Juan 5.5-9 – Jesús sana al Paralítico de Betesda

¡Muy bienvenidos al Comentario Bíblico Devocional del Evangelio de Juana de Gracia y Vida!

Introducción

En este estudio analizamos en profundidad Juan 5:5-9, el pasaje donde Jesús sana al paralítico en el estanque de Betesda.

Este relato presenta uno de los milagros más impactantes del Evangelio de Juan: un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo es sanado de manera inmediata por la palabra de Jesús. A través de este encuentro, el texto nos muestra no solo el poder de Cristo para sanar, sino también su iniciativa, su autoridad y su llamado a una respuesta personal.

En este comentario bíblico veremos el significado de cada versículo, su contexto y las enseñanzas espirituales que podemos aplicar hoy.


Nota: Si bien te hemos dejado este índice para que navegues a voluntad por cada parte de la publicación, aún así, si es posible, te recomendamos que la leas de principio a fin para que logres entender plenamente cada parte, y cada versículo. 


Texto Bíblico: Juan 5.1-4

5 Estaba allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. 6 Cuando Jesús lo vio acostado allí y supo que ya llevaba mucho tiempo en aquella condición, le dijo: «¿Quieres ser sano?». 7 El enfermo le respondió: «Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando el agua es agitada; y mientras yo llego, otro baja antes que yo». 8 Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y anda». 9 Al instante el hombre quedó sano, y tomó su camilla y comenzó a andar. Pero aquel día era día de reposo.


Contexto del pasaje

Esta es la segunda publicación dedicada al relato de la sanidad del paralítico en el estanque de Betesda, narrado en Juan 5.

En el estudio anterior (Juan 5:1-4) analizamos el contexto histórico y cultural del pasaje, observando que este acontecimiento tiene lugar en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, donde se encontraba un estanque llamado Betesda, rodeado de pórticos en los que yacía una multitud de enfermos.

También vimos las creencias de la época respecto al movimiento de las aguas, así como la cuestión textual relacionada con los versículos 3 y 4, los cuales no aparecen en los manuscritos griegos más antiguos y confiables, lo que ha generado diversas discusiones en el estudio bíblico.

En este contexto, muchas personas depositaban su esperanza de sanidad en un evento puntual y limitado, dependiendo de poder entrar primero al estanque cuando el agua era agitada. Esto reflejaba una búsqueda de restauración basada en medios externos y en condiciones difíciles de alcanzar.

Ahora, en Juan 5:5-9, el enfoque se centra en un caso particular dentro de esa multitud: un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo, completamente incapaz de cambiar su situación por sus propios medios.

A diferencia de lo que ocurría con el estanque, donde la sanidad dependía de circunstancias específicas, el encuentro con Jesús introduce un cambio radical: la sanidad no vendrá por un sistema, sino por la palabra y la autoridad del Hijo de Dios.

Este pasaje no solo relata un milagro, sino que marca el inicio de un conflicto creciente entre Jesús y los líderes religiosos, especialmente por haber realizado esta sanidad en el día de reposo, lo que dará lugar a los acontecimientos que se desarrollan en los versículos siguientes del capítulo.

Con este marco en mente, podemos avanzar al análisis del texto, observando cómo cada detalle del relato revela el poder, la iniciativa y la autoridad de Jesús.


Estudio y comentario de Juan 5:5-9

El texto dice:

Estaba allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. 

En este versículo tenemos por lo menos dos cosas que observar, la primera tiene que ver con un ejemplo que nos deja el escritor del Evangelio, y la segunda que veremos, es la situación del hombre paralítico y la duración tan prolongada de su sufrimiento.

El ejemplo de Juan para nosotros

En este texto podemos ver cuán minucioso fue el apóstol al describir este acontecimiento, tanto que entre otros detalles, nos cuenta con exactitud la duración de la enfermedad: 38 años. 

Seguramente, Juan buscaba hacer todo con excelencia para la Gloria de Dios, pero también, su intención era ayudar a sus lectores a comprender lo mejor posible cada historia y cada enseñanza de nuestro Señor

¡Cuán bueno es este ejemplo para cada uno de nosotros! 

También nosotros deberíamos hacer todo lo posible para ayudar a otros a entender las enseñanzas de nuestro Dios, y no solo esto, sino que también, en cada tarea, y en cada actitud, deberíamos buscar llevar Gloria al nombre de nuestro Dios. ¿No es así como debería ser? ¿Lo estamos haciendo? Dios nos ayude a seguir este gran ejemplo.

Gracias al esfuerzo de Juan, podemos comprender mucho mejor lo que sucedía con aquel hombre lisiado, quien había sido dejado allí con una esperanza y con una meta, la de estar justo allí, en aquel lugar y en el momento exacto, en que “el Ángel” moviera el agua.

(Por nuestra parte ya hemos dicho, en el estudio previo, que este tema del movimiento del agua a manos de un Ángel, era una creencia popular de la época, y además, también hemos hablado sobre la canonicidad de la segunda parte del versículo 3 y del versículo 4 completo, un detalle técnico que es de importancia para comprender mejor este texto).

Veamos ahora qué nos dice este versículo 5:

La situación del hombre paralítico

Independientemente de todo lo mencionado, lo que esperaba el hombre de nuestra historia, era recibir una sanidad milagrosa de parte de Dios. Y por lo tanto, salir de su miseria, escapar de su situación y vivir otro tipo de realidad (un sentimiento que muchos hemos tenido ¿cierto?).

Cuán duro sería para él depender cada día de alguien que lo pudiera ayudar, por no poder movilizarse por sí mismo; y cuán difícil sería, vivir cada día con un solo objetivo el cual no dependía de él, sino de otros. 

Él necesitaba por lo menos tres milagros, a saber: Que el Ángel viniera cuando él esté, que apareciera alguien más en ese preciso momento para que lo ayudara a meterse en el estanque y, poder entrar en él antes que los demás. Viendo todo esto: ¿Cuántas posibilidades crees que tendría?

Y aún así, él estaba allí cada día, con esperanza, pero también, seguramente, con cierta frustración… Algo bastante lógico para quien espera por tanto tiempo alguna cosa, sin poder hacer nada para modificar sus posibilidades de conseguirla.

