Juan 4.7-10 – El Don de Dios, el agua de vida

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Juan 4.7-10 – El Don de Dios, el agua de vida

Comentario Bíblico Devocional del Evangelio de Juan

Muy bienvenidos a este comentario del Evangelio de Juan. En esta publicación continuaremos con nuestro estudio de la historia de Jesús y la mujer samaritana. Hoy analizaremos y estudiaremos los textos de Juan 4.7-10. 

Nuestra meta principal será explicar el texto bíblico y aplicar sus enseñanzas a nuestras vidas. Pero más allá de esto, aquí encontrarás un análisis del significado de los textos y de todos los datos necesarios cómo para comprender el mismo en su contexto.

Esperamos que esta lectura sea de bendición para tu vida.

Introducción

Qué hemos visto en el comentario anterior

En el comentario anterior hemos visto algunos detalles generales del contexto de esta historia. Juan nos ha hablado sobre el lugar del encuentro de Jesús con la mujer samaritana, y sobre la situación de nuestro Señor en aquel momento (se quedó solo en el pozo, cansado del camino, mientras que sus discípulos fueron a comprar).

En nuestro comentario sobre los versículos de Juan 4.4-6 vimos aquellos datos sobre las ciudades nombradas en esos versículos, sobre el pozo de Jacob, y también te hemos dejado un mapa para que puedas ubicarte en el lugar (incluso un link para que veas el pozo de Jacob hoy en día).

También hemos visto y hablado de un “detalle” mencionado por Juan: el cansancio de Jesús. Juan nos permite ver esos detalles tan únicos de aquella persona que ha sido testigo presencial de lo que relata. El mismo nos ha permitido mencionar el tema (o doctrina) de su naturaleza humana.

Al hablar sobre este tema dijimos que Juan se propuso demostrar la deidad de Jesucristo en este Evangelio (algo que hizo apasionadamente desde el primer capítulo), pero que no por eso dejó de mencionar muchos detalles que nos permiten ver que Jesús también era un ser humano, tal cual cada uno de nosotros (en este sentido de su humanidad).

Qué veremos a partir de ahora

Ahora, al abordar estos versículos (7-10), comenzaremos a ver cómo Jesús manejó toda la situación de este encuentro. Su objetivo era poder presentarse delante de la mujer samaritana como el Mesías, con el propósito de que, tanto ella como su pueblo, pudieran abrazar la fe e ingresar al Reino de los Cielos.

Tanto es así que Él le habló en sentido figurado del agua de vida (Salvación o Espíritu Santo), le demostró su Omnisciencia al contarle cómo fue su vida hasta el momento (sin que ellos se conocieran previamente), y le dijo explícitamente que Él era el Mesías (algo que es casi una excepción, ya que este hecho no sucedió muy a menudo).

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Hacia el final de la historia veremos como muchos de su pueblo testificaron claramente que creían en Jesús, y no solo por las palabras y testimonio de la mujer (utilizada por Dios como evangelista), sino por haber estado en la presencia de nuestro único y gran Señor (ver Juan 4.41-42).

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Pero avancemos paso a paso. Te invitamos a ver hoy la primera parte de este importante tema: “El Agua de Vida”. Leamos entonces nuestro texto:

El texto

7 Una mujer de Samaria vino a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber». 8 Pues Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. 9 Entonces la mujer samaritana le dijo: «¿Cómo es que Tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». (Porque los judíos no tienen tratos con los samaritanos).

10 Jesús le respondió: «Si tú conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le habrías pedido a Él, y Él te hubiera dado agua viva».

Juan 4.7-10

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Comentario

7

Una mujer de Samaria vino a sacar agua, y Jesús le dijo: «Dame de beber»

Ya hemos hablado sobre la ubicación del pozo (llamado “Pozo de Jacob”), sobre la necesidad de agua en esas tierras y sobre la posible razón por la que esta mujer saldría al medio día (a pleno Sol) a buscar agua de ese pozo, cuando la costumbre era salir bien temprano en la mañana y a última hora en la tarde (ver comentario anterior).

