Juan 1.19-23 – Testimonio de Juan el Bautista sobre sí mismo

Comentario Bíblico Devocional del evangelio de Juan

Introducción

Para comprender mejor este texto haríamos bien en leer, además de él, no solo los versículos anteriores, en especial Juan 1.15, sino también los que le siguen a este pasaje, es decir: Juan 1.29-34. En dichos textos podremos ver qué entendía Juan el bautista acerca de Jesucristo, y cuál era su mensaje al respecto de Él.

Con referencia a nuestro texto, veremos cómo cierta comitiva enviada por los representantes del gobierno político y religioso judío, vino para conocer en persona a uno a quien el pueblo tenía por profeta (Mateo 21.26). Para ellos era importante entender qué pretendía, dado que, según su perspectiva, estaba revolucionando a todo Jerusalén.

Analizaremos entonces qué le preguntaron, por qué lo hicieron, qué temores tenían dado lo que estaba aconteciendo; y además, cuál fue la respuesta de Juan. Mientras vayamos recorriendo el texto, intentaremos ver también la aplicación del mismo, es decir, qué mensaje hay en él para nosotros; pero antes, permítenos presentarte brevemente este comentario:

Unas palabras sobre el comentario de Gracia y Vida

La presente es una porción del Comentario Bíblico sobre el Evangelio de Juan, publicado por Gracia y Vida. El mismo pretende ayudar a los lectores en la interpretación y en la aplicación de las escrituras a sus vidas; teniendo además como objetivo que la lectura sea fluida y de fácil interpretación.

Con dicho objetivo en mente, y a fin de entender los distintos versículos de la manera más apropiada, nos ayudaremos con un análisis del contexto y con las herramientas hermenéuticas necesarias para llegar a una correcta interpretación; pero todo esto sin entrar en largas discusiones, ni en detalles demasiado técnicos.

Sin más, y primero que cualquier otra cosa, te invitamos a leer atentamente el texto y orar para que el Señor te llene de su sabiduría; sin lugar a dudas Él es la gran fuente de toda verdad y de todo entendimiento. Hecho ésto, ahora sí comencemos con el estudio de los versículos que nos convocan, leamos:

El Texto Bíblico

19 Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas de Jerusalén a preguntarle: ¿Quién eres tú? 20 Y él confesó y no negó; confesó: Yo no soy el Cristo. 21 Y le preguntaron: ¿Entonces, qué? ¿Eres Elías? Y él dijo: No soy. ¿Eres el profeta? Y respondió: No.22 Entonces le dijeron: ¿Quién eres?, para que podamos dar respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo? 23 El dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: “Enderezad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías.

Juan 1.19-23 – LBLA

Juan 1.19-23 – Testimonio de Juan el Bautista sobre sí mismo

Comentario sobre el texto bíblico

19

Este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron sacerdotes y levitas de Jerusalén a preguntarle: ¿Quién eres tú?

La comisión investigadora

Los sacerdotes y levitas querían saber quién era aquel que bautizaba a los judíos en las aguas de arrepentimiento. Era normal que los prosélitos se bautizaran antes de seguir la fe judía; cuando lo hacían, manifestaban públicamente su arrepentimiento por sus pecados. 

Ahora, lo que no resultaba para nada ”normal”, era que cualquier descendiente de Abraham se bautizara, ya que “supuestamente” ellos no tenían de qué arrepentirse… Entonces, lo que ellos no entendían era: 

¿Por qué las multitudes asistían al Jordán para encontrarse, en el desierto, con Juan? ¿Cómo convencía al pueblo judío de bautizarse? ¿Quién decía ser aquel hijo del sacerdote Zacarías? Y por último, ¿Cuál era su objetivo?

Eran demasiadas incógnitas en una tierra que vivía alborotada; con pensamientos nacionalistas, con la esperanza de un Mesías que se hacía esperar (viéndolo desde el punto de vista de ellos); y con el riesgo, siempre presente, de una sublevación armada que trajera algún desastre a la nación.