¡Cuán grande sería la angustia de aquella persona! Había estado postrado y dependiendo de otros por treinta y ocho años. ¡Treinta y ocho años sufriendo! ¡Cuánto dolor y cuán largo su pesar! ¿Cierto? Ahora, ¿no te sucede que muchas veces te sientes impaciente por solo algunos meses o incluso por algunas horas de angustia…?

Pensando ahora por un momento en nosotros ¿Has tenido fe, pero también ansiedad? ¿Incertidumbre del presente, pero certeza de que Dios estaba a tu lado? ¿Se generó en tí angustia en esos momentos? Sabiendo que Dios tiene todo en Sus manos, pero que no sabes cómo se resolverán tus situaciones…

Pensemos y reflexionemos juntos

Siendo que nuestras situaciones se resuelven en menos tiempo, ¿qué sucedería si fuéramos nosotros los que estuviéramos en el lugar de aquel hombre? Treinta y ocho años postrados… ¿Podríamos mantener las esperanzas? ¿Seguiríamos teniendo fe en nuestro Dios? ¿Qué sucedería con nuestra fe en esas circunstancias?

Por nuestra parte (quienes conformamos Gracia y Vida), anhelamos que tu fe esté sostenida por algo mucho más poderoso que por la esperanza en un milagro. En lugar de eso, esperamos que tu fe se apoye firmemente en Jesús, el único que puede fortalecerte, guiarte, sostenerte y consolarte en todos tus momentos de espera, de angustia, incertidumbre y necesidad.

Al escribir esto no lo hacemos como fanáticos o como ciegos ante la realidad del sufrimiento. Nosotros mismos hemos vivido muchas pruebas y pasado por diferentes momentos de dolor. Sí que hemos sufrido, pero también, y aún en medio de tormentas y mareas, hemos sido sostenidos y fortalecidos por nuestro Padre Celestial.

Lo maravilloso de esto, es que esta posibilidad no es solo para algunos pocos, sino que cada hermano en Cristo ha tenido la oportunidad de vivenciar, de disfrutar, y luego de la prueba, de agradecer a Dios por Su obrar en nuestras vidas. Su presencia no nos ha faltado, Su poder no se ha debilitado y Su brazo no se ha acortado. 

¡Gracias Señor, bendito seas!

Por tanto, si estás pasando por la prueba, la angustia y/o la incertidumbre, debes saber que: ¡Dios nunca te ha dejado de amar, nunca se ha alejado de ti y nunca se ha dejado de ocupar de ti! Te ama, te amará y estará a tu lado todos los días y hasta el fin del mundo (Mateo 28.20), nadie ni nada te podrá separar de Su amor por tí (Romanos 8.35-39).

Por eso, a pesar de lo dura de tu prueba o de la dimensión de tu incertidumbre: Confía y sigue con fe. ¡Él estará a tu lado siempre! Dios mismo te dice en Deuteronomio 31.8: “El SEÑOR irá delante de ti; El estará contigo, no te dejará ni te desamparará; no temas ni te acobardes”. “No se dormirá el que te guarda” Salmo 121.4

Volviendo ahora a nuestro texto, leamos el versículo 6:

El texto dice:

Cuando Jesús lo vio acostado allí y supo que ya llevaba mucho tiempo en aquella condición, le dijo: «¿Quieres ser sano?». 

Cuando Jesús lo vio acostado allí se acercó a él con mucho amor. Dispuesto a hacer el bien en su vida. Y si bien habían muchos otros allí postrados, el hombre de la historia tuvo la enorme dicha de haber sido visto por nuestro Señor. ¡Qué afortunados somos de que Él nos haya mirado!

Ahora, con respecto al tema sobre cómo Jesús supo que llevaba mucho tiempo en esa condición, se han presentado distintos tipos de respuestas. Algunas posibles respuestas serían: La omnisciencia de Jesús, que alguien le haya informado, que lo conociera de antes, o que se diera cuenta por sí mismo al ver el estado del mismo.

Si bien el texto no lo especifica, te presentamos nuestra hipótesis. Ten en cuenta que no es una verdad bíblica sino una interpretación de nuestra parte:

Cómo conoció Jesús el tiempo de sufrimiento de este hombre

Hemos hablado sobre la omnisciencia de Jesús en distintos comentarios, sin embargo, la palabra utilizada aquí tal vez no aplique a este tipo de conocimiento. El verbo γινώσκω normalmente se emplea para describir un conocimiento experimental (llegar a saber, reconocer, percibir), pero no a un conocimiento previo.

Es por eso que la traducción que analizamos (la NBLA) dice: “cuando Jesús lo vio… y supo que…”. Esto también se ve en otras traducciones como la RVA y la NTV, las cuales también lo traducen de esta misma forma: “y supo”. Por otro lado, otras versiones lo traducen como: “Y se enteró”, estas son, por ejemplo, la DHH y la NVI, esta última dice: “Cuando Jesús lo vio allí… y se enteró de que ya tenía mucho tiempo de estar así…”.

Es solo por esta razón, y por ninguna otra, que no hablamos aquí sobre la omnisciencia de Jesús, como sí lo hicimos cuando hablamos de lo sucedido con Natanael en Juan 1.47-51; o con los muchos que creyeron aunque Jesús no se fiaba de ellos, en Juan 2.23-25. En esos casos la omnisciencia era clara y evidente, pero a nuestro criterio, no lo es en este caso.

Entonces, siendo este el caso, ¿cómo se dio cuenta Jesús? Bueno, nosotros creemos que Jesús lo supo simplemente por verlo. Era obvio a la vista que estaba enfermo y dejado allí por mucho tiempo (nótese que el texto dice que “Jesús supo que llevaba mucho tiempo”, pero no dice que Jesús supo que llevaba 38 años. La cantidad de tiempo fue algo que luego agregó Juan en su relato de lo sucedido).

Veamos ahora qué le preguntó el Señor, e intentemos entender por qué le hizo tal pregunta.

La pregunta de Jesús: ¿Quieres ser sano?

