Juan 5.10-14 – Comienzo de la persecución de Jesús

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Comentario Bíblico Devocional del Evangelio de Juan

¡Muy bienvenidos a Gracia y Vida!

Te invitamos a analizar, estudiar y aplicar juntos la palabra de Dios a nuestras vidas. Hoy lo haremos a partir del comentario del texto bíblico de Juan 5.10-14, al cuál hemos le hemos puesto por título:  Comienzo de la persecución de Jesús.

Esta es la tercera publicación de Gracia y Vida sobre el evento de la curación del paralítico de Betesda. En la primera hemos visto el contexto de esta historia, estudiando los versículos de Juan 5.1-4, en la segunda, estudiando Juan 5.5-9, hemos visto cómo lo curó y qué sucedió en el momento del milagro.

Ahora, en esta publicación, estudiaremos lo que sucedió luego del milagro de sanación, es decir, el encuentro entre el hombre curado y los líderes judíos; también hablaremos brevemente sobre algunas reglas judías, y por último, veremos cuál fue el mensaje de Jesús al hombre que había sido sanado.

Dividimos así la historia para poder hablar con más detenimiento sobre algunos detalles de la misma, y para poder meditar y aplicar las enseñanzas que encontramos en ella. Puedes acceder a las distintas partes del análisis a través de los links que te vamos dejando en cada publicación.

Antes de comenzar con nuestro estudio de hoy, si nos permites, humildemente nos gustaría sugerirte que tomes un momento para orar. Esperamos que sea el Espíritu Santo quien te hable a través del texto bíblico y que te llene de Su sabiduría; esto te será mejor que cualquier dato o comentario que podamos aportar nosotros.

Dicho esto, te dejamos con el índice del estudio, el texto bíblico a analizar, y el comentario en sí mismo. Esperamos sea de bendición para tu vida.

Nota: Si bien te hemos dejado este índice para que navegues a voluntad por cada parte de la publicación, aún así, si es posible, te recomendamos que la leas de principio a fin para que logres entender plenamente cada parte, y cada versículo. 

Texto Bíblico: Juan 5.10, 11, 12, 13 y 14

10 Por eso los judíos decían al que había sido sanado: «Es día de reposo, y no te es permitido cargar tu camilla». 11 Pero él les respondió: «Él mismo que me sanó, me dijo: “Toma tu camilla y anda”». 12 Le preguntaron: «¿Quién es el hombre que te dijo: “Toma tu camilla y anda”?».

13 Pero el que había sido sanado no sabía quién era, porque Jesús, sin que se dieran cuenta, se había apartado de la multitud que estaba en aquel lugar. 14 Después de esto Jesús lo halló en el templo y le dijo: «Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te suceda algo peor».

Introducción

Ya hemos visto tanto el contexto de la historia como el milagro, ahora, lo que veremos es cómo comenzó la persecución a Jesús por parte de los líderes religiosos judíos.

Hasta el momento estos últimos no lo habían registrado, no tenían mucha idea de quién era, ni del peligro que representaba para su propia “tranquilidad y bienestar”. 

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Si bien algunos falsos mesías se habían levantado antes, y si bien Juan el bautista había hecho mucho “revuelo” (alboroto) entre el pueblo, según su perspectiva, ellos siempre se las habían arreglado para mantener todas las situaciones bajo su control.

En aquel momento, siendo que la amenaza de Juan el bautista había sido resuelta por Herodes, ellos habían vuelto a su tranquilidad y a su convencimiento de que todo lo hacían bien delante de Dios y a su estatus de autoridad frente al pueblo. Ya no había quién se atreviera a desafiarlos. 

Sin embargo, y a pesar de todo eso, sus “antenas” estaban siempre atentas, su supervisión permanentemente férrea, siempre controlando cada situación y cada cuestión relacionada con el pueblo. Necesitaban mantener todo bajo su control.

Por eso la sorpresa, la incertidumbre y el interés súbito en aquel hombre que llevaba su camilla en un día sábado, algo que “todo el mundo” sabía que no era lícito, y todavía más, en quien se había atrevido a efectuar una sanación en el día sagrado de descanso.

Te invitamos a ver qué tiene el texto para decirnos, y al mismo tiempo, a ver qué podemos aprender nosotros y cómo lo podemos aplicar a nuestras vidas:

Comentario

Versículo 10 

Por eso los judíos decían al que había sido sanado: «Es día de reposo, y no te es permitido cargar tu camilla».

