Juan 2.23-25 – Muchos creyeron Pero Jesús no se fiaba

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Juan 2.23-25 – Muchos creyeron Pero Jesús no se fiaba

Comentario Bíblico Devocional del Evangelio de Juan

Introducción

En nuestro texto de hoy podemos ver uno de los propósitos de Juan al escribir su evangelio: “Demostrar la Deidad de Jesús”. Además también veremos que muchas personas profesaron tener fe, pero que Jesús no confió en ellos dado que los conocía.

Diremos que ese conocimiento de Jesús provenía de un atributo divino denominado omnisciencia, y por tanto al tocar este tema, también mencionaremos otros pasajes en donde la omnisciencia de Jesús es expresada en este mismo evangelio.

Además de nuestro análisis sobre el texto, también aplicaremos sus enseñanzas a nuestras vidas, te llamaremos a la reflexión, e intentaremos ponerte frente a Dios para que puedas reconciliarte con Él (por si fuera necesario).

Pero antes de comenzar con este estudio, nos gustaría contarte brevemente cuál es nuestro objetivo al presentar este comentario.

Unas palabras sobre este comentario

La presente es una porción del Comentario Bíblico sobre el Evangelio de Juan, publicado por Gracia y Vida. El mismo pretende ayudar a los lectores en la interpretación y en la aplicación de las escrituras a sus vidas; teniendo además como objetivo que la lectura sea fluida y de fácil interpretación.

Con dicho objetivo en mente, y a fin de entender los distintos versículos de la manera más apropiada, nos ayudaremos con un análisis del contexto y también con las herramientas hermenéuticas necesarias para llegar a una correcta interpretación; pero todo esto sin entrar en largas discusiones, ni en detalles demasiado técnicos.

Sin más, y primero que cualquier otra cosa, te invitamos a leer atentamente el texto y orar para que el Señor te llene de su sabiduría; sin lugar a dudas Él será la gran fuente de toda verdad y de todo entendimiento. Hecho ésto, ahora sí comencemos con el estudio de los versículos que nos convocan, leamos:

El texto

23 Cuando estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las señales que hacía. 24 Pero Jesús, por su parte, no se confiaba a ellos, porque conocía a todos, 25 y no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre, pues Él sabía lo que había en el hombre.

Juan 2.23-25 – LBLA

Juan 2.23-25 – Muchos creyeron Pero Jesús no se fiaba

Comentario del Texto Bíblico

23

Cuando estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las señales que hacía

Juan nos habla sobre un lugar y un momento determinado, nos dice que en aquel momento y en dicho lugar muchos creyeron en el nombre de Jesús. Pero aunque estos detalles sean específicos y claros para nosotros, entender en qué creyeron y cuál fue el alcance de su fe se transforma en un aparente dilema. ¿Tuvieron aquellos una fe salvadora? 

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Decimos que es difícil de entender cuál fue el tipo de fe del que se habla, dado que en el siguiente versículo, Juan nos dice que Jesús no se fiaba de ellos. Esto nos lleva a pensar en que la fe de los tales, posiblemente les alcanzara para creer en Jesús como Mesías, pero no como para acercarse a Dios, cambiar su corazón y comenzar a vivir según las enseñanzas de Jesús.

Tal vez sólo creyeran que Jesús era el Mesías político-militar, que venía a liberarlos del imperio romano. En definitiva, todos entendían que eso es lo que haría el Mesías, hasta sus discípulos. (Sin embargo, Jesús en vez de aquello, lo que vino a establecer fue un Reino espiritual en el corazón de todos los que le aceptamos como Señor y Salvador).

Lo que debemos comprender aquí es que no toda fe es una fe salvadora. Hay muchos que creen en Dios, pero su fe no les alcanza para entregar sus vidas a Él. Y, aunque tantos creen en que Jesús es el Hijo de Dios, aún así no se arrepienten por sus pecados ni lo toman como su Salvador, ni menos como su Señor. ¿No es eso lo que sucede con muchos?

Incluso, yéndonos al extremo, tenemos el ejemplo del Diablo, quien conoce y cree, pero sin embargo, eso no lo lleva a ser salvo. Es más, conocer bien las escrituras tampoco le garantiza nada (¿Recuerdas cómo sabía qué textos citar mientras tentaba a Jesús en el desierto? – Mateo 4.1-17. Obviamente que los torció como quiso, pero no los inventó, sino que los conocía muy bien).

Meditación

De estar en lo cierto respecto de nuestra interpretación, eso nos colocaría frente a una gran señal de PRECAUCIÓN, la cual nos llevaría a preguntarnos: ¿Qué tipo de fe tenemos? Y también, ¿Hasta qué punto nuestra fe es verdaderamente una fe salvadora? Dicho de otro modo: ¿Estás segura/o de tu salvación?