Al verlo, Jesús se dirigió a él, vio la condición en la que se encontraba, y sin mediar otras palabras le preguntó si quería ser sano. Obviamente la respuesta debería ser un rotundo sí, pero la pregunta no buscaba esta simple respuesta sino que muy posiblemente tenía por lo menos tres finalidades más, a saber

  • Que dicho hombre sacara su mirada del estanque y la pusiera en Jesús
  • Que pudiera prestar atención a lo que Jesús tenía para decirle
  • Y que al estar atento, pudiera decidir si obedecer o no a lo que Jesús le pediría que haga.

Hablemos brevemente de cada una de ellas y reflexionemos un poco al respecto.

Poner la mirada en Jesús

Después de tanto tiempo de estar en la misma condición, y luego de acostumbrarse a estar pendiente tan solo del agua del estanque, aquel hombre por fin tuvo la posibilidad de encontrar una solución para su enfermedad

El médico de médicos se había presentado delante de él, solo que, muy posiblemente, nuestro Señor no llamó la atención de aquel hombre hasta que le habló. Y aunque nos llame la atención leerlo de esta manera, esto es más que entendible por la siguiente razón:

Jesús estaba comenzando su ministerio público aquel año, y por lo tanto, no muchas personas podrían reconocerle a simple vista. Es más, en una circunstancia posterior, cuando los judíos le preguntaron por la identidad de quien que lo había sanado, aquel hombre no podía precisar quién había sido.

Más allá de esto, al tener la posibilidad de estar frente a Jesús, lo que aquel debía hacer era dejar de esperar en otras alternativas para poder poner su fe sólo en Él. Esto es lo que muy posiblemente pretendía Jesús al llamar la atención de dicho hombre. 

Evidentemente, esto es cierto también para nosotros, ya que nuestra fe no puede estar dividida. O bien confiamos en Jesús o no lo hacemos, y entonces, si no confiamos en él, pondremos nuestras esperanzas en alguien o en algo más. Esta es una decisión que cada uno de nosotros debe tomar.

Ahora, cuando decidimos confiar en Él no podemos estar mirando atrás o hacia el costado, la ambigüedad es algo que a Dios no le agrada. Por lo tanto, ¿confiamos verdaderamente o lo hacemos a medias? Veamos por un momento lo que dice el pastor Santiago en su epístola:

Santiago 1.5-8

5 Y si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. 6 Pero que pida con fe, sin dudar. Porque el que duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra. 7 No piense, pues, ese hombre, que recibirá cosa alguna del Señor, 8 siendo hombre de doble ánimo, inestable en todos sus caminos.

Por ende, si pones tu confianza en Él, por favor, no dejes de confiar. No mires otras alternativas. No pienses en cómo solucionan la situación quienes no tienen a Jesús. Si confiamos en Él sabemos que en Sus tiempos Él responderá. Esa es la experiencia de todos los que hemos puesto nuestra confianza en Él.

El vivir confiada/o y con esperanzas depende más de ti que de Él. ¿Lo sabías? Como dice el Salmo 37.5: “Encomienda al Señor tu camino, Confía en Él, que Él actuará”

Por otro lado, también te dejamos otra herramienta, por si gustas leer más sobre el texto de Santiago, el Comentario Bíblico Devocional del Evangelio de Santiago 1.5-8, publicado por Gracia y Vida.

Prestar atención a lo que Cristo tiene para decirnos

Esto es lo que debió hacer el hombre de nuestra historia para obtener luego la sanidad, pero también es lo que deberíamos hacer nosotros para saber la voluntad de Dios, para entender qué quiere de nuestras vidas, qué espera de nosotros. 

Si en verdad confiamos en Él entonces debemos oírle y obedecerle, y para esto, no podemos estar todo el tiempo distraídos en nuestros deleites o concentrados en otras ocupaciones.

Dedicar tiempo para estar en la presencia de Dios es fundamental para cada uno de sus hijos, de otra manera, cómo habremos de conocerle más, cómo llegaremos a lograr comunión con Él, cómo podremos decir que le amamos (sin mentirle a otros y a nosotros mismos).

Debemos estar atentos a lo que Cristo tiene para decirnos, de otra manera, no podremos oírle. Para esto debemos disponer de nuestro tiempo, cuanto más mejor. Nadie forja buenas relaciones sin pasar un buen tiempo con la otra persona, con Dios es igual.

¿Cuánto tiempo pasas en comunión con Él cada día? Y si no lo haces, ¿cómo esperas que te hable? O, ¿cómo esperas escucharlo? Dedica tiempo para encontrarte con aquel a quien llamas Señor y muchas cosas tomarán otro color en tu vida, podrás ver tu mundo desde otra perspectiva, podrás sentirte más confiada/o y segura/o. ¡Haz la prueba!

Obedecer a Jesús

Esto es algo que aquel hombre liciado debió hacer. Leemos esto en el versículo 9, pero lo hablamos aquí porque es lo que Jesús esperaba de él, y la razón por la cual le hizo aquella pregunta. 

El hombre debió poner de su voluntad para creer, para obedecer y para ponerse en pie.

Obedecer a Jesús y a Dios el Padre es algo que todos debemos hacer

Aunque muchas veces nos resulte difícil de entender qué hacer y cómo hacerlo, aún así debemos buscar Su voluntad, y al comprenderla, debemos obedecer. ¿Estarás de acuerdo?

Imagina ahora al hombre de la historia, 38 años postrado, y de repente alguien le pregunta si quiere ser sano y luego le ordena que se pare. ¿Cómo? 38 años sin poder hacerlo. ¿Qué hubieses hecho tú? ¿Estás segura/o? Recuerda que aquel hombre no sabía quién era Jesús. Es algo difícil de imaginar ¿cierto?

Pero eso fue lo que sucedió con su vida, obedeció y recibió bendición. Eso también puede suceder con tu vida. Al pensar en esto, recuerda que Él te acompañó y guió desde el momento en que lo conociste y hasta ahora. ¿Cierto? Por otro lado, también es cierto que si Él te pide algo, obviamente te respaldará. 

