Juan 4.21-24 – Adoradores en espíritu y en verdad

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Juan 4.21-24 – Adoradores en espíritu y en verdad

Comentario Bíblico Devocional del Evangelio de Juan

Muy bienvenidos al comentario del Evangelio de Juan de Gracia y Vida. En esta publicación continuaremos con nuestro estudio de la historia de Jesús y la mujer samaritana.

Hoy vamos a realizar un análisis, estudio y aplicación de los textos de Juan 4.21-24.

Al presentarte este comentario, nuestras metas principales son: ayudarte a comprender el texto bíblico y, aplicar su enseñanza a tu vida. Para esto te presentamos un análisis del texto y de todos los datos necesarios para comprender el mismo en su contexto.

Antes de comenzar con tu lectura te invitamos a orar. Esperamos que El Espíritu Santo se manifieste a través de tu estudio de la palabra de Dios, y que esta lectura sea de bendición para tu vida. 

Texto Bíblico

21 Jesús le dijo: «Mujer, cree lo que te digo: la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre. 22 Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. 23 Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que lo adoren. 24 Dios es espíritu, y los que lo adoran deben adorar en espíritu y en verdad». (Juan 4.21-24).

Introducción

En los estudios anteriores hemos visto distintos detalles del contexto de esta historia. Y también hemos analizado cómo Jesús aborda a la mujer pidiéndole agua, algo que a ella le asombró mucho.

Hablamos sobre los temas que llevaron a Jesús y a la mujer samaritana a este punto de la conversación, a saber, el agua de vida y la situación espiritual (conyugal) de la misma.

Explicamos la razón y el contexto histórico de la pregunta de la mujer: “Nuestros padres adoraron en este monte, y ustedes dicen que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar”.

Y ahora nos encontramos en el momento exacto en donde Jesucristo ha de responder a la mujer dicha pregunta, pero de una manera que ella no esperaba.

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Él ha de mostrarle algo mucho más importante para Dios que un lugar físico desde el cual se lo adore. Y esto es lo que vamos a ver en esta parte del comentario sobre el evangelio de Juan.

Te invitamos a ver con nosotros la respuesta de Jesús, su significado, su implicancia y su aplicación para nuestras vidas. Si estás de acuerdo, ¡Comencemos!

Análisis del texto

21 

Jesús le dijo: «Mujer, cree lo que te digo

Al utilizar la palabra pisteuo (πιστεύω – confiar/encomendar), de ninguna manera Jesús estaba afirmando un estado de incredulidad de la mujer, antes que ello, lo que en verdad le dice es: “ten confianza en que lo que te digo es cierto”.

Esta es una buena introducción, de parte de Jesús, para poder afirmar algo que ella no esperaba. Ya hemos hablado, en el estudio de los versículos previos, sobre la importancia de los lugares para adorar y sobre la controversia entre judíos y samaritanos al respecto.

Es precisamente por eso que Jesús va a decirle algo que cambiará su paradigma por completo, y para eso, ella necesita tener confianza en las palabras de Jesús. Una vez pedido esto, ahora sí Jesús continúa con su respuesta. Él le dice:

La hora viene

Al utilizar las palabras “la hora viene”, Jesús actúa como un profeta. Él sabe bien lo que ha de acontecer y lo anuncia. Esto es lo que está haciendo aquí.

Por las dudas decimos que la diferencia entre Él y los profetas del Antiguo Testamento es que los últimos necesitaban una revelación especial de Dios, pero Jesús, dado que es un ser con todos los atributos de la deidad, incluida la omnisciencia, sabía muy bien qué había de acontecer sin necesidad de revelación alguna.

En este punto es bueno detenernos un segundo en la omnisciencia de Jesús. En este pasaje la hemos visto dos veces. En primer lugar, al declararle a la mujer cuál había sido su historia matrimonial, y en segundo lugar en estos versículos, en donde Él va a contarle a la mujer cómo serán las cosas en un futuro no muy lejano.

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Nota

Son muchos los detalles que nos permiten ver la deidad de Jesús en este evangelio. No siempre habrá una declaración evidente de la misma por parte de su autor, pero si nos detenemos en nuestro estudio del texto, entonces iremos viendo diferentes evidencias que complementarán las distintas declaraciones explícitas que encontremos, como ser la de Juan 1.1-5 y la de Juan 1.10-14; o también, los testimonios del mismo Jesús en Juan 5.21-27, Juan 10.30, y varios otros textos. Algunos de los estudios en donde hemos visto la deidad de Jesús son los siguientes:

Pero es obvio que aún no hemos hablado todo lo que deberíamos al respecto. Mientras vayamos abordando esos textos, los iremos desarrollando y explicando hasta donde nos sea posible (hasta donde nos llegue la comprensión).

