Juan 1.33 – Jesús es quien bautiza en el Espíritu Santo

Comentario Bíblico Devocional del Evangelio del apóstol Juan

Introducción

El los últimos estudios estuvimos viendo la relación entre Juan el bautista y los judíos, y también el mensaje de Juan y su ministerio. Hoy seguiremos viendo parte de su mensaje. Nos centraremos en el hecho de que él era un profeta, por lo que veremos su relación con quien lo había llamado para serlo.

Por otro lado veremos la relación de Dios para con los hombres tanto en el Antiguo Tesatamento como en el Nuevo; qué significaba el bautismo para los judíos y después terminaremos viendo qué implica para nosotros el bautismo del Espíritu Santo y cómo podemos relacionarnos con Él a partir de dicho bautismo.

Además de todo esto intentaremos aplicar las enseñanzas del texto a nuestras vidas. Pero antes de comenzar con el estudio, nos gustaría presentarte brevemente el comentario de Gracia y Vida:

Unas palabras sobre el comentario de Gracia y Vida

La presente es una porción del Comentario Bíblico sobre el Evangelio de Juan, publicado por Gracia y Vida. El mismo pretende ayudar a los lectores en la interpretación y en la aplicación de las escrituras a sus vidas; teniendo además como objetivo que la lectura sea fluida y de fácil interpretación.

Con dicho objetivo en mente, y a fin de entender los distintos versículos de la manera más apropiada, nos ayudaremos con un análisis del contexto y con las herramientas hermenéuticas necesarias para llegar a una correcta interpretación; pero todo esto sin entrar en largas discusiones, ni en detalles demasiado técnicos.

Sin más, y primero que cualquier otra cosa, te invitamos a leer atentamente el texto y orar para que el Señor te llene de su sabiduría; sin lugar a dudas Él es la gran fuente de toda verdad y de todo entendimiento. Hecho ésto, ahora sí comencemos con el estudio de los versículos que nos convocan, leamos:

El texto

Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar en agua me dijo: “Aquel sobre quien veas al Espíritu descender y posarse sobre Él, éste es el que bautiza en el Espíritu Santo.”

Juan 1.33 – LBLA

Comentario del Texto

Juan 1.33 – Jesús es quien bautiza en el Espíritu Santo

Yo no lo conocía

Para el comentario de esta frase por favor ver el análisis del versículo 31.

(Para agilizar la lectura de las distintas publicaciones, hemos tomado la decisión de no detenernos en cosas que ya hemos visto en otros estudios, por lo que te invitamos a seguir el link a dicho estudio. El mismo se encuentra en Juan 1.30-31 – Juan el bautista no conocía a Jesús).

Pero el que me envió a bautizar

Juan habla naturalmente de algo que no era común en aquellos tiempos. Cuatrocientos años habían pasado desde la última vez que Dios le había hablado al pueblo a través de algún profeta. Juan sería el último de los profetas de la antigua dispensación, aunque tuvo también el privilegio de vislumbrar el inicio de la nueva.

La directiva dada a Juan era simple de decir: «Preparar el camino para Mesías y bautizar en agua«; pero al mismo tiempo, muy difícil de realizar. En otros estudios vimos que los judíos no consideraban ni necesario ni posible el hecho de ser bautizados. Así que muchos que se negaban a bautizarse, veían con asombro a quienes sí lo hacían.

(Hemos visto la situación y posición de los líderes judíos en un estudio anterior, puedes leer más al respecto desde el siguiente vínculo: Juan 1.19 – La comisión investigadora de parte de los fariseos).

Pero lo que verdaderamente nos interesa dejar en claro en este punto, es que Juan siguió adelante a pesar de la oposición y de la incredulidad de tantos. Su respuesta fue la demostración de una entrega verdadera hacia quien lo había enviado a bautizar.

Al llegar el momento oportuno, el Dios que había mantenido silencio durante tanto tiempo, continuó con su bien premeditado plan de salvación (Gálatas 4.4-6; 1 Pedro 1.1-2), a través de la más grande manifestación de su amor: Su Hijo Jesucristo.

Hay dos temas muy interesantes que se desprenden de esta porción del texto, los cuales trataremos aunque de manera muy escueta. El primero de ellos será la tarea y la persona de los profetas, y segundo, el modo en el cual Dios le habló a Juan. Veamos:

Los profetas de Dios

Éstos eran hombres comunes que tenían tareas muy difíciles. Dios los llamaba a fin de que compartieran la revelación de Su palabra y/o voluntad para el pueblo judío. Pero normalmente eran desoídos, burlados, perseguidos, e incluso, muchos fueron asesinados en el cumplimiento de su ministerio (Juan mismo terminó de esa manera, ver Marcos 6.14-29).

