Categorías
Comentario bíblico del Evangelio de Juan

Juan 4.16-20 – Ve, llama a tu marido y ven acá

Juan 4.16-20 – Ve, llama a tu marido y ven acá – Nuestros padres adoraron en este monte

Comentario Bíblico Devocional del Evangelio de Juan

Muy bienvenidos al comentario del Evangelio de Juan de Gracia y Vida. En esta publicación continuaremos con nuestro estudio de la historia de Jesús y la mujer samaritana. Hoy analizaremos y estudiaremos los textos de Juan 4.16-20.

Nuestras metas principales serán: ayudarte a comprender el texto bíblico y aplicar su enseñanza a tu vida. Para esto te presentamos un análisis del texto y de todos los datos necesarios para comprender el mismo en su contexto, y también, breves reflexiones y aplicaciones.

Antes de comenzar con tu lectura te invitamos a orar. Esperamos que El Espíritu Santo se manifieste a través del estudio de la Palabra de Dios, y que esta lectura sea de bendición para tu vida. 

Texto Bíblico: Juan 4:16-20

16 Jesús le dijo: «Ve, llama a tu marido y ven acá». 17 «No tengo marido», respondió la mujer. Jesús le dijo: «Bien has dicho: “No tengo marido”, 18 porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad». 19 La mujer le dijo: «Señor, me parece que Tú eres profeta. 20 Nuestros padres adoraron en este monte, y ustedes dicen que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar».


Resumen del pasaje

En estos versículos el diálogo entre Jesús y la mujer samaritana toma un nuevo rumbo. Después de haberle hablado acerca del “agua viva”, Jesús le pide que vaya a llamar a su marido. La mujer responde que no tiene marido, y entonces Jesús le revela detalles de su situación personal, mostrando que conoce su historia.

Ante esta revelación, la mujer reconoce que Jesús es un profeta. A partir de allí introduce una cuestión religiosa muy discutida entre judíos y samaritanos: el lugar correcto para adorar a Dios, mencionando el monte donde los samaritanos adoraban y el templo de Jerusalén defendido por los judíos.

De esta manera, la conversación pasa del tema del agua viva a una nueva etapa del diálogo que dará lugar a la enseñanza de Jesús acerca de la verdadera adoración.


Introducción a Juan 4:16-20

Lo que hemos visto en estudios anteriores

Hasta el estudio anterior hemos visto distintos detalles de esta historia entre Jesús y la mujer samaritana, y hemos analizado los temas contenidos en el texto, el cual ocupa casi todo el capítulo cuatro de Juan, a saber, Juan 4.5-43. Resumiendo muy brevemente, hasta aquí hemos visto:

El propósito de Jesús de pasar por Samaria (te hemos dejado el mapa para que puedas ver la ubicación del lugar en donde se desarrolló la historia). También vimos cómo Jesús entabló una conversación con la mujer samaritana, y explicamos por qué de su asombró al ver que un judío, y además un varón, le hablaba.

Una de las cosas más importantes que hemos considerado es el significado del agua viva. Esto es importante para nosotros, porque esa agua sigue hoy disponible para todos. En relación con esto vimos que el propósito de Jesús era —y sigue siendo— que las personas alcancen la vida eterna, y que Él mismo es quien la da.

También hemos notado que la mujer no comprendía el alcance de las palabras de Jesús. Mientras Él le hablaba de cosas espirituales, ella solo pensaba en el agua del pozo, y en la imposibilidad de Jesús de alcanzar el agua viva (la cual en sentido natural era entendido como la fuente de agua – corriente subterránea – que alimentaba aquel pozo de Jacob).

Al hablarle Jesús de la posibilidad de beber de un agua muy especial y distinta, la mujer deseó obtener de esa agua, sin embargo, nuevamente su mente se dirigió a un agua natural y no a la salvación (o la vida eterna) que Jesús quería ofrecerle. Pero eso de ninguna manera desmotivó a Jesús.

Él ya había llamado la atención de la mujer y continuaría haciéndolo. Su propósito era claro: estaba llevando adelante el plan de Dios de salvar a la humanidad, y esta mujer era parte de ese plan. Por eso nuestro Señor no se dio por vencido, sino que siguió adelante, dejándonos también un gran ejemplo.

¡Cuán grande es el amor de Dios! ¿Cierto? Es bueno conocerlo, y también entender que Él espera algo similar de nosotros: que amemos a los que se pierden y que anunciemos las buenas nuevas. Podemos tomar el ejemplo de esta historia y aplicarlo cada día. Solo queda una pregunta: ¿estaremos dispuestos?