Dios no abandona a sus hijos, Él siempre permanece cerca, usa Su poder cuando es necesario, hace milagros cuando la situación lo amerita (no siempre), consuela, contiene, sustenta y guía a Sus hijos, y nunca, nunca los olvida ni los deja solos. Ese es nuestro Dios.

Por tanto, si te pide algo, entonces, ¿no deberíamos simplemente obedecer?

¡Claro que sí! Eso es lo que Él espera de ti, así como también lo espera de cada uno de sus hijos. Por tanto: ¿Qué te muestra el Señor en este tiempo? Es tiempo de demostrar tu amor por Él a través de tu obediencia. ¿Qué dices tú? ¿Qué tal si tomas unos momentos para hablar con tu Padre al respecto?

Volviendo ahora al texto bíblico:

El texto dice:

El enfermo le respondió: «Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando el agua es agitada; y mientras yo llego, otro baja antes que yo».

En este versículo vemos lo que el hombre tenía en su mente, él pensaba: Si alguien no me mete en el estanque en el preciso momento en que el agua es removida por el Ángel, entonces, no llegaré a curarme. 

Esas habían sido sus esperanzas durante mucho tiempo, sin embargo, Jesús había venido a él para cambiar su historia. Ahora tenía otra posibilidad, en breve su tiempo de dolor terminaría. Dejaría su camilla, su estancia en ese lugar con tantos enfermos y tendría la posibilidad de poner su fe cada día en el autor de su salvación.

Eso es lo que aquel hombre estaba a punto de obtener, algo que nosotros también tenemos a disposición: una nueva vida a partir de tener un encuentro con Jesús. ¿Le has entregado tu vida a Él?

A pesar de que dicho hombre no sabía lo que le estaba por suceder. Y a pesar de que su fe no había sido puesta en el Señor, Jesús se había acercado al hombre con la intención de llenar su vida de bendición (¿te suena familiar, no es eso lo que hizo Cristo en tu vida?). Veamos lo que le dijo:

El texto dice:

Jesús le dijo: «Levántate, toma tu camilla y anda».

Maravillosas palabras, maravillosa esperanza y maravilloso regalo inmerecido.

Jesús no le reprochó por sus pecados (luego hablaremos más sobre esto – en otra publicación-), no le pidió que haga nada específico y tampoco le impuso ningún condicionante. Simplemente lo curó.

Aquel hombre posiblemente no lo mereciera, seguramente no sería el más justo de todos los enfermos que se encontraban a su alrededor, por otro lado, tampoco conocía a Jesús, ni le había pedido nada. Pero Jesús, aún así se fijó en él. 

¿Entiendes qué es la gracia? ¿La ves en esta historia? ¡Eso mismo es lo que hizo Jesús con cada uno de sus hijos! Nos salvó aún sin merecerlo. ¿Has recibido Su salvación?

Por otro lado, ¿puedes notar la autoridad con la que habló Jesús? Esto es lo que aquel hombre necesitaba, si sólo le hubiese sugerido (“si quieres puedes levantarte”), posiblemente no lo hubiese hecho (recuerda lo hablado en párrafos anteriores. 

Por ende, más allá de todo lo que hizo por él, Jesús motivó al hombre, de tal manera que en el versículo siguiente lo vemos andando. Cuando Jesús hace algo, lo hace de manera completa, Él no te da bendiciones a medias, Él no te ayuda solo un poco.

Ahora, algo que debemos tener en claro, es que sus bendiciones dependen de Su amor más que de ti o de lo que creas merecer. Es por eso que Sus hijos siempre ensalzamos tanto Su amor y Su gracia para con nosotros.

Pasemos ahora el siguiente versículo:

El texto dice:

Al instante el hombre quedó sano, y tomó su camilla y comenzó a andar. Pero aquel día era día de reposo.

El poder de Dios es inimaginable. ¿Lo sabías, lo has experimentado? Aquel hombre se dio cuenta de esto en ese mismo momento. Al instante quedó sano. Eso es algo más que maravilloso. 

Dicho hombre no debió hacer nada especial, no debió esperar ni un momento, no debió decir ninguna cosa, absolutamente nada. Jesús lo hizo todo, y eso seguramente fue algo que lo marcó de por vida.

Sin embargo, y aún así, dicho hombre sí hizo lo que le correspondía, es decir, puso su fe en Jesús y en sus palabras, tuvo confianza, hizo el esfuerzo e intentó hacer lo que Jesús le había pedido. No se negó. No se burló de Él. No le dio mil explicaciones de por qué no podría.

Simplemente creyó y actuó.

Él hizo su parte. Algo que también nos resulta de enseñanza para nosotros.

Pensemos juntos

Muchas veces nosotros, que decimos tener fe, no confiamos tanto en lo que nos dice la palabra de Dios. Muchas veces leemos textos como los de Isaías 38 y decimos: “eso es para otros” o, “Dios actuó así con hombres y mujeres especiales, pero tal vez no conmigo”.

Decimos estas cosas luego de orar por un tiempo. Y después de no ver las respuestas que esperábamos, nos ponemos incrédulos, duros en cuanto a la cuestión en sí, como si la solución nos hubiera sido denegada. Como si el tiempo de la respuesta se hubiera agotado.

Muchas veces olvidamos enseñanzas y parábolas de Jesús, como la de la viuda y el juez injusto (Lucas 18.1-8), las cuales nos alientan a orar sin desmayar, a buscar constantemente a Dios, a no perder la fe, a no dejar de creer en el amor y en el poder de Dios.

Nos impacta la introducción de Lucas al narrar dicha parábola:

Jesús les contó una parábola para enseñarles que ellos debían orar en todo tiempo, y no desfallecer (Lucas 18.1)

Eso es lo que debemos hacer cada uno de nosotros. Cree y obedece. ¡Te alentamos a hacerlo! 

