Juan 5.15-18 – Jesús se hace igual a Dios

Comentario Bíblico Devocional del Evangelio de Juan Capítulo 5, Versículos 15, 16, 17 y 18.

En estos versículos vemos el final de la historia del milagro del hombre paralítico en el estanque de Betsaida y el mensaje de Jesús a los líderes religiosos de la época: “Él era igual a Dios”.

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Comentario Bíblico Devocional del Evangelio de Juan

¡Muy bienvenidos a Gracia y Vida!

Te invitamos a analizar, estudiar y aplicar juntos la palabra de Dios a nuestras vidas. Hoy lo haremos a partir del comentario del texto bíblico de Juan 5.15-18, al cual hemos le hemos puesto por título: Jesús se hace igual a Dios.

En esta publicación continuaremos con nuestro análisis de lo sucedido en la historia de la sanidad del paralítico de Betsaida. La presente es ya la cuarta publicación en la que hemos ido tratando diferentes temas que se desprenden de esta historia.

En las publicaciones anteriores hemos visto:

Hoy veremos el final de la historia de Jesús y el paralítico, y comenzaremos a ver qué sucedió entre Jesús y los líderes judíos, a saber, cómo comenzó la persecución, qué exacerbó su odio hacia Él, el diálogo que tuvieron y también, cómo entendieron perfectamente lo que Jesús quería decirles acerca de Su deidad.

Por otro lado, más allá del estudio y del análisis del texto, lo que intentaremos hacer en esta porción de la Biblia es encontrar enseñanzas para nuestras vidas, y ver cómo aplicarlas para nuestro propio crecimiento espiritual

Te invitamos a continuar leyendo, pero antes, si te es posible, te animamos a orar y a buscar la ayuda del Espíritu Santo, para que sea Él quien te hablé mucho más que cualquiera de las palabras que leas en este estudio de la Biblia.

Índice

Texto bíblico: Juan 5.15‭-‬18

15 El hombre se fue, y dijo a los judíos que Jesús era el que lo había sanado. 16 A causa de esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en el día de reposo. 

17 Pero Jesús les respondió: «Hasta ahora Mi Padre trabaja, y Yo también trabajo». 18 Entonces, por esta causa, los judíos aún más procuraban matar a Jesús, porque no solo violaba el día de reposo, sino que también llamaba a Dios Su propio Padre, haciéndose igual a Dios.

Introducción

Ya hemos estudiado muchas partes de esta gran historia, y lo que haremos ahora es ver qué repercusiones se generaron luego del gran milagro, al mismo tiempo que analizaremos un poco el mensaje de este Evangelio y el propósito de Juan al escribirlo.

Antes de comenzar, es importante notar que los líderes religiosos crearon muchas reglas a fin de intentar no transgredir la ley de Dios. Esas reglas les eran impuestas al pueblo y las autoridades velaban para que las mismas se cumplieran.

Ellos eran muy estrictos al respecto y mantenían todo, y a todos, bajo su control. Eso fue lo que los motivó a detener al hombre que llevaba su camilla el día sábado, y más aún, lo que los llevó a encontrar en Jesús a un enemigo a quién debían doblegar.

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Esto es algo que ellos venían haciendo sin ningún problema hasta este momento. Ya lo habían hecho en otros tantos casos, y por muchísimos años antes de este acontecimiento (antes de encontrarse con Jesús).

Sin embargo, el testimonio, los actos milagrosos de nuestro Señor y su autoridad, que pronto fue bien reconocida por buena parte del pueblo, hicieron que este caso les resultara mucho más complicado que cualquiera de los anteriores.

Esta historia nos muestra cómo inició el conflicto entre estos líderes religiosos y Jesús, algo que también podemos observar en los otros evangelios, pero sin embargo, en los demás no podemos identificar cuál fue el punto inicial. 

Esta es una de las tantas perlas que nos regala el apóstol Juan, el autor de este Evangelio. Comencemos el análisis de estos textos y veamos qué tienen para enseñarnos.