A propósito de esta forma de proceder de Jesús, Él sigue haciendo hoy lo mismo que hizo con la mujer samaritana: llama nuestra atención y se revela a nosotros para que podamos conocerle. Y aun cuando ya somos de Cristo, Él continúa obrando de la misma manera, porque su intención es que le conozcamos cada día más. ¿No es maravilloso?

Qué veremos hoy

En los versículos de hoy veremos cómo Jesús manifestará su omnisciencia a la mujer samaritana. Lo hará al revelar algo de su vida que solo ella —y quienes la conocían bien— podían saber. Esto le permitirá a la mujer comprender que Jesús era alguien más que un simple viajero.

Sin embargo, ella no comprenderá plenamente desde el principio quién es Jesús. Por eso, a medida que Él se va revelando, la mujer le hará algunas preguntas que parecen desviar la conversación del tema inicial. Pero esto no será un obstáculo para Jesús.

Paso a paso, Él continuará revelándose, hasta llevarla finalmente a comprender que estaba delante del Mesías tan largamente esperado. De esta manera, lo que vemos en estos versículos forma parte de un proceso de revelación mediante el cual la mujer —y luego también muchos de los habitantes de aquella ciudad— tendrán la oportunidad de creer y llegar a ser hijos de Dios.

Esta es una historia maravillosa de salvación y también un gran ejemplo de evangelismo personal. Por eso te invitamos a seguir avanzando juntos en este estudio y a continuar aprendiendo lo que Dios quiere enseñarnos a través de este pasaje.

Volver al Índice


Análisis del Texto, explicación y aplicación de Juan 4:16-20

El versículo 16 (completo) dice:

Jesús le dijo: «Ve, llama a tu marido y ven acá». 

Si observamos el contexto de la historia, podemos ver que Jesús propone una ruptura en el tema del cual venían conversando. Hasta ahora habían hablado del agua del pozo y del agua de vida. Él le había dicho que podía darle de esa agua si ella se lo pedía. 

Sin embargo, cuando ella accede a pedirle la misma (V 15), Jesús le solicita que busque a su marido… ¿Por qué haría eso Jesús? 

Bueno, simplemente porque había un nuevo nivel de revelación que Jesús estaba dispuesto a concederle: Él no solo era el dador de “esa agua tan especial”, sino que también tenía la capacidad de conocer la vida de las personas sin necesidad de haber tratado con ellas antes.

Cuándo Él le dijo: «Ve, llama a tu marido y ven acá» lo que estaba propiciando era un nuevo tema de conversación, a través del cual Él pudiera manifestarse luego como el Mesías profetizado.

Y por otro lado, de seguro, Jesús le estaba mostrando (implícitamente) cuál era su estado espiritual. De hecho, si observamos el desarrollo de toda la conversación, podemos notar una progresión muy interesante en los temas que aparecen en el diálogo:

Tema físico → tema personal → tema religioso → revelación del Mesías

Primero la conversación gira alrededor del agua del pozo (tema físico). Luego Jesús dirige el diálogo hacia la vida personal de la mujer. A partir de allí surge la cuestión del lugar correcto para adorar a Dios (tema religioso), lo que finalmente conducirá a la revelación de Jesús como el Mesías.

Volver al Índice

Veamos ahora la respuesta de la mujer y cómo siguió la conversación entre ambos:

El texto dice:

17 «No tengo marido», respondió la mujer. Jesús le dijo: «Bien has dicho: “No tengo marido”, 18 porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad».

«No tengo marido», respondió la mujer. 

Al ver la respuesta de la mujer quedamos un tanto sorprendidos. ¿No es cierto que ella hubiese podido callar y ocultar a “aquel extraño” su situación civil? ¿Sí verdad? Pero, sin embargo, eso no fue lo que le sucedió.

Algo había en aquel hombre que la llevaba a mostrarse curiosa y sincera. Y esto a pesar de que su situación moral y conyugal probablemente no estuviera muy bien vista por su sociedad.

Y sin embargo, más allá de lo que aquel hombre pudiera pensar, ella dejó entrever su realidad. No tenía marido… (Y hasta ahí seguramente estaba dispuesta a externalizar, pero sin embargo, Jesús no necesitaba que nadie le cuente nada, ya que Él lo sabía todo…  Juan 2.24-25).

El Señor aprovechó muy bien la respuesta de la mujer diciendo:.

Cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido.

La mujer muy probablemente vivía en concubinato, algo prohibido por las leyes, tanto judías como samaritanas. Al mismo tiempo, recordemos que solo a los varones les estaba permitido enviar carta de repudio para divorciarse de sus mujeres. 

Entonces, que haya tenido cinco maridos en el pasado seguramente no implicaba que ya todos hubieran muerto, sino que tal vez varios la hubieran repudiado, algo que no podemos saber a ciencia cierta, pero que pudiera ser su realidad.