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Volviendo ahora a nuestro texto, Jesús le sigue diciendo a la mujer:

Ni en este monte ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre.

Por nuestra parte, ya hemos hablado sobre las diferencias entre judíos y samaritanos sobre el lugar de adoración a Jehová-Yahvé (aunque ni los judíos ni los samaritanos llamaban a Dios por ese nombre).

Aquí Jesús le dice explícitamente que no adorarán específicamente en ninguno de esos dos lugares (Templo de Jerusalén – Monte de Gerizín), y que por lo tanto, la controversia entre ambos no tenía ninguna importancia.

Para pensar

Evidentemente éste es también un mensaje para nosotros los cristianos, quienes sabemos que el Espíritu Santo vive en nosotros (1 Corintios 3.16; Efesios 2.22, 3.17; 2 Timoteo 1.14), pero que no siempre adoramos a Dios fuera del lugar en donde nos reunimos con la Iglesia. ¿Es cierto esto para ti?

¿Qué queremos decir con esto? Que a Dios lo debemos adorar en todo lugar en el que estemos, que no hace falta estar en ningún lugar específico para hacerlo. Bien podemos levantar una alabanza, reconocerlo, cantarle, adorarle y servirle en cada lugar en donde nos encontremos. Eso es lo que debemos hacer cada uno de nosotros. ¿No lo crees?

Ahora:

Adorarle no solo pasa por levantar una oración o por cantarle alguna canción, himno o corito que nos guste. Adorar es vivir como Él lo espera. Adorar es llevar el testimonio de Cristo grabado en nuestras acciones, palabras y actitudes. Adorar a Dios es vivir en la santidad a la cual Él nos ha llamado (1 Pedro 1.15-16).

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Vivir una vida de adoración es un desafío que todos debemos abrazar. Vivir de esta manera no es sencillo, pero para lograrlo no estamos solos. La fortaleza y la sabiduría del Espíritu Santo nos asiste cada día (si es que lo buscamos), y al mismo tiempo, también es cierto que tenemos el apoyo de nuestros hermanos, quienes son un regalo de Dios para ayudarnos a caminar por esta vida (Lo has considerado?).

Tal vez este momento sea propicio para hacernos algunas preguntas. Te invitamos a considerarlas: 

¿Entendemos que estamos llamados a vivir una vida de adoración? ¿Estamos dispuestos a vivir de esta manera? ¿Nos ha costado vivir así? ¿Lo estamos logrando? ¿Qué necesitamos para llevar este precioso desafío adelante? ¿Has pedido la asistencia del Espíritu Santo en esta área de tu vida?

Anhelamos que Dios te hable al respecto, te lleve a Su verdad y te ayude en ésta y en cada área de tu vida. Amén.

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Volviendo al texto:

22 

Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos, 

Aquí Jesús está haciendo una distinción, la cual ya ha comenzado desde el versículo anterior, solo que ahora es más que notoria. Ahora está hablando específicamente de dos culturas, la judía y la samaritana. 

Para entender por qué Jesús hace esta distinción, probablemente necesitemos saber que habían varias diferencias entre ambos grupos. Los judíos aceptaban la Torá (los cinco libros de Moisés, llamados “el Pentateuco”, es decir: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio) y también los libros proféticos; mientras que los samaritanos solo el Pentateuco.

Los judíos, quienes habían sido deportados, habían mantenido su fe más firme que nunca en los últimos tiempos. En cambio los samaritanos tenían una mezcla de creencias y religiones. No olvidemos que ellos eran, en su gran mayoría, una mezcla de razas, la mayoría de origen politeísta, los cuales habían querido “adorar al Dios de la tierra” a la cual ellos mismos habían sido deportados. 

Para explicar esto un poco mejor diremos que no solo los judíos habían sido deportados. Esa fue una política utilizada por los imperios para incomodar y debilitar a los pueblos. Mientras que se llevaban a los más cultos y ricos, dejaban a los más pobres y desprotegidos en su propia tierra, y entonces traían gente de otras razas y culturas a las mismas.