Comentario

Versículo 15:

El hombre se fue, y dijo a los judíos que Jesús era el que lo había sanado.

Estudio del texto y del contexto

Al analizar el contexto del milagro (en la publicación anterior) dijimos que, al ver a una persona llevando su camilla en un día de reposo (sábado – V10), los judíos lo detuvieron para ponerlo al tanto de su situación, estaba transgrediendo la ley y desestimando la autoridad de los líderes religiosos, algo que nadie se atrevía a hacer en aquel tiempo.

Por otro lado, ni las autoridades judías, ni tampoco el que había sido sanado, sabían quién era aquel que había realizado el milagro (versículo 13 – “V13”), algo que en su momento, al analizar este versículo, nos llevó a sugerir que este era uno de los primeros milagros públicos de Jesús en Jerusalén

Por ende, fue recién luego de su encuentro con Jesús en el Templo (V14), el que había sido paralítico por más de 38 años (V5) pudo saber quién había sido su sanador. Recién en dicho momento lo pudo identificar, pero…, ¿tenía la necesidad de  “acusarlo” frente a las autoridades? ¿Por qué lo haría?

Por qué el sanado acusó a su sanador

En su comentario, Barclay afirma lo siguiente: “la ley rabínica decía literalmente: « Si uno

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transporta cualquier cosa de un lugar público a una casa privada intencionadamente en sábado, será muerto a pedradas.»” (Comentario Bíblico al Nuevo Testamento – Tomo 5 – Página 81 – WILLIAM BARCLAY).

Siendo este el caso, este erudito bíblico afirma que lo que buscaba esta persona era escapar de la muerte por transgredir las reglas religiosas del sábado. Sin embargo, la verdad es que no sabemos a ciencia cierta qué lo motivó a hacerlo, algo que nos podría llevar a tomar algunas otras hipótesis como posibles. Consideremos lo siguiente:

El mensaje de Jesús hacia él estando en el Templo tal vez pudiera mostrarnos algo sobre la personalidad de tal hombre. Jesús no sólo reveló algo de su pasado con su advertencia, sino que la misma, de cara hacia el futuro, posiblemente podría darnos un atisbo sobre a qué clase de vida podría volver dicho hombre.

Leamos lo que Jesús le dijo:

(…) «Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te suceda algo peor» (Juan 5.14)

Esta advertencia fue más allá de lo que podían decir las creencias populares del momento entre la relación del pecado con las enfermedades. Dicho de otro modo, el pueblo creía que los pecados eran castigados por Dios a través de distintas enfermedades.

Sin embargo Jesús, quien contaba con la omnisciencia divina, de seguro no se dejó influenciar por dichas creencias populares, sino más bien por un conocimiento acabado del caso. Por ende, la advertencia era real y con buen tino, posiblemente ante un hombre que no tenía un corazón dispuesto a llevar una buena vida.

Pero entonces, ¿cómo podemos saber qué lo motivó a hacer semejante cosa? ¿Por qué fue de inmediato a acusar a Jesús? Lamentablemente debemos decir que en verdad no lo sabemos. Nos es posible, siguiendo el texto, llegar a una conclusión definitiva sobre el tema

Pero más allá de nuestra incertidumbre al respecto, lo que sí podemos asegurar es que Jesús le dio una gran oportunidad a dicho hombre. Lo eligió entre muchos para realizar en él un milagro, y aún a pesar de su pasado, y de su posible futuro de pecado, de igual manera Jesús le dio esta maravillosa oportunidad. ¡Cuán grande es el amor de Dios!

Qué aprendemos de todo esto

Esto nos demuestra que Dios ama a todo ser humano y que su amor va más allá de lo cualquiera de nosotros haya hecho en el pasado. Y aunque sea verdad no hay quien merezca Su favor (“no hay justo ni aún uno” – Romanos 3.10), aún así, el amor de Dios se derrama para tocarnos a todos.