Algunas veces el Señor los enviaba con buenas noticias, pero normalmente Dios comunicaba verdades muy duras, y aún advertencias de juicio o de castigo a través de sus profetas. Al presentarse a dar tan malas noticias obviamente tenían graves inconvenientes; y aún así, y a pesar de todo, ellos debieron ser valientes y afrontar las consecuencias de servir a Dios.

El mismo Juan se presentaba delante del pueblo con palabras duras, y cuándo tenía en frente a las autoridades, les expresaba verdades realmente crudas. Tanto es así que los acusaba y exponía ante todo el pueblo; por lo tanto, y como consecuencia de todo esto, se veía acusado y presionado por los mismos. Pero aún así, y más allá de todo, él siguió adelante y cumplió con su ministerio.

Juan 1.33 – Jesús es quien bautiza en el Espíritu Santo

Aplicación

Te invito a ver en este ejemplo, la firmeza, la disposición y la determinación de Juan, algo que nosotros también deberíamos tener. No que vayamos a tener el mismo ministerio que él, pero sea cual fuere el nuestro, al momento de servir a Dios deberemos contar con estas cualidades para hacerlo a pesar del qué dirán y de la situación que debamos enfrentar.

Él lo dejó todo para servir a Dios y no miró a los hombres en busca de simpatía y/o aprobación. Juan, en todo tiempo supo que alguien más debía aprobarlo; que si bien, lo que dijeran los demás sí importaba, quien verdaderamente importaba era aquel que lo había llamado y comisionado para esta tan gran tarea.

Vemos que tanto Juan, como también Pablo, lo dejaron todo por amor del Señor (Filipenses 3.7-10). Por tanto, no estaría de más preguntarnos: ¿Qué deberíamos dejar nosotros? ¿A dónde estamos llamados a ir? ¿Qué ministerio Dios nos encomendó para hacer? Y por último: ¿Lo hacemos como Él pretende?

Algo verdaderamente importante de entender, es que Dios no nos obliga a nada, seremos nosotros los que decidamos llenar de bendición nuestras vidas, o vivir mediocremente una fe sin frutos ni sentido (ver Santiago 2.17, 26). ¿Cuál será nuestra elección?

Juan, no sólo abandonó su posición sacerdotal (la cual le daba cierto prestigio), sino su familia y su forma de vida. Todo lo tuvo en poco por amor del Señor y por la entrega de su corazón a su servicio. Copiemos su entrega y disposición; y transitemos por el camino que Dios nos muestre, cumpliendo también nosotros con su voluntad y con su llamado.

Tal vez en este punto podamos preguntarnos: ¿Quién ocupa el primer lugar en nuestra vida? Esto no es algo que se demuestre solo con palabras.

La comunicación y el mensaje de Dios para Juan el Bautista

Ahora, volviendo a nuestro texto, nos encontramos con el relato de Juan el bautista quien nos cuenta que: “el que me envió a bautizar en agua me dijo…”. De aquí entendemos que Juan ya había tenido por lo menos una comunicación con Dios antes del bautismo; y que en ella, Él le había revelado qué hacer y qué debía esperar: Una maravillosa señal.

Dicha señal fue tan especial que muy difícilmente logremos encontrar en la Biblia otro momento en el que dos de las tres Personas de la Trinidad, realizaran cada uno su propia manifestación delante de muchas personas. En dicha oportunidad, no sólo apareció la paloma, sino que además se oyó la voz del Padre (Marcos 1.9-11).

Juan oyó en forma directa la palabra de Dios y comprendió la tarea encomendada por Él; eso marcó su camino y el resto de su vida. Hoy nosotros tenemos la oportunidad de hablar cada día con Dios. Cuán triste es que muchas veces la desperdiciemos invirtiendo nuestros tiempo y energías en otra cosa…

¡No dejemos nunca de hablar con Él en oración!

Juan 1.33 – Jesús es quien bautiza en el Espíritu Santo

Veamos ahora la primer parte del mensaje de Dios:

Aquel sobre quien veas al Espíritu descender y posarse sobre Él

Evidentemente, mientras Juan cumplía con su ministerio, estaba esperando el cumplimiento de la palabra de Dios. Sólo así podría él saber, quién era aquel que bautizaría con el Espíritu Santo. Es así que, al bautizar a Jesús, ocurrió tal esperada manifestación. Una que nunca se había dado de la misma forma, pero que sí se repetiría en el momento de la transfiguración de Jesús (de una manera similar y con palabras parecidas Mateo 17.1-8).

Veamos ahora cómo se relacionó Dios y cómo les habló a los hombres tanto en el Antiguo Testamento cómo cambia esta relación a partir del Nuevo Testamento.