Lo que sí sabemos es cuál era la situación a la hora de presentarse frente a Jesucristo. Obviamente no era la más esperable, pero seguramente (pensando ahora en nuestras vidas) tampoco nosotros nos presentamos siempre de la mejor manera posible frente a Él. ¿Cierto?

Juan 4.16-20 - Ve, llama a tu marido y ven acá
Juan 4.16-20 – Ve, llama a tu marido y ven acáNuestros padres adoraron en este monte

Pensando en nosotros – Aplicación de Juan 4:17-18

Seguramente muchas veces nos presentamos ante Dios en humildad, y hasta a veces, en desesperación por alguna situación en la que hemos pecado, o por alguna cuestión que no sabemos cómo resolver. Y entonces, venimos a humillarnos y a pedir perdón y Su ayuda. 

¿Te ha sucedido? Probablemente sí, al igual que a todos sus hijos. Entonces, ¿Quién pudiera juzgar a la mujer? Él no lo hizo y tampoco nosotros deberíamos. Esto nos deja una muy grande enseñanza: No debemos juzgar a los otros. Antes que eso, debemos ayudar a otros a acercarse a Dios y a tener una relación de amor con Él.

En todos los casos Dios se regocija al escucharnos, y al ver que venimos a Él con nuestras cargas. Él nota nuestra dependencia y nuestra fe, y entonces obra en nuestras vidas en amor y con gran poder. ¿Lo has notado? Seguramente sí.

Volviendo ahora a nuestro texto, no importaba la condición de la mujer. Él tenía amor por ella como lo tiene por cada uno de nosotros. Su plan era simple, quería regalarle la salvación. Todo lo demás no importaba.

En cuanto a las palabras: “en eso has dicho la verdad” no hay elementos que nos lleven a pensar que Jesús insinúe que de alguna manera ella le ha mentido. Tal vez lo que Jesús quiso decirle es: que si bien le había dicho la verdad, no le había contado todo sobre su situación. Pero en verdad no podemos decir más que eso.

Veamos ahora qué le responde la mujer a Jesús. Notemos que ella nunca se queda callada, sino que siempre tiene algo que decirle a nuestro Señor, y Él por supuesto, siempre tiene la mejor respuesta para darle. 

Y así también es con nosotros, cuando nos presentamos frente a Él para conversar sobre algún tema, seguramente obtendremos su respuesta. Tal vez no siempre en el mismo momento, sino que a veces, un tiempo más adelante. Pero Él nunca dejará de respondernos. 

Si Él no te ha contestado todavía, por favor, no pierdas la paciencia, no abandones tu fe y no dejes de esperar en Él. Respecto de este tema, Gracia y vida ha publicado un estudio llamado: Los silencios de Dios. Te lo dejamos esperando que pueda ser de bendición para tu vida.

Volver al Índice

Volvamos nuevamente a nuestro texto y veamos qué le dice la mujer:

El texto dice:

La mujer le dijo: «Señor, me parece que Tú eres profeta.

Señor, me parece que Tú eres profeta 

La palabra utilizada por la mujer es προφήτης – prophétés, la cual implicaba que Jesús era un adivino, una persona que tenía conocimiento anticipado de las cosas, o también, y mejor traducido según el contexto, un profeta, un hombre de Dios. Ella por fin entiende que allí, frente a ella, había alguien muy especial, alguien que venía de Dios.

En este punto es donde podemos notar más claramente cómo esta mujer va acrecentando su conocimiento sobre la persona de Jesús. Al principio, Él era solo un forastero desconocido (Vs 5-9), luego fue alguien quien seguramente no era mayor a Jacob (Vs 10-12); más tarde sin embargo fue aquel que podía darle un agua muy especial (Vs 13-15).

Un paso más adelante (en los versícuos que vemos hoy) Jesús fue un profeta (Vs 16-24), luego será el Mesías (Vs 25-26). Y para la última parte de esta historia, no solo ella sino que muchos de los habitantes de la ciudad podrán reconocerlo como “Salvador del mundo” (Vs 41-42). 

A esto nos referíamos cuando unos párrafos más arriba decíamos que Jesús le estaba concediendo la oportunidad de obtener una revelación cada vez mayor de Su persona, y que este fue un proceso por etapas.

Veamos ahora otra perla en este texto: La mujer lo llama κύριε (o κύριος), es decir: Señor. Para esta mujer Jesús había comenzado siendo un hombre cualquiera, pero para el final de la historia, Él terminará siendo verdaderamente su Señor. 

Así también sucedió con los discípulos, quienes comenzaron por llamarlo Rabí (maestro), pero más tarde lo terminaron llamando Señor. Y así también debería ser en nuestras vidas, cuanto más cerca de Él estamos, más seguridad deberíamos tener para llamarlo Señor y Dios de nuestras vidas. ¿No lo crees?

