Juan 4.16-20 – Ve, llama a tu marido y ven acá

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Juan 4.16-20 – Ve, llama a tu marido y ven acá – Nuestros padres adoraron en este monte

Comentario Bíblico Devocional del Evangelio de Juan

Muy bienvenidos al comentario del Evangelio de Juan de Gracia y Vida. En esta publicación continuaremos con nuestro estudio de la historia de Jesús y la mujer samaritana. Hoy analizaremos y estudiaremos los textos de Juan 4.16-20.

Nuestras metas principales serán: ayudarte a comprender el texto bíblico y aplicar su enseñanza a tu vida. Para esto te presentamos un análisis del texto y de todos los datos necesarios para comprender el mismo en su contexto, y también, breves reflexiones y aplicaciones.

Antes de comenzar con tu lectura te invitamos a orar. Esperamos que El Espíritu Santo se manifieste a través del estudio de la Palabra de Dios, y que esta lectura sea de bendición para tu vida. 

Texto Bíblico

16 Jesús le dijo: «Ve, llama a tu marido y ven acá». 17 «No tengo marido», respondió la mujer. Jesús le dijo: «Bien has dicho: “No tengo marido”, 18 porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad». 19 La mujer le dijo: «Señor, me parece que Tú eres profeta. 20 Nuestros padres adoraron en este monte, y ustedes dicen que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar».

Introducción

Hasta el estudio anterior hemos visto distintos detalles de esta historia entre Jesús y la mujer samaritana, y hemos analizado los temas contenidos en el texto, el cual ocupa casi todo el capítulo cuatro de Juan, a saber, Juan 4.5-43. Resumiendo muy brevemente, hasta acá hemos visto:

El propósito de Jesús de pasar por Samaria (te hemos dejado el mapa para que puedas ver la ubicación del lugar en donde se desarrolló la historia); vimos como Jesús entabló una conversación con la mujer samaritana, y explicamos el por qué de su asombro al ver que un judío, varón, le hablaba.

Una de las cosas más importantes que hemos visto es el significado del agua viva. Esto es importante para nosotros, dado que la misma sigue hoy disponible para todos. En relación con esto dijimos que el mayor propósito de Jesús era (y es) que las personas logren alcanzar la vida eterna; y también, que Jesús es el dador de la misma.

Además, hemos notado que la mujer no comprendía el alcance de las palabras de Jesús. Mientras Él le hablaba de cosas espirituales, ella solo pensaba en el agua del pozo, y en la imposibilidad de Jesús de alcanzar el agua viva (la cual en sentido natural era entendido como la fuente de agua – corriente subterránea – que alimentaba aquel pozo de Jacob).

Al hablarle Jesús de la posibilidad de beber de un agua muy especial y distinta, la mujer deseó obtener de esa agua, sin embargo, nuevamente su mente se dirigió a un agua natural y no a la salvación (o la vida eterna) que Jesús quería ofrecerle. Pero eso de ninguna manera desmotivó a Jesús.

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Él ya había llamado la atención de la mujer y lo seguiría haciendo aún más. Su propósito era claro y estaba bien definido. Él estaba ejecutando el plan de Dios de salvar a toda la humanidad, y esta mujer era parte del plan de Dios. Así es que nuestro Señor no se dio por vencido, sino que prosiguió con su meta, mostrándonos así un gran ejemplo a seguir.

¡Cuán grande es el amor de Dios! ¿Cierto? Es bueno poder conocerlo, y también es bueno poder entender que Él espera esto mismo de nosotros, que amemos a los que se pierden y que anunciemos las buenas nuevas. Deberíamos tomar el ejemplo de esta historia y aplicarlo cada día. Solo hay una cuestión que resolver: ¿Estaremos dispuestos?

A propósito de esta forma de proceder de Jesús, Él sigue haciendo hoy lo mismo que hizo con la mujer samaritana, nos llama la atención y se revela a nosotros para que podamos conocerle. Y cuando ya eres de Cristo, aún así, Él no deja de actuar de la misma manera, pues su intención es que le conozcamos cada día más. ¿No es maravilloso?

Qué veremos hoy

En los versículos de hoy veremos Jesús va a manifestar su omnisciencia a la mujer samaritana. Lo hará a través de una revelación de algo que solo ella, y las personas que la conocían bien, podían saber. Le hablará de una parte de la historia de su vida, lo que le permitió a ella entender que Jesús era un ser más que especial.