Esto tal vez pudiera llevarnos a pensar en cuán grande ha sido la misericordia de Dios para con nosotros y cuán agradecidos deberíamos estar. Tal vez pudiéramos considerar la acción de ese hombre y contrastar su acción con las nuestras, no para juzgar, sino para revisar nuestra propia situación frente a Dios.

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Aquel hombre fue a denunciar a su sanador ni bien tuvo oportunidad; el texto no nos lo muestra siguiendo a Jesús, ni mostrándose agradecido, sino que sólo vemos el milagro, la advertencia y la denuncia. Entonces, ¿cómo es en nuestro caso? Después de recibir el perdón y la bendición de Dios, ¿cómo obramos cada día? ¿En verdad sentimos agradecimiento?

Esperamos que puedas ser esa mujer, ese hombre que ama a Dios y que se entrega incondicionalmente a Él, que sabe de qué fue rescatada/o, que lo busca constantemente y que lo sirve con gratitud y amor. Eso es lo que Dios espera de cada uno de nosotros. Él nos ha dado una oportunidad y nosotros debemos decidir. Por ende:

¿Qué has decidido tú? ¿Estás segura, seguro de que es así? Parada/o frente a Dios, ¿es eso lo que Él ve en ti? Esperamos que así sea, que Dios te bendiga, te de discernimiento, te guíe según su voluntad y te fortalezca para poder vivir cada día en sus caminos, en el nombre de Jesús, rogamos esto para tu vida, amén.

Volviendo al texto:

Versículo 16:

A causa de esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en el día de reposo.

Aquí vemos la consecuencia de lo sucedido luego del milagro. Jesús sanó un día Sábado, Él sabía que esto sería mal visto por los líderes religiosos, pero aún así no lo tomó en cuenta, las autoridades reaccionaron como era de esperarse. Y todo esto motivó la persecución. Ahora… Al considerar todo esto tal vez nos preguntemos: 

¿Por qué Jesús obró de esta manera ese día específico? ¿No podría haberlo hecho otro día? ¿Por qué exponerse tan abiertamente? Pensemos juntos:

Es claro que Jesús podía amoldarse a la multitud de normas confeccionadas y resguardadas por las autoridades religiosas. Lo había hecho durante toda su vida hasta que comenzó con su ministerio, sin embargo, no era eso lo que Él quería enseñar. Su ministerio traería nuevas enseñanzas a la vida de su pueblo.

Respetar las reglas religiosas podía ser bueno para el pueblo, sí, pero era todavía más importante entender el espíritu de la LEY de Dios y no, únicamente, la letra de la misma. Esto era algo que ni siquiera los religiosos lograban a hacer. Entonces, ¿tú qué piensas?

¿Era más importante respetar el día de reposo o sacar de la miseria a un hombre que desde hacía tantos años que sufría? ¿La regla ciega o la misericordia activa? ¿Qué era más valioso ante los ojos de Dios? Repasemos qué sucedió nuevamente:

Jesús pasaba por allí, la oportunidad se presentó, el hombre lo necesitaba y Jesús actuó. Más que simple. La misericordia y el amor puestos en acción eran más importantes que cualquier regla impuesta por hombres. Eso era lo que Jesús estaba mostrando, lo que quería que sus discípulos y seguidores aprendieran. Entonces:

Era bueno seguir reglas, sí, pero era mejor actuar en amor.

Eran este tipo de cosas las que debían ser corregidas. El pueblo de Dios había pasado demasiados años esforzándose por cumplir la letra de la Ley y las reglamentaciones de los hombres, pero era hora de comenzar a regirse por el espíritu de la Ley, por lo que en verdad quería Dios.

Por eso tantas nuevas enseñanzas de Jesús en este sentido. Ellos debían entender que un sistema, por más rígido y bien intencionado que fuera, no bastaba para agradar a Dios. Las reglas, las doctrinas humanas, la religiosidad, el ritualismo, todas estas son cosas que pudieran ayudarnos a buscar a Dios, pero en verdad Él espera aún más de nosotros.

