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Comentario bíblico del Evangelio de Juan

Juan 3.31-34 – El que procede del cielo está sobre todos

Juan 3.31-34 – El que procede del cielo está sobre todos

Bienvenidos a este estudio de la palabra de Dios. En la misma leeremos, analizaremos e intentaremos aplicar las enseñanzas de Juan 3.31-34 a nuestras vidas.

Introducción al estudio de los versículos 31 a 34

En los estudios anteriores hemos visto las palabras de Juan el bautista a sus discípulos en un contexto en el que estos últimos se preguntaban por qué Juan no hacía nada al ver que Jesús prosperaba en Su ministerio y que, como resultado de esto, Él y sus discípulos recibían a más personas que Juan para ser bautizadas.

Hemos venido analizando todo el contexto previo en estas publicaciones:

Y hoy nos toca continuar con algunos de los últimos versículos del capítulo tres, los cuales hemos dividido para que el estudio no resulte tan largo, en vista de que hay muchas consideraciones teológicas en las cuales deberemos hacer foco e intentaremos explicar de la manera más sencilla que nos sea posible.

Lo que veremos hoy es la explicación del apóstol Juan acerca de esta controversia entre Juan el bautista y sus discípulos, quienes habían ido a su maestro con las esperanzas de que éste tomara algún curso de acción frente a lo acontecido con Jesús.

Sin embargo su maestro, lejos de hacer lo que aquellos esperaban, continuó mostrándoles que Jesús era el Mesías, y que por lo tanto, Su ministerio debía crecer, mientras que el de ellos tenía que menguar (lo que efectivamente sucedió. La siguiente mención de Juan el Bautista, la hallaremos, ya no en este evangelio, sino en los sinópticos en donde lo encontraremos ya encarcelado).

Entonces, para resumir:

Lo que veremos en estos versículos es cómo el apóstol aprovecha las palabras del bautista para establecer una clara diferencia entre el Señor, quien procedía de arriba, y Juan el Bautista quien era terrenal.

A continuación te dejamos un índice para que puedas leer este estudio según lo creas conveniente, aunque si fuera posible, te recomendamos que lo hagas de inicio a fin, para que puedas comprender mejor cada detalle explicado en el estudio.

Juan 3.31-34 – El que procede del cielo está sobre todos

Texto Bíblico: Juan 3.31-34

31 »El que procede de arriba está por encima de todos; el que es de la tierra, procede de la tierra y de la tierra habla. El que procede del cielo está sobre todos. 32 Lo que Él ha visto y oído, de eso da testimonio; y nadie recibe Su testimonio. 33 El que ha recibido Su testimonio ha certificado esto: que Dios es veraz. 34 Porque Aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, pues Él da el Espíritu sin medida.

Juan 3.31-34 – NBLA

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Aclaración contextual sobre Juan 3:31–36

Antes de abordar los versículos que nos ocupan, es necesario hacer una aclaración importante. Aunque Juan 3:31–36 sigue inmediatamente a las palabras de Juan el Bautista, es muy probable que estos versículos ya no correspondan a sus palabras, sino al comentario del propio autor del Evangelio.

El apóstol Juan, en distintas ocasiones, incorpora reflexiones propias dentro del relato sin marcar explícitamente un cambio de voz. Esto hace que, en algunos pasajes, no sea sencillo determinar con certeza si quien habla es un personaje del relato o el evangelista mismo.

En este caso particular, las diferencias en el contenido, el vocabulario y el énfasis teológico permiten distinguir con mayor claridad dos secciones: los versículos 22–30, que corresponden al testimonio de Juan el Bautista, y los versículos 31–36, que entendemos como una reflexión teológica del apóstol Juan.

Debe señalarse, sin embargo, que algunos intérpretes consideran que también los versículos 31–36 pertenecen a las palabras del Bautista, y no hacen esta distinción. Más allá de esta diferencia interpretativa, lo cierto es que estos versículos forman parte del texto inspirado y contienen un mensaje profundo y relevante para la fe cristiana.

Con esta aclaración hecha, avancemos ahora a considerar qué nos enseñan estos textos.

El texto bíblico dice:

«El que procede de arriba está por encima de todos; el que es de la tierra, procede de la tierra y de la tierra habla. El que procede del cielo está sobre todos».

Consideremos cada parte del mismo:

El que procede de arriba está por encima de todos

Ya hemos notado que uno de los propósitos del apóstol Juan al escribir este evangelio, era hacer notar una clara distinción entre nuestro Señor Jesús y Juan el Bautista (este tema lo hemos tratado en varias oportunidades desde el mismo capítulo 1 y hasta este capítulo 3 – Ver por ejemplo el comentario de Juan 1.6-8).

En las ocasiones anteriores hemos dicho, entre otras cosas, que la doctrina de los seguidores de Juan el bautista seguía firme para el tiempo en que el apóstol escribió su Evangelio (100 d.C.), y por lo tanto, el apóstol quería poner en claro su papel secundario en comparación con el que desempeñó nuestro Salvador Jesucristo.

Las palabras y la enseñanza del Bautista a sus seguidores, quien se llamó a sí mismo “el amigo del novio”, le dieron oportunidad al apóstol, para decir que: “El que procede de arriba está por encima de todos”, y que por tanto, la autoridad de Jesucristo estaba por sobre la que había tenido el profeta Juan (el bautista).