Hasta que ambos grupos lograban entenderse pasaba un considerable período de tiempo, en el cual los nativos se creían con derechos y los recién llegados debían adaptarse, no solo a la cultura del lugar, sino también al suelo y al clima nuevos. Al final ambos grupos se adaptaban, algo que normalmente terminaba en una fusión de razas, culturas y creencias.

Es natural que muchos adoraran a un Dios a quien no conocían, ya que ni ellos ni sus padres habían tenido la experiencia del desierto, ni de los profetas anunciando las verdades de Dios. Ninguno de ellos habían podido ver, ni menos aún, experimentar Sus prodigios y milagros. 

Por ende, solo lo adoraban a nuestro Dios porque la creencia de aquel tiempo era que cada tierra tenía sus propios dioses, y que si una persona llegaba a un lugar, el dios de aquel lugar debía ser adoptado y adorado para que la persona fuera prosperada. 

Ahora, esto no implicaba conocimiento, ni verdadera devoción y entrega, sino simplemente cumplir con una formalidad para con el Dios del lugar (según la concepción pagana politeísta). Por lo tanto, es natural que Jesús le haya dicho a la mujer que:

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La salvación viene de los judíos

La salvación provista por Dios no podía venir de aquella mezcla de religiones, ni de ninguno de los dioses falsos adorados por aquellas personas, sino únicamente del Dios que había llamado a los judíos a ser una nación santa.

Ese Dios era el que les (nos) proveería la salvación (si no entiendes qué significa el término, te invitamos a seguir el enlace).

Según los planes de Dios, Jesús debía nacer de aquel pueblo, el escogido por Él para darse a conocer, y por ende, la salvación provendría de los judíos.

Ahora, el motivo de provenir de esta etnia, no era en sí por algún tipo de superioridad del pueblo o de la raza, sino porque Dios se les había revelado a sus ascendientes y les había encomendado anunciar al mundo Su existencia.

Entonces, que el Salvador naciera del pueblo judío no era más que el cumplimiento del plan divino.

Sepamos además que ésta era una tarea que ellos habían comprendido muy bien (Mateo 23.15). Sabían lo que Dios pretendía de ellos, pero lamentablemente, no lograron cumplir las con Sus expectativas (¿Podremos nosotros?).

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Pensando en nosotros

¿Has considerado que hoy somos nosotros los escogidos de Dios en ese mismo sentido, que nosotros somos los encargados de anunciar la salvación, de extender el Reino de los Cielos y de llevar el nombre de Cristo a todas las naciones?

Son innumerables los versículos que nos hablan al respecto, pero hay uno en especial que nos gustaría pedirte que leas:

Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anuncien las virtudes de Aquel que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable. 1 Pedro 2.9

Habiendo leído el texto, ¿Entiendes lo que implica para tu vida? Dios está esperando que todos lo comprendamos y que pongamos este conocimiento – entendimiento en acción.

Por ende, ¿Qué hacemos para cumplir con esto que Dios espera de nosotros? ¿Habremos de cumplir con Sus expectativas, o será necesario que llame a otros para realizar la tarea?

Recordemos que antes que nosotros, el pueblo judío era el encargado, y que luego Dios les quitó esta responsabilidad y nos encomendó la tarea a nosotros (la Iglesia).

Seamos entonces responsables, cumplamos con nuestro propósito y llamado. ¿Estarás de acuerdo? Y si es así, ¿Qué estás haciendo y qué harás al respecto?

Anhelamos con todo nuestro ser que Dios te guíe en este sentido. Si necesitas que Dios te hable más sobre este tema, tal vez puedas tomar un momentito para hablar con Él. ¿Podrías hacerlo?

Por si te es de utilidad queremos dejarte una base (guía/estudio) sobre cómo Jesús llevó adelante el evangelismo personal, el mismo está basado en este capítulo.

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Volvamos ahora a nuestro texto.

23 

Pero la hora viene, y ahora es, 

Ya habíamos visto que Jesús utilizó la frase “la hora viene” en Juan 4,21. Pero aquí le agrega: “y ahora es”, como diciendo: No solo que ha de venir un tiempo distinto, sino que el mismo ya ha llegado. En este tiempo los verdaderos adoradores podrán adorar al Padre de una manera muy distinta a la que hasta ahora acostumbran.

Aquel nuevo tiempo había llegado, pero por sobre todo porque quien había de venir para instruirnos sobre cómo adorar verdaderamente al Padre ya había llegado y estaba allí presente. Ya sus discípulos estaban siendo instruidos, y pronto muchos más lo serían. La frase “Y ahora es” (kai nun estin) tiene este precioso sentido:

No había que esperar mucho para que esto comience a suceder. En aquel mismo momento se podía comenzar a vislumbrar la nueva manera de adorar en espíritu y en verdad al Padre.