Volviendo nuevamente a nuestra historia, aquel hombre seguía teniendo esperanzas luego de treinta y ocho años de esperar un milagro. ¿Será este un buen ejemplo para nosotros? Si Dios se tarda seguramente es por nuestro bien, pero nosotros no debemos desmayar, sino seguir firmes y adelante, como rezaba un antiguo himno:

“Firmes y adelante, huestes de la fe, sin temor alguno que Jesús nos ve”


Análisis gramatical del texto bíblico en el idioma original y su traducción

Versículo 5

ἦνhabía
δέy
τιςun
ἄνθρωποςhombre
ἐκεῖallí
τριάκονταtreinta
ὀκτώocho
ἔτηaños
ἔχωνteniendo
ἐνen
τῇla
ἀσθενείᾳenfermedad
αὐτοῦsuya

Versículo 6

τοῦτονa este
ἰδὼνviendo
Jesús
ἸησοῦςJesús
κατακείμενονtendido
καὶy
γνοὺςsabiendo
ὅτιque
πολὺνmucho
ἤδηya
χρόνονtiempo
ἔχειlleva
λέγειle dice
αὐτῷa él
θέλεις¿quieres?
ὑγιὴςsano
γενέσθαιllegar a ser

Versículo 7

ἀπεκρίθηrespondió
αὐτῷa Él
el
ἀσθενῶνenfermo
κύριεSeñor
ἄνθρωπονhombre
οὐκno
ἔχωtengo
ἵναpara que
ὅτανcuando
ταραχθῇsea agitada
τὸel
ὕδωρagua
βάλῃme meta
μεa mí
εἰςen
τὴνla
κολυμβήθρανpiscina
ἐνmientras
que
δὲpero
ἔρχομαιvoy
ἐγώyo
ἄλλοςotro
πρὸantes
ἐμοῦde mí
καταβαίνειdesciende

Versículo 8

λέγειle dice
αὐτῷa él
Jesús
ἸησοῦςJesús
ἔγειρεlevántate
ἆρονtoma
τὸνtu
κράβαττόνcamilla
σουtuya
καὶy
περιπάτειanda

Versículo 9

καὶy
εὐθέωςal instante
ἐγένετοfue hecho
ὑγιὴςsano
el
ἄνθρωποςhombre
καὶy
ἦρενtomó
τὸνsu
κράβαττονcamilla
αὐτοῦsuya
καὶy
περιεπάτειandaba

Observaciones gramaticales clave (Juan 5:5-9)

Juan 5:5

ἦν δὲ τις ἄνθρωπος ἐκεῖ τριάκοντα ὀκτὼ ἔτη ἔχων ἐν τῇ ἀσθενείᾳ αὐτοῦ.

«Y había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años en su enfermedad»

La expresión ἦν δὲ (“y había”) introduce una nueva escena dentro del relato, marcando continuidad narrativa.

El pronombre indefinido τις (“un”) señala a un individuo específico sin identificarlo por nombre, lo que universaliza su situación.

El sustantivo ἄνθρωπος (“hombre”) destaca la condición humana general del personaje, representativa de la necesidad humana.

El adverbio ἐκεῖ (“allí”) ubica la acción en el lugar previamente mencionado, conectando con el contexto de Betesda.

La expresión τριάκοντα ὀκτὼ ἔτη (“treinta y ocho años”) enfatiza la duración extrema de la enfermedad.

El participio ἔχων (“teniendo”) en presente indica una condición continua, no momentánea.

La frase ἐν τῇ ἀσθενείᾳ (“en la enfermedad”) utiliza la preposición ἐν para indicar estado o condición en la que el hombre permanece.

El sustantivo ἀσθενείᾳ (“debilidad”, “enfermedad”) resalta la incapacidad persistente.

El pronombre αὐτοῦ (“suya”) personaliza la condición, haciendo énfasis en su situación particular.

Juan 5:6

τοῦτον ἰδὼν ὁ Ἰησοῦς κατακείμενον καὶ γνοὺς ὅτι πολὺν ἤδη χρόνον ἔχει λέγει αὐτῷ· θέλεις ὑγιὴς γενέσθαι;

«Cuando Jesús lo vio tendido, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: “¿Quieres ser sano?”»

El participio ἰδὼν (“viendo”) en aoristo introduce una acción previa a la principal, marcando la observación inicial de Jesús.

El sujeto explícito ὁ Ἰησοῦς (“Jesús”) enfatiza la acción deliberada del Señor.

El participio κατακείμενον (“tendido”) describe el estado físico del hombre, en condición pasiva.

El participio γνοὺς (“sabiendo”) en aoristo señala conocimiento completo o inmediato.

La conjunción ὅτι (“que”) introduce el contenido de ese conocimiento.

La expresión πολὺν ἤδη χρόνον (“mucho ya tiempo”) enfatiza la duración prolongada de la situación.

El verbo ἔχει (“lleva”) en presente indica una condición que continúa hasta el momento actual.

El verbo λέγει (“le dice”) en presente histórico aporta vivacidad narrativa.

La pregunta θέλεις (“¿quieres?”) apunta a la voluntad personal del hombre.

El adjetivo ὑγιὴς (“sano”) describe el estado de plenitud física.

El infinitivo γενέσθαι (“llegar a ser”) indica un cambio de estado, no una condición previa.

Juan 5:7

ἀπεκρίθη αὐτῷ ὁ ἀσθενῶν· κύριε, ἄνθρωπον οὐκ ἔχω ἵνα ὅταν ταραχθῇ τὸ ὕδωρ βάλῃ με εἰς τὴν κολυμβήθραν· ἐν ᾧ δὲ ἔρχομαι ἐγώ, ἄλλος πρὸ ἐμοῦ καταβαίνει.

«El enfermo le respondió: “Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando el agua es agitada; y mientras yo voy, otro baja antes que yo”»

El verbo ἀπεκρίθη (“respondió”) en aoristo introduce la respuesta del hombre como reacción puntual.

La expresión ὁ ἀσθενῶν (“el enfermo”) utiliza un participio sustantivado, describiendo su identidad por su condición.

El vocativo κύριε (“Señor”) puede indicar respeto, aunque no necesariamente reconocimiento pleno de quien le hablaba, ni menos en el sentido de Señor que utilizamos los creyentes.

El sustantivo ἄνθρωπον (“hombre”) señala la ausencia de ayuda humana.

La negación οὐκ ἔχω (“no tengo”) enfatiza carencia total.

La conjunción ἵνα (“para que”) introduce propósito o resultado esperado.