Jesús no solo provenía de arriba, de los cielos, como Él mismo había dicho (Juan 3.13; 6.38), sino que tenía una autoridad y una posición muy superior a la de Juan el Bautista en el reino de Dios; por eso es que está por encima de todos. En contraste con Jesús, Juan solo era una persona procedente de la tierra y por lo tanto el apóstol dice que:

El que es de la tierra, procede de la tierra y de la tierra habla

El entendimiento y el conocimiento de Juan no eran comparables a los de Jesús, el primero solo podía hablar de cosas terrenas y enseñar lo que le había sido revelado por Dios en visiones o a través de alguna voz audible; pero a diferencia de él, Jesús podía hablar y enseñar cosas espirituales (además de las terrenales). 

Veamos por ejemplo sus palabras a Nicodemo:

11 En verdad te digo que hablamos lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no reciben nuestro testimonio. 12 Si les he hablado de las cosas terrenales, y no creen, ¿Cómo creerán si les hablo de las celestiales? 13 Nadie ha subido al cielo, sino Aquel que bajó del cielo, es decir, el Hijo del Hombre que está en el cielo.

Juan 3.11-13 (puedes ver el comentario de Juan 3.11-13 en el link).

Por ende, era evidente el contraste entre ambos. El bautista les pedía a sus oyentes que se arrepientan de los pecados, los bautizaba, les decía que el reino de los cielos se había acercado, que él solo había venido a preparar el camino del Mesías, y también ayudaba a las personas a prepararse para entrar al Reino (ver por ejemplo Lucas 3.1-20). 

Pero Jesús era quien describía al reino de los cielos, les hablaba de Su padre (Juan 5.17), del juicio de la humanidad (Juan 5.22), del hogar de su Padre (Juan 14.2), etc. etc. Y  además, también les hablaba sobre Su deidad (algo que Juan jamás podría haber hecho), ver por ejemplo Juan 10.30, 38; 12.45; 14.7-10 y 16.15

Por todo esto es que el apóstol Juan les aseguraba que:

El que procede del cielo está sobre todos

¿No acaso lógica su postura? A estas alturas el apóstol Juan ya había dejado todo más que planteado. Y por lo tanto, los seguidores del bautista, que lograran acceder a este evangelio, ya no podían seguir pensando que ambos eran profetas con la misma autoridad. 

Y es más, con referencia a Jesús, el mismo bautista había dicho que no era digno de desatar las correas de su calzado (Juan 1.27) y que Él era el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1.29), algo que nunca dijo de sí mismo. 

Es más, Jesús decía de sí mismo algo que a Juan jamás se le hubiera ocurrido decir: “que todos debían honrarle tanto como honran al Padre”. Podemos ver esto en el siguiente texto:

Para que todos honren al Hijo así como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que lo envió.

Juan 5.23 – NBLA

Por lo tanto, era hora de que los seguidores de Juan, y todos los que no lo habían hecho hasta el momento, entendieran lo que el Padre pretendía: Que todo el mundo reconozca a Jesús como el Salvador y Señor de sus vidas. 

Por tanto, quienes leyeran este Evangelio estaban obligados a tomar una decisión. Una decisión que tú también deberías tomar. ¿Lo has hecho? ¿Has decidido tú por Cristo? ¿Lo tomarás por tu Señor y Salvador? Este es un buen momento para hacerlo.

Nos gustaría ahora poner a tu consideración un texto más, el cual también está en conformidad tanto con la declaración de Juan como con las palabras de Jesús:

El apóstol Pablo (hablando sobre el poder de Dios) dijo:

20 Ese poder obró en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos y lo sentó a Su diestra en los lugares celestiales, 21 muy por encima de todo principado, autoridad, poder, dominio y de todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo sino también en el venidero. 22 Y todo lo sometió bajo Sus pies, y a Él lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, 23 la cual es Su cuerpo, la plenitud de Aquel que lo llena todo en todo.

Efesios 1.20-23 – NBLA

Esto nos muestra que este concepto estaba más que claro para todos los apóstoles y para quienes estuvieron en la presencia de Jesús. Anhelamos que así también sea para cada uno de nosotros. ¿Lo es? Si lo es para ti, seguramente podrás decir con nosotros que:

Jesús es el Hijo de Dios y nadie más puede ponerse a la par de Él

A pesar de lo aquí expuesto, también sabemos que siguen habiendo, aún en el día de hoy, quienes pretenden llamarle “profeta”, y así lo toman, como si fuera otro profeta más de entre tantos… A los tales, que Dios les abra el entendimiento y les manifieste Su verdad.

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El texto bíblico dice:

Lo que Él ha visto y oído, de eso da testimonio; y nadie recibe Su testimonio.

Lo que Él ha visto y oído, de eso da testimonio

Jesús hablaba sobre lo que había visto con sus propios ojos, y por ende no necesitó que nadie le revelara nada. Eso le permitía enseñar con mayor autoridad que cualquier otra persona. Además esta autoridad le había sido delegada por Su Padre cuando todavía estaba en los cielos y mientras estuvo en Su presencia (Ver Juan 1.18; 8.40; 15.15). 