Juan comienza este versículo diciendo: “por eso los judíos…”, dando a entender que lo que leemos ahora es consecuencia de algo que sucedió antes. Pero… ¿De qué está hablando Juan? En la segunda parte del versículo anterior (Juan 5.9b), se nos dice lo que necesitamos saber:

“Pero aquel día era día de reposo” (Juan 5.9b)

Juan nos está contando que Jesús había sanado un día sábado, algo que los judíos entendían como una transgresión al mandamiento de Dios. Ellos habían establecido una larga lista de reglas para poder cuidarse de no romper este mandamiento. En ellas, cada situación posible había sido contemplada y reglamentada.

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Llevar una camilla, levantar alguna cosa, caminar determinada cantidad de pasos, cocinar o curar a otra persona, son solo algunos pocos ejemplos de actividades catalogadas como trabajo, y por lo tanto, realizar cualquiera de ellas implicaba tanto pecar, como también,  desafiar la autoridad religiosa de aquel tiempo. 

Recordemos por un momento el mandamiento en el que se basaban estas reglas judías sobre el día sábado:

Éxodo 20:8-11

8 »Acuérdate del día de reposo para santificarlo. 9 Seis días trabajarás y harás toda tu obra, 10 pero el séptimo día es día de reposo para el Señor tu Dios. No harás en él trabajo alguno, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu ganado, ni el extranjero que está contigo. 11 Porque en seis días hizo el Señor los cielos y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay, y reposó en el séptimo día. Por tanto, el Señor bendijo el día de reposo y lo santificó. (Puedes ver también Deuteronomio 5.12-15 o en Levítico 23:3)

Por ende, en vista de este mandamiento, y de la multitud de reglas religiosas creadas en torno al mismo, al ver que cierto hombre los transgredía, las autoridades judías se consideraron obligados a detenerlo para recordarle su falta.

Los versículos que veamos a continuación girarán en torno a este tema. Ellos se consideraban guardas del pueblo, algo así como supervisores de parte de Dios para lograr que la nación no se volviera a desviar como ya lo habían hecho sus padres en otros tiempos.

Claro está que a pesar de su férrea observación de la letra de la ley, bien podían hacer la “vista gorda” al espíritu de la misma. Y era eso lo que estaba sucediendo con ellos, según la mirada y la enseñanza de Jesús. Pero lógicamente el análisis de este tema será visto en otro momento.

Por lo pronto, veamos la respuesta del hombre sanado a la acusación de la autoridad cívico-religiosa:

Versículo 11 

Pero él les respondió: «El mismo que me sanó, me dijo: “Toma tu camilla y anda”». 

Suponemos que aquél hombre tendría tanta alegría, que iría caminando por las calles como aquel que va flotando de felicidad, extasiado por el milagro recibido. Posiblemente ni siquiera se percató sobre dónde estaban las autoridades al pasar por su lado. Y es que, después de 38 años de estar postrado, ¡por fin podía moverse por sí mismo! ¿Cómo no estar feliz de la vida y desbordando alegría?

Sin embargo, toda esa felicidad se tornaría en temor al ser confrontado por las autoridades, quienes lo estaban acusando de pecar y de transgredir la Ley. En ese momento la posibilidad de volver a una vida normal se ponía en peligro nuevamente (ya que necesitaba estar en orden con las autoridades para poder tener vida social). Su primera prueba, luego de aquel maravilloso milagro, estaba teniendo lugar en ese mismo momento.

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Nosotros sabemos que aquel hombre no era culpable de pecado alguno porque, quien le había pedido que hiciera esas cosas un día sábado, era el mismísimo Hijo de Dios (quien no se detuvo a contemplar reglas de hombres para hacer el bien); sin embargo, ninguno de ellos tenía idea de quién era Jesús. Y además, ¿qué podría hacer aquel hombre sino obedecer a quien le había obsequiado semejante regalo? ¿Tú qué harías?