Volver al Índice

Veamos ahora la pregunta de la mujer y dejemos para el próximo estudio la respuesta de Jesús. Ella le dijo:

El texto dice:

Nuestros padres adoraron en este monte, y ustedes dicen que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar.

Nuestros padres adoraron en este monte

¿Por qué le dijo ella que sus padres adoraron en aquel monte? 

Bueno, veamos muy brevemente algo de historia. Para esto creemos oportuno citar a un comentarista muy conocido llamado William Hendriksen, quien nos ayudará a comprender esta parte de la historia gracias a su magnífico resumen de la misma, el cual citaremos. Leamos:

Un poco de historia – Cita de William Hendriksen:

“Cuando Oseas, el último rey de Israel, después de haber pagado tributos a Asiria, transfirió su vasallaje a Egipto, Samaria, la capital del reino del norte, fue rodeada por las tropas de Salmanasar, y después de un largo sitio, fue conquistada por Sargón. 

Esto sucedió en el año 722 antes de Cristo. La mayor parte del pueblo tuvo que salir del país y fue llevada a Asiria, Halah, al Habor, el río de Gozán, y a las ciudades de los medos (2 R. 17:3–6). A la gente pobre se le permitió quedarse en la tierra de Israel. 

Tanto de Babilonia como de otros territorios vecinos, muchos extranjeros fueron a establecerse a la devastada región, mezclándose con los israelitas que se habían quedado. A esta población mixta se le dio el nombre de samaritanos (derivado de Samaria, la metrópoli fundada por Omri). 

Los colonos extranjeros no estaban muy satisfechos con la situación tal como la encontraron al llegar. Encontraron un país infestado de animales salvajes y, con razón, atribuyeron esta plaga al disgusto de Jehová, que había sido ofendido. 

Entonces le rogaron a su monarca que les enviara un sacerdote israelita que les enseñara “la ley del dios del país”. Y así ocurrió que un judaísmo adulterado quedó injertado al culto pagano. 

Cuando un residuo de los judíos regresó al país de sus padres (principalmente, pero no exclusivamente, parte de los que habían sido deportados a Babilonia en el año 586), y construyó un altar para el holocausto, y puso los fundamentos del templo, los celosos samaritanos y sus aliados interrumpieron las obras (Esd. 3 y 4). 

Esto era debido a que se les había negado el permiso para cooperar en la obra de reconstrucción.

Su petición fue: “Edificaremos con vosotros, porque como vosotros buscamos a vuestro Dios, y ofrecemos sacrificios desde los días de Esarhadón rey de Asiria, que nos hizo venir aquí”. 

La respuesta que recibieron fue la siguiente: “No nos conviene edificar con vosotros casa a nuestro Dios”. 

Al recibir esta seca negativa los samaritanos se sintieron llenos de odio hacia los judíos (cf. también Neh. 4:1, 2) y luego empezaron a construir su propio templo en el monte Gerizim. 

Juan Hircano, uno de los reyes macabeos, destruyó este templo hacia el año 128 antes de Cristo. Los adoradores, no obstante, continuaron ofreciendo su culto en la cima de la montaña, donde se había levantado el sagrado edificio. Aún hoy continúan haciéndolo. 

Para la pascua toda la comunidad va a acampar en la cumbre del Gerizim, y, cuando sale la luna llena, el sumo sacerdote entona las oraciones y los matarifes degüellan los corderos, tal como lo hacían hace muchísimos siglos.”

William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento, El evangelio Según San Juan, Libros Desafío, 1981, página 149.

Entonces, dado el contexto:

¿Qué le preguntaba la mujer y por qué lo hacía?

Como hemos visto, ciertamente había una gran enemistad entre judíos y samaritanos, aunque ambos adoraban al mismo Dios…  Los judíos lo hacían en el Templo de Jerusalén y los samaritanos en monte Gerizim. 

Evidentemente ella suponía que el lugar en donde se adoraba tenía algún tipo de incidencia en cuanto a los resultados de la adoración, pero ya veremos que la respuesta de Jesús no fue lo que ella estaba esperando oír…

Posiblemente ella había sido tocada en lo más íntimo, por la afirmación de Jesucristo y por toda la circunstancia que estaba viviendo, por lo que, al sentir que estaba frente a un hombre de Dios, ella de repente tuvo interés, para acercarse a Dios, y para adorarle en el lugar correcto.

Claro que Jesús le dirá que el lugar no importa sino que lo que en verdad interesa es cómo cada persona se presente a adorarle, y de qué manera se lo adore (no por el tipo de liturgia o por el método en sí, sino por lo que haya en el corazón de aquel que lo haga y por la sinceridad de la adoración, pero este tema lo veremos en el próximo estudio).