Recordemos que Jesús dijo:

19 «En verdad les digo que el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que hace el Padre, eso también hace el Hijo de igual manera. 20 Pues el Padre ama al Hijo, y le muestra todo lo que Él mismo hace; y obras mayores que estas le mostrará, para que ustedes se queden asombrados.

Juan 5.19-20 – NBLA

Por ende, todo lo que enseñó e hizo Jesús fue lo que vio y escuchó de Su Padre. Y eso debería haber sido suficiente para que todo el mundo pueda creer en sus palabras, pero sin embargo, Juan nos dice algo que nosotros también podemos observar en nuestro tiempo, que muchos rechazan a Dios y no le dan importancia al mensaje de salvación.

Juan lo expresó del siguiente modo:

Nadie recibe Su testimonio

¿Será que Juan estaba triste en ese momento? ¿Habrá habido frustración en su corazón por comunicar con tanto amor el evangelio y ver que no muchos lo aceptaban? Evidentemente la palabra “nadie” abarca a todos los que rechazaron el evangelio, pero gracias a Dios que no han sido todos (de ser así el evangelio no haubiera llegado a nosotros). 

Volviendo a las palabras del apóstol Juan, notemos que ya en otro lado había escrito algo similar (hablando sobre Jesucristo dijo):

10 Él estaba en el mundo, y el mundo fue hecho por medio de Él, y el mundo no lo conoció. 11 A lo Suyo vino, y los Suyos no lo recibieron.

Juan 1.10-11 – LBLA (Si quieres puedes ver el comentario de estos versículos en el siguiente link).

Lo peor de todo es que ya Juan (el bautista) había dado testimonio previamente sobre Jesús diciendo que estaba a punto de venir, pero cuando vino, no fue reconocido como tal por la mayor parte del pueblo, y menos por parte de quienes más deberían haber reconocido en Él al Mesías anunciado (nos referimos a los representantes de la religión judía).

Leamos sólo dos versículos que resumen el testimonio de Juan el Bautista: 

33 Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar en agua me dijo: “Aquel sobre quien veas al Espíritu descender y posarse sobre Él, Este es el que bautiza en el Espíritu Santo”. 34 Y yo lo he visto y he dado testimonio de que Éste es el Hijo de Dios».

Juan 1.33-34 – NBLA

Es por esto mismo que Jesús les dijo a los representantes de la religión judía:

36 »Pero el testimonio que Yo tengo es mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha dado para llevar a cabo, las mismas obras que Yo hago, dan testimonio de Mí, de que el Padre me ha enviado. 37 El Padre que me envió, Él ha dado testimonio de Mí. Pero ustedes no han oído jamás Su voz ni han visto Su apariencia.

Juan 5.36-37 – NBLA

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Sin embargo, y a pesar de que fueron muchos los que siguieron por estos pasos de incredulidad, también hubieron otros que sí creyeron. Probablemente es de ellos que Juan escribe lo siguiente:

El texto bíblico dice:

El que ha recibido Su testimonio ha certificado esto: que Dios es veraz.

Juan 3.31-34 - El que procede del cielo está sobre todos
Juan 3.31-34 – El que procede del cielo está sobre todos

El que ha recibido Su testimonio ha certificado esto: que Dios es veraz.

Testimonio de apóstoles y demás testigos

Los apóstoles y otros muchos testigos de la vida de Jesús recibieron Su testimonio y también ellos pudieron testificar sobre quién era Jesús. Para todos ellos Él era el cumplimiento de todas las promesas del Antiguo Testamento, era Emmanuel (Dios con nosotros) y la encarnación misma del amor del Padre.

Es esta certeza tan grande la que llevó a Juan, y a otros muchos, a salir por el mundo y testificar quién era su Señor. Es por eso que escribió tan hermosa introducción a su primera epístola, la cual no solo describía lo que él estaba haciendo, sino lo que tantos otros hacían en ese mismo tiempo: “Anunciar la verdad acerca del Verbo de Vida”. Leamos:

1 Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado y lo que han tocado nuestras manos, esto escribimos acerca del Verbo de vida. 2 Y la vida se manifestó. Nosotros la hemos visto, y damos testimonio y les anunciamos a ustedes la vida eterna que estaba con el Padre y se manifestó a nosotros. 3 Lo que hemos visto y oído les proclamamos también a ustedes.

1 Juan 1.1-3 – NBLA

Al ver a Jesús, su obra y sus enseñanzas, los apóstoles y demás testigos podían certificar que Dios había cumplido con todo lo prometido, y por lo tanto, que Dios es Veraz

Testimonio del Padre

Pero no solo ellos habían recibido y luego dado testimonio de Jesucristo, sino también Su Padre. Es por eso que Jesús dijo:

31 »Si Yo solo doy testimonio de Mí mismo, Mi testimonio no es verdadero. 32 Otro es el que da testimonio de Mí, y Yo sé que el testimonio que da de Mí es verdadero.  34 Pero el testimonio que Yo recibo no es de hombre;

Juan 5.31, 32 y 34 – NBLA

Y también:

36 »Pero el testimonio que Yo tengo es mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha dado para llevar a cabo, las mismas obras que Yo hago, dan testimonio de Mí, de que el Padre me ha enviado. 37 El Padre que me envió, Él ha dado testimonio de Mí.