Esto último ya había sucedido antes y volvería a suceder en el futuro. Lamentablemente, vemos en los libros de historia, que cuarenta años más adelante, los judíos experimentaron un muy triste desenlace por parte del ejército romano, que culminó con la trágica destrucción del Templo en el año 70 d.C. 

Se entiende entonces, viendo el contexto, que el temor de ellos no era para nada infundado. Ahora, ¿Qué sucedería si este hombre, Juan, fuera el cumplimiento de alguna de las profecías relacionadas con el mesías? 

De ser así, la bendición de Dios los habría alcanzado. Esa es otra de la razones por las que, con tanta insistencia, estos hombres se preguntaban quién era Juan. Ya que evidentemente no era como cualquier otro sacerdote, algo distinto había en él, y ellos necesitaban saber qué era. Pero Juan hizo algo distinto…

Juan 1.19-23 – Testimonio de Juan el Bautista sobre sí mismo

20

Y él confesó y no negó; confesó: Yo no soy el Cristo

Juan el bautista no pretendía ser nada más que alguien que apuntara hacia Jesús. Todo su ministerio estaba centrado en preparar los corazones de las personas, para que cuando llegara el Mesías, pudieran comprender su mensaje y lograran ingresar al Reino de Dios

Y claro que habían profecías al respecto del Mesías, pero también de aquel que vendría antes que Él, es por eso que los judíos estaban tan pendientes del cumplimiento de ellas. Esto implica que no sólo las conocían, sino que anhelaban que se hicieran realidad cuanto antes. Por eso, cuando Juan llegó, sus corazones se llenaron de expectativas.

Pero esta atención, de parte de los judíos, se centraba en la venida de un mesías nacionalista, lo cual era algo muy distinto de lo que estaba aconteciendo. Es cuando nos ponemos “en sus zapatos”, cuando realmente entendemos su postura y sus esperanzas, ya que estaban cansados de ser oprimidos, de ser un pueblo subyugado por otras potencias. 

Ellos esperaban a un Mesías distinto, alguien que los libertara civil, económica, cultural, política y militarmente. Eso es lo que debería hacer el Cristo (según ellos). Es desde esta perspectiva, que también entendemos por qué, incluso los discípulos de Jesús, esperaban esto mismo del Señor.

Por eso, al presentarse el bautista, el pueblo tenía la esperanza de hallar en él al tal Mesías. Incluso las autoridades religiosas y políticas de entonces, enviaron a esos representantes para saber si estaban o no en la presencia del Mesías, o, en todo caso de Isaías o aunque sea del profeta esperado; o si por el contrario, estaban frente a un embustero.

Te invitamos ahora a que veamos las profecías en las que se basaban los judíos: 

Profecías sobre el Mesías, el regreso de Isaías y sobre el profeta

Sobre el Mesías

Sobre Jesús, hay tantas profecías que tal vez sea bueno ver el tema en una publicación independiente, te invito a hacer clic aquí para ver las profecías referentes a Jesús, en este caso, las que aparecen en la publicación del enlace, fueron tomadas desde el evangelio de Mateo. 

Las mismas son muy interesantes de ver dado que, el escritor de tal evangelio, ve la vida de Jesús como el cumplimiento de aquellas profecías del Antiguo Testamento, notar en ellas cuán hábil es Mateo para relacionarlas y cuán perfecta armonía encontramos entre las profecías y los hechos de la vida del Maestro.

Si has leído dicho estudio, entonces, ahora te estarás dando cuenta de que había una enormidad de profecías, y es por eso que los judíos, estaban totalmente pendientes de su cumplimiento. Ahora, sobre quien o quienes vendrían antes que el Mesías, también existían algunas otras profecías.