Aunque todavía el derramamiento del Espíritu Santo estaba por llegar, y por lo tanto, adorar en espíritu no era todavía posible al cien por ciento, en breve sí lo sería (explicaremos mejor nuestro punto unos párrafos más adelante).

Volviendo nuevamente a la frase “la hora viene”, podemos ver que la misma es utilizada en Juan 5.25, 12.23, y en 16,32; y a su vez, podríamos contrastar el sentido de la misma con lo enseñado en Juan 5.28 y 16,25.

Juan 4.21-24 - Adoradores en espíritu y en verdad
Juan 4.21-24 – Adoradores en espíritu y en verdad

¿La hora de qué? Bueno, una hora, un tiempo muy especial,

Cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; 

Es interesante notar que la palabra utilizada por Jesús para definir a los futuros adoradores es alēthinos la cual se utiliza para indicar que algo es genuino. Los adoradores que adorarán al Padre en espíritu y en verdad serán verdaderos adoradores, en contraste con muchos que decían adorar a Dios, pero que en verdad no lo hacían.

Esto último se aplica en especial los dirigentes espirituales del pueblo, tanto de los samaritanos como de los judíos, los cuales en su gran mayoría, no adoraban a Dios como Él lo hubiese querido (algo que lamentablemente también sucede en muchas congregaciones ¿Cierto? Adorar no es cantar lindo… ).

Ellos, en vez de hacerlo con el corazón y como Dios lo hubiese querido, basaban su adoración solamente en rituales, observancias, ceremonias y ofrendas, cosas que al final, no los llevaba a una verdadera adoración con Dios, y ni siquiera a entregarle algo que Él estuviera dispuesto a recibir.

Recordemos tantos pasajes en donde Jesús les decía a los maestros de la ley que ellos mismos no llevaban a la gente a Dios (la tarea de todo verdadero adorador), sino que los alejaban con sus ejemplos. Se esforzaban por cumplir con la cáscara de la ley, pero no podían adorar a Dios como debían.

Solo para nombrar algunos pasajes en donde Jesús los reprende, citaremos: Mateo 23.13-15 y Marcos 12.38-40. También se podrían mencionar los textos de Mateo 15.3-9, 23 (capítulo completo), Juan 5.39-40 y otros muchos más.

Tengamos en cuenta que ellos eran reconocidos por el pueblo, que ante la vista de las personas hacían todo lo correcto, pero que sin embargo, ante la vista de Dios las cosas eran muy distintas. Entonces, ¿De qué manera nos verá Dios? ¿Le adoras como Él lo espera? ¿Tú que piensas?

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Pensando nuevamente en nuestras vidas

En contraste con estas personas, los verdaderos adoradores lograrían adorar al Padre en espíritu y en verdad. Algo que es posible hoy para cada uno de nosotros y por lo tanto, algo que Dios espera que hagamos. ¿Consideras que lo haces apropiadamente?

Algo que debes saber es que adorar a Dios como Él lo espera, es algo que depende de ti y de tu comunión con Él; y de nadie más.

No podemos, ni debemos, depender del grupo de alabanza, ni de los líderes de la Iglesia. La adoración verdadera depende solo de ti, de tu comunión diaria con Dios, de tu entrega y de tu conocimiento personal de Él. Cuanto más lo conozcas mejor sabrás cómo adorarle y qué pretende de tu vida.

Ahora, tal vez puedas decirnos que el ministerio de alabanza te ayuda en este sentido, y esto es muy cierto; pero no pondrá en ti algo que no tienes. No te llevará a tener una vida de comunión diaria con tu Padre Celestial. Eso es algo que solo depende de tu búsqueda de Dios.

Lo que sí puede hacer este ministerio es guiarte y ayudarte para que alabes a Dios en medio de la congregación. Y aún así, lamentablemente, no todos serán todo lo eficientes que deberían.

Muchos utilizan bien sus dones (y talentos), y buscan permanecer en comunión con Dios. Esto hace que puedan guiar a la congregación mucho mejor que otros, quienes tan solo ejecutan bien sus instrumentos y planifican prolijamente un orden de culto.

