Juan 1.34 – Éste es el Hijo de Dios

Comentario Bíblico Devocional del Evangelio del apóstol Juan

Introducción

En los estudios anteriores hemos visto el discurso de Juan el Bautista y qué enseñaba sobre Jesús. En el estudio presente daremos un muy rápido vistazo sobre el significado de la frase “Hijo de Dios”, y demás, también veremos por qué el bautista tiene tan firme convicción sobre Jesucristo.

Es apropiado señalar al mismo tiempo, que tanto en el versículo anterior como en el presente, el apóstol Juan habla de un acontecimiento que él mismo no narra: el bautismo de Jesús, el cual aparece en los demás evangelios (llamados sinópticos), pero no aquí.

Ya en la introducción al Evangelio de Juan hemos indicado por qué Juan hace este tipo de cosas, pero para explicarlo en forma muy breve, diremos que los destinatarios de este cuarto evangelio ya habían leído o tenían conocimiento sobre el mensaje de los demás evangelios, por lo que Juan no repite conceptos sino que los profundiza y explica dándoles su impronta.

Leamos ahora el versículo anterior, el cual tiene mucha importancia para entender el presente, para luego analizar el que nos toca en este estudio (Si te es posible, también sería bueno poder leer dicho comentario, te hemos dejado el link al final de este por si lo crees pertinente). El texto anterior dice:

Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar en agua me dijo: “Aquel sobre quien veas al Espíritu descender y posarse sobre Él, éste es el que bautiza en el Espíritu Santo.”

Juan 1.33 – LBLA

Además del análisis del texto que nos convoca, intentaremos encontrar enseñanzas que aplicar a nuestras vidas y reflexionar juntos acerca de las mismas. Pero antes de comenzar con nuestro propósito, nos gustaría comentarte brevemente:

Unas palabras sobre el comentario de Gracia y Vida

La presente es una porción del Comentario Bíblico sobre el Evangelio de Juan, publicado por Gracia y Vida. El mismo pretende ayudar a los lectores en la interpretación y en la aplicación de las escrituras a sus vidas; teniendo además como objetivo que la lectura sea fluida y de fácil interpretación.

Con dicho objetivo en mente, y a fin de entender los distintos versículos de la manera más apropiada, nos ayudaremos con un análisis del contexto y con las herramientas hermenéuticas necesarias para llegar a una correcta interpretación; pero todo esto sin entrar en largas discusiones, ni en detalles demasiado técnicos.

Sin más, y primero que cualquier otra cosa, te invitamos a leer atentamente el texto y orar para que el Señor te llene de su sabiduría; sin lugar a dudas Él es la gran fuente de toda verdad y de todo entendimiento. Hecho ésto, ahora sí comencemos con el estudio de los versículos que nos convocan, leamos:

El texto

Y yo le he visto y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.

Juan 1.34 – LBLA

Análisis del texto

Juan 1.34 – Éste es el Hijo de Dios

Éste es el Hijo de Dios

Por el contexto, es muy evidente que Juan habla de Jesús. Hemos visto a Jesús no solo como Hijo de Dios, sino como parte de la Trinidad en los tres primeros estudios de este comentario. En ellos vimos a Jesús como el Verbo de Dios encarnado, como aquel quien creó todas las cosas, y como quien dio luz y trajo vida al mundo.

Esto es algo que solo alguien con carácter y esencia divina podía hacer. Pero la frase “Hijo de Dios” abarca mucho más que la divinidad del Verbo encarnado (Juan 1.14). Veamos entonces:

¿Qué quiere decir Juan al decir que Jesús es el Hijo de Dios?

Esta frase tiene por lo menos dos sentidos, en primer lugar que Jesús era verdaderamente el hijo de Dios, pero además, «Hijo de Dios» es un título mesiánico, que había sido utilizado por los profetas en relación al Salvador que sería enviado por Dios.

A lo largo de toda la Biblia encontramos una enormidad de versículos que nos traen luz en ambos sentidos, por lo que te mencionaremos solo algunos para que puedas buscarlos y encontrar en ellos la verdad de Dios revelada sobre estos temas tan importantes. En primer lugar veamos la

Relación filial entre Jesucristo y Dios el Padre

El apóstol Juan resalta la relación de Jesús para con el Padre en los siguientes versículos: 1:1, 18; 3:16, ­18; 5:25; 17:5; 19:7. Ver también 20:31, en donde él mismo nos cuenta cuál fue su propósito al escribir este evangelio; una de sus premisas principales fue dar a conocer que Jesús era el Hijo de Dios. (Por lo tanto una buena herramienta para conocer cómo es esta relación entre Dios el Padre y Jesús pudiera ser una lectura completa de este evangelio).

Pero el evangelio de Juan no es el único libro que nos habla sobre este tema, en el Nuevo Testamento encontramos muchos otros pasajes que nos muestran distintas aristas de la relación entre ambos y que además nos ayudarán a entender quién era la persona de aquel a quien se llamaba «el Hijo de Dios», leamos por ejemplo: Mateo 26.39, 52-53; Marcos 5.7; Hechos 13.33; 1 Corintios 8.6, 15.28; Romanos 1.4; 1 Juan 4.9-10. Cómo hemos dicho hay muchísimos más y haríamos bien en seguir escudriñando la Biblia en busca de ellos.