También hemos hablado de la ciudad de la que venía la mujer (Sicar), y sobre la ubicación de la misma en la actualidad (también puedes verla en este mapa de Google maps. Si haces zoom sobre el mismo hallarás la ubicación del pozo de Jacob – Jacob´s Well). Todos estos datos son más que interesantes como para poder ubicarnos geográficamente.

Comentaremos sobre el pedido de Jesús: “dame de beber”, al abordar el versículo 9 (más abajo). 

Dato anecdótico – Una herramienta de viajero

Era usual que los viajantes de ese tiempo llevaran una especie de cubo hecho de cuero, atado a una larga soga para poder tomar agua de los pozos como el de Jacob, los cuales se encontraban en las distintas rutas del momento. 

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Que Jesús o alguno de sus discípulos tuvieran este tipo de herramienta, es algo muy posible, pero que no sabemos. Lo que sí podemos saber, por estar explícito en el texto, es que Jesús fue el único que se quedó en aquel lugar, y que le pidió agua a la mujer samaritana. ¿Sería porque en verdad tenía sed? Posiblemente sí.

Pero también es muy posible que lo hiciera como excusa, para poder tener un tema de conversación con la mujer. En el comentario sobre los versículos anteriores, hemos analizado el verdadero propósito de Jesús al elegir ese camino y al quedarse en aquel pozo. Dijimos que el propósito de Jesús era específicamente de salvación.

Aplicando el texto

Pensando por un momento en el evangelismo personal y en la aplicación de este texto a nuestras vidas, vemos que Jesús abordó la conversación con la mujer por medio de un tema común y cotidiano: El agua que ella venía a buscar. No utilizó ningún tema de conversación complicado, ni se puso en una posición superior a la de ella

Solo le habló de algo que ella pudiera comprender, dado que lo único que le importaba era que ella pudiera asimilar el mensaje e incorporarlo a su vida. A la hora de hacer evangelismo, esta es una buena lección que todos debemos aplicar. ¿Estás de acuerdo? 

Por si gustas leer más sobre evangelismo personal, te dejamos un estudio evangelístico basado en esta historia.

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Mapa

Trayecto de Jesús de Judea a Galilea
Juan 4.7-10 – El Don de Dios, el agua de vida

Veamos ahora la razón por la cual Jesús se encontraba solo en aquel lugar:

8

Pues Sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos

Análisis del contexto

Después de haber venido caminando desde Enón (en donde estaban bautizando en nombre de Jesús – Ver Juan 3.22-23 y Juan 4.1-2), llegaron hasta este lugar (el pozo de Jacob, cercano a Sicar). Los discípulos siguieron su camino hacia la ciudad, mientras que Jesús se quedó solo en el pozo. Ver mapa.

Ya era cerca del mediodía por lo que es seguro que estarían hambrientos y sedientos. La primera necesidad podría cubrirse comprando alimento en la ciudad, y la segunda sacando agua del pozo. Cuántos eran los discípulos que lo acompañaban y quienes eran, es algo que no podemos determinar.

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No sabemos si ya lo seguían muchos de los que serían llamados apóstoles en la elección de los doce, o si sólo eran un número reducido de discípulos. Por tanto tampoco sabemos quien portaba el dinero del grupo en ese entonces. ¿Se habría incorporado ya Judas Iscariote al grupo?

Quienes eran sus discípulos hasta el momento

De quienes sí estamos más seguros es de Andrés, Juan, Pedro, Santiago, Felipe y Natanael, los cuales lo tomaron como su Rabí (maestro) un poco después de comenzar su ministerio, y antes de su primer manifestación como Mesías, en las bodas de Caná de Galilea. Te dejamos las referencias textuales junto con los comentarios:

Ahora, esto no nos asegura que hayan sido los únicos. En los primeros versículos de este capítulo vemos que habían muchos que se bautizaban y se hacían sus discípulos. Pero lo que no podemos saber es si todos ellos le seguían. Volviendo a Judas Iscariote o Judas de Kerioth, una ciudad de Judea (difícil de ubicar en el mapa); tal vez ya estuviera con ellos.