A propósito,

Si perteneces al grupo de alabanza de tu Iglesia, si eres parte del ministerio de adoración

No importa cuan bien cumplas con lo que es visible y audible hacia la mirada y el oído de la congregación, debes comprender muy bien que Dios está presente y observando, y que no puedes transmitir lo que no tienes.

La verdadera vida de adoración y la comunión con Dios es algo que cuando lo tienes, se evidencia en medio del culto. Esto es algo que ya tienes antes de comenzar el mismo, o que por el contrario, difícilmente lograrás ya en medio del mismo. ¿Lo has notado?

Por ende, el que guía debe tener autoridad espiritual como para hacerlo, y no tan solo el don, la capacidad, mucha preparación, experiencia y buen gusto. Un culto puede ser muy lindo, pero también debe poder ser aceptable a los ojos del Señor.

Eso es lo que nos está enseñando nuestro Señor Jesús en este pasaje. ¿Estás de acuerdo? Por ende, no puedes vivir de cualquier manera en la semana, y subirte luego a guiar a la congregación a una verdadera adoración que tu mismo no tienes.

Sabemos que estamos siendo muy duros y nos disculpamos contigo por si no es tu caso; pero tal vez haya algún lector a quien esta amorosa (pero dura) exhortación pueda ayudarlo a reflexionar.

Si es así, por favor toma un tiempo para revisar tus metas y prioridades, considera que Dios te ha puesto en un lugar para su servicio, que te ha dado dones y que espera que hagas con excelencia lo que te ha llamado a hacer.

Utiliza bien lo que Él te ha permitido tener, y ten en cuenta que todo es un préstamo, que todo es de Él, y que lo tienes tan solo por un tiempo. Por ende, aprovecha bien el tiempo que Él te regaló. ¿Estás de acuerdo?

Habla con tu Padre al respecto, que sea Él quien te hable, que Él te guíe y te llene de Su Santo Espíritu, que te lleve a ver todas las cosas con la mente de Cristo. En el nombre de Jesús, oramos para que así sea en tu vida y te abrazamos en el amor del Señor. Amén.

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Te invitamos ahora a ver otro tema que se desprende de la enseñanza de Jesús en ese texto:

Jesús siempre lleva la atención de sus oyentes hacia el Padre

En varias oportunidades expresa que el Padre es quien le ha dado autoridad, que las palabras que enseña provienen del Padre. Que las personas que creen en Él le han sido dadas por el Padre, y así mismo pudiéramos mencionar otros muchos ejemplos más en este mismo sentido.

Pero el último ejemplo que queremos mencionar, es el de Jesús dirigiendo nuestra oración hacia el Padre, en el modelo de oración que Él mismo nos dejó (el Padre Nuestro).

¿Habías podido notar cómo Jesús siempre apunta nuestra atención hacia Dios el Padre, como poniéndose Él mismo en un segundo plano? Esto tal vez pudiera dejarnos una muy buena enseñanza a cada uno de nosotros:

Deberíamos aprender de Él que el único importante es Dios, y que por ende, nosotros siempre debemos estar en un segundo plano. Es más, deberíamos tener como meta, lograr que cuando las personas nos miren, puedan ver a nuestro Señor Jesús a través de nosotros. ¿Lo has considerado?

Debemos tener muy claro que en el Reino de los Cielos nosotros somos, aunque hijos, simples siervos y que la gloria es solamente de nuestro Señor. ¿Qué piensas al respecto? Recuerda que Dios siempre nos ha llamado a la humildad (Filipenses 2.3), y que el mayor en el Reino de los Cielos es el que se humilla como un niño (Mateo 18.1-5).

Por otro lado, este texto nos ayuda a observar que la adoración, según Jesús, debe estar dirigida al Padre. Ahora, si bien esto es cierto, aún así nosotros no consideramos erróneo adorar a Jesús y/o al Espíritu Santo, pero sí debemos tomar nota de que Jesús nos dirige al Padre al momento de la adoración. ¿Lo habías notado?

Volvamos ahora a nuestro texto:

¿Qué significa adorar en espíritu y en verdad?

¿Qué implica el término adorar?

La palabra traducida por “adorar” (proskuneō – προσκυνέω – pros, hacia – Kuneo, besar) tiene el sentido de, o implica hacer reverencia (normalmente en un acto de adoración; algo así como: “doblar la rodilla” al entrar a la presencia de alguien muy importante).

Podemos ver su uso en otros muchos pasajes, por ejemplo en Mateo 4:10; 1 Corintios 14:25 ; Apocalipsis 4:10 ; Apocalipsis 5:14; Apocalipsis 7:11; Apocalipsis 11:16 y en Apocalipsis 19:10.