Por ahora vamos a concluir aquí con nuestro estudio de hoy. Siempre aclaramos que nosotros entendemos que publicar porciones más cortas, ayudan a los lectores en su lectura. Es por eso que vamos dividiendo este comentario en muchas publicaciones. Esperamos estar en lo cierto y que el mismo llegue a ser de bendición para tu vida.

Volver al Índice


¿Cómo llega la mujer samaritana a reconocer a Jesús?

Progresión en la percepción de Jesús en la mujer samaritana

A lo largo del diálogo en Juan 4, se observa un desarrollo progresivo en la manera en que la mujer samaritana percibe a Jesús:

  • De un judío (Juan 4:9)
  • A “Señor” (Juan 4:11, 15, 19)
  • A profeta (Juan 4:19)
  • Finalmente al Mesías (Juan 4:25-26)

Este desarrollo muestra cómo Jesús se revela de manera progresiva, llevando a la mujer desde una comprensión inicial y limitada hacia una revelación más completa de su identidad.

Este proceso también refleja una realidad frecuente en los evangelios: el reconocimiento de quién es Jesús no suele ser inmediato, sino que se va desarrollando a medida que Él se da a conocer.

Volver al Índice


Análisis gramatical del texto bíblico en el idioma original y su traducción

Versículo 16

λέγειle dijo
αὐτῇa ella
ὕπαγεve
φώνησονllama
τὸνa tu
ἄνδραmarido
σουtu
καὶy
ἐλθὲven
ἐνθάδεaquí

Versículo 17

ἀπεκρίθηrespondió
la
γυνήmujer
καὶy
εἶπενdijo
αὐτῷa Él
οὐκno
ἔχωtengo
ἄνδραmarido
λέγειle dijo
αὐτῇa ella
el
ἸησοῦςJesús
καλῶςbien
εἶπαςhas dicho

Versículo 18

πέντεcinco
γὰρporque
ἄνδραςmaridos
ἔσχεςhas tenido
καὶy
νῦνahora
ὃνel que
ἔχειςtienes
οὐκno
ἔστινes
σουtu
ἀνήρmarido

Versículo 19

λέγειle dijo
αὐτῷa Él
la
γυνήmujer
κύριεSeñor
θεωρῶveo
ὅτιque
προφήτηςprofeta
εἶeres
σύ

Versículo 20

οἱnuestros
πατέρεςpadres
ἐνen
τῷeste
ὄρειmonte
προσεκύνησανadoraron
καὶy
ὑμεῖςustedes
λέγετεdicen
ὅτιque
ἐνen
ἸεροσολύμοιςJerusalén
ἐστὶνes
el
τόποςlugar
ὅπουdonde
δεῖse debe
προσκυνεῖνadorar

Observaciones gramaticales clave (Juan 4:16-20)

Juan 4:16

λέγει αὐτῇ· ὕπαγε φώνησον τὸν ἄνδρα σου καὶ ἐλθὲ ἐνθάδε

«Ve, llama a tu marido y ven acá»

El verbo λέγει (“le dice”) vuelve a aparecer en presente histórico, un recurso característico del Evangelio de Juan que aporta dinamismo al relato y acerca al lector a la escena.

Los verbos ὕπαγε (“ve”), φώνησον (“llama”) y ἐλθὲ (“ven”) están en modo imperativo, lo que indica una orden directa. Sin embargo, no necesariamente implica dureza, sino una instrucción clara que orienta el desarrollo de la conversación.

La expresión τὸν ἄνδρα σου (“tu marido”) introduce por primera vez en el diálogo un elemento personal de la vida de la mujer. Hasta este momento la conversación había sido más bien general (agua, adoración), pero aquí el enfoque se vuelve completamente personal.

El adverbio ἐνθάδε (“aquí”) señala el lugar donde Jesús se encuentra, manteniendo el marco concreto del encuentro junto al pozo.

Juan 4:17

ἀπεκρίθη ἡ γυνὴ καὶ εἶπεν αὐτῷ· οὐκ ἔχω ἄνδρα. λέγει αὐτῇ ὁ Ἰησοῦς· καλῶς εἶπας ὅτι ἄνδρα οὐκ ἔχω

«No tengo marido», respondió la mujer. Jesús le dijo: «Bien has dicho: “No tengo marido”»

El verbo ἀπεκρίθη (“respondió”) introduce la reacción de la mujer, seguido de εἶπεν (“dijo”), una construcción frecuente en el griego del Nuevo Testamento para enfatizar el acto de hablar.