Juan 5.36-37 – NBLA

Por tanto, no solamente las personas que estuvieron a su lado, sino también el Padre que lo envió; todos aceptaron el testimonio de Jesús, y todos ellos a su vez dieron testimonio de Él (Podemos ver el testimonio del Padre en el bautismo de Jesús y en el evento de la transfiguración – Mateo 3.17 y Mateo 17.5 respectivamente).

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El texto bíblico dice:

Porque Aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, pues Él da el Espíritu sin medida.

Este texto encierra conceptos teológicos sumamente importantes.

Porque Aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, pues Él da el Espíritu sin medida.

En este versículo Juan nos dice que:

  • Jesús fue enviado por Dios,
  • Que Él habló las palabras de Dios,
  • Que lo hizo por tener al Espíritu sin medida
  • Y también, y muy naturalmente, el apóstol menciona explícitamente al Espíritu Santo; nombrando en un sólo versículo a las tres personas de la Trinidad, algo que no es tan común en todo el texto bíblico.

Como los dos primeros puntos ya fueron abordados más arriba, no volveremos sobre ellos en este versículo. Te invitamos ahora a considerar los dos últimos.

Jesús tuvo al Espíritu Santo sin medida

La presencia del Espíritu

Ya en muchas ocasiones hemos mencionado la comunión que hay entre los miembros de la Trinidad. Obviamente esto es muy diferente a lo que cualquiera de nosotros pudiera vivir y/o experimentar. 

En cuanto a los seres humanos, la relación con el Espíritu tuvo un cambio fundamental después de Pentecostés (Hechos 2.1-13). En el Antiguo Testamento el Espíritu estaba por sobre las personas (salvo en pocas excepciones), pero luego de Pentecostés nosotros podemos experimentar la presencia del Espíritu Santo viviendo dentro nuestro.

Lo que Juan agrega en este texto es que Jesús mismo se valió de la ayuda del Espíritu Santo para poder hablar las palabras de Dios. Él ya nos había dicho que Jesús hablaba lo que había visto y oído, pero en este punto agrega algo que nos permite ver cómo trabaja la Trinidad a la hora de llevar adelante Su propósito.

Las palabras fueron del Padre, la ayuda necesaria vino del Espíritu, y quien transmitió el mensaje fue el Hijo. Los tres unidos por una misma causa, con un mismo mensaje, con el mismo propósito y amor. Los tres buscando juntos una misma cosa, que nosotros podamos conocer el camino al Padre y que obtengamos la vida eterna que Él nos tiene preparada.

La ayuda del Espíritu

A diferencia de lo que cualquier persona hubiera podido vivir en otro tiempo, Jesús no recibió una porción o una parte del Espíritu Santo (¿Recuerdas el texto de 2 Reyes 2.9 donde Eliseo le pedía una doble porción del Espíritu a Elías?). 

En este caso de ninguna manera fue así, Jesús tenía toda la ayuda, toda la presencia y todo el poder del Espíritu Santo a Su disposición. El mismo estaba con, para, y por Jesús en cada momento de Su ministerio. 

Esto es lo que entendemos sobre lo que Juan nos dice en este versículo ¿Estás de acuerdo con nosotros? 

Ahora, si pensamos en nuestra situación, tampoco nosotros tenemos al Espíritu por porciones, ¿Cierto? 

Y al mismo tiempo, también nosotros somos enviados por Dios para anunciar las buenas nuevas, por tanto, al igual que Jesús, nosotros somos ayudados por el Espíritu para cumplir con lo que nos ha sido encomendado.

Es por esto último que no tenemos excusa a la hora de anunciar el Evangelio. Tenemos el llamado de Dios, la orden de Jesús y la ayuda del Espíritu Santo. ¿Estás teniendo todo esto en cuenta? Esperamos que así sea.

La Trinidad

Este es un tema muy difícil de tratar, hay muchas consideraciones que hacer y muchas cosas a tener en cuenta para hablar sobre este tema; y aún así, cuando todos los argumentos son presentados, y cuando todo ha sido explicado, al final todo depende de la fe que tengas, porque en lo que respecta al entendimiento, es algo que excede cualquiera de nuestras mentes.

Dicho esto, quisiéramos que puedas notar que Juan nombra a las tres personas de la Trinidad en un solo texto, dando a entender que las tres personas obran al mismo tiempo y con el mismo objetivo, que cada una tiene su tarea y que cada una hace su parte en comunión con las otras.

Si bien Gracia y Vida no tiene ninguna sección que hable sobre Teología (y no sabemos si algún día la tendremos), hemos tratado muy brevemente el tema de la Trinidad, en relación con la salvación, en otro estudio (Si te interesa leer un poco sobre este tema te dejamos un link al estudio de 1 Pedro, en donde se ve muy brevemente: El papel de cada persona de la Trinidad en el plan de salvación).