Pensando ahora en la respuesta del hombre, la pudiéramos mirar o analizar desde distintos puntos de vista. Te invitamos analizar aunque sea dos posibilidades:

La respuesta de un hombre desagradecido e irresponsable

Si pensamos su respuesta desde esta posición, podríamos suponer que al estar frente a las autoridades, y encontrarse en falta ante la mirada de ellos, hizo lo mismo que Adán en el huerto del Edén, buscó a quien más culpar por su transgresión (Recordemos hacia donde apuntó Adán: “la mujer que me diste” – Génesis 3.12).

De ser este el caso, deberíamos decir que su respuesta no fue muy distinta a la que da la mayoría de las personas, ya que normalmente buscamos culpar a alguien más para no hacernos cargo de nuestros propios hechos/errores/pecados. ¿Cierto? ¿Cómo es en tu caso? ¿Es distinto?

Al pensar en este tema debemos saber que el hecho de no hacernos responsables nos limita a la hora de acercarnos a Dios. 

Sin embargo, Él seguramente espera de nosotros que podamos asumir nuestras acciones tal cual fueron, luego pedirle perdón y ayuda, y así seguir adelante con nuestra vida, pero con Su perdón y Su ayuda, lo cual es muy distinto a “andar por la vida cargando con  nuestros pecados”. ¿Cierto? ¿Qué crees tú? 

Veamos la respuesta desde otro punto de vista posible:

La respuesta de un hombre convencido

Otra forma de mirar su respuesta es suponer que estaba tan agradecido y confiado en aquel que lo sanó, que no le importó nada ni nadie más. Por lo tanto, su respuesta estaba basada en el siguiente pensamiento: 

Si tiene poder para sanarme, entonces tiene autoridad para mi vida. No sé quién sea, no sé a qué se dedica, no sé si es un profeta o un sanador, pero lo que sé es que me curó, y dado que me pidió que tome mi camilla y la lleve, entonces yo no podía fallarle, le debía obedecer.

Este es el pensamiento que deberíamos tener cada uno de nosotros. Aquel que nos llamó tiene (o debería tener) autoridad en nuestra vida, una autoridad que va más allá de cualquier otra, de cualquier regla cultural, de cualquier pensamiento popular, o incluso de cualquier ley social.

Su palabra debería bastar para que le obedezcamos, más allá de lo que otros pudieran decir o pensar de nosotros. El que murió en nuestro lugar nos está llamando a ser luminarias en medio de un mundo sumido en la oscuridad. No debemos olvidar qué nos llamó a ser y a hacer. Leamos por un momento 1 Pedro 2.9:

Pero ustedes son linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anuncien las virtudes de Aquel que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable.

Volviendo nuevamente a nuestro texto, todas estas posibles suposiciones sobre por qué respondió de tal manera indican claramente que no sabemos su motivación, y por eso debimos suponer. 

Lo que veremos en el siguiente versículo es cómo se corre la mirada de los líderes religiosos, para dejar de apuntar hacia el hombre sanado y comenzar a concentrarse en quien sería luego el objeto de su persecución. Leamos:

Versículo 12 

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Le preguntaron: «¿Quién es el hombre que te dijo: “Toma tu camilla y anda”?».

Al comenzar nuestro análisis sobre este milagro decíamos que nosotros entendemos que este fue uno de los primeros realizados por Jesús.

Llegamos a esta conclusión no solamente porque no encontramos muchos otros relatos de milagros previos a este (dentro de este evangelio), sino porque hasta el momento nadie daba por sentado quién era aquel que podía obrar este tipo de milagros.

El hombre sanado no lo sabía y los líderes religiosos necesitaban preguntar quién era, algo que no sucedería promediando el primer año de ministerio, ni mucho menos en el segundo y tercer año, donde ya todos conocían quién era.

Lógicamente, estos hombres estaban interesados en saber quién era aquel que no sólo rompía las reglas, sino que además le pedía a otros que lo hagan. Desde su perspectiva ellos debían actuar para regularizar esa situación.

Versículo 13 

Pero el que había sido sanado no sabía quién era, porque Jesús, sin que se dieran cuenta, se había apartado de la multitud que estaba en aquel lugar. 

Tal vez, al leer este relato de corrido, nos pasemos por alto algo que bien pudiera ser otro milagro más, sumado al de la sanidad. 

En este versículo vemos que Jesús se escapó de en medio de una gran multitud sin que nadie más pudiera darse cuenta, algo que también podemos ver en otras historias bíblicas como en la de Lucas 4.28-30 y en la de Juan 8.59.