La frase οὐκ ἔχω ἄνδρα (“no tengo marido”) es breve y directa. El uso de οὐκ (negación absoluta) indica una afirmación clara desde el punto de vista de la mujer.

Jesús responde utilizando καλῶς εἶπας (“bien has dicho”), donde καλῶς puede traducirse como “correctamente” o “de manera acertada”. Esto muestra que, en un sentido, la declaración de la mujer es verdadera.

La repetición de ἄνδρα οὐκ ἔχω (“no tengo marido”) refuerza la idea central de la frase, pero también prepara el contraste que será desarrollado en el versículo siguiente.

Juan 4:18

πέντε γὰρ ἄνδρας ἔσχες καὶ νῦν ὃν ἔχεις οὐκ ἔστιν σου ἀνήρ· τοῦτο ἀληθὲς εἴρηκας

«porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad»

La conjunción γὰρ (“porque”) introduce la explicación de Jesús, conectando su afirmación anterior con la razón por la cual la mujer ha dicho la verdad.

El verbo ἔσχες (“has tenido”) está en tiempo aoristo, lo que señala acciones pasadas completas. Indica que la mujer tuvo cinco maridos en el pasado, sin especificar las circunstancias.

La expresión νῦν ὃν ἔχεις (“y ahora el que tienes”) introduce la situación presente, estableciendo un contraste claro entre el pasado y el presente.

La frase οὐκ ἔστιν σου ἀνήρ (“no es tu marido”) aclara que la relación actual no corresponde a un vínculo matrimonial legítimo.

Finalmente, τοῦτο ἀληθὲς εἴρηκας (“esto has dicho con verdad”) reafirma la veracidad parcial de la declaración de la mujer. Jesús reconoce que lo dicho es cierto, aunque no completo.

Juan 4:19

λέγει αὐτῷ ἡ γυνή· κύριε, θεωρῶ ὅτι προφήτης εἶ σύ

«Señor, veo que Tú eres profeta»

Nuevamente aparece λέγει en presente histórico, manteniendo la continuidad narrativa y la viveza del diálogo.

El término κύριε (“señor”) es un vocativo de respeto que en el griego del Nuevo Testamento puede utilizarse como una forma cortés de dirigirse a alguien, similar a “señor” o “maestro”. En este contexto, no necesariamente implica todavía una confesión plena del señorío de Cristo, sino más bien una expresión de respeto que refleja un reconocimiento progresivo de quién es Jesús.

El verbo θεωρῶ (“veo”, “percibo”) está en presente indicativo, indicando una comprensión que se está desarrollando en ese mismo momento a partir de lo que Jesús acaba de revelar.

La expresión ὅτι προφήτης εἶ σύ (“que Tú eres profeta”) muestra un avance significativo en la percepción de la mujer: pasa de verlo como un simple interlocutor a reconocer en Él a alguien que posee conocimiento sobrenatural.

Juan 4:20

οἱ πατέρες ἡμῶν ἐν τῷ ὄρει τούτῳ προσεκύνησαν, καὶ ὑμεῖς λέγετε ὅτι ἐν Ἱεροσολύμοις ἐστὶν ὁ τόπος ὅπου προσκυνεῖν δεῖ

«Nuestros padres adoraron en este monte, y ustedes dicen que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar»

El verbo προσεκύνησαν (“adoraron”) está en aoristo, refiriéndose a una práctica histórica de los antepasados.

El verbo λέγετε (“dicen”) está en presente, indicando una afirmación vigente dentro del contexto judío.

La expresión ἐν Ἱεροσολύμοις (“en Jerusalén”) utiliza un plural locativo propio del griego para referirse a la ciudad.

El verbo δεῖ (“es necesario”) expresa necesidad o deber, indicando que, según esa perspectiva, existe un lugar correcto para la adoración.

El infinitivo προσκυνεῖν (“adorar”) funciona como complemento de δεῖ, formando la idea de obligación: “se debe adorar”.