Sin lugar a dudas, si tu fe es auténtica, el Espíritu Santo te dará la convicción de que eres hijo de Dios, lee Romanos 8.16. Esto es posible porque Dios nos ha enviado su Santo Espíritu en el momento de ser adoptados como hijos, lee por favor Gálatas 4.6

Si hoy no sientes esa convicción en tu mente, alma y espíritu, permítenos aconsejarte la siguiente lectura: Qué debo hacer para ser un/a hijo/a de Dios. (Si lo prefieres también puedes escribirnos e intentaremos ayudarte con los pasos necesarios). Dios te llene de Su luz y te conduzca a Su verdad. Amén.

Juan 2.23-25 – Muchos creyeron Pero Jesús no se fiaba

Volviendo al análisis del texto:

Aquellas personas del pueblo decían creer en “Su Nombre”, pero aún así, un año más tarde* elegirían a Barrabás en vez de a Jesús y, momentos más tarde gritarían: “¡Crucifíquenlo!”. Aquella no era una fe verdadera. ¿Cierto? ¿Tú qué crees? 

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Es por eso que Jesús no se fiaba del pueblo, porque Él los conocía a todos, como dice el siguiente versículo.

Ahora, no podemos decir esto de todo el pueblo, dado que obviamente algunos creyeron verdaderamente en Él y acompañaron más tarde a los doce. Ve por ejemplo a Nicodemo, quien no solo intervino a favor de Jesús (Juan 7.50), sino que incluso, junto con José de Arimatea, lo llevó a una tumba nueva y le dio una sepultura una vez muerto (Juan 19.38-42).

La fe de estos últimos los distinguió de la multitud, ellos sí creyeron con una fe verdadera e hicieron todo lo que su fe les demandaba. ¡Qué contraste con el resto del pueblo! ¡Cuán buen ejemplo para nosotros! Esto debe ayudarnos a revisar nuestra propia fe e identificar qué tipo de fe tenemos. 

Y por esto mismo, quisiéramos dejarte algunas preguntas sobre tu fe: ¿Es verdadera, es decir, te lleva al servicio de tu Señor? ¿Te mantiene firme en medio de pruebas y conflictos? ¿O es como la de aquellos que navegan y se extravían frente a los problemas de la vida? ¿De qué manera justificas que tu fe es verdadera?

Por favor lee el siguiente texto: Santiago 1.5-8, nota la advertencia, entiende el espíritu de las palabras del pastor. Una fe auténtica es la que busca mantenerse siempre firme. Gracia y Vida tiene un comentario sobre Santiago 1.5-8 – Pedir con fe por sabiduría de Dios. Si quieres, puedes seguir el link y leer el estudio sobre aquel precioso texto.

*Aclaración en cuanto a la cronología en este texto

Cinco párrafos hacia arriba, hacíamos referencia al tiempo indicado por Juan sobre lo acontecido en estos textos. Sabemos bien que lo narrado por Juan aconteció en las fiestas de las pascuas, según lo explicitado en el texto, pero lo que no sabemos es en cuál de ellas.

En el estudio anterior decíamos que la limpieza del Templo fue un hecho que sucedió casi seguramente en el tercer año del ministerio de Jesús, por lo cual, tal vez pudiéramos asociar estos hechos a esa etapa de su ministerio, pero en verdad, lamentablemente no podríamos asegurarlo.

Ya hemos hablado de cómo ordena Juan sus relatos en otros estudios, ver por ejemplo el comentario anterior: “Juan 2.14-17 – Jesús echa a los mercaderes del Templo”. En ellos hemos expresado que a este escritor bíblico no le preocupaba la exactitud cronológica sino que su mensaje sea espiritual, teológico y sencillo para sus lectores.

Siendo éste el caso decimos que, determinar si este hecho aconteció en el primer, segundo o tercer año del ministerio de Jesús, no tiene tanta importancia como entender el mensaje que de él podemos extraer. Lógicamente, claro está, hubiéramos querido poder determinar el momento exacto, pero no contamos con todos los datos necesarios.

Por favor, si te es posible, no te quedes en este detalle, sino sigue adelante con tu estudio.