Claro está que la mujer no comprendió a ciencia cierta, y desde un primer momento, quién era Jesús, así que en cada paso de Su auto-revelación a la mujer, ella le fue preguntando cosas que desviaban a Jesús de su propósito, pero ese no era un obstáculo que Jesús no pudiera sortear. 

Él le mostraría que era el Mesías tan largamente esperado; y lo haría paso a paso, como en un proceso. Así que esto es lo que estamos viendo en todos estos versículos es: El proceso de revelación de Dios gracias al cual la mujer, y también buena parte del pueblo, tuvieron la posibilidad de creer y de lograr ser hijos de Dios

Esta es una historia maravillosa de salvación y un grandioso ejemplo de cómo llevar adelante el evangelismo personal, así que te invitamos a seguir avanzando juntos en este estudio y a seguir aprendiendo lo que Dios tiene para enseñarnos a través del mismo. Así que si estás de acuerdo, entonces, continuemos.

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Análisis del Texto

16 

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Jesús le dijo: «Ve, llama a tu marido y ven acá». 

Si observamos el contexto de la historia, podemos ver que Jesús propone una ruptura en el tema del cual venían conversando. Hasta ahora habían hablado del agua del pozo y del agua de vida. Él le había dicho que podía darle de esa agua si ella se lo pedía. 

Sin embargo, cuando ella accede a pedirle la misma (V 15), Jesús le solicita que busque a su marido… ¿Por qué haría eso Jesús? 

Bueno, simplemente porque había un nuevo nivel de revelación que Jesús estaba dispuesto a concederle: Él no solo era el dador de “esa agua tan especial”, sino que también tenía la capacidad de conocer la vida de las personas sin necesidad de haberlas conocido antes.

Cuándo Él le dijo: «Ve, llama a tu marido y ven acá» lo que estaba propiciando era un nuevo tema de conversación, a través del cual Él pudiera manifestarse como el Mesías profetizado.

Y por otro lado, de seguro, Jesús le estaba mostrando (implícitamente) cuál era su estado espiritual. Seguramente fue por eso mismo que ella luego le cambió de tema preguntando en dónde debía adorarse a Dios.

Es decir, al hacerse consciente de su situación, y al notar que Jesús era profeta, ella posiblemente haya sentido la necesidad de buscar a Dios. Por esto mismo entendemos que su pregunta fue muy válida y, sin lugar a dudas, nadie mejor que Jesucristo para responder a estas dudas.

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Volviendo al texto, veamos ahora la respuesta de la mujer y cómo siguió la conversación entre ambos:

17 y 18

«No tengo marido», respondió la mujer. 

Al ver la respuesta de la mujer quedamos un tanto sorprendidos. ¿No es cierto que ella hubiese podido callar y ocultar a “aquel extraño” su situación civil? ¿Sí verdad? Pero, sin embargo, eso no fue lo que le sucedió.

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Algo había en aquel hombre que la llevaba a mostrarse curiosa y sincera. Y esto a pesar de que su situación moral y conyugal no estaba muy bien vista por su sociedad (creemos que es más que obvio que ella misma no estaría muy orgullosa de su situación).

Y sin embargo, más allá de lo que aquel hombre pudiera pensar, ella dejó entrever su realidad. No tenía marido… (Y hasta ahí seguramente estaba dispuesta a externalizar, pero sin embargo, Jesús no necesitaba que nadie le cuente nada, ya que Él lo sabía todo…  Juan 2.24-25).

El Señor aprovechó muy bien la respuesta de la mujer, seguramente eso estaría esperando asique aquí vendría una revelación muy sorpresiva para ella, la cual llamaría poderosamente la atención de la mujer.

Jesús le dijo: «Bien has dicho: “No tengo marido”, 18 porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad».

La mujer vivía en concubinato, algo prohibido por las leyes, tanto judías como samaritanas. Al mismo tiempo recordemos que solo a los varones les estaba permitido enviar carta de repudio, para así entonces divorciarse de sus mujeres. 

Entonces, que haya tenido cinco maridos en el pasado no implicaba que ya todos hubieran muerto, sino que tal vez varios la hubieran repudiado. Posiblemente esa situación hablaba de las características de la personalidad de la misma, o de sus condiciones o habilidades hogareñas (pero en verdad no podemos asegurar nada de esto a ciencia cierta).