¿Sería este un nuevo milagro, acaso un gran acto de escapismo?

Lo que sí sabemos es que su propósito no era quedarse allí, ni recibir gloria, ni pedir nada a cambio, ni tampoco, permitir que todas las demás personas lo persiguieran para recibir su propio milagro; por lo tanto, Jesús se fue de allí. 

Se fue sin que se dieran cuenta. ¿Quiénes? ¡Todos los que habían presenciado el milagro!

Esto también pudiera representar un ejemplo para nosotros, quienes muchas veces hacemos obras a favor de los más necesitados. Tal vez también nosotros pudieramos actuar así como lo hizo Jesús, en el siguiente sentido: 

Él hizo lo que tenía que hacer y se marchó, no se quedó a recibir gloria ni reconocimientos, no le interesaron las menciones, ni tampoco los gestos de agradecimiento. ¿Será que podremos imitarlo también en esto?

Pensemos en lo siguiente:

La recompensa que sí importa ya nos está asegurada y la almacenamos en el cielo, nada tiene mayor valor que eso. Nuestra herencia está asegurada (1 Pedro 1.4-5), y esa es nuestra mayor recompensa. Por lo tanto, hacernos ver, recibir halagos, que nos agradezcan en público, y cosas por el estilo, aunque sí pudieran ser bonitas, no son nuestro objetivo.

Nuestro Señor nos dio el ejemplo. Sabemos qué hacer. Y por ende, te animamos a hacer la buena obra de tal manera que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha. En este punto haríamos bien en leer sobre cómo Dios espera que actuemos en cuestiones referidas al servicio y también a la fe. ¿Leerías por favor Mateo 6.1-21?

Veamos ahora el último de los versículos de esta publicación:

Versículo 14

Después de esto Jesús lo halló en el templo y le dijo: «Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te suceda algo peor».

Lo primero que nos llama la atención, al leer este versículo, es que Jesús se encontró con el hombre en el Templo. 

¿Habría verdadera gratitud en el corazón de tal persona? ¿Habría ido a adorar a Dios por recibir tan grande regalo de amor? En verdad esperaríamos que así fuera, sin embargo, la advertencia de Jesús nos hace pensar en la motivación del mismo. ¿Con qué intención habría ido?

En nuestra propia experiencia, hemos visto tantos que recibieron milagros y bendiciones de Dios, y luego, un breve tiempo después, se alejaron de Él… Hablamos de personas que ya no se congregan ni siguen Su camino, sino que por el contrario, volvieron a sus viejas vidas y a la oscuridad espiritual desde donde habían venido. ¡Cuán triste es ser testigos de esto!

Ahora, ¿cómo habría sido en aquel caso? ¿Qué habría en el corazón de tal hombre? 

Lo cierto es que Jesús le advirtió que esta vez debía vivir de otra manera, y que si no lo hacía algo peor podía sucederle. Al parecer, Jesús le hablaba como si estuviera recibiendo una segunda oportunidad en la vida, en la cual poder elegir el buen camino.

Sería extraña esta advertencia de Jesús si es que este hombre tuviera un corazón inclinado hacia Dios. ¿Cierto?

Pensamos, suponemos, que él sólo estaba allí para cumplir con las reglas religiosas de la sociedad en la cual vivía, y que muy probablemente tuviera poca voluntad de volverse a Dios y de comenzar a vivir una vida según Su agrado. 

Posiblemente eso es lo que Jesús había visto al mirar su corazón, y por lo tanto, la advertencia le serviría como un “segundo salvavidas”. ¡Dios nos libre de estar en similares situaciones!

Veamos ahora algunos temas que se desprenden de este versículo:

Dios le da oportunidades a todos

Tal vez alguien, leyendo lo escrito hasta aquí pudiera pensar: Si es que este hombre no era bueno, ¿por qué entonces Jesús le dio esta oportunidad, por qué hizo semejante milagro con él habiendo tantos otros postrados a su lado?

Nuestra respuesta es la siguiente: Porque Dios le da oportunidad a todo el mundo. Es por eso que somos muchos los que hemos sido rescatados de nuestras vidas de oscuridad (aunque no todos nos hemos mantenido en su camino… Lastimosamente.). 