Esta palabra nos habla del respeto que cada uno debemos tener para con Dios.

Esto nos lleva a pensar que esa familiaridad que muchas veces solemos tener con Él por ser nuestro Padre no debe confundirnos. En muchos casos algunas personas parecen perder un poco el equilibrio entre respeto y confianza para con Dios.

Son muchos los creyentes que con gran naturalidad tratan a Dios como un par, o hasta a veces como un subordinado: “Haz esto ahora”. “Lo quiero ya”. “Ahora mismo lo decreto” “Tienes que hacerlo por cuanto lo prometiste, cúmplelo ahora”.

Muchos le dan órdenes y le indican qué hacer y cuándo hacerlo. Algo con lo que no concordamos de ninguna manera. Para nosotros Dios es soberano y nosotros somos sus hijos, claro, pero también sus subordinados. Nosotros dependemos de Él y no al revés.

¿No es cierto que muchas veces perdemos de vista cuál es nuestro lugar y/o posición? No nos vendría mal tomarnos unos instantes para pensar en este tema. Por favor, considera lo siguiente:

Él es nuestro Señor y no nuestro par; mucho más que eso, Él es nuestro Dios. ¿Estás de acuerdo? Entonces, ¿Te acercas a Él con humildad y en sumisión, o con espíritu altanero y demandante?

Por las dudas y nuevamente: Sí que es nuestro Padre amoroso, y también es cierto que Jesús dijo que nos iba a llamar amigos y no siervos, pero eso no implica que Él esté a nuestra disposición y aguardando a recibir nuestras instrucciones y/o demandas. ¿Cierto? ¿En qué punto está el equilibrio? ¿Tú qué opinas? Habla sobre esto con tu Señor.

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Volviendo a nuestro texto, aquí llegamos al corazón de la enseñanza de Jesús sobre la verdadera adoración, Él dice que debemos hacerlo

En espíritu y en verdad (en pneumati kai alētheiāi)

Aclaremos desde un principio que al hablar de “espíritu” se está haciendo referencia al espíritu humano, y que a su vez, Aletheia, la palabra traducida por verdad, es lo opuesto a lo que es ficticio, fingido o falso, y por lo tanto se refiere a lo que es verdadero y real.

Al hablar de esta forma de adoración Jesús nos está indicando cual es el tipo de adoración que Dios pretende, la cual se contrasta con la que venían dando las personas hasta aquel momento.

En este punto es necesario aclarar que si bien hubieron muchos que habían amado y adorado a Dios como Él lo merecía (por ejemplo: Abraham, Moisés, David, etc., etc.), había un nuevo nivel al cual se podía llegar y esto era posible gracias a la obra tanto de Jesús, como del Espíritu Santo.

Una nueva dispensación había llegado y estaba a punto de ser establecida, con un grado o nivel de comunión, de comunicación y de adoración diferentes.

Éste era, por cierto, otro de los motivos asociados con la venida de Jesucristo, la cual obviamente tenía múltiples propósitos.

La humanidad debía aprender a adorar como Dios lo requería, y es aquí, en este versículo, en donde Jesús nos habla de cómo hacerlo de la manera adecuada.

Jesús dice que debemos adorar:

En espíritu

Porque a partir de la obra de Jesucristo podemos tener comunión con el Espíritu Santo a través de nuestro propio espíritu.

Recordemos aquí que en el momento en que ponemos nuestra fe en Dios, nos arrepentimos de nuestros pecados y le entregamos nuestras vidas, se produce en nosotros un nuevo nacimiento (Juan 3.3-7), gracias al cual obtenemos la vida en el espíritu.

Este nuevo nacimiento es el que nos permite la nueva relación de la cual estamos hablando y por lo tanto, la posibilidad de adorar en espíritu.

Esto es algo que no había sido posible hasta aquel momento. Y por eso mismo Jesucristo había dicho la hora viene y ahora es.

A partir de Jesús no solamente se adoraría en (o con ayuda de) la mente o la razón; y por otro lado, la adoración ya no sería tan solo una mera experiencia emocional.

Jesús nos trajo la posibilidad de una relación de espíritu a Espíritu con Dios, algo que solo podemos tener una vez que somos sus hijos.

En otras palabras, no era posible, ni lo es aún hoy, adorar a Dios en espíritu si no hemos nacido a una nueva vida espiritual.