Sobre Elías

Podemos ver que en el Antiguo Testamento también se encontraba la profecía sobre la venida de Elías. Es por eso que los judíos esperaban, que si Juan no fuera el Mesías, que sea por lo menos el profeta Elías; lo cual era perfectamente posible, ya Elías antecedería al Mecías, veamos el texto: 

He aquí, yo os envío al profeta Elías antes que venga el día del Señor, día grande y terrible.

Malaquías 4.5 – LBLA
Sobre el otro profeta

Veamos ahora la última de las opciones esperables. Había un profeta de la magnitud de Moisés, quien también habría de presentarse. La referencia al profeta esperado se halla en el libro de Deuteronomio y es la siguiente: 

Un profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará el Señor tu Dios; a él oiréis. 

Deuteronomio 18.15 – LBLA

Juan 1.19-23 – Testimonio de Juan el Bautista sobre sí mismo

Habiendo visto las distintas profecías, podemos entonces entender qué es lo que esperaban encontrar los judíos en Juan. Así que, cuando él respondió no ser el Cristo, entonces solo habían dos posibilidades que encajaran con la tarea que estaba desarrollando. Fue por eso que le preguntaron:

21

Y le preguntaron: ¿Entonces, qué? ¿Eres Elías? Y él dijo: No soy. ¿Eres el profeta? Y respondió: No

Esto seguramente les resultó desconcertante en extremo, si no era ninguno de ellos entonces: ¿Quién sería, o quién creía ser? Ya veremos más sobre esto en el versículo 22. Pero antes, haremos bien en observar algunas cosas muy importantes acerca de Juan el bautista:

El ejemplo de Juan

Juan tuvo la oportunidad de hacerse pasar por el Mesías, de hacerse grande ante los ojos del pueblo. Bien pudo decir que era Elías (El mismo Jesús dio a entender que Juan fue el cumplimiento de la profecía sobre la venida de Elías, Ver Mateo 17.12); pero el profeta prefirió la humildad antes que la gloria.

Si vemos lo que el ángel le dijo a su padre, podemos pensar que él tenía buenas razones para vanagloriarse pero, sin embargo no lo hizo. Veamos dicho texto:

15 Porque él será grande delante del Señor; no beberá ni vino ni licor, y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre. 16 Y él hará volver a muchos de los hijos de Israel al Señor su Dios. 17 E irá delante de Él en el espíritu y poder de Elías para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y a los desobedientes a la actitud de los justos, a fin de preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto. 

Lucas 1.15-17 – LBLA

Teniendo el espíritu de Elías (Mateo 3.3) y el más grande propósito que hasta el momento alguien hubiera tenido, su mensaje y su ejemplo  de humildad fue impactante y conmovedor:

Es necesario que el crezca, y que yo disminuya.

Juan 3:30 – LBLA
Él siempre tuvo muy claro cuál era su propósito.

Este hecho nos sirve para meditar en nuestras propias vidas, y preguntarnos si también nosotros tenemos tanta claridad de propósitos y tanta humildad como la tenía Juan. En tantos otros relatos en donde Juan participa, encontramos siempre esta misma constante, una conducta y una humildad ejemplares, un amor a toda prueba por la verdad de Dios y por el ministerio que Él le encomendó.

Nunca vemos, en ninguno de los relatos sobre Juan, que éste tuviera mayor consideración de sí mismo que la que debía tener (Romanos 12.3). ¡Tomemos este ejemplo y cumplamos también nosotros nuestros ministerios con esta misma humildad que vemos en él!

Volviendo ahora a nuestro texto, veamos la insistencia de los comisionados para determinar la peligrosidad del bautista. Juan, al igual que lo era su padre Zacarías, por su ascendencia, era también considerado sacerdote de Israel; esto no hacía más fácil la situación para ellos, sino todo lo contrario. 

Juan 1.19-23 – Testimonio de Juan el Bautista sobre sí mismo

22

Entonces le dijeron: ¿Quién eres?, para que podamos dar respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?

Es evidente que los enviados del Sanedrín debían llevar una respuesta al mismo. No se irían sin que él les responda, fue así que entonces, forzado por la situación, Juan se identificó de la siguiente manera:

23

El dijo: Yo soy la voz del que clama en el desierto: “Enderezad el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías.