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Reflexiones sobre Juan 3:31-34

Antes de terminar con esta publicación nos gustaría poner a tu disposición algunas reflexiones sobre lo que hemos leído para ver cómo incorporamos este texto a nuestras propias vidas, así que si estás de acuerdo, te invitamos a leer:

Nuestro propio testimonio acerca de jesús

El versículo 32 nos dice: “Lo que Él ha visto y oído, de eso da testimonio; y nadie recibe Su testimonio”. A diferencia de Jesús quien vio por sí mismo cosas espirituales en los cielos, y de los apóstoles y testigos que vieron con sus propios ojos a Jesús, nosotros solo hemos visto a Dios obrar mediante los ojos de la fe.

Sin embargo eso no quita que podamos dar testimonio de lo que Él hace cada día en nuestras vidas. A pesar de que no le veamos, sabemos que Él obra y hemos visto los resultados de Su intervención en nuestras propias vidas. ¿No es cierto? ¿Has podido hacerlo? 

Es interesante leer el siguiente texto del apóstol Juan:

El que cree en el Hijo de Dios tiene el testimonio en sí mismo. El que no cree a Dios, ha hecho a Dios mentiroso, porque no ha creído en el testimonio que Dios ha dado respecto a Su Hijo.

1 Juan 5.10 – NBLA

¿Qué significa tener el testimonio en nosotros mismos? Tal vez tenga múltiples significados, pero creemos que los más importantes son: “tener al Espíritu Santo en nuestras vidas”, y al mismo tiempo, “haber experimentado el obrar de Dios en nuestras vidas”.

Entonces, dado que ya tenemos el testimonio en nosotros, lo único que nos falta es poder dar ese testimonio a otros. Esto es lo que Dios espera de nosotros y para eso fuimos llamados (1 Pedro 2.9). Es tiempo de ser parte en la extensión del Reino. ¿Estás de acuerdo? ¿Qué tal si entonces ponemos manos a la obra?

La ayuda del Espíritu Santo

Hay muchas cosas más para aplicar a nuestras vidas que pudiéramos extraer de estos versículos, pero decidimos tocar éste como el último tema del comentario por una cuestión de acortar el volumen de texto (tememos que si escribimos demasiado, resulten muy pesados para los lectores y eso hace que muchas veces acortemos y resumamos mucho. Dios nos de Su sabiduría en este sentido, si puedes ora por nosotros).

El versículo 34 dice que Dios da el Espíritu Santo sin medida a aquel a quien Dios ha enviado. Obviamente está hablando de Su Hijo Jesucristo, pero también es cierto que nosotros tenemos el Espíritu Santo y que podemos beneficiarnos de su ayuda, de su fortaleza, de su guía, de su intercesión y de tantas otras cosas.

El Espíritu Santo verdaderamente hace muchas cosas en nuestras vidas y está presente en todo tiempo. Esto debería llevarnos a considerar que Dios no nos ha dejado solos con nuestro llamado, que nos ha dado la ayuda necesaria. El parákletos (una de las funciones del Espíritu Santo) es aquel que está siempre a nuestro lado para ayudarnos.

Eso debería darnos el incentivo necesario como para poder vivir nuestras vidas como el Padre nos ha pedido, y para cumplir con nuestros ministerios como Él nos lo demanda. Jesús nos dice que se espera de nosotros que demos mucho fruto (ver por favor Juan 15.1-10). 

Él ya hizo todo lo necesario como para que podamos, y además, el Espíritu nos ha sido dado sin medida. Por tanto, tomemos Su ayuda y hagamos lo que se nos ha encomendado. ¿Estás de acuerdo? ¿Lo estás haciendo? Esperamos que así sea.

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Ahora, por si quieres estudiar con mayor profundidad, te ofrecemos la siguiente herramienta:

Análisis gramatical del texto bíblico en el idioma original y su traducción

Texto griego – Juan 3:31–34 (NA28)

Juan 3:31
Ὁ ἄνωθεν ἐρχόμενος ἐπάνω πάντων ἐστίν· ὁ ὢν ἐκ τῆς γῆς ἐστὶν καὶ λαλεῖ τὰ ἐπὶ τῆς γῆς· ὁ ἐκ τοῦ οὐρανοῦ ἐρχόμενος ἐπάνω πάντων ἐστίν.

Juan 3:32
Ὃ ἴδεν καὶ ἤκουσεν ταῦτα μαρτυρεῖ, καὶ οὐδεὶς ἀποδέχεται τὴν μαρτυρίαν αὐτοῦ.

Juan 3:33
Ὃς ἀποδέχεται τὴν μαρτυρίαν αὐτοῦ ἐπικυροῖ ὅτι ὁ Θεὸς ἀληθής ἐστίν.

Juan 3:34
Ὅτι ὃν ἀπέστειλεν ὁ Θεὸς ταῦτα λαλεῖ ὁ Θεὸς· καὶ τὸ Πνεῦμα οὐκ ἔδωκεν αὐτῷ μέτρον.

Traducción interlineal palabra por palabra de Juan 3:31-34

Versículo 31

El
ἄνωθενde arriba
ἐρχόμενοςque viene
ἐπάνωsobre
πάντωνtodos
ἐστίν·está;
el
ὢνque es
ἐκde
τῆςla
γῆςtierra
ἐκde
τῆςla
γῆςtierra
ἐστίνes
καὶy
ἐκde
τῆςla
γῆςtierra
λαλεῖ·habla;
el
ἐκde
τοῦel
οὐρανοῦcielo
ἐρχόμενοςque viene
ἐπάνωsobre
πάντωνtodos
ἐστίν.está.