Luego, lo que sí podemos afirmar es que el llamamiento de los discípulos para ser sus apóstoles sucedería un tiempo después de que llegaran a Galilea, que hacia donde se estaban dirigiendo, ver Mateo 10.1-4; Marcos 3.13-19; Lucas 6.12-16 – Contrastar con el relato de Marcos 1.14-20, y notar que los llamó discípulos por primera vez en el evento de la elección: Lucas 6.13.

Por tanto cuántos eran y cómo se manejaban, es algo que no podemos confirmar. ¿No es increíble que teniendo cuatro relatos del evangelio todavía tengamos tantas cosas sin saber? Tal vez esto nos enseñe a no prestar tanta atención a los pequeños detalles, sino que mejor que esto, a centrarnos en lo importante. 

¿Qué es importante en tu vida? ¿Cuál es tu meta? Por favor lee Filipenses 2.12-14 y contexto. ¿Estarás de acuerdo con el apóstol? Esperamos que sí.

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Volvamos ahora a nuestro texto:

Entonces la mujer samaritana le dijo: «¿Cómo es que Tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?». (Porque los judíos no tienen tratos con los samaritanos)

Para entender la sorpresa de la mujer deberíamos conocer un poco sobre la cultura de esos tiempos. 

En la cultura Judía era imposible que un hombre le hablara a una mujer en público (a menos que la misma estuviera “ofreciendo sus servicios” en los caminos – Génesis 38.15-22; o que la persona no siguiera las reglas y preceptos de los fariseos, algo difícil de suponer, ya que ellos eran los que determinaban las reglas de la “fe” en esos tiempos).

Por otro lado, la aclaración de Juan a sus destinatarios griegos también nos resulta útil para entender el por qué de su sorpresa. Los judíos y samaritanos se odiaban entre sí. Es por eso que los judíos no solían tomar ese camino hacia Galilea, sino el que iba por Perea (cruzando el Jordán).

Más allá de este tema, hay varias cosas de las que podríamos hablar en este punto de nuestro estudio, y que te invitamos a observar:

Un detalle de la cultura de esas tierras

Si bien es cierto que los judíos que vivían en Jerusalén no utilizaban esa ruta a través de Samaria, también lo es que los habitantes de Galilea sí la utilizaban constantemente (aunque también ellos eran considerados judíos por los samaritanos). 

Ese era el camino más corto, así que tanto los mercaderes como así también los Galileos que participaban de las fiestas principales en Jerusalén, hacían uso del mismo. Respecto de los últimos, sabemos que formaban largas caravanas todos los años (recordemos por ejemplo el relato de la historia de Jesús en el Templo a sus doce años – Lucas 2.41-44).

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Otro dato anecdótico es que si bien había odio y recelo en común, eso no les impedía comerciar entre sí. Recordemos en este mismo texto (v8) que los discípulos de Jesús fueron a comprar comida y que, más tarde, vinieron a ofrecer a Jesús lo que habían comprado (v31).

Para pensar

Esta última observación nos ayuda a darnos cuenta que hasta el odio y el rencor pueden ser dejados de lado, si es que hay de por medio un objetivo mayor; en este caso era el amor al dinero o la necesidad del mismo. ¿No es llamativo? 

Aún más interesante nos resulta que hasta incluso las personas que se manejan con los valores del mundo puedan llegar a darnos un ejemplo a aquellos que decimos amar a Dios. ¿A qué nos referimos?

