy” no solo sirve para identificarse, sino que en el contexto bíblico también tiene un peso especial, ya que recuerda la manera en que Dios se revela en el Antiguo Testamento. Aquí, Jesús no deja lugar a dudas: Él es aquel a quien la mujer samaritana estaba esperando.

¿Dónde dice la Biblia que Jesús es el Mesías?

La Biblia afirma en varios pasajes que Jesús es el Mesías. En Juan 4:26, Jesús mismo declara: “Yo soy, el que habla contigo”, revelándose directamente como el Cristo.

Además, otros textos también lo confirman, como cuando Andrés dice: “Hemos hallado al Mesías” (Juan 1:41), o cuando Pedro declara: “Tú eres el Cristo” (Marcos 8:29).

Estos pasajes muestran que tanto Jesús como sus discípulos reconocían que Él es el Mesías prometido por Dios.

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Para terminar

Hasta aquí hemos visto todo lo relatado por Juan respecto del encuentro entre Jesús y la mujer samaritana. A continuación vendrán relatos de lo que pasó cuando llegaron sus discípulos y veremos muchas y muy buenas enseñanzas en esos textos, pero también veremos (casi al final del capítulo) el resultado generado de este encuentro.

No queremos terminar esta etapa sin antes decir que, a pesar de la lejanía con Dios de la mujer samaritana, aún así Jesús hizo lo posible por regalarle la salvación. Ésa era Su meta y eso fue lo que logró. Debes saber y comprender que ese mismo amor está hoy disponible para ti.

Y si eres de aquellos que piensan que Dios no puede poner atención en ti, por favor piensa detenidamente en lo siguiente: El amor de Dios no hace diferencias. Todas las personas pueden ser perdonadas. El amor de Jesús está disponible para cada persona en este mundo.

Por favor, detén ahora tu pensamiento en lo siguiente: Hay un contraste enorme entre la historia de Jesús y Nicodemo (la cual puedes leer en el capítulo anterior), y esta historia. Esto es porque ambas personas eran total y absolutamente distintas. 

Aquel hombre apreciado y reconocido por el pueblo judío, conocedor de las escrituras, maestro y dirigente del pueblo, fue conducido a la salvación al igual que esta mujer samaritana, la cual no era judía, ni conocedora de las escrituras, ni tenía una buena reputación para con sus pares en su pueblo. 

Ambas historias eran bien diferentes, pero Jesús les habló con amor a ambos, y cada uno de ellos tuvo su oportunidad. Seguiremos viendo esto mismo a medida que vayamos avanzando por todos los demás capítulos de este Evangelio. Y por ende decimos que no hay persona que no pueda recibir el amor y el perdón de Dios.

Pero es importante que veas y que te des cuenta de que, hoy y aquí mismo, en este mismo momento tienes la oportunidad de volverte a Dios, de arrepentirte, de ponerte a cuentas con Él. Lo más importante que has podido ver en toda esta historia es que Jesús tiene disponible una oportunidad para ti. ¿Qué harás con ella?

Si gustas, por favor escríbenos. Intentaremos despejar las dudas que pudieras tener y ayudarte en todo lo que nos sea posible. Si quieres acercarte más a Dios y comenzar a tener una relación de amor con Él, aquí te dejamos este enlace: Sé un hijo de Dios.

Por ahora nos despedimos hasta el próximo estudio. ¡Que Dios te bendiga mucho!

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Antes de concluir con esta publicación te queremos dejar algunos otros links que pudieran servirte para continuar estudiando este precioso Evangelio:

También queremos dejarte otras publicaciones en donde hemos mencionado y tratado el Tema de Jesús como el Hijo de Dios, como el Mesías y como el Salvador del Mundo:

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Nota

Todas las citas bíblicas fueron tomadas con permiso de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2005 byThe Lockman Foundation.

Juan 4.25-26 – Jesús es el Mesías