Versículo 32


lo que
ἑώρακεν
ha visto
καὶ
y
ἤκουσεν
oyó
τοῦτο
esto
μαρτυρεῖ
testifica
καὶ
y
τὴν
el
μαρτυρίαν
testimonio
αὐτοῦ
suyo
οὐδεὶς
nadie
λαμβάνει.
recibe.

Versículo 33


el
λαβὼν
que recibió
αὐτοῦ
su
τὴν
el
μαρτυρίαν
testimonio
ἐσφράγισεν
certificó
ὅτι
que

el
Θεὸς
Dios
ἀληθής
es veraz
ἐστιν.
es.

Versículo 34

ὃν
a quien
γὰρ
pues
ἀπέστειλεν
envió

el
Θεός
Dios
τὰ
las
ῥήματα
palabras
τοῦ
de
Θεοῦ
Dios
λαλεῖ·
habla;
οὐ
no
γὰρ
porque
ἐκ
con
μέτρου
medida
δίδωσιν
da
τὸ
el
Πνεῦμα.
Espíritu.

Observaciones gramaticales clave (Juan 3:31-34)

Juan 3:31

Ὁ ἄνωθεν ἐρχόμενος (“el que viene de arriba”) emplea un participio presente con artículo, indicando una identidad definida y continua. No describe solo el origen inicial de Jesús, sino su procedencia permanente y actual: Él es caracterizado por venir “de arriba”.

ἐπάνω πάντων ἐστίν (“está sobre todos”) utiliza el presente de εἰμί, afirmando una realidad vigente y absoluta. No se trata de una superioridad futura o potencial, sino de una supremacía actual y total.

ὁ ὢν ἐκ τῆς γῆς (“el que es de la tierra”) contrasta directamente con el que viene de arriba. El participio presente subraya una condición inherente: lo terrenal determina tanto el origen como las limitaciones del testimonio humano.

ἐκ τῆς γῆς λαλεῖ (“habla de la tierra”) refuerza ese límite: el verbo λαλεῖ en presente indica que el discurso del que es terrenal está condicionado por su origen y perspectiva, no simplemente por el tema del que habla, en contraste con la revelación que procede del cielo.

Juan 3:32

ὃ ἑώρακεν καὶ ἤκουσεν (“lo que ha visto y oído”) combina un perfecto (ἑώρακεν) con un aoristo (ἤκουσεν). El perfecto enfatiza una experiencia visual cuyos efectos permanecen, mientras que el aoristo señala el acto histórico de oír. Juntos expresan conocimiento directo, pleno y no derivado.

τοῦτο μαρτυρεῖ (“esto testifica”) está en presente indicativo, indicando que el testimonio de Jesús no es un acto aislado, sino continuo y vigente.

καὶ τὴν μαρτυρίαν αὐτοῦ οὐδεὶς λαμβάνει (“y nadie recibe su testimonio”) usa una negación general (οὐδεὶς) con presente, expresando el rechazo humano generalizado al testimonio celestial, no una negación absoluta sin excepciones, como se aclara en el versículo siguiente.

Juan 3:33

ὁ λαβὼν αὐτοῦ τὴν μαρτυρίαν (“el que ha recibido su testimonio”) introduce un participio aoristo, señalando una acción concreta y decisiva: recibir el testimonio implica un acto definido de fe, no un proceso indefinido.

ἐσφράγισεν ὅτι ὁ Θεὸς ἀληθής ἐστιν (“ha certificado que Dios es veraz”) emplea un aoristo con valor declarativo y jurídico-testimonial. Recibir el testimonio de Jesús equivale a ratificar públicamente la veracidad de Dios mismo.

Juan 3:34

ὃν γὰρ ἀπέστειλεν ὁ Θεός (“porque aquel a quien Dios envió”) usa un aoristo que remite al acto histórico del envío divino, fundamento de la autoridad y legitimidad del que habla.

τὰ ῥήματα τοῦ Θεοῦ λαλεῖ (“habla las palabras de Dios”) presenta el presente de λαλεῖ, indicando que el hablar de Jesús es constante y fiel a su origen: no comunica ideas humanas acerca de Dios, sino palabras que proceden de Dios.

οὐ γὰρ ἐκ μέτρου δίδωσιν τὸ Πνεῦμα (“porque no da el Espíritu con medida”) niega toda limitación. La expresión ἐκ μέτρου implica restricción; su negación afirma que el Espíritu es dado sin medida ni límite, no solo en abundancia, sino en plenitud total.