La construcción ὅταν ταραχθῇ (“cuando sea agitada”) usa subjuntivo, indicando acción repetida o incierta.

El verbo ταραχθῇ (“sea agitada”) en pasivo sugiere una acción externa sobre el agua.

El verbo βάλῃ (“me meta”) en subjuntivo indica acción dependiente de la condición anterior.

La frase εἰς τὴν κολυμβήθραν (“en la piscina”) señala el objetivo del movimiento , hacia donde debía ir y ser introducido.

La expresión ἐν ᾧ (“mientras”) introduce simultaneidad.

El verbo ἔρχομαι (“voy”) en presente muestra intento continuo.

El pronombre ἐγώ (“yo”) añade énfasis personal.

El adjetivo ἄλλος (“otro”) contrasta con el sujeto.

La expresión πρὸ ἐμοῦ (“antes de mí”) indica prioridad.

El verbo καταβαίνει (“desciende”) en presente describe acción repetida.

Juan 5:8

λέγει αὐτῷ ὁ Ἰησοῦς· ἔγειρε, ἆρον τὸν κράβαττόν σου καὶ περιπάτει.

«Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y anda”»

El verbo λέγει (traducido como “dijo”) está en presente histórico en el griego, lo que aporta vivacidad al relato, aunque en español se exprese en pasado por razones narrativas.

El imperativo ἔγειρε (“levántate”) expresa una orden directa y poderosa.

El imperativo ἆρον (“toma”) implica acción inmediata.

El sustantivo κράβαττόν (“camilla”) representa el símbolo de su antigua condición.

El pronombre σου (“tuya”) enfatiza posesión personal.

La conjunción καὶ (“y”) une las acciones en secuencia.

El imperativo περιπάτει (“anda”) indica acción continua, no solo momentánea.

Juan 5:9

καὶ εὐθέως ἐγένετο ὑγιὴς ὁ ἄνθρωπος καὶ ἦρεν τὸν κράβαττον αὐτοῦ καὶ περιεπάτει.

«Al instante el hombre quedó sano, y tomó su camilla y andaba»

El adverbio εὐθέως (“al instante”) subraya la inmediatez del milagro.

El verbo ἐγένετο (“llegó a ser”) en aoristo indica un cambio completo de estado.

El adjetivo ὑγιὴς (“sano”) confirma la restauración total.

El sujeto ὁ ἄνθρωπος (“el hombre”) retoma al personaje inicial.

El verbo ἦρεν (“tomó”) en aoristo muestra obediencia inmediata.

La repetición de τὸν κράβαττον (“la camilla”) refuerza la evidencia visible del milagro.

El verbo περιεπάτει (“andaba”) en imperfecto indica acción continua: no solo caminó, sino que siguió caminando.

Palabras clave de Juan 5:5-9 y su significado

Palabra griegaTransliteraciónStrongSignificado y explicación
ἀσθενείᾳastheneiaG769“Enfermedad”, “debilidad”. Describe una condición de incapacidad o fragilidad. En el pasaje resalta el estado prolongado del hombre, enfatizando su total dependencia y necesidad de intervención divina.
ἔχωνechōnG2192“Teniendo”. Participio presente del verbo ἔχω. Indica una condición continua, subrayando que la enfermedad no era momentánea sino persistente a lo largo del tiempo.
θέλειςtheleisG2309“¿Quieres?”. Verbo que apunta a la voluntad personal. Jesús no solo aborda la necesidad física, sino también la disposición interna del hombre para recibir sanidad.
ὑγιὴς γενέσθαιhygiēs genesthaiG5199 / G1096“Llegar a ser sano”. Expresión que combina el estado de salud (ὑγιής) con un verbo que indica cambio de estado (γίνομαι). No se trata solo de mejorar, sino de una transformación completa.
ταραχθῇtarachthēG5015“Sea agitada”. Verbo en voz pasiva que describe el movimiento del agua. Indica una acción externa, reforzando la idea de un fenómeno fuera del control humano.
κολυμβήθρανkolymbēthranG2861“Piscina” o “estanque”. Lugar central del relato donde se esperaba la sanidad. Representa la esperanza limitada del hombre basada en medios externos.
ἔγειρεegeireG1453“Levántate”. Imperativo que expresa una orden directa y eficaz. En el contexto del milagro, muestra la autoridad de Jesús para impartir vida y restauración.
ἆρονaronG142“Toma”, “levanta”. Imperativo aoristo que indica una acción puntual e inmediata. Refuerza la respuesta activa que se espera del hombre tras la sanidad.
κράβαττονkrabbatonG2895“Camilla”. Objeto asociado a la condición de enfermedad. Al ser levantado por el hombre, se convierte en evidencia visible del milagro.
περιπάτειperipateiG4043“Anda”, “camina”. Verbo en imperativo presente que sugiere acción continua. No solo implica caminar, sino llevar una vida activa restaurada.
εὐθέωςeutheōsG2112“Al instante”. Adverbio que destaca la inmediatez del milagro, mostrando que la obra de Jesús no es progresiva en este caso, sino completa y directa.
ἐγένετοegenetoG1096“Llegó a ser”, “fue hecho”. Verbo que indica un cambio de estado. Subraya que el hombre pasó de la enfermedad a la salud de manera total.

Más reflexiones sobre esta historia de sanidad en Betsaida

Servir y ayudar sin condicionar

En este tipo de historias podemos ver que el evangelio es integral, es decir, que no está dirigido, solamente, a la vida espiritual de las personas, sino a todo aspecto de la vida humana.

Por otro lado, notemos que Jesús no le pidió que lo siga o que le entregue su vida, ni tampoco algo a cambio. Simplemente lo sanó. Esto debería ser un ejemplo para nosotros a la hora de llevar adelante el ministerio de ayuda social. 

Es obvio que nuestro objetivo final es la salvación de las personas y, claramente, ese también era el objetivo de Jesús, pero de esta historia deberíamos aprender que, cuando ayudamos a otros no debemos poner condicionantes

“Si vienen a la iglesia los ayudaremos”. “Si no son miembros no les corresponde ayuda”. “Si no vienen siempre, entonces no hay mercadería (suministros, alimentos, etc.)”. Cuando damos estos mensajes, poco más que los estamos extorsionando…

Debemos tener bien en claro que si han de ser salvos, lo serán más allá de nuestras intenciones, métodos o anhelos. 