Lo que sí sabemos es cuál era la situación a la hora de presentarse frente a Jesucristo. Obviamente no era la más esperable, pero seguramente (pensando ahora en nuestras vidas) tampoco nosotros nos presentamos siempre de la mejor manera posible frente a Él. ¿Cierto?

Juan 4.16-20 - Ve, llama a tu marido y ven acá
Juan 4.16-20 – Ve, llama a tu marido y ven acáNuestros padres adoraron en este monte

Pensando en nosotros

Seguramente muchas veces nos presentamos ante Dios en humildad, y hasta a veces, en desesperación, por alguna situación en la que hemos pecado, o por alguna cuestión que no sabemos cómo resolver. Y entonces, venimos a humillarnos y a pedir perdón y Su ayuda. 

¿Te ha sucedido? Probablemente sí. ¿Y a quién no le ha pasado? Entonces, ¿Quién pudiera juzgar a la mujer? Él no lo hizo y tampoco nosotros deberíamos. Esto nos deja una muy grande enseñanza: No debemos juzgar a los otros, antes que eso, debemos ayudar a otros a acercarse a Dios y a tener una relación de amor con Él.

Si continuamos con el pensamiento de cómo nos acercamos nosotros a Dios, ¿Te ha sucedido que en vez de venir a Él con agradecimiento y alabanza, llegamos a su presencia vencidos por situaciones y con un panorama turbio o sombrío? Es en esos casos en los que  pedimos su ayuda y su guía, cuando todo parece salirse de control. ¿Cierto?

En todos los casos Dios se regocija al escucharnos, y al ver que venimos a Él con nuestras cargas. Él nota nuestra dependencia y nuestra fe, y entonces obra en nuestras vidas en amor y con gran poder. ¿Lo has notado? Seguramente sí. ¡Qué bueno! ¡Cuánto nos alegramos de conocer al mismo Dios! Cómo no expresar un gran: ¡Gloria a Dios!

Volviendo ahora a nuestro texto, no importaba la condición de la mujer. Él tenía amor por ella como lo tiene por cada uno de nosotros. Su plan era simple, quería regalarle la salvación. Todo lo demás no importaba.

En cuanto a las palabras: “en eso has dicho la verdad” no hay elementos que nos lleven a pensar que Jesús insinúe que de alguna manera ella le ha mentido. Tal vez lo que Jesús quiso decirle es: que si bien le había dicho la verdad, no le había contado todo sobre su situación. Pero en verdad no podemos decir más que eso.

Veamos ahora qué le responde la mujer a Jesús. Notemos que ella nunca se queda callada, sino que siempre tiene algo que decirle a nuestro Señor, y Él por supuesto, siempre tiene la mejor respuesta para darle. 

Y así también es con nosotros, cuando nos presentamos frente a Él para conversar sobre algún tema, seguramente obtendremos su respuesta. Tal vez no siempre en el mismo momento, sino que a veces, un tiempo más adelante. Pero Él nunca dejará de respondernos. 

Si Él no te ha contestado todavía, por favor, no pierdas la paciencia, no abandones tu fe y no dejes de esperar en Él. Respecto de este tema, Gracia y vida ha publicado un estudio llamado: Los silencios de Dios. Te lo dejamos esperando que pueda ser de bendición para tu vida.

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Volvamos nuevamente a nuestro texto y veamos qué le dice la mujer:

19 

La mujer le dijo: «Señor, me parece que Tú eres profeta 

La palabra utilizada por la mujer es προφήτης – prophétés, la cual implicaba que Jesús era un adivino, una persona que tenía conocimiento anticipado de las cosas, o también, y mejor traducido según el contexto, un profeta, un hombre de Dios. Ella por fin entiende que allí, frente a ella, había alguien muy especial, alguien que venía de Dios.

En este punto es donde podemos notar más claramente cómo esta mujer va acrecentando su conocimiento sobre la persona de Jesús. Al principio, Él era solo un forastero desconocido (Vs 5-9), luego fue alguien quien seguramente no era mayor a Jacob (Vs 10-12); más tarde sin embargo fue aquel que podía darle un agua muy especial (Vs 13-15).