Por ende, nos gustaría preguntarte: ¿Lo has hecho tú, has nacido de nuevo? Si no lo has hecho es muy importante que lo hagas. Te invitamos a seguir el enlace, a leer más sobre este tema y a considerar en que hay una decisión muy importante que podrías tomar al respecto.

Ahora, habiendo dicho todo esto, lo cual es algo absolutamente maravilloso, hay algo más a tener en cuenta a la hora de adorar. Intentemos ver qué significa adorar en verdad.

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En Verdad

Nuestra adoración debe estar basada en la verdad. Pensemos por un momento en cuantas formas de culto hay, cuántas religiones, cuántos ritualismos. Y por cierto, cuántos de ellos dicen adorar al mismo Dios.

Ahora… ¿Pueden todos ser verdaderos? ¿Pueden todos agradar realmente a Dios? ¿Logran todos el propósito para el cual se realizan?

Y por otro lado: ¿Sabremos todos qué es adorar en verdad? Y… En todo caso, ¿Cómo saber o cómo distinguir cuál es la verdad? (Muchas preguntas, ¿Cierto? Intentemos aclararlas).

Al venir el Esípiritu Santo a nuestras vidas, Él es quien nos conduce a toda verdad (Juan 16.13). Es Él quien nos habla, quien nos revela el significado de los textos bíblicos, es quien nos instruye y quien nos muestra cuál es la voluntad del Padre (esto, si estamos en comunión con Él).

Por ende, ¿No es lógico pensar que para lograr adorar en verdad, primeramente debemos tener comunión con el Espíritu Santo de Dios?

Ahora, tal vez te puedas preguntar: Pero… ¿Qué es la Verdad?

Este evangelio (el de Juan) nos lleva a entender que la verdad no es solamente un mero conocimiento, sino que hay alguien que la contiene, la manifiesta y la revela: Jesucristo.

Él dijo: “yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14.6). Él se presentó como la luz que ilumina a todo hombre (Juan 19-11), y por lo tanto, quien alumbra nuestro camino hacia Dios, quien nos muestra cómo acercarnos a Dios el Padre.

La verdad está contenida en la persona de Jesús, y podemos verla gracias a sus enseñanzas y a sus ejemplos. En Él se nos ha revelado la verdad, y asimismo, Él es la verdad encarnada.

Al conocer a Cristo podemos entender quienes somos y cuál es nuestro propósito en la vida; y además, para qué existimos, qué debemos hacer y cuál es nuestro futuro. ¿Lo ves? Jesús no solo nos muestra cómo acercarnos al Padre sino también cómo vivir en esta vida, y cuál es nuestra esperanza en la Gloria.

Sólo al conocer a Jesús, y al entregarnos a Él, tenemos esta certeza. Él ha iluminado nuestro entendimiento, y entonces, gracias a la obra de Jesús, y del Espíritu Santo, podemos adorar tanto en espíritu como en verdad.

Pensemos en lo siguiente: No se puede hacer algo bien si no se sabe lo que se hace, o si no se sabe cómo hacerlo; y menos aún si uno está haciendo algo para alguien más. ¿Cierto?

¿Cómo querrá Dios ser adorado? ¿Qué le gustará y/o, qué pretenderá de un adorador?

El Espíritu es quien nos lo revela a lo largo de todo el Texto Sagrado, la Biblia; pero también al hablarnos a cada uno de sus hijos en forma personal.

Como ves, al decirnos Jesús: “la hora viene y ahora es” estaba dando a entender que el proceso ya había comenzado y que por ende, el nuevo tiempo había llegado.

Es así que, con la próxima – inminente llegada del Parácletos (Consolador, Ayudador – El Espíritu Santo – Juan 14.26, 15.26), la humanidad tuvo la oportunidad de adorar como Dios quería ser adorado.

Entonces, si aún no tienes comunión con Él, este es un gran momento para buscarla. ¿Qué tal si detienes aquí, y por un momento, tu lectura y hablas con tu Padre Celestial que te está oyendo?

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Ahora que sabemos de qué y de quienes depende adorar en espíritu y en verdad, y que nosotros debemos ser verdaderos adoradores, también deberíamos entender que:

Ciertamente a los tales el Padre busca que lo adoren

Jesús ha definido cómo debería ser nuestra adoración y ahora nos dice que esto es lo que Dios espera de nosotros.