Por otro lado, está claro por qué muchas veces tomamos esas medidas, a veces no nos alcanza para todo el mundo y debemos priorizar, y a veces también vemos como muchos se aprovechan de nosotros y decidimos dar a quienes en verdad lo necesitan. ¿A quién no le ha pasado?

Pero también sabemos que si es posible, debemos hacer el bien a todo el que podamos, (Gálatas 6.9-10), dándoles una palabra, pero esperando y confiando en que el Señor hará Su obra en dicha persona.

Luego, la persona pondrá (o no) de su parte, y si lo hace, llegará a ser salva. Pero nosotros, por mucho que queramos, no podremos poner fe en su corazón. Por ende, tú, al estar ayudando, ya estás haciendo lo que te corresponde. Descansa en eso y sigue con la obra.

La fe en los milagros

Muchos de nosotros también esperamos recibir algún milagro de nuestro Señor, así como aquel hombre. Y ciertamente esta historia nos muestra que en Dios todo es posible. Que Él puede vernos, que Él se interesa en nosotros y que tiene el poder para sanarnos de cualquier mal, incluso de uno que nos atormente desde hace mucho tiempo.

Esto debería llevarnos a fortalecer nuestra fe, a poner nuestra confianza en el Señor y a seguir adelante más allá de la situación por la que estemos pasando. Debemos saber que Él tiene cada situación bajo Su control y que solo espera el momento adecuado para resolver cada cuestión

Entonces, ¿Tienes esperanzas en el Señor? ¿Confías?

Ahora, que nos ame y que tenga el poder para hacer un milagro, no significa que curará de cualquier mal a todos y a cada uno de nosotros. Lo que sí implica es que es posible que así lo haga, pero no que sea un hecho que lo hará. 

La decisión estará en Dios, y sólo Él sabrá cuándo, cómo, y a quién aplicar un milagro de sanidad divina o, a quien curar por medio de la medicina tradicional (ir al médico y confiar en la ciencia no es incompatible con la fe), o tal vez, no curar y llamar a Su presencia (¿cuántos buenos y fieles hermanos han partido por una enfermedad?). 

Esto es algo que a veces pudiera desconcertarnos, pero es también cierto que aunque no sepamos Sus planes, aún así debemos seguir con fe, sin perder nuestras esperanzas, ni dejar que nuestra fe decaiga o muera. 

No sabemos si lo hará o cuando lo hará, pero lo que sí sabemos es que Él nos ama y que desea lo mejor para nosotros desde una perspectiva espiritual y eterna. Esto quiere decir que Dios está mirando los efectos de Su obrar en nuestras vidas a largo plazo, en relación a la vida eterna que Él ya nos ha ofrecido y que ha de darnos.

Por ende, debemos saber que no todo lo que deseamos o le pidamos, aunque sea bueno desde nuestra propia perspectiva, tendrá los mejores efectos para nuestra vida espiritual. Por ende, es cierto que muchas veces no sabremos qué es lo mejor para nosotros, pero lo que sí sabemos es que Él sí lo sabe. 

¡Tu Padre espiritual sabe qué es lo mejor para ti y está obrando a tu favor! Por tanto: ¡No pierdas las esperanzas! ¡Sigue firme en tu fe!


Conclusión

Juan 5:5-9 nos muestra a Jesús sanando al paralítico de Betesda con una autoridad que supera toda limitación humana. Después de treinta y ocho años de enfermedad, el hombre no recibe solo alivio, sino una sanidad inmediata, completa y visible, producida por la palabra del Señor. Este milagro revela que Jesús no depende de medios humanos ni de circunstancias favorables para obrar, sino que tiene poder para transformar por completo la vida de quien está bajo su mirada y su voz. En este relato también vemos que la verdadera restauración no proviene de un estanque ni de una esperanza incierta, sino de Cristo mismo, quien sigue teniendo poder para levantar al caído y darle una nueva oportunidad.


Ayudas para maestros y predicadores

Bosquejo sugerido para enseñanza o predicación

1. Una condición prolongada de impotencia (Juan 5:5)
“Treinta y ocho años enfermo”

El hombre llevaba una enfermedad de larga duración.
Esto resalta una situación humanamente irreversible.
Muestra la profundidad de la necesidad antes de la intervención de Jesús.

2. La iniciativa de Jesús (Juan 5:6)
“Jesús lo vio… y supo”

El encuentro no comienza con el hombre, sino con Jesús.
Cristo toma la iniciativa al acercarse y observar su condición.
Esto enseña que Dios actúa aun cuando el ser humano no lo busca activamente.

3. Una pregunta que confronta la voluntad (Juan 5:6)
“¿Quieres ser sano?”

Jesús no asume automáticamente la respuesta.
La pregunta apunta al deseo y disposición del hombre.
Revela que la obra de Dios involucra una respuesta personal.

4. La limitación del pensamiento humano (Juan 5:7)
“No tengo a nadie…”

El hombre responde desde su experiencia y limitación.
Su esperanza está puesta en un sistema y en ayuda humana.
Esto muestra cómo muchas veces se busca solución en medios insuficientes.

5. La dependencia de circunstancias externas (Juan 5:7)
“Cuando el agua es agitada”

La sanidad era vista como algo condicionado a un momento específico.
Esto refleja una fe basada en oportunidades limitadas.
Contrasta con el poder directo y libre de Jesús.

6. La autoridad de la palabra de Cristo (Juan 5:8)
“Levántate, toma tu camilla y anda”

Jesús no realiza un proceso ni utiliza medios visibles.
Su palabra es suficiente para producir transformación.
Esto revela su autoridad divina sobre la enfermedad.

7. La respuesta activa a la orden de Jesús (Juan 5:9)
“Tomó su camilla y andaba”

El hombre responde obedeciendo inmediatamente.
La fe se manifiesta en acción concreta.
La sanidad se evidencia en su comportamiento.