Un paso más adelante (en los versícuos que vemos hoy) Jesús fue un profeta (Vs 16-24), luego será el Mesías (Vs 25-26). Y para la última parte de esta historia, no solo ella sino que muchos de los habitantes de la ciudad podrán reconocerlo como “Salvador del mundo” (Vs 41-42). 

A esto nos referíamos cuando unos párrafos más arriba decíamos que Jesús le estaba concediendo la oportunidad de obtener una revelación cada vez mayor de Su persona, y que este fue un proceso por etapas.

Veamos ahora otra perla en este texto: La mujer lo llama κύριε (o κύριος), es decir: Señor. Para esta mujer Jesús había comenzado siendo un hombre cualquiera, pero para el final de la historia, Él terminará siendo verdaderamente su Señor. 

Así también sucedió con los discípulos, quienes comenzaron por llamarlo Rabí (maestro), pero más tarde lo terminaron llamando Señor. Y así también debería ser en nuestras vidas, cuanto más cerca de Él estamos, más seguridad deberíamos tener para llamarlo Señor y Dios de nuestras vidas. ¿No lo crees?

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Veamos ahora la pregunta de la mujer y dejemos para el próximo estudio la respuesta de Jesús. Ella le dijo:

20 

Nuestros padres adoraron en este monte, y ustedes dicen que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar».

¿Por qué le dijo ella que sus padres adoraron en aquel monte? 

Bueno, veamos muy brevemente algo de historia. Para esto creemos oportuno citar a un comentarista muy conocido llamado William Hendriksen, quien nos ayudará a comprender esta parte de la historia gracias a su magnífico resumen de la misma, el cual citaremos. Leamos:

Un poco de historia – Cita de William Hendriksen:

“Cuando Oseas, el último rey de Israel, después de haber pagado tributos a Asiria, transfirió su vasallaje a Egipto, Samaria, la capital del reino del norte, fue rodeada por las tropas de Salmanasar, y después de un largo sitio, fue conquistada por Sargón. 

Esto sucedió en el año 722 antes de Cristo. La mayor parte del pueblo tuvo que salir del país y fue llevada a Asiria, Halah, al Habor, el río de Gozán, y a las ciudades de los medos (2 R. 17:3–6). A la gente pobre se le permitió quedarse en la tierra de Israel. 

Tanto de Babilonia como de otros territorios vecinos, muchos extranjeros fueron a establecerse a la devastada región, mezclándose con los israelitas que se habían quedado. A esta población mixta se le dio el nombre de samaritanos (derivado de Samaria, la metrópoli fundada por Omri). 

Los colonos extranjeros no estaban muy satisfechos con la situación tal como la encontraron al llegar. Encontraron un país infestado de animales salvajes y, con razón, atribuyeron esta plaga al disgusto de Jehová, que había sido ofendido. 

Entonces le rogaron a su monarca que les enviara un sacerdote israelita que les enseñara “la ley del dios del país”. Y así ocurrió que un judaísmo adulterado quedó injertado al culto pagano. 

Cuando un residuo de los judíos regresó al país de sus padres (principalmente, pero no exclusivamente, parte de los que habían sido deportados a Babilonia en el año 586), y construyó un altar para el holocausto, y puso los fundamentos del templo, los celosos samaritanos y sus aliados interrumpieron las obras (Esd. 3 y 4). 

Esto era debido a que se les había negado el permiso para cooperar en la obra de reconstrucción.

Su petición fue: “Edificaremos con vosotros, porque como vosotros buscamos a vuestro Dios, y ofrecemos sacrificios desde los días de Esarhadón rey de Asiria, que nos hizo venir aquí”. 

La respuesta que recibieron fue la siguiente: “No nos conviene edificar con vosotros casa a nuestro Dios”. 

Al recibir esta seca negativa los samaritanos se sintieron llenos de odio hacia los judíos (cf. también Neh. 4:1, 2) y luego empezaron a construir su propio templo en el monte Gerizim. 

Juan Hircano, uno de los reyes macabeos, destruyó este templo hacia el año 128 antes de Cristo. Los adoradores, no obstante, continuaron ofreciendo su culto en la cima de la montaña, donde se había levantado el sagrado edificio. Aún hoy continúan haciéndolo. 