Palabras clave de Juan 4.16-20 y su significado

Palabra griegaTransliteraciónStrongSignificado y explicación
φώνησονphōnēsonG5455“Llama”. Imperativo aoristo del verbo φωνέω. Expresa una acción puntual: llamar o convocar. En el contexto del relato introduce el giro hacia el plano personal de la conversación.
ἄνδραandraG435“Marido” o “hombre”. Puede referirse tanto a un varón en general como al esposo. En este pasaje es clave para introducir la situación conyugal de la mujer.
οὐκ ἔχω ἄνδραouk echō andraG3756 / G2192 / G435“No tengo marido”. Expresión que describe su situación presente. Aunque es verdadera, resulta incompleta, lo que permite a Jesús profundizar en la realidad de su vida.
πέντεpenteG4002“Cinco”. Número que señala la cantidad de maridos que la mujer ha tenido, evidenciando su pasado y preparando el impacto de la revelación de Jesús.
νῦνnynG3568“Ahora”. Adverbio temporal que contrasta el pasado con la situación presente de la mujer, destacando la vigencia de lo que Jesús declara.
κύριεkyrieG2962“Señor”. Vocativo de respeto que puede usarse como forma cortés de dirigirse a alguien. En este contexto no implica necesariamente una confesión plena del señorío de Cristo, sino un reconocimiento creciente de su autoridad.
θεωρῶtheōrōG2334“Veo”, “percibo”. Verbo en presente que indica una comprensión en desarrollo. Refleja el proceso interno de la mujer al reconocer quién es Jesús.
προφήτηςprophētēsG4396“Profeta”. Persona que habla de parte de Dios. La mujer reconoce en Jesús a alguien con conocimiento sobrenatural, marcando un avance en su percepción.
προσεκύνησαν / προσκυνεῖνprosekynēsan / proskyneinG4352“Adorar”. Verbo que describe el acto de rendir culto o reverencia. Aparece en pasado y en infinitivo, conectando la práctica histórica con la discusión sobre el lugar correcto de adoración.
δεῖdeiG1163“Es necesario”. Verbo que expresa obligación o necesidad. Indica que, según la perspectiva mencionada, existe un lugar establecido donde se debe adorar.

Volver al Índice


Ayudas para maestros y predicadores

Bosquejo sugerido para enseñanza o predicación

1. Un cambio intencional hacia lo personal (Juan 4:16)
Jesús le dice: “Ve, llama a tu marido y ven acá”.

Después de hablar sobre el agua viva, Jesús dirige la conversación hacia un aspecto personal de la vida de la mujer.
Este cambio marca un punto clave en el diálogo: de lo general a lo particular.

Aquí vemos cómo Jesús lleva la conversación hacia la realidad concreta de la persona.

2. Una respuesta verdadera, pero incompleta (Juan 4:17)
La mujer responde: “No tengo marido”.

Su respuesta es correcta, pero no expresa toda la realidad.
Jesús reconoce su veracidad, mostrando que incluso una declaración parcial puede ser el punto de partida para avanzar en la verdad.

3. Jesús revela lo oculto (Juan 4:18)
“Cinco maridos has tenido…”

El Señor manifiesta un conocimiento preciso de la vida de la mujer, abarcando tanto su pasado como su presente.

Este momento es decisivo: la conversación deja de ser superficial y se vuelve profundamente personal.

4. El reconocimiento de Jesús como profeta (Juan 4:19)
“Señor, veo que Tú eres profeta”.

La mujer comienza a comprender que está delante de alguien con conocimiento sobrenatural.
Este reconocimiento marca un avance importante en su percepción de Jesús.

5. Una pregunta espiritual surge del encuentro (Juan 4:20)
“Nuestros padres adoraron en este monte…”

A partir de lo que Jesús ha revelado, la mujer introduce un tema espiritual: el lugar correcto de adoración.

Esto muestra cómo el encuentro con Jesús lleva naturalmente a considerar la relación con Dios.

Claves para enseñar este pasaje

1. Jesús conduce la conversación hacia el corazón del ser humano
No se queda en lo superficial, sino que dirige el diálogo hacia la realidad personal.

2. Dios conoce completamente la vida de cada persona
Jesús demuestra un conocimiento pleno que abarca pasado y presente.

3. La verdad puede ser revelada de manera progresiva
El diálogo muestra un proceso en el cual la comprensión de la mujer va creciendo paso a paso.

4. El encuentro con Jesús despierta inquietudes espirituales
La conversación evoluciona desde lo cotidiano hasta preguntas sobre la adoración y la relación con Dios.

5. Las cuestiones externas pueden reflejar una búsqueda más profunda
La pregunta sobre el lugar de adoración abre la puerta a una enseñanza mayor que Jesús desarrollará en los versículos siguientes.

Posibles títulos de sermones o enseñanzas

  • Cuando Jesús habla a nuestra vida personal
  • Del agua viva a la verdad del corazón
  • Un encuentro que revela lo oculto
  • Jesús conoce nuestra vida
  • De lo personal a lo espiritual
  • Cuando la verdad nos confronta
  • La búsqueda del verdadero lugar de adoración
  • Jesús y la mujer samaritana: un encuentro que transforma

Volver al Índice


Preguntas frecuentes (FAQ) sobre Juan 4:16-20

¿Por qué Jesús le pide a la mujer samaritana que llame a su marido?

Jesús le pide a la mujer samaritana que llame a su marido para llevar la conversación desde lo general hacia su vida personal. De esta manera, la confronta con su realidad y prepara el camino para una enseñanza espiritual más profunda. Este momento forma parte del proceso mediante el cual Jesús se revela progresivamente en el relato de Juan 4.