Análisis de las palabras clave y su significado

Palabra GriegaTransliteraciónStrongSignificado contextual
ἄνωθενánōthenG509“De arriba / desde lo alto”; indica origen celestial y procedencia divina permanente, en contraste con lo terrenal.
ἐπάνωepánōG1883“Sobre / por encima”; expresa supremacía y autoridad absoluta, no solo jerarquía funcional.
μαρτυρεῖmartyrêiG3140“Da testimonio”; en presente, indica un testimonio continuo, vigente y activo.
λαμβάνειlambáneiG2983“Recibe”; señala la respuesta humana al testimonio divino, implicando aceptación consciente.
ἀληθήςalēthḗsG227“Verdadero / veraz”; afirma la absoluta confiabilidad de Dios, ratificada al recibir el testimonio de Cristo.
ἀπέστειλενapésteilenG649“Envió”; remite al acto histórico del envío divino que fundamenta la autoridad del Hijo.
ῥήματαrhḗmataG4487“Palabras”; enfatiza palabras procedentes directamente de Dios, no interpretaciones humanas.
μέτρουmétrouG3358“Medida”; su negación expresa ausencia total de límite en el don del Espíritu.
δίδωσινdídōsinG1325“Da”; en presente, indica una acción divina continua y soberana.
ΠνεῦμαPneûmaG4151“Espíritu”; aquí señala la plenitud del Espíritu otorgada al Enviado de Dios.

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Por si quieres enseñar o predicar sobre estos textos, te ofrecemos algunas consideraciones esperando sean de utilidad para ti:

Ayudas para maestros y pastores

a) Claves para explicar el texto con fidelidad bíblica

Ubicar correctamente el contraste central del pasaje (v. 31)
El texto establece una contraposición fundamental entre dos esferas:

  • El que viene de arriba.
  • El que es de la tierra.

No se trata simplemente de una diferencia de rango, sino de origen y naturaleza.
El énfasis no está en la superioridad moral de Jesús, sino en su procedencia celestial, que fundamenta su autoridad y su testimonio.

Es clave mostrar que la supremacía de Cristo no es otorgada por los hombres, sino inherente a quién es y de dónde viene.

Comprender el límite del testimonio humano (v. 31b)
“El que es de la tierra, de la tierra habla” no descalifica la validez del testimonio humano, pero sí establece su límite.

El texto no niega que Juan o cualquier testigo humano hable verdad, sino que subraya que ningún testimonio terrenal puede igualar el de Aquel que viene del cielo.
Esto evita lecturas extremas: ni desprecio del testimonio humano ni equiparación con la revelación del Hijo.

Destacar la naturaleza directa del testimonio de Jesús (v. 32)
Jesús no habla por deducción, tradición ni mediación:
Él testifica “lo que ha visto y oído”.

Esto subraya que su mensaje es revelación directa de Dios.
El problema que finalmente presenta el pasaje no es la falta de claridad del testimonio, sino la resistencia humana a recibirlo.

Explicar el aparente universalismo del rechazo (v. 32b)
La afirmación “nadie recibe su testimonio” no es absoluta en sentido matemático, sino representativa.

Expresa una realidad general: el testimonio celestial encuentra rechazo mayoritario, aun cuando es verdadero.
Esto prepara el terreno para resaltar la gravedad —y el valor— de recibir el testimonio de Cristo.

Mostrar la implicación teológica de recibir el testimonio (v. 33)
Recibir el testimonio del Hijo no es un acto neutral:
equivale a sellar que Dios es veraz.

El pasaje eleva la fe a una dimensión teológica profunda: creer en Cristo es tomar posición sobre la veracidad de Dios mismo.
Rechazarlo, implícitamente, cuestiona esa veracidad.

Explicar la plenitud del envío y del Espíritu (v. 34)
Aquel a quien Dios envió, Jesús, habla las palabras de Dios porque recibe el Espíritu sin medida.

La lógica del texto es clara:

  • Envío divino.
  • Palabras divinas.
  • Espíritu dado en plenitud.

Esto fundamenta la autoridad única de Jesús y prepara el desarrollo posterior de la relación Padre–Hijo en el Evangelio.

b) Aspectos a tener en cuenta al enseñarlo o predicarlo

Evitar reducir el texto a una comparación entre líderes
El pasaje no contrasta a Juan con Jesús en términos de eficacia ministerial, sino lo terrenal con lo celestial.

Llevar el texto a rivalidades humanas o modelos de liderazgo empobrece su intención teológica.

No presentar el rechazo como falla del mensaje
El hecho de que el testimonio no sea recibido no implica debilidad en la revelación, sino dureza en el corazón humano.

El énfasis pastoral debe estar en la responsabilidad del oyente, no en una supuesta insuficiencia del mensaje de Cristo.

Mantener el enfoque en la revelación, no solo en la fe humana
El texto no se centra en cómo creer, sino en quién es Aquel en quien se cree.
La fe es respuesta; la revelación es el punto de partida.

c) Ejes doctrinales que conviene resaltar

Cristología alta: Jesús es el que viene de arriba, con autoridad absoluta sobre todos.

Revelación divina: Cristo habla lo que ha visto y oído; su palabra es palabra de Dios.

Responsabilidad humana: recibir o rechazar el testimonio implica una toma de posición frente a Dios mismo.

Plenitud del Espíritu: el Hijo no actúa con medida limitada, sino en total comunión y poder divino.

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Conclusión teológica y pastoral

Juan 3:31–34 afirma con claridad que la autoridad de Jesús no proviene de reconocimiento humano, sino de su procedencia celestial. El que viene de arriba no solo habla con mayor conocimiento, sino con una autoridad cualitativamente distinta: su testimonio es revelación, no interpretación. El texto establece así una frontera nítida entre lo terrenal y lo celestial, entre el testimonio limitado del ser humano y la palabra plena del Hijo.