También es por eso que la oportunidad sigue vigente para cada persona que escuche Su palabra, y es por eso que tú y yo, y cada uno de sus hijos, debemos cumplir con nuestro llamado de anunciar el evangelio. ¿Lo sabías? ¡Qué bueno! Ahora, ¿lo estás haciendo?

Y pero… (Podría decir alguien más), ¿y si aquel hombre no seguiría Su camino, por qué entonces no eligió a otro? 

Bueno, ¿quién dice que no? ¿Cómo podemos saberlo? Lo cierto es que él tuvo una oportunidad muy especial (en realidad, dos oportunidades, una para sanidad del cuerpo y otra para obtener una vida espiritual verdadera). ¡Cuán bueno es Dios!

Relación entre el pecado y la enfermedad

Es más que obvio que la enfermedad vino luego de la degradación del hombre, y gracias al pecado. Adán nunca se enfermó en el huerto. Esto es más que cierto. Sin embargo, lo que no podemos afirmar es que todas las enfermedades le llegan a las personas por haber cometido algún pecado determinado.

El ejemplo más claro de esto es el caso de Job (ver la historia bíblica). Entonces, ¿cómo podríamos afirmar que esto es así en otros casos? ¿Cómo podríamos juzgar a nuestros hermanos o a nosotros mismos? Eso no sería justo. Algo que todos compartimos es la tendencia a pecar y no por eso estamos enfermos todo el tiempo. ¿Cierto?

Lo que intentamos decir desde Gracia y Vida es que si bien hay enfermedades que pueden venir como consecuencias del pecado, no podemos estar juzgando a los enfermos por su enfermedad. No podríamos tener certezas al respecto. El único que pudiera afirmar algo así sería nuestro Señor.

Un caso ejemplificador

¿Quién pecó Señor, éste o sus padres? Le preguntaron Sus discípulos a Jesús al ver al ciego de nacimiento. ¿Conoces la historia? La puedes leer en Juan 9.1-6. La respuesta de nuestro Señor fue categórica: 

Ni este pecó, ni sus padres; sino que está ciego para que las obras de Dios se manifiesten en él (Juan 9.3)

En verdad no sabemos todos los planes de Dios y no sabemos para qué nos llegan las enfermedades, pero lo que nosotros debemos hacer es afirmarnos en Dios buscar oportunidades para glorificarle, aún, en medio de la enfermedad y de la prueba.

Recuerda a Pablo escribiendo desde la cárcel a fin de guiar y fortalecer a las iglesias. ¿Qué tenía él de especial sino su obediencia y su amor hacia aquel que lo llamó? Algo que tiene más que ver con la voluntad que con algún don especial.

Ahora, es claro que Dios le dio un ministerio especial, y claro que tuvo dones maravillosos, pero al igual que tú, él recibió un llamado y lo cumplió. ¿Cierto? Eso es lo que Dios espera de ti más allá de la prueba, enfermedad o dolor.

Nunca olvides que todo tiene un propósito, y que no conocerlo no nos excusa por perder oportunidades de servicio. ¿Y qué sobre padecer dificultades o enfermedades? Eso tampoco nos excusa. En cada ocasión hay una oportunidad.

Por eso, ¿qué te está mostrando Dios, qué te está pidiendo? Es tiempo de servir a Dios y de entregarse por completo a Él, a pesar de lo que podamos estar viviendo. ¿No lo crees? Esperamos que puedas estar de acuerdo con nosotros.

Nota

  • Todas las citas bíblicas fueron tomadas con permiso de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2005 by The Lockman Foundation.

Juan 5.10-14 – Comienzo de la persecución de Jesús

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2 respuestas a «Juan 5.10-14 – Comienzo de la persecución de Jesús»

DIOS LE BENDIGA, SUS ESTUDIS SON MUY EDIFICADORES, PERO ME GUSTARIA PODER IMPRIMIRLO XQ A VECES ME CANSA LA VISTA LA COMPUTADORA, NO SE SI MANDAN LOS ESTUDIOS POR CORREO, O ES SOLO POR ESTA PAGINA.

Hola Argelis, qué gusto leer lo que nos escribe. Por favor fíjese que debajo del contenido publicado hay un título que dice: “comparte con quien quieras” y debajo del mismo hay íconos, el quinto de izquierda a derecha es una impresora. Al hacer clic en la misma usted puede imprimir la publicación. Dios le bendiga mucho!!

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