Hacer esto nos será importante para lograr ver las diferencias entre ambas dispensaciones y conocer los beneficios que hoy tenemos en cuanto a nuestra comunicación y relación con Él. Ésto era algo que estaba transformándose, que estaba cambiando en aquel mismo momento. (Es por esto es que nos resulta tan importante analizar de esta manera el texto).

En el Antiguo Testamento

Cuando miramos hacia el mundo antiguo, y antes de la llegada de Pentecostés (Hechos 2.1-13), no hallamos muchas personas que hayan podido hablar con Dios en forma personal; lo mismo es cierto a la hora de encontrar a quiénes hayan podido lograr una relación cotidiana (y permanente) con Él.

La verdad es que la forma de trato de Dios y cómo se presentaba a los hombres en la dispensación pasada, era realmente muy distinta a la presente. Nadie en aquel tiempo tenía la posibilidad de iniciar una conversación o una relación con Dios, a menos que, Él lo dispusiera de tal manera.

Sí habían quienes oficiaban como intercesores entre las personas y Dios, éstos eran los sacerdotes; También hubieron otros quienes fueron excepciones a la regla general, éstos eran los profetas, quienes no eligieron ser llamados por Dios, sino que Él los escogió para llevar adelante un determinado propósito. Isaías, Jeremías, Ezequiel y Daniel, son solo algunos ejemplos de profetas.

En el Nuevo Testamento

Para esta dispensación Dios cambió radicalmente su forma de presentarse, relacionarse y comunicarse con las personas. A partir de la obra de Jesús y de la venida del Espíritu Santo, todos los que creemos en el Hijo de Dios, tenemos otro tipo de relación con Él. Esta nueva relación es personal, libre y no depende de terceros sino solamente de Él y de cada uno de nosotros.

Esta comunicación tan especial, que comenzó luego de pentecostés para cada uno de sus hijos, tuvo un puntapié inicial en el trato entre Jesús (como parte de la especie humana) y su Padre.

Es una bendición enorme la poder llegar libremente a Dios (sin ningún intermediario), hablarle libremente y encontrar en su palabra la dirección y guía para nuestra vida, aunque sabemos que Él no nos habla solamente de esa manera.

Fue en aquel tiempo intermedio entre una y otra dispensación, que Juan recibió de Dios el mensaje de que Jesús sería quien bautice en el Espíritu Santo. Éste sería uno de los fines últimos del ministerio de quién vendría después de él, Jesucristo.

Juan 1.33 – Jesús es quien bautiza en el Espíritu Santo

Veamos ahora qué significa:

El que bautiza en el Espíritu Santo

Sobre el significado del bautismo podemos decir que la palabra griega “baptizeinquiere decir hundir o sumergir. El bautismo conocido y practicado por ese entonces, era el que se utilizaba con los prosélitos al momento de convertirse a la fe judía. El mismo era un bautismo de arrepentimiento que le concedía un estado de pureza ritual a quien se bautizaba.

Juan practicaba este acto pero no para con personas de otras nacionalidades, sino para con los judíos; quienes se veían así mismos como pecadores delante de Dios y se arrepentían por sus pecados. Ésto obviamente era propiciado por el mensaje predicado por Juan.

Ahora, cuando Juan nos habla del bautismo del Espíritu, se está refiriendo a un tipo de bautismo muy diferente al de agua. Este otro era uno que Jesús concedería a los hijos de Dios en el momento en el que nacieran a una nueva vida espiritual.

¿Entendería Juan tal significado? Y… por otro lado, ¿Qué entendemos nosotros por el bautismo del Espíritu y qué implica el ser bautizados por Él?

Primero que nada, y antes de hablar del mismo, sería bueno ver qué entendían los judíos y qué tipo de relación tenían con Él, para después poder comprender qué cambiaría a partir del bautismo anunciado por Dios, y qué relación podemos tener nosotros con el Espíritu a partir del mismo.

En el Antiguo Testamento no había una idea muy clara sobre quién era el Espíritu Santo, por tanto al hablar de un bautismo del Espíritu, nadie terminaría de entender su significado y propósito. Esto era así incluso para el momento en que Juan les habló a quienes venían a bautizarse en agua.