A que muchas veces vivimos en el rencor y en la falta de perdón entre hermanos, pero aún así decimos amar a Dios. Ahora, ¿No es el amor a Dios algo mucho mayor que nuestro ego? Y, ¿No nos ha enseñado Jesús a perdonar más de 70 veces 7 (Mateo 18.21-22)? 

Por otro lado, ¿No es cierto que nuestra necesidad de comunión con el Padre es mucho mayor que cualquier ofensa que hayamos de recibir? Y al mismo tiempo, ¿No es cierto que sabemos que debemos evitar que las raíces de amargura crezcan en nuestros corazones (Hebreos 12.14-15)? 

Juan nos dirá en su primera epístola que:

20 Si alguien dice: «Yo amo a Dios», pero aborrece a su hermano, es un mentiroso. Porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto. 21 Y este mandamiento tenemos de Él: que el que ama a Dios, ame también a su hermano.

1 Juan 4.20-21

Aprendamos entonces a perdonar y tomemos este ejemplo involuntario del mundo y aprendamos a relacionarnos mejor entre nosotros; si no es por propia voluntad, por lo menos por obediencia a Dios. El amor que Dios propone nace de la voluntad. ¿Sabías eso?

Volvámonos nosotros un ejemplo para el mundo, ya que a esto hemos sido llamados, ¿No lo crees? Jesús nos dijo que el mundo nos reconocerá como sus discípulos al ver el amor que nos tenemos entre nosotros (Juan 13.34-35). ¿Qué es lo que ven en nosotros? ¿Qué pueden ver en ti?

Dios trabaje en nuestros corazones y nos ayude a vivir en ese maravilloso amor que Él nos ha regalado y al cual nos ha llamado.

Veamos ahora lo siguiente:

El empeño de Juan

En este punto nos gustaría destacar una vez más el empeño de Juan para que sus destinatarios (cristianos de cultura griega – ver la introducción a este Evangelio) pudieran comprender la situación que les estaba narrando. 

Los mismos no entenderían por sí solos las situaciones y cuestiones relacionadas con la cultura judía, así es que Juan les explicó todo cuanto pudo para que ellos pudieran comprender mejor las situaciones, las enseñanzas de Jesús y hasta la ubicación geográfica de los acontecimientos (ver Juan 4.4-6).

Al ver este gran esfuerzo de su parte tal vez tenga sentido que cada uno de nosotros se pregunte cuánto empeño está dispuesto a comprometer para que otros comprendan las Escrituras. ¿No crees que es nuestra tarea disponer de nuestro tiempo, energías y conocimientos para poder llevar la palabra de Dios a otros?

Es obvio que será luego el Espíritu Santo quien les hable a sus corazones, y que quedará en cada persona aceptar y obedecer, o rechazar el mensaje; pero si lo hacemos, nosotros habremos cumplido con lo que Dios nos pide (Mateo 28.19-20) y habremos demostrado nuestro amor, gratitud y obediencia hacia aquel a quien llamamos Señor. 

¿Qué opinas? ¿Estás de acuerdo? Y entonces: ¿Estarás dispuesta/o? ¡Dios te ayude y dé sabiduría para cumplir con tu parte en la gran comisión! 

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Juan 4.7-10 - El Don de Dios, el agua de vida
Juan 4.7-10 – El Don de Dios, el agua de vida

Volvamos nuevamente a nuestro texto:

10

Jesús le respondió: «Si tú conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le habrías pedido a Él, y Él te hubiera dado agua viva»

Entramos ahora a un tema maravilloso, el cual comenzaremos aquí, pero que obviamente continuaremos en el próximo comentario: El agua viva que sólo Jesús puede ofrecernos

En primer lugar diremos que esta agua viva pudiera ser interpretada como la vida eterna o también como el Espíritu Santo. Hay comentaristas que opinan una u otra alternativa, pero en verdad, una cosa implica la otra. 

Si tenemos al Espíritu Santo en nosotros, entonces obviamente tenemos la salvación y la vida eterna y, si tenemos la vida eterna entonces sabemos que el Espíritu Santo ha comenzado a vivir en nosotros.