El pasaje también revela que el problema central no es la falta de revelación, sino la respuesta humana frente a ella. Aunque el Hijo testifica lo que ha visto y oído, su testimonio no es recibido de manera general. Sin embargo, allí donde es acogido, se produce un acto teológico decisivo: reconocer la veracidad de Dios mismo. La fe, entonces, no es solo confianza personal, sino alineamiento explícito con la verdad divina revelada en Cristo.

Desde una perspectiva pastoral, este texto confronta toda reducción de Jesús a un portavoz religioso más. Él no transmite ideas acerca de Dios, sino las palabras de Dios, y lo hace con la plenitud del Espíritu, sin medida ni restricción. Esto impide comprender el Evangelio como una opción espiritual entre otras y exige una respuesta total: recibir o rechazar al Hijo es, en última instancia, posicionarse frente a Dios.

Finalmente, la afirmación de que el Padre ha puesto todas las cosas en manos del Hijo confirma el orden cristológico del plan divino. Cristo no ocupa el centro por mérito progresivo ni por consenso humano, sino porque así lo ha determinado el Padre. Toda enseñanza, ministerio y vida de fe auténtica encuentra su coherencia cuando reconoce esta supremacía y se somete a ella.

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Preguntas frecuentes (FAQ) sobre Juan 3.31-34

¿Qué significa que Jesús “viene de arriba” en Juan 3:31?

Jesús “viene de arriba” no solo en sentido de origen, sino de identidad. El texto afirma que su procedencia es celestial, lo que fundamenta su autoridad y distingue su testimonio del humano. No se trata simplemente de que haya sido enviado por Dios, sino de que pertenece a la esfera divina y habla desde ella.

¿Por qué Juan contrasta lo celestial con lo terrenal en estos versículos?

El contraste subraya los límites del testimonio humano frente a la plenitud del testimonio del Hijo. Lo terrenal puede ser verdadero, pero siempre es parcial y condicionado. En cambio, el testimonio de Jesús procede directamente de Dios y expresa una revelación plena, no derivada ni interpretativa.

¿A quién se refiere el texto cuando dice que “nadie recibe su testimonio”?

La expresión describe una realidad general, no una negación absoluta. Juan señala el rechazo predominante al testimonio de Jesús, destacando la resistencia humana frente a la revelación divina. El énfasis no está en la inexistencia de creyentes, sino en la gravedad del rechazo generalizado.

¿Qué implica recibir el testimonio de Jesús según Juan 3:33?

Recibir el testimonio de Jesús implica afirmar activamente que Dios es veraz. No es solo aceptar una enseñanza, sino validar con la propia fe la fidelidad y la verdad de Dios mismo. La fe aparece aquí como una respuesta teológica, no meramente emocional o intelectual.

¿Por qué se dice que Jesús habla “las palabras de Dios”?

Porque su mensaje no consiste en reflexiones humanas sobre Dios, sino en palabras que proceden de Dios. Jesús no interpreta la voluntad divina desde afuera, sino que la comunica desde una relación única con el Padre, respaldada por la plenitud del Espíritu.

¿Qué significa que Dios da el Espíritu “sin medida”?

La expresión afirma que en Jesús no hay limitación alguna en la obra del Espíritu. A diferencia de los siervos de Dios, que reciben dones de manera parcial, el Hijo actúa con la plenitud absoluta del Espíritu. Esto refuerza su autoridad única y su capacidad plena para revelar a Dios.

¿Qué relación hay entre el amor del Padre y la autoridad del Hijo?

El amor del Padre no se presenta solo como afecto, sino como fundamento del encargo y la autoridad del Hijo. Al entregar todas las cosas en sus manos, el Padre afirma que la supremacía de Jesús responde a un designio eterno, no a un desarrollo histórico accidental.

¿Qué enseña este pasaje sobre la autoridad de Cristo?

Juan 3:31–34 enseña que la autoridad de Cristo es total, vigente y otorgada por el Padre. No depende del reconocimiento humano ni de la aceptación mayoritaria, sino de su identidad como el que viene del cielo y del encargo recibido directamente de Dios.

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Finalizando del comentario

Hasta aquí hemos visto estos versículos tan ricos para nosotros. Hemos compartido todo lo que creímos más importante, pero seguro han quedado muchos temas por tratar. Esperamos que a pesar de las carencias de este comentario, Dios te haya hablado especialmente con estos textos y que el Espíritu Santo te conduzca a toda verdad.

Continuaremos con los versículos que siguen en los próximos comentarios. Esperamos te comuniques con nosotros para contarnos si nuestro trabajo ha sido de ayuda para ti y si ha sido de fácil lectura. Por otro lado, si te han quedado dudas, esperamos poder ayudarte hasta donde el Señor nos de entendimiento. Puedes escribirnos a través de la caja de comentarios. ¡Dios te bendiga mucho!

Te dejamos algunos otros links que pudieran servirte para poder estudiar este precioso Evangelio:

Nota

Todas las Citas Bíblicas fueron tomadas con permiso de de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2005 by The Lockman Foundation.

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Juan 3.31-34 – El que procede del cielo está sobre todos


2 respuestas a «Juan 3.31-34 – El que procede del cielo está sobre todos»

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