Si bien es cierto que hay muchos pasajes que hablaban sobre el Espíritu Santo, el verdadero conocimiento sobre su persona llegó después de Pentecostés. Para una idea de qué es lo que los oyentes de Juan podían conocer o interpretar sobre el Espíritu, les invito a buscar y leer algunos:

Pasajes del Antiguo Testamento que nos hablan sobre el Santo Espíritu

  • Génesis 1.2 – El Espíritu (Riaj, Espíritu o viento) se movía (literalmente: volaba o incubaba) sobre las aguas, antes de emerger de ellas el mundo que hoy conocemos.
  • Génesis 6.3 – Es quien contendía con el hombre al ver su pecado.
  • Números 11.25 – Es el agente que genera que los hombres puedan profetizar (contrastar con Números 24.2).
  • Números 27.18 – Capacitaba a los líderes, y su presencia era evidencia del respaldo de Dios a los mismos (ver también Jueces 3.10, 6.34, 11.29 y 14.6).
  • 2 Samuel 23.2-3 – Le hablaba a sus siervos y, a través de ellos al pueblo. (Inspiración divina).
  • Miqueas 3:8 – Es quien concedía poder.
  • Isaías 59:21 – Era concedido por el Padre, y por lo tanto provenía de Él.
  • Is 61:1 – El Espíritu estaba sobre las personas, descendía y se posaba, pero no habitaba en ellas.
  • Isaías 11.1-2 – Fue profetizado en relación con Jesús. Leer también Isaías 61.1-2.

Obviamente solo hemos seleccionado algunos de los muchísimos que pudimos hallar. Lo importante es notar aquí que si bien había una cierta revelación, que no era poca, el conocimiento sobre su Persona y sobre la manera de relacionarse con quienes serían hijos de Dios, a partir del sacrificio de Jesús, no estaba para nada claro en aquel momento.

El mismo se clarificaría de forma progresiva con el correr de los años, y gracias a Su revelación de Sí mismo, y a la relación que los creyentes irían a tener con Él. Veamos ahora por qué era tan importante lo que Dios estaba anunciando a través de Juan:

Juan 1.33 – Jesús es quien bautiza en el Espíritu Santo

Qué implica el bautismo del Espíritu para nosotros

En primer lugar, implica que el Espíritu Santo viene a vivir en cada uno de sus hijos. Esto es lo que sucedió con Jesús, y lo que también sucede con nosotros. El Espíritu viene a nuestras vidas desde el momento de nuestra conversión (que es cuando nos arrepentimos de nuestros pecados, le pedimos perdón a Dios, y tomamos la decisión firme de cambiar nuestra vida, aceptando a Jesús como nuestro Señor y Salvador).

En su bautismo, el Espíritu vino a posarse y a permanecer en Jesucristo, capacitándolo para la obra que debía hacer. Esto mismo sucede también en nuestro caso. Veamos lo siguiente:

Cuándo Él llega nos adopta como hijos (Romanos 8.15), comienza a vivir en nosotros (Romanos 8.11; 1 Corintios 3.16) y ordena nuestras vidas (2 Corintios 3.18).

Además también nos fortalece (Hechos 1.8) y sustenta (Efesios 3.16-17, 2 Timoteo 1.7); nos guía (Juan 16.13-15; Gálatas 5.25; Romanos 8.14) y nos consuela (Juan 16.7); nos llena de esperanzas (Romanos 15.13) y nos brinda la convicción de que somos sus hijos (Romanos 8.16; 1 Juan 4.13).

Él incluso nos ayuda en muchas otras cosas como por ejemplo, a conocer más al Padre (Efesios 1.17) y a vivir mejor (Gálatas 5.22-23); también nos da dones para que podamos servir al Padre (1 Corintios 12.7-13); intercede por nosotros (Romanos 8.26) y nos muestra lo que está bien y lo que no (Juan 16.8).

¡Cuántas cosas hace el Espíritu, y cuán grandes e importantes son para nosotros! Si seguimos buscando en la Biblia, veremos muchas otras cosas más; pero igual o más importante que saber teóricamente lo que Él hace, es que busquemos la comunión con Él, para que de ese modo, no solo lo conozcamos sino que también experimentemos una relación con Él.

Para terminar

Todo esto que hemos visto es posible gracias a la obra de aquel que nos bautizaría con el Espíritu Santo. Ésto es lo que estaba anunciando Juan el Bautista. Su mensaje es verdaderamente importante, actual y aplicable a nuestras vidas. ¡Cuán grande obra la del Señor Jesucristo, y cuánta gratitud deberíamos tener! ¿No lo crees?

Lo mismo obviamente debemos decir de la obra del Santo Espíritu, con quien debemos relacionarnos cada día. (Nuestros hermanos pentecostales también hablan del bautismo del Espíritu en otro sentido, pero dado que no era el expresado por Juan en aquel momento, no hemos considerado oportuno tratarlo aquí).

El comentario de este texto ha llegado a su fin. Nos despedimos por ahora, pero aguardamos tus comentarios, consultas y aportes. ¡Que Dios te bendiga mucho!

Links

Te dejo también algunos links que pudieran servirte:

Nota

La Cita Bíblica identificada con LBLA fue tomada con permiso de LBLA – http://www.lbla.com

Juan 1.33 – Jesús es quien bautiza en el Espíritu Santo

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