8. La inmediatez del milagro (Juan 5:9)
“Al instante”

La sanidad no fue progresiva, sino inmediata.
Esto subraya el poder absoluto de Jesús.
No hay proceso cuando Él decide actuar de esta manera (entiéndase que en otras ocasiones sí hubieron procesos).

9. La evidencia visible de la transformación (Juan 5:9)
“Tomó su camilla”

El mismo objeto que representaba su enfermedad ahora evidencia su sanidad.
El cambio es público y verificable.
Esto muestra que la obra de Dios es real y visible.

10. El inicio de un conflicto espiritual (Juan 5:9)
“Era día de reposo”

El milagro no solo trae restauración, sino también oposición.
Introduce el conflicto con los líderes religiosos.
Muestra cómo la obra de Jesús confronta estructuras humanas.

Claves para enseñar este pasaje

La condición humana puede llegar a ser completamente impotente sin Dios.
Jesús toma la iniciativa en la restauración.
La obra de Dios confronta la voluntad personal.
Las soluciones humanas son limitadas frente al poder de Cristo.
La palabra de Jesús tiene autoridad transformadora.
La fe verdadera se expresa en obediencia.
El poder de Dios puede actuar de manera inmediata.
La transformación espiritual produce evidencia visible.
La obra de Cristo puede generar oposición.
Jesús no depende de circunstancias para obrar.

Posibles títulos de sermones o enseñanzas

¿Quieres ser sano?
Cuando Jesús toma la iniciativa
De la impotencia a la restauración
La palabra que levanta al caído
Más allá de los medios humanos
El poder de una orden divina
Treinta y ocho años… y un instante
Cuando Dios cambia la historia
La sanidad que confronta estructuras
Del estanque a la palabra de Cristo


Finalizando este comentario

Hemos hablado mucho sobre este maravilloso milagro, sobre el hombre de nuestra historia, sobre el autor del milagro y sobre distintos temas que se desprenden del texto bíblico. Esperamos que esta lectura haya sido de bendición para tu vida. 

En las siguientes publicaciones continuaremos estudiando cómo siguió la historia, retomando por la aclaración de Juan en el versículo 9: «Pero aquel día era día de reposo». Y además, seguiremos meditando y reflexionando sobre las enseñanzas del Texto sagrado. 

Te animamos a seguir estudiando la Biblia, a mantener una relación de estrecha comunión con tu Señor y a mantener firme tu fe, obedeciendo Su palabra y llevando el mensaje por dondequiera que vayas.

Aquí nos despedimos por ahora. Si gustas, puedes escribirnos, esperamos tu devolución, tus comentarios y/o consultas. ¡Dios te bendiga mucho!


Preguntas frecuentes sobre Juan 5:5-9 – La sanidad del paralítico de Betsaida

¿Qué enseña Juan 5:5-9 sobre la sanidad del paralítico?

Juan 5:5-9 enseña que Jesús tiene poder absoluto para sanar, incluso después de muchos años de enfermedad. El hombre llevaba treinta y ocho años enfermo, pero Jesús lo sanó de manera inmediata, mostrando que su autoridad no depende de circunstancias humanas ni de procesos.

¿Por qué Jesús le pregunta al paralítico “¿Quieres ser sano?”?

Jesús hace esta pregunta para confrontar la voluntad del hombre. No se trata solo de su condición física, sino de su disposición interior. La pregunta revela que la fe implica una respuesta personal y consciente.

¿Cuántos años estuvo enfermo el paralítico de Betesda?

El paralítico estuvo enfermo durante treinta y ocho años, lo que resalta la gravedad y la duración de su condición, y magnifica el poder del milagro realizado por Jesús.

¿Qué significa el estanque de Betesda en Juan 5?

El estanque de Betesda representa la esperanza limitada basada en medios humanos. El hombre dependía de entrar al agua en el momento adecuado, pero Jesús muestra que la verdadera sanidad no depende de ese sistema, sino de su palabra.

¿Qué le dijo Jesús al paralítico antes de sanarlo?

Jesús le dijo: “Levántate, toma tu camilla y anda”. Esta orden no solo declara la sanidad, sino que también exige una respuesta activa de fe y obediencia por parte del hombre.

¿El paralítico tuvo fe antes de ser sanado?

El texto no muestra una fe explícita previa en el hombre. Más bien, Jesús toma la iniciativa. Esto enseña que la gracia de Dios puede adelantarse a la fe consciente, aunque luego requiere una respuesta.

¿Qué significa “toma tu camilla y anda” en Juan 5:8?

Significa que el hombre debía dejar atrás su antigua condición. La camilla, símbolo de su enfermedad, ahora se convierte en evidencia de su sanidad. Además, implica que hay una fe que es puesta en funcionamiento antes de la acción.

¿Cómo fue la sanidad del paralítico según Juan 5:9?

La sanidad fue inmediata. El texto dice “al instante”, lo que muestra que el poder de Jesús actúa de manera completa y sin procesos graduales en este caso.

¿Por qué el paralítico no podía entrar primero al estanque?

El hombre no tenía quien lo ayudara, y otros bajaban antes que él. Esto refleja su impotencia total y su dependencia de factores externos, lo que contrasta con la intervención directa de Jesús.

¿Qué nos enseña Juan 5:5-9 sobre la iniciativa de Jesús?

El pasaje muestra que Jesús toma la iniciativa al acercarse al hombre, verlo y hablarle. La sanidad no comienza con el hombre, sino con la acción soberana de Cristo.

¿Qué representa la enfermedad de 38 años en Juan 5?

Representa una condición prolongada de impotencia humana. Espiritualmente, puede ilustrar la incapacidad del ser humano para salvarse por sus propios medios.

¿Qué mensaje espiritual tiene el milagro del paralítico de Betesda?

El mensaje central es que Jesús es la verdadera fuente de restauración. Donde los sistemas humanos fallan, su palabra tiene poder para transformar completamente la vida.


Nota

  • Todas las citas bíblicas fueron tomadas con permiso de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2005 by The Lockman Foundation.

Hasta aquí hemos visto:

Juan 5:5-9 explicación: Jesús sana al paralítico de Betesda


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