¿Por qué la mujer dice “no tengo marido” en Juan 4:17?

La mujer responde con una afirmación verdadera, pero incompleta. Su declaración describe su situación actual, aunque omite su pasado. Esto permite que Jesús manifieste su conocimiento y profundice la conversación.

¿Qué significa que Jesús conocía la vida de la mujer samaritana?

Cuando Jesús revela que la mujer había tenido cinco maridos y que su situación actual no era la de un matrimonio, demuestra un conocimiento sobrenatural. Esto lleva a la mujer a reconocer que está delante de alguien enviado por Dios.

¿Por qué la mujer samaritana reconoce a Jesús como profeta?

La mujer llega a esta conclusión porque Jesús demuestra conocer detalles de su vida que no podrían saberse de manera natural. Este reconocimiento marca un avance en su comprensión de quién es Jesús.

¿Qué significa “Señor” en Juan 4:19?

El término “Señor” en este contexto es una forma de respeto. No necesariamente implica una confesión plena del señorío de Cristo, sino un reconocimiento creciente de su autoridad a medida que la mujer va comprendiendo quién es Él.

¿Por qué la mujer cambia el tema hacia la adoración en Juan 4:20?

Después de que Jesús revela su vida personal, la mujer reconoce en Él una autoridad espiritual e intenta verificar qué tiene que decir un «profeta de Dios acerca del lugar correcto para adorar. Esto muestra cómo el encuentro con Jesús despierta preguntas más profundas sobre la relación con Dios.

¿Dónde adoraban los samaritanos según Juan 4:20?

Los samaritanos adoraban en el monte Gerizim, al que la mujer se refiere como “este monte”. Este era el lugar que ellos consideraban correcto para rendir culto a Dios, en contraste con Jerusalén. Históricamente, después de la división entre Israel y Judá, los samaritanos establecieron sus propios centros de adoración, evitando así tener que ir a Jerusalén, la capital del reino de Judá.

¿Por qué los judíos decían que se debía adorar en Jerusalén?

Los judíos sostenían que Jerusalén era el lugar establecido para la adoración, ya que allí se encontraba el templo. Esta diferencia refleja una tensión histórica y religiosa entre judíos y samaritanos.

¿Qué enseña este pasaje sobre la relación entre lo personal y lo espiritual?

El diálogo muestra que Jesús lleva a la mujer desde su situación personal hacia una reflexión espiritual. Esto enseña que el camino hacia una relación con Dios muchas veces comienza al considerar la propia vida.

¿Qué podemos aprender del encuentro entre Jesús y la mujer samaritana en Juan 4:16-20?

Este pasaje enseña que Jesús conoce profundamente al ser humano, que se revela de manera progresiva y que conduce a las personas desde lo cotidiano hacia lo espiritual. También muestra cómo el encuentro con Él genera una búsqueda más profunda de Dios.

Volver al Índice


Conclusión

En los versículos de hoy (Juan 4:16-18) hemos visto cómo el diálogo entre Jesús y la mujer samaritana toma un nuevo rumbo. Después de hablarle acerca del agua viva y de la vida eterna, Jesús dirige la conversación hacia un aspecto personal de la vida de la mujer al pedirle que llame a su marido.

A través de esta situación, Jesús revela que conoce su realidad conyugal. Este hecho sorprende a la mujer y prepara el camino para que más adelante reconozca que está delante de quien puede ofrecerle más que solo agua, la vida eterna.

Jesús llevó a la mujer a considerar su propia situación. A partir de allí, la conversación se dirige hacia una nueva cuestión: el lugar correcto para adorar a Dios, un tema que había sido motivo de debate entre judíos y samaritanos.

En los próximos versículos del Evangelio de Juan veremos cómo Jesús responderá a esta pregunta y enseñará una de las verdades más importantes acerca de la verdadera adoración.

Esperamos que este estudio de Juan 4:16-18 haya sido de bendición para tu vida y que te haya ayudado a comprender mejor este encuentro entre Jesús y la mujer samaritana. Te invitamos a continuar con nosotros en el siguiente estudio para seguir aprendiendo de este hermoso pasaje del Evangelio de Juan.

Dios te bendiga mucho y te conceda crecer cada día en el conocimiento de Su Palabra.


Antes de concluir con esta publicación te queremos dejar algunos otros links que pudieran servirte para continuar estudiando este precioso Evangelio:

Volver al Índice

Nota

Todas las Citas Bíblicas fueron tomadas con permiso de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2005 by The Lockman Foundation.

Juan 4.16-20 – Ve, llama a tu marido y ven acá – Nuestros padres adoraron en este monte