Te invitamos a leer algunos otros textos que hablan sobre esto mismo, en este caso también  referidos a la ley del sábado, pero que nos ayudan para poder entender mejor el propósito más amplio de Jesús. Si te es posible lee especialmente Mateo 12.1-8, pero también Mateo 12.9-13; Lucas 13.10-17 y Lucas 14.1-6. ¿Lo ves más claramente ahora?

La idea de Jesús no era confrontar, sino enseñar. No había otra forma de hacerlo, este tipo de hechos llamaban la atención y llevaban a las personas a pensar en lo que Dios quería, y no tan solo a seguir reglas en forma metódica y mecánica. Lo que debían preguntarse era: ¿Qué esperaba Él de ellos? Esa era la respuesta a la que debían hallar.

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Estaba llegando la hora de regirse, ya no más por letra muerta, sino por lo que el Espíritu les iba a mostrar (por favor, lee el texto de Juan 4.23-24). Jesús estaba preparando ese camino. Pero ellos debían comenzar a notar, a ver la diferencia. Por eso el milagro adrede en ese día. Ellos necesitaban abrir los ojos y Jesús los estaba ayudando.

Yendo un poco más allá del contexto

Lo último que te invitamos a considerar sobre este versículo es lo siguiente, si bien Juan comenzó por narrar la historia de la sanidad del hombre paralítico, y este texto está dentro de dicho contexto, Juan nos dice que los líderes judíos “perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en el día de reposo”. 

Haciendo esto Juan abre la mirada del lector de este Evangelio y le hace notar que, el del contexto, no fue el único incidente que llevó a los fariseos y demás religiosos a perseguir a Jesús, sino que hubieron otras muchas circunstancias, y acciones de Su parte, que los llevaron a perseguirlo.

En los próximos versículos, sin contarnos ni cómo, ni cuándo sucedió el encuentro, y ni siquiera cómo se originó la conversación entre ellos, Juan nos permite ver qué les dijo Jesús a estos hombres que lo estaban persiguiendo por hacer este tipo de cosas. Leamos el siguiente versículo:

Versículo 17:

Pero Jesús les respondió: «Hasta ahora Mi Padre trabaja, y Yo también trabajo». 

Esta declaración es impactante. ¿Entiendes a qué apunta Jesús? Ellos argumentaron que el día sábado era para descansar, pero Él les respondió que el Padre trabajaba hasta ahora y que por lo tanto, Él también lo hacía. Entonces, según su razonamiento, si el Padre continuaba trabajando, ¿por qué no lo haría Jesús?

Ahora, Dios dio esa ley para los hombres, pero sin embargo, Él no estaba obligado a respetarla. Si bien la había dictado para el beneficio de las personas, Él mismo no necesitaba tener descanso de Sus obras. Dios continuaba (y continúa hoy mismo) trabajando en la vida de las personas, obrando a su favor, llevándolas al arrepentimiento y guiando sus caminos.

Los humanos somos los que necesitamos descanso luego de la degradación de nuestros cuerpos después del pecado, y además, y no menos importante, un día para adorar a Dios dejando todo quehacer de lado; pero Él no lo necesita. La razón para tal ley, la meta de la misma era cuidarnos y ayudarnos. Dios pensó, y piensa, en cada una de nuestras necesidades. ¿Lo habías notado?

Imagen de Juan 5.15-18 - Jesús se hace igual a Dios

¿Cuál era el problema?

¿Qué veían los judíos? Ellos tenían la Ley que Dios les había dado y entendían que debían respetarla. Todos debían hacerlo y eso los llevaba a ser tan obsesivos. Debían cumplirla para no volver a transgredir la voluntad de Dios, para no recibir su ira, su castigo. 

Cuando en el pasado se dieron el lujo de no observarla, Dios permitió su deportación, su degradación como nación, el ser subyugados por otros reinos. Eso no podía volver a sucederles y por eso tantas reglas alrededor de la Ley y tanto fanatismo por obedecerlas.