Entonces, sea como fuere, esta agua viva es en primer lugar un regalo de Dios, algo que no podemos obtener por nuestros propios medios y, en segundo lugar, un regalo pensado para que lo disfrutemos para toda la eternidad: “agua de vida que brota para vida eterna” (v14 – te hemos dejado el link al comentario sobre ese versículo en donde hablamos más sobre este hermoso tema).

Veamos ahora a qué se refiere Jesús cuando habla del don de Dios:

El don de Dios

La palabra original utilizada para “don” es Δωρεαν – dórean. La cual significa un regalo absolutamente gratuito. Obviamente se entiende que Jesús estaba diciendo que Él le podría dar este presente a la mujer, si ella lo pedía.

Este regalo gratuito de Dios estaba listo para ser entregado, así como la salvación, y así también como la presencia del Espíritu Santo y el perdón de los pecados. Es más, Él se había quedado en ese pozo esperando poder brindar ese regalo, y no solo a aquella mujer, sino a todo su pueblo.

¿Entiendes como nosotros que Jesús está hablando de salvación por gracia, aún sin nombrarla? El agua viva era este maravilloso regalo que sólo Jesús podía ofrecer y que hoy en día sigue disponible para toda la humanidad.

Él está listo para concederle este regalo a cualquiera que se atreva a poner en Él su fe (y también, obviamente, a arrepentirse por sus pecados y a comenzar una nueva vida, en la que Él sea su Señor). 

¿Has recibido tú este presente, este regalo inmerecido del cual estamos hablando? ¿Has obtenido la vida eterna? Dios está dispuesto a concederte este don. ¿Lo pedirás? ¿Lo aceptarás? Esperamos que así sea. ¡Que Él ilumine tu entendimiento y llene tu vida de su presencia!

Si no lo has recibido ya, y quieres hacerlo, te invitamos a escribirnos. Seguramente podamos ayudarte en este paso de fe. También te dejamos este link para que puedas leer más sobre cómo dar este paso tan importante para tu vida.

El dador del don

Queda claro que Jesús hablaba de sí mismo al decir: «Si tú conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber”, tú le habrías pedido a Él, y Él te hubiera dado agua viva». Por ende, en este texto vemos que es Jesús quien nos concede este regalo.

Pero no debemos ponernos muy dogmáticos en este tema, dado que, como veremos más adelante, Jesús nos enseñó: 

Que el Padre que moraba en Él, era quien hacía las obras (Juan 14.10), y además, que Él sólo hacía lo que había aprendido y oído del Padre (ver Juan 15.15 y todo su contexto) y por otro lado, que el Hijo no hacía nada sin el Padre (Juan 5.19-20).

Estos textos sumados a muchísimos textos más del N T, nos llevan a ver que la salvación no es algo dado por solo una de las personas de la Trinidad, sino por todas ellas. Cada uno tiene sus tareas específicas pero todos tienen el mismo objetivo: la salvación de la humanidad.

Por nombrar solo algunos textos, podemos ver el amor del Padre, y quien es el que envía a Su Hijo en Juan 3.16 (ver también 1 Pedro 1.3-4). Por otro lado, vemos la obra del Espíritu Santo de convencer de pecado, de justicia y de juicio en Juan 16.8, y más allá de eso, la revelación de lo que Dios tiene preparado en 1 Corintios 2.9-11.

Lógicamente podríamos seguir mencionando textos y continuar desarrollando este tema, pero lo importante en este momento es que hayamos podido dejar el tema planteado. También es interesante destacar que ellos siempre hacen las cosas en conjunto y en comunión (algo que deberíamos aprender todos sus siervos, ¿Cierto?).