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Juan 2.23-25 – Muchos creyeron Pero Jesús no se fiaba

24 

Pero Jesús, por su parte, no se confiaba a ellos, porque conocía a todos

Para entender mejor este versículo veamos algunas otras traducciones del mismo:

Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos (RVR1960)

En cambio Jesús no les creía porque los conocía a todos (NVI)

Pero Jesús no confiaba en ellos, porque los conocía a todos (DHH)

Jesús, no confiaba, no les creía, ni se fiaba de ellos. Ésta es la razón por la cual interpretamos así la fe del pueblo en el versículo anterior. Jesús, al ser omnisciente, sabía bien qué había en el corazón de las personas. Eso es lo que dice el siguiente versículo.

Esto nos ayuda a entender el comportamiento de Jesús y sus palabras para con el pueblo. Ni hablaba ni se comportaba cómo ellos querían, sabía que la multitud no era espiritual sino únicamente terrenal. Y por su parte, ellos no estaban preparados para un Reino espiritual, pero tampoco lo buscaban, ni lo querían…

Reflexión

¡Cuán lamentable tener que decir esto del pueblo! ¿No te parece muy duro? También a nosotros, pero al parecer, era su realidad. Por eso: Quiera Dios ayudarnos para que nuestros ojos estén en las cosas espirituales y no en lo terrenal. Recordemos el consejo de nuestro Señor al decir: 

19 No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; 20 sino acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban; 21 porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

Mateo 6.19-21 – LBLA

¿Dónde estará nuestro corazón? ¿En qué invertimos nuestro tiempo y energía?

Que nuestros anhelos no nublen nuestro entendimiento, que nuestras metas sean las adecuadas a la vista de nuestro Padre, y que la sabiduría que nos guíe sea siempre la de nuestro Señor; no solamente nuestra inteligencia, ni nuestro entendimiento natural. 

Si tan solo pudiéramos ver la vida como Él la ve, de seguro seríamos mucho más felices y tendríamos mucha mayor paz. Nunca nos olvidemos que Él nos regala esa sabiduría siempre que se la pidamos con fe (recuerda por favor el texto de Santiago 1.5, ya nombrado más arriba).

Juan 2.23-25 – Muchos creyeron Pero Jesús no se fiaba

Volviendo al pueblo del tiempo de Jesús

Ellos únicamente buscaban revivir la Gloria de los reinos de David y Salomón; conseguir la independencia del imperio romano, y continuar con corazones de piedra (Ezequiel 11.19), adorando a través del cumplimiento de reglas y ritualismos, mientras continuaban con sus vidas alejadas del corazón de Dios.

Lamentablemente esto es algo en lo que no pensaban, de lo que no se daban cuenta… Es más, les parecía todo lo contrario, que servían a Dios y que hacían lo que a Él le agradaba. Cuán triste su situación. ¿Cierto?

A veces nos preguntamos por qué Jesús les hablaba con tantas parábolas (Mateo 13.34). Decimos: Pero si les hubiera hablado claramente, ¿No hubieran entendido? ¿No se hubiesen salvado más personas? ¿No se hubieran arrepentido? Y por último, ¿No le hubieran seguido?

Pero en realidad, su condición espiritual, su orgullo, su ceguera no les permitía ver, sin importar de qué manera se lo hubieran explicado. Cuando Jesús hablaba de cosas espirituales, ellos solo entendían lo terrenal. Veremos mucho sobre este tema en otros textos más adelante.

Pero por ahora, solo quisiéramos hacerte notar que esto es algo que el mismísimo Jesús resalta, por ejemplo, en su conversación con Nicodemo (Juan 3.12). Si hablaba de lo espiritual no entendían, si hablaba de lo terrenal tampoco entendían. Al final, no importaban las maneras ni el contenido, ya que no estaban preparados ni querían estarlo.

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Pensemos juntos un poco más

¿Será éste un buen momento para pensar acerca de nuestros corazones y de nuestra visión de lo espiritual? Veamos, ¿Podrías responder las siguientes preguntas?

¿Estamos listos para recibir mayores revelaciones espirituales? ¿Tenemos nosotros el discernimiento espiritual que Dios espera que tengamos? 

¿Cuáles fueron tu respuestas? ¿Te percibes tan cerca de Dios como deberías estar? ¿Tan maduro como Él lo hubiera esperado? Quiera Dios ayudarnos para que lo estemos, pero a su vez, recordemos que todo eso también depende de nuestra entrega, fe, determinación y voluntad.

Pongamos de nosotros todo lo que esté a nuestro alcance para que así sea. ¿Estás de acuerdo?

Juan 2.23-25 – Muchos creyeron Pero Jesús no se fiaba

25 

Y no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre, pues Él sabía lo que había en el hombre

La omnisciencia de Jesús

En otros muchos lugares de nuestro comentario hemos dicho que Juan pretende resaltar la deidad de Jesucristo en su evangelio. Éste es un versículo que expresa explícitamente que el conocimiento de Jesús excedía los límites naturales de cualquier persona. Juan nos habla aquí de la omnisciencia del Señor Jesús.