El problema es que aquí había alguien quien “supuestamente” venía, o decía venir de Dios, pero que al mismo tiempo quebrantaba Sus Leyes. Esto visto desde la perspectiva de ellos, claro está. Siendo ese el caso, ¿cómo entonces podían entender que en verdad venía de Dios? 

Esta disyuntiva era algo que dejaba perplejos a muchos hombres verdaderamente piadosos (que en verdad buscaban a Dios y le querían obedecer). Un muy buen ejemplo es el de Nicodemo, ya visto en el capítulo 3 de este mismo evangelio.

Los milagros eran claros, las enseñanzas maravillosas, tanto que muchos se preguntaban de dónde salía tal conocimiento y cómo tenía tanta autoridad, pero al mismo tiempo no seguía todas las reglas que ellos suponían correctas.

Esto los llevó a confrontarlo muchas veces, y a los más honestos, a buscar indagar si en verdad venía de Dios. Claro está que a muchos otros, lo único que les interesaba era continuar con su vida tal cual era, seguir con su privilegios, respeto y autoridad.

Pero en este texto Juan nos muestra algo más grande aún, algo con lo que ellos no esperaban encontrarse. Jesús afirmaba ser Hijo de Dios y por lo tanto se hacía a sí mismo igual a Él. Analicemos un poco esto:

Jesús se hace igual a Dios

Normalmente Jesús trataba de enseñar, de hacer señales y milagros a fin de ayudar a los necesitados, pero sin confrontar demasiado con los líderes religiosos de la época (sin embargo, y a pesar de eso, leemos en muchos pasajes que él no se quedó callado frente a la hipocresía de los mismos, podemos leer esto, por ejemplo en Mateo 23).

En este versículo 17 lo que vemos es el inicio del corazón del mensaje de Jesús a las autoridades judías, algo que posiblemente sea una recopilación de todo lo dicho por Él en muchos encuentros y algo que Juan ha juntado y compilado aquí para nosotros, y que finaliza en el versículo 47 al final de este capítulo.

Lo primero que vemos entonces es el claro mensaje de Jesús respecto de su relación con Dios el Padre. Jesús se hacía igual a Dios por decir que Él era Su propio Padre. Al decir el Padre mío utilizó la palabra “μου” (un pronombre personal posesivo), es decir: “mi propio Padre”. 

Algo que nadie se atrevería a decir, a menos que quisiera ponerse en una posición de supremacía frente al resto. Y por supuesto, decir algo por el estilo sería inmediatamente considerado como una blasfemia imperdonable ante los ojos de los religiosos de la época.

Al decirlo, Jesús expresó que no era igual al resto. Que Él tenía una relación muy diferente a la del resto para con el Padre, y ese era un mensaje absolutamente claro para los judíos. Uno que constituía, como ya dijimos, la más pura blasfemia, o que implicaba la presencia del mismísimo Hijo de Dios encarnado frente a ellos.

Lamentablemente, como ya todos sabemos, se inclinaron por considerar como válida la primer opción, lo que los llevó a tomar la siguiente posición frente a Jesús:

Versículo 18: 

Entonces, por esta causa, los judíos aún más procuraban matar a Jesús, porque no solo violaba el día de reposo, sino que también llamaba a Dios Su propio Padre, haciéndose igual a Dios.

Breve análisis del texto y un poco más

En este versículo vemos que de la nada Juan nos habla sobre la decisión de los judíos (cuando habla de ellos, no habla del pueblo todo, sino de los líderes religiosos). Juan dice: “los judíos aún más procuraban matar a Jesús”, pero… 

¿En qué momento antes nos dijo que intentaban hacerlo, y que ya habían tomado la decisión? Si no lo mencionó antes, ¿cómo entonces dice: “procuraban aún más matar a Jesús”?

Es aquí donde debemos volver a considerar lo hablado en nuestra introducción a este Evangelio, en donde decíamos que el último de los Evangelios en ser escrito fue el de Juan, y que él les escribió a cristianos que de seguro ya habían oído y/o, tal vez, leído alguno de los llamados sinópticos (Mateo, Marcos, Lucas). 