No que Dios anda recorriendo el mundo en busca de estos adoradores, sino que este tipo de adoración es la que Él acepta, la que Él pretende y por lo tanto, la que nosotros deberíamos ofrecerle.

Por ende, ¿Será apropiado preguntarnos de qué manera le adoramos? En vista de todo lo que dijimos, ¿Podremos decir que adoramos a Dios como a Él le agrada? ¿Tendrás que realizar algún ajuste, algún cambio en tu forma de adorar, en tu manera de acercarte a Dios? ¿Aceptará Dios tu adoración? ¿Qué opinas tú?

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24

Dios es espíritu 

Esto tal vez ha de parecernos obvio. Podríamos decir: Pero claro que Dios es espíritu. Sin embargo es más que necesaria la aclaración en este punto, porque no hay nada que podamos ofrecerle, materialmente hablando, que Él pueda necesitar de nosotros.

No hay ninguna cosa que pudiéramos hacer que Él aprecie más que otra, en un sentido ritual. No pretende ritualismo de nuestra parte. Tal vez sea bueno recordar lo que le dijo a su pueblo a través del profeta: “estoy cansado de sus sacrificios” (Isaías 1.10-20). Esto lo dijo porque adoraban tan solo para cumplir, y no por amor.

Por tanto, ni rituales, ni lugares, ni formas, ni vestimentas, ni ofrendas, ni ninguna otra cosa. Dios no pretende nada exterior, sino solo adoración de corazón, adoración sincera, no para que otros nos vean. Es Dios quien nos ve y lo único que le importa es lo que haya en nuestro corazón. ¿Lo ves, lo entiendes?

Entonces, Él no quiere una adoración espectacular a la vista, no la necesita. Ni una adoración por obligación, como por temor (como diciendo: si no lo hago, tal vez se enoje…). Tampoco una adoración como canje o por algo que uno espere, (si no lo adoro tal vez no me prospere…).

Dios no nos recompensará si no somos sinceros. Y obviamente, no recibirá nuestra adoración si no lo somos.

Dios es espíritu y conoce lo que hay en nosotros, por ende nuestra adoración debe surgir del amor, del agradecimiento, de la entrega; desde el conocimiento y del entendimiento de quién es aquel a quien adoramos y de por qué lo hacemos. Desde la comunión con el Espíritu, desde la obediencia y desde la santidad en la cual debemos vivir cada día.

Dios es espíritu y no necesita ninguna otra cosa de nosotros. Otra vez nos preguntamos aquí: ¿De qué manera adoramos a Dios? ¿Cómo lo hacemos?

No olvidemos nunca que:

Los que lo adoran deben adorar en espíritu y en verdad.

No recibirá ningún otro tipo de adoración

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Para finalizar

Es posible que hayan más cosas que deberíamos haber escrito sobre este tema tan importante, pero entendemos también que ya hemos escrito mucho y que no queremos que la lectura te resulte tan larga. En verdad esperamos que lo escrito hasta aquí sea de ayuda para tu comprensión del tema y para que puedas meditar en él.

Ten en cuenta que para adorar como Dios quiere que lo adoremos es muy importante que puedas comprender las siguientes dos cosas: Primero, que Dios espera relacionarse contigo personalmente; y segundo, que al hacerlo, es importante que busques alcanzar la comunión que Él espera tener cotidianamente contigo.

Por favor también ten en cuenta que al buscar a Dios, y al lograr tal comunión, todo lo que hagas de corazón, con amor y en agradecimiento será bien recibido por tu Padre. Él no está esperando algo espectacular de tu parte, solo sinceridad y verdadero amor.

¿Le has entregado tu vida? ¿Le amas realmente? ¿Te comunicas con Él habitualmente? ¿Te alimentas con Su palabra? Si todo esto es parte de tu vida, ten por seguro que Él te llevará a toda verdad a través de su Santo Espíritu, y en consecuencia, Él mismo te hablará mucho más al respecto.

De todo corazón deseamos que así sea en tu vida y que Dios te bendiga mucho.

Te esperamos en los demás estudios (publicaciones/comentarios bíblicos). Recuerda que puedes comunicarte con nosotros a través de la caja de comentarios.

En la próxima publicación continuaremos con el análisis de este precioso evangelio. Hasta entonces.

Antes de concluir con esta publicación te queremos dejar algunos otros links que pudieran servirte para continuar estudiando este precioso Evangelio:

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Nota

Todas las citas bíblicas fueron tomadas con permiso de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2005 by The Lockman Foundation.

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