Ya habíamos hablado sobre su omnisciencia en el pasaje en donde Natanael conoció a Jesús, en Juan 1.43-46; allí vimos que Jesús sabía muy bien en dónde había estado aquel que sería su discípulo (a partir de aquel momento). Pero estos son solo dos de muchos otros ejemplos.

Lo veremos también en Juan 4.17-18 con la respuesta de Jesús a la mujer samaritana; en Juan 6.15, en donde Jesús se anticipa a los planes de quienes quieren forzarlo a ser rey; en Juan 16.19 en donde Jesús sabe lo que se están preguntando sus discípulos y en 16.22 donde se nos muestra que no solo sabe el presente sino también el futuro.

Estos últimos sólo han sido unos pocos ejemplos, seguramente podrás hallar muchos más, pero nos bastan para entender que su conocimiento era total y que el mismo, entre otros muchos atributos, lo declaran como Dios y no solo como un ser humano común. Claramente vemos que Juan cumplió eficazmente con su meta.

Su conocimiento sobre todos los hombres

Ese “saber lo que había en el hombre” implica un conocimiento íntimo de la condición, de los pensamientos y de la situación de cada hombre. Notar que la frase aquí abarca más que a un solo hombre, se aplica a toda la humanidad. Jesús no necesitaba que nadie le viniera a contar qué pensaban o qué sentían. Él lo sabía muy bien.

Ese conocimiento fue el que le hizo desconfiar de la fe que aquellas personas decían tener. Pero más allá de aquellos hombres, él sabía y sabe lo que hay dentro nuestros corazones y mentes. Sabe si en verdad le creemos, si confiamos en Él, si queremos o no serle fieles. Sabe si le seguimos o si solo lo buscamos para sacar algún provecho, así como lo hacían aquellos hombres de su tiempo.

Bien podríamos fingir delante de todos los demás, pero delante de Él no tiene ningún sentido. Jamás podríamos engañarle. Sigue siendo actual y real para nosotros el mandamiento de amar a Dios con todo el corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente (Mateo 22.37).

Nuestra búsqueda por tanto debe ser sincera y real, no podemos andar por la vida creyendo en ciertos momentos y en otros desconfiando; intentando caminar por el camino angosto en determinados momentos, y en otros, desandando nuestros pasos de fe. Eso solo nos muestra como inconstantes y como inmaduros delante de nuestro Señor. 

Es algo que para nada aprovecha. ¿Estás de acuerdo?

Juan 2.23-25 – Muchos creyeron Pero Jesús no se fiaba

Recordemos aquel texto en el cual la samaritana le preguntó a Jesús por un lugar en donde adorar, pero Él respondió que lo único importante sería adorar con todo el corazón, con una fe sincera y haciendo carne en nuestra vida los ejemplos y enseñanzas de nuestro mayor ejemplo: Jesucristo. Eso es lo que Él quería decir con “en espiritu y en verdad” (Juan 4.23).

Por tanto, permítenos preguntarte: ¿Cómo es tu fe? ¿Qué ve Él cuando te observa? Búscale en verdad y de corazón. Él te ayudará a caminar por sus caminos. Y si te has caído o si te has desviado, pero con firmeza de convicción quieres seguirle, no te desanimes, Él te entiende y te conoce mejor que nadie. Sigue adelante, pídele su ayuda y Él obrará a tu favor.

Pero si eres inconstante, si tu fe no es auténtica, si no te has decidido todavía: No pierdas más tu tiempo. ¿Qué haces de tu vida? ¿Hacia dónde crees que estás yendo? Nadie puede Jugar con Dios. Toma ya tu decisión y vuélvete a Dios para que Él te perdone, te sane y te guíe para vivir una vida que en verdad tenga sentido. 

No dejes pasar esta oportunidad. Dios te está llamando. Ahora es el tiempo.

Links

Te dejamos algunos otros links que pudieran servirte:

Nota

Todas las Citas Bíblicas identificadas con LBLA fueron tomadas con permiso de LBLA – http://www.lbla.com

Las identificadas como NVI, fueron tomadas de:

Escritura de la Santa Biblia, NEW INTERNATIONAL VERSION®, NIV® Copyright © 1973, 1978, 1984, 2011 por Biblica, Inc.® Usado con permiso. Todos los derechos reservados en todo el mundo.

Las identificadas como RVR1960, fueron tomadas de:

La versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.

Y las identificadas como DHH, fueron tomadas de:

Dios habla hoy ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996.

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