Para la pascua toda la comunidad va a acampar en la cumbre del Gerizim, y, cuando sale la luna llena, el sumo sacerdote entona las oraciones y los matarifes degüellan los corderos, tal como lo hacían hace muchísimos siglos.”

William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento, El evangelio Según San Juan, Libros Desafío, 1981, página 149.

Entonces, dado el contexto:

¿Qué le preguntaba la mujer y por qué lo hacía?

Como hemos visto, ciertamente había una gran enemistad entre judíos y samaritanos, aunque ambos adoraban al mismo Dios…  Los judíos lo hacían en el Templo de Jerusalén y los samaritanos en monte Gerizim. 

Evidentemente ella suponía que el lugar en donde se adoraba tenía algún tipo de incidencia en cuanto a los resultados de la adoración, pero ya veremos que la respuesta de Jesús no fue lo que ella estaba esperando oír…

Posiblemente ella había sido tocada en lo más íntimo, por la afirmación de Jesucristo y por toda la circunstancia que estaba viviendo, por lo que, al sentir que estaba frente a un hombre de Dios, ella de repente tuvo interés, para acercarse a Dios, y para adorarle en el lugar correcto.

Claro que Jesús le dirá que el lugar no importa sino que lo que en verdad interesa es cómo cada persona se presente a adorarle, y de qué manera se lo adore (no por el tipo de liturgia o por el método en sí, sino por lo que haya en el corazón de aquel que lo haga y por la sinceridad de la adoración, pero este tema lo veremos en el próximo estudio).

Por ahora vamos a concluir aquí con nuestro estudio de hoy. Siempre aclaramos que nosotros entendemos que publicar porciones más cortas, ayudan a los lectores en su lectura. Es por eso que vamos dividiendo este comentario en muchas publicaciones. Esperamos estar en lo cierto y que el mismo llegue a ser de bendición para tu vida.

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Resumen

En los versículos de hoy hemos visto que cuando Jesús logró obtener la atención de la mujer, le cambió el tema de conversación, hablándole sobre su situación conyugal. Algunos estudiosos nos explican que esto fue para que la mujer tuviera la oportunidad de entender su condición de pecadora y arrepentirse antes de obtener la salvación. 

Nosotros estamos de acuerdo, sin embargo no se ve en la historia que Jesús le haya planteado la necesidad de arrepentimiento, o por lo menos ese hecho no fue registrado en nuestro texto.

De todas maneras, y aún así, no podemos estar en desacuerdo con ellos dado que el objetivo de Jesús era claramente que ella pudiera llegar a obtener la vida eterna (esta fue la razón para que Él se fuera revelando progresivamente a ella).

Posiblemente, si Jesús no le habló de esta necesidad hasta ese momento, sí lo hizo en algún otro momento, un poco más adelante. Esto es lógico porque es una condición manifiesta en todo el Nuevo Testamento. 

Entonces, lo que decimos es que muy posiblemente sea así como nos lo explican dichos estudiosos, sin embargo esto no se ha explicitado en el texto. Por ende, ¿Qué es lo que sí podemos extraer del texto?:

En estos versículos vemos cómo Jesús la lleva a considerar su propia situación conyugal, pero más que eso, su relación con Dios. A su vez, esta situación la llevó a consultar si era correcto adorar a Dios en el lugar donde sus padres lo habían estado haciendo, esto es algo que Jesús va a responder en los siguientes versículos.

Más allá de estas cosas hemos hablado sobre el contexto de esta parte de la conversación y también sobre el contexto histórico cultural de la mujer; todo esto para poder entender el por qué de sus preguntas.

Esperamos que lo visto hasta aquí haya sido de provecho para ti. Nos despedimos por ahora, pero esperamos que puedas comunicarte con nosotros para que nos comentes qué te han parecido las distintas partes de este comentario. ¿Hemos podido contribuir para la comprensión del mismo? ¿Te hemos ayudado a meditar en el texto bíblico?

Dios te bendiga mucho y te llene de Su conocimiento y entendimiento espiritual. Hasta el siguiente estudio.

Antes de concluir con esta publicación te queremos dejar algunos otros links que pudieran servirte para continuar estudiando este precioso Evangelio:

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Nota

Todas las Citas Bíblicas fueron tomadas con permiso de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2005 by The Lockman Foundation.

Juan 4.16-20 – Ve, llama a tu marido y ven acá – Nuestros padres adoraron en este monte

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