Abordemos ahora la siguiente frase:

Quién es el que te dice: “Dame de beber”

Evidentemente Jesús le estaba por revelar a esta mujer quien era. A simple vista ella solo podía observar a un hombre común y corriente, sin embargo frente a ella se encontraba el mesías de Dios, quien tomaría los pecados del mundo y moriría en nuestro lugar.

Veremos más sobre su revelación a la samaritana en el versículo 26, en donde se da a conocer como el Mesías en forma directa y abierta. Pero desde esta primer parte de su conversación con la mujer, Jesús ya deja en claro qué pretende hacer.

Un ejemplo de Jesús para nosotros – Evangelismo personal

Ya estamos a punto de concluir con esta publicación, pero antes queríamos detenernos en el siguiente detalle: 

El capítulo tres comenzó con el encuentro de Jesús con Nicodemo, un hombre muy valorado e influyente para con el pueblo, culto y de buena reputación, un gobernante de Israel. 

Sin embargo en este capítulo nos encontramos con la conversación entre Jesús y una mujer no muy valorada por su sociedad, la cual no gozaba de buena reputación ni de tanta estima como aquel hombre.

Ahora, lo que es verdaderamente digno de observar es que en ambos casos Jesús hizo lo necesario como para que estas personas pudieran alcanzar la salvación

A ambos les habló de manera diferente, y es obvio que ninguno entendió exactamente de qué les hablaba en un principio, pero al final, cuando lograron comprender, tanto uno como la otra alcanzaron la salvación de Dios.

Jesús no tuvo límites en cuanto al ofrecimiento de la salvación. Ya sea que la persona fuera de su puedo, etnia y/o nación; ya sea que la persona tuviera o no cultura, o buena reputación. Igualmente Jesús le brindó la oportunidad de salvación e hizo todo el esfuerzo necesario como para que dichas personas la alcanzaran.

¡Qué gran ejemplo para nosotros! ¿Será que podremos imitarlo? ¿Tendremos nosotros reparos en cuanto a quién le anunciamos la salvación? ¿Hacemos diferencias entre las personas? Dios nos ayude a mirar a todas las personas con el mismo amor con el que Él las miraba.

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Despedida y finalización de este comentario

Por ahora concluimos con este comentario, pero obviamente continuaremos con los versículos que siguen y con las enseñanzas de los mismos en las próximas publicaciones (comentarios).

Esperamos que hasta aquí tu lectura haya sido de provecho y que independientemente de lo leído, Dios le haya hablado a tu mente y corazón. Esto último es lo más importante al estudiar Su Palabra. ¿No lo crees?

Por otro lado queremos que sepas que estamos a tu disposición para lo que nos sea posible ayudarte. Escríbenos a través de la caja de comentarios e intentaremos ser de ayuda para ti.

Antes de finalizar para ya despedirnos de esta publicación, quisiéramos dejarte

Un pequeño regalo de nuestra parte

Habiendo hablado del Don de Dios, nos preguntábamos qué podíamos dejarte nosotros  como obsequio, y se nos ocurrió que tal vez te sea de utilidad una herramienta que nosotros siempre tenemos a mano para estudiar los textos bíblicos.

Hay un sitio que constituye una gran herramienta y que tal vez pudieras utilizar para tus propios estudios. Nada tenemos que ver con ella y no conocemos a los responsables de la misma, pero la hemos hallado navegando en la web y nos ha parecido verdaderamente útil.

Nos gustaría hoy dejarte el enlace a la misma, con lo que nosotros hemos utilizado para ayudarnos (en este caso) con el verso diez. Esperamos que sea de bendición para ti. 🙂

Ahora sí nos despedimos: Que Dios te bendiga mucho y te lleve a Su verdad a través de tu estudio de Su Palabra y a través de Su Espíritu Santo. ¡Hasta la próxima publicación!

Aquí te dejamos algunos otros links que pudieran servirte para continuar estudiando este precioso Evangelio:

Nota

Todas las Citas Bíblicas fueron tomadas con permiso de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2005 by The Lockman Foundation.

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