Lo que aquí vemos es que Juan, quien normalmente escribe sobre sucesos y/o eventos y los describe con una buena cantidad de detalles, en ciertas circunstancias también lo hace de esta manera, como en el presente versículo, dando por sabido algo que nunca antes nombró, y sin dedicar tiempo para explicar nada a sus lectores.

Los receptores de este evangelio sabían desde antes que los líderes querían asesinarlo y que obviamente lo habían logrado. Por eso es que Juan puede pasar de un tema a otro de manera tan súbita. ¿Te habías dado cuenta de este detalle? Te contamos algo más para que puedas seguir conociendo y diferenciando este Evangelio del resto:

Juan se dedica a complementar lo que los demás evangelistas narraron, mostrándonos otra mirada sobre algunos eventos y contando muchos detalles e historias que el resto no tuvo en cuenta, como por ejemplo, la de Nicodemo (Cap. 3), la de la Samaritana (Cap. 4), y ahora, la del milagro del hombre lisiado de Betsaida (Cap. 5).

La deidad de Jesucristo

Tanto al leer este versículo como el resto de los que siguen, es más que importante entender cuál es el concepto que Juan quería enfatizar sobre Jesús. Juan, en casi cada capítulo de su Evangelio, enfatiza y remarca la deidad de Cristo. Esto es un distintivo de este Evangelio.

Debemos notar aquí, tanto en el versículo 18, como incluso en el anterior (V17), que Juan da por conocido este concepto, pero además, que él nos muestra no solo que Jesús lo enseñó, sino que los judíos recibieron este mismo mensaje, y que lo entendieron plenamente (más allá del hecho de que la mayoría no lo aceptó). 

Entonces, más allá de todo, lo que Juan quiere que entendamos es que:

Jesús dijo claramente de sí mismo que Él era el Hijo de Dios, haciéndose igual a Dios.

Por nuestra parte ya hemos hablado en otros muchos lugares sobre la deidad de Jesúcristo, pero de seguro lo seguiremos haciendo al estudiar los próximos versículos en las siguientes publicaciones, las cuales te invitamos a leer.

Conclusión

Aquí terminamos con la historia bíblica de la sanidad del paralítico de Betesda. Hemos hablado mucho sobre el mismo, según lo que nos muestra el texto bíblico, y también hemos hecho algunas hipótesis con la intención de intentar entender mejor el texto y contexto.

Ya al final de la historia hemos quedado con un sabor no tan dulce como que esperaríamos, no pudiendo asegurar que el mismo siguiera a Jesús después de recibir semejante regalo, algo que nos llama a considerar que no todo nuestro trabajo en el Reino de los Cielos nos dará gozo o satisfacción. Si no fue así con Jesús y no podemos esperarlo nosotros.

Por otro lado, al tratar los últimos versículos (V17 y 18) comenzamos a ver una parte de la teología enseñada por Jesús. En ellos vimos qué les enseñaba a los líderes religiosos respecto de su deidad. 

Al continuar con el estudio de los versículos que siguen iremos aprendiendo mucho más sobre quién es nuestro Señor Jesús, sobre su mensaje, sobre lo que sucederá en el futuro y sobre cuál será su papel en el mismo.

Por ahora nos despedimos aquí en esta publicación, pero a continuación te dejamos links para que puedas continuar con el estudio de este precioso Evangelio. Anhelamos que Dios te hable a través del mismo y que llegues a conocer cada día más sobre aquel que nos regaló la vida eterna que con tanta fe esperamos.

Si gustas escribirnos, dejar algún comentario o comunicarte con nosotros, con gusto esperamos leer tus líneas. Puedes hacerlo desde la caja de comentarios. ¡Dios te bendiga mucho!

Nota

  • Todas las citas bíblicas fueron tomadas con permiso de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2005 by The Lockman Foundation.
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