Juan, en vez de decir que él era cualquiera de aquellos nombrados anteriormente, aún pudiendo hacerlo, solo dijo que estaban frente a una voz que clama en el desierto. Por lo tanto, de igual modo se identificaba como el cumplimiento de una profecía, veamos qué dice la misma:

Preparad en el desierto camino al Señor; allanad en la soledad calzada para nuestro Dios.

Isaías 40.3 – LBLA

En una verdadera soledad ministerial, Juan era el único enviado de Dios para preparar los corazones del pueblo, algo que era absolutamente necesario para aquellos que irían a encontrarse con el Mesías. Pero el gran problema que enfrentaba era que la nación no estaba preparada para entender su mensaje. 

Demasiada ira acumulada en contra de la potencia que los oprimía (Roma); con una auténtica carencia de una guía espiritual competente por parte de sus líderes religiosos; y a todo esto se le sumaba que la religión no les servía para acercarse a Dios, ya que era fría y apegada a las reglas más que al espíritu de las palabras de la ley. Todo esto formaba un combo demasiado difícil de digerir. 

El resultado era un pueblo alejado de Dios, con una sola cosa en mente: La llegada de un salvador militar y político . Enderezar o allanar el camino del Rey era por tanto una tarea demasiado complicada, pero aún así, el bautista no se amedrentó, sino que esforzándose consiguió llevar multitudes al arrepentimiento.

He allí otro ejemplo de persistencia, de entrega y de fe verdaderas. Si él hubiese considerado la soledad de su ministerio, lo difícil de su tarea; si no hubiese puesto su esperanza en Dios, probablemente Dios hubiera debido tomar otro medio. Pero esto no aconteció. Juan hizo lo que de él se esperaba.

Juan 1.19-23 – Testimonio de Juan el Bautista sobre sí mismo

Pensemos juntos

Este ejemplo nos permite reflexionar que sin importar cuán solos nos sintamos haciendo la tarea, o cuán difícil nos parezca, con cuántas dificultades nos encontremos en el camino, o cuánta gente se nos oponga (notemos que Juan muere por cumplir con lo que venía a hacer – ver Marcos 6.17-28): 

Si nos aferramos a Dios, si nos movemos en su presencia y si obramos con sus fuerzas en lugar de con las nuestras, sin lugar a dudas, podremos llevar adelante el ministerio que Él nos encomendó

Esto último no implica ausencia de problemas, pero sí la asistencia permanente del todopoderoso Dios, y el hecho de contar con su bendición, con su ayuda y sustento para cada momento de nuestras vidas.

Entonces: ¿Avanzarás por el camino que Dios te está mostrando, o te volverás por donde viniste, a vivir una vida triste y carente del poder y de la Gloria del Señor? Solo Él puede ayudarte para que logres vivir en victoria (1 Corintios 15.572 Corintios 2.14; Romanos 8.37; etc.), pero la decisión la tienes en tus manos. Por ende: 

¿Qué harás con su llamado a servirle?

Este estudio ha llegado a su fin. En el próximo veremos otras preguntas de esta comisión investigadora y más respuestas, muy interesantes, de Juan. Con él completaremos este primer día, en la cronología que nos está narrando el apóstol Juan, sobre el comienzo del ministerio de Jesús.

Una aclaración pertinente es que este y el siguiente estudio conforman una unidad, pero dado que es bastante largo de leer lo hemos dividido en dos estudios, esperando que te sientas más cómodo con la lectura. Justo debajo te dejamos los links para que puedas continuar.

¡Que Dios te bendiga mucho!

Links

Te dejo también algunos links que pudieran servirte:

Nota

Todas las Citas Bíblicas fueron tomadas con permiso de LBLA – http://www.lbla.com

Juan 1.19-23 – Testimonio de Juan el Bautista sobre sí mismo

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