De todos ellos, tal vez la mejor definición sobre quién es el Hijo de Dios y de cómo se relaciona con el Padre, la encontremos en el capítulo 1 de Hebreos (Sería muy recomendable que lo leas completo). Es muy interesante ver cómo su escritor toma distintas profecías y las une para enseñarnos mucho sobre la persona de Jesucristo.

Otros dos textos que no podemos dejar de leer, son aquellos en los cuales Dios el Padre nos habla respecto de su hijo. En ellos nos dice, entre otras cosas, lo que siente por Dios el Padre por su Hijo Jesús y cuán orgulloso se encuentra del mismo. En ambos pasajes, el mensaje es el mismo, y podemos encontrarlos en Mateo 3.17 y Marcos 9.7. Leamos:

Y he aquí, se oyó una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado en quien me he complacido.

Mateo 3.17 – LBLA

Veamos ahora:

El título mesiánico

Más allá de lo que ya hemos visto, esta frase va más allá de la relación filial entre Dios el Padre y su Hijo Jesucristo. “Hijo de Dios” es un título mesiánico que tiene que ver con la obra y la posición que ocuparía Jesús, no solo en su primer venida hace más de dos mil años, sino en su segunda venida, cuando venga con poder y autoridad para juzgar.

El autor del libro a los Hebreos nos ayuda a entender también este tema, ya que él no sólo cuenta quién es y qué hizo Jesús, sino que nos lo muestra en su condición de Rey y de Dios en un tiempo que todavía está por venir. Leamos tan sólo dos versículos:

8 Pero con respecto al Hijo dice: «Tu trono, oh Dios, permanece por los siglos de los siglos, y el cetro de tu reino es un cetro de justicia. 13 ¿A cuál de los ángeles dijo Dios jamás: «Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies»?

Hebreos 1.8,13 – NVI ®

Éste es entonces el Hijo de Dios: No solo quien vino a entregar su vida por nosotros (1 Timoteo 2.6), sino aquel que vendrá con poder y gran gloria (Lucas 21.27) para juzgar a los vivos y a los muertos (2 Timoteo 4.1). Éste Jesús, el Mesías (Juan 1.49), el Dios con nosotros (Emanuel – Mateo 1.23), el Hijo del Hombre (Marcos 14.62), éste es quien nos bautiza con el Espíritu Santo (que es lo que hemos analizado en el estudio previo). ¡A Él sea toda la Gloria! Amén.

Juan 1.34 – Éste es el Hijo de Dios

Veamos ahora qué hizo que Juan tenga una convicción tan firme:

Y yo le he visto y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios

Dios no solo le había hablado a Juan, sino que además le había prometido una señal. En el momento de bautizar a Jesucristo, la voz del Padre y la figura de la paloma descendiendo y permaneciendo sobre Él, dejaron bien en claro quién era el Mesías prometido, el Hijo del Dios viviente.

No es de extrañar entonces, que al dar testimonio sobre Jesús, Juan lo hiciera de una manera tan enfática. Evidentemente fue una experiencia que marcó permanentemente su vida. En aquel momento Dios no solo estaba cumpliendo con su palabra sino que, la promesa tan esperada, al fin se estaba ejecutando.

Aplicación

Cuánta convicción de parte de un hombre que no tuvo al Espíritu en forma permanente en él. Y también, cuánta diferencia con muchos de nosotros, quienes además de experimentar el accionar del Espíritu Santo en nuestras vidas, tenemos la posibilidad de una relación cotidiana con Él. Es más muchos de nosotros hemos visto milagros de Su parte en nuestras iglesias (si no es que los experimentamos en nosotros mismos).

¿Cómo es que hay tantos que están tan dispuestos a dudar de Él al enfrentar los reveses de la vida (pruebas) o al escuchar nuevas doctrinas o filosofías?

Para muchos de nosotros ya es tiempo de decidir si seguiremos siendo como niños fluctuantes en la fe (Ver Efesios 4.14 y contexto) o si nos dispondremos a hacer lo necesario para crecer hasta alcanzar la madurez en Cristo (Efesios 4.11-13). Es tiempo de obtener la llenura del Espíritu hasta la medida de toda la plenitud de Dios (Efesios 3.19).

Si nos proponemos tal objetivo: ¡Seremos dignos del llamamiento de Dios! ¿Estarás tú dispuesto? Si tu respuesta es afirmativa, ¡El Santo Espíritu te guiará y fortalecerá para que puedas lograrlo!

Este estudio ha llegado a su fin, esperamos que haya sido de bendición para ti. Nos despedimos por ahora pero no sin antes invitarte a escribirnos en el cuadro de diálogos y comentarios más abajo.

¡Que Dios te bendiga mucho!

Links

Te dejamos también algunos links que pudieran servirte:

Nota

Todas las Citas Bíblicas identificadas con LBLA fueron tomadas con permiso de LBLA – http://www.lbla.com

La identificada como NVI ®  fue tomada de:

Escritura de la Santa Biblia, NEW INTERNATIONAL VERSION®, NIV® Copyright © 1973, 1978, 1984, 2011 por Biblica, Inc.® Usado con permiso. Todos los derechos reservados en todo el mundo.

Juan 1.34 – Éste es el Hijo de Dios

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