Jesús se angustia ante la víspera de su crucifixión – Juan 12.27-28

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Jesús se angustia ante la víspera de su crucifixión – Juan 12.27-28

Estudio Bíblico para grupos

Serie:

Momentos previos a la crucifixión de Jesucristo

Cuarta parte

Para el maestro

El presente es un estudio bíblico para grupos basado principalmente el Evangelio de Juan, pero también, al ir avanzando en la serie de estudios, iremos viendo qué tienen los sinópticos para ofrecernos.

En el estudio de hoy te presentamos un bosquejo comentado con varios puntos a tener en cuenta, y también, con muchas aplicaciones y/o reflexiones, que entendemos, son muy apropiadas para el pueblo de Cristo. Dejamos el mismo a tu consideración para el uso en tu Iglesia y/o grupo.

Ésta es una de varias publicaciones que haremos sobre este tema. Iremos publicando las otras según tengamos oportunidad.

Como consejo obvio, te recomendamos leer muy bien el texto y orar mucho previamente, para que sea el Señor quien te muestre, en caso de ser necesario, cómo adaptar este estudio y para saber qué quitar y/o qué más agregar, según las necesidades de tus oyentes/congregación.

Esperamos que el mismo sea de bendición primeramente para ti, pero también para tu grupo o iglesia, y que resulte de apoyo y de ayuda para tu ministerio. Dios te bendiga y llene de gracia y sabiduría; oramos también por tu Iglesia para que siga creciendo en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. En el nombre de Jesús, amén.

Introducción al estudio

En los versículos anteriores hemos visto a Jesús llegando a Jerusalén. Todo era algarabía y felicidad a su alrededor. Por fin el Mesías llegaba, por fin la profecía se hacía realidad. Las personas gritaban “¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel (Juan 12.13). Todos, excepto los fariseos y los gobernantes de la nación, estaban muy felices.

En otros tiempos Jesús les había dicho a muchos que no dijeran quién los sanó (Mateo 11.16), les había hablado en parábolas (Mateo 13. 34) para que no pudieran entender todo lo explicado, incluso les había pedido a sus discípulos que no contaran lo que vieron en el monte de la transfiguración (Marcos 9.9).

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Pero ahora, por fin daba señales claras acerca de su identidad, y lo hacía abiertamente. Se había subido a un burrito y había entrado a la ciudad, cumpliendo así con la profecía de Zacarías 9.9. Había permitido que todos le alabarán como al Rey entrando gloriosamente a la ciudad (Lucas 19.37-38). Y además de todo ello, ya entrando en el Templo había sanado a muchos (Mateo 21,14). 

Las personas habían tirado hojas de palmas en el camino, los sanados por Jesús en el Templo estaban más que felices, los niños gritaban: “¡Hosanna al Hijo de David!” (ver Mateo 21.14-15). Todos parecían estar felices y más aún sus discípulos. Todos, excepto Jesús. Él no compartía el mismo sentimiento de triunfo y de alegría. Pero, 

¿Qué pasaba por la mente y corazón del Salvador? 

Intentemos intuir esto juntos:

Ya antes de llegar a la ciudad Jesús había llorado Lucas 19.41-44, y es que de toda aquella multitud, no muchos habían entendido la situación, tal vez ninguno. Jesús no entraba a Jerusalén como aquel líder militar que venía como libertador de la nación, sino como aquel que daría su vida en rescate por muchos (Mateo 20.28). 

Pero en lo único que pensaba la gente era en un rey político militar. No entendían qué estaba sucediendo, ni menos el mensaje que Jesús les estaba trayendo. Él pretendía que ellos se acercaran a Dios e ingresaran al Reino de los Cielos, que cambiaran sus vidas por una mejor, pero ellos pretendían seguir con su vida y solamente ser libres de los romanos.

Eso era lo que Él tenía en mente, y eso es lo que vemos en estos versículos. Jesús tenía aflicción en su corazón, por lo menos por las siguientes dos razones: 

  1. Porque las personas no entendían y no se arrepentían para llegar a ser hijos de Dios (Mateo 23.37-39) y,
  2. Porque el proceso a seguir para la salvación del mundo sería muy doloroso para Él. Tomar y llevar nuestros pecados sobre su cuerpo (1 Pedro 2.24), sufrir azotes e insultos de muchos (Mateo 26.67; Juan 19.1), cargar con la cruz (Juan 19.17), y al final, entregar su vida a nuestro favor (Juan 19.30). 

Todo eso hacía que Él estuviera más que triste. Y es por eso que al mirar a sus discípulos y a las personas que tenía alrededor, Jesús dijo lo siguiente:

El texto Bíblico

27 Ahora mi alma se ha angustiado; y ¿qué diré: «Padre, sálvame de esta hora»? Pero para esto he llegado a esta hora. 28 Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y le he glorificado, y de nuevo le glorificaré.

Juan 12.27-28 – LBLA

Otras versiones del final de 12.28:

Lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez.

RVR1960

Ya lo he glorificado, y volveré a glorificarlo

NVI

Jesús se angustia ante la víspera de su crucifixión – Juan 12.27-28

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Jesús se angustia ante la víspera de su crucifixión - Juan 12.27-28

Enseñanzas

Versículo 27

  1. Las emociones no son un buen indicador de que estamos haciendo la voluntad de Dios (ni la alegría ni tampoco la tristeza)
    1. Todo el mundo estaba alegre al rededor de Jesús, pero la felicidad del entorno no siempre hace a nuestra propia felicidad.
    2. Jesús estaba cumpliendo con el plan de Dios pero sin embargo estaba triste
    3. Es que:
  2. Estar en el centro de la voluntad de Dios no implica sentirse bien ni estar felices. Muchas veces sufriremos distintos padecimientos y pruebas, aún haciendo lo que Dios quiere de nosotros. Pero todo esto tiene un propósito: 
    1. Crecer en nuestra madurez espiritual (ver qué dice el apóstol Pedro respecto de la razón de nuestras pruebas).
    2. Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tenéis tribulación; pero confiad, yo he vencido al mundo. Juan 16:33 – LBLA
    3. 2 Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, 3 pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia. 4 Y la constancia debe llevar a feliz término la obra, para que sean perfectos e íntegros, sin que les falte nada. Santiago 1:2‭-‬4 – NVI
  3. En momentos complicados, lo mejor que puede sucedernos es tener los objetivos/metas claras.
    1. ¿Qué hacer cuando no nos sentimos bien, cuando nuestro mundo se pone de cabeza, cuando nuestros sentimientos nos juegan una mala pasada:? Mirar a Dios, confiar en Él y seguir adelante hacia nuestra meta.
    2. 2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios. 3 Considerad, pues, a aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón. 4 Porque todavía, en vuestra lucha contra el pecado, no habéis resistido hasta el punto de derramar sangre; Hebreos 12.2 – LBLA
    3. Por lo cual también sufro estas cosas, pero no me avergüenzo; porque yo sé en quién he creído, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día. 2 Timoteo 1:12 – LBLA
  4. Lo mejor que podemos tener es un rumbo a seguir, el cual no dependa de nuestra emociones.
    1. Sólo Dios nos da ese tipo de metas. Sólo en Él las podremos encontrar.
    2. 12 No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. 13 Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. 15 Así que todos los que somos perfectos, tengamos esta misma actitud; y si en algo tenéis una actitud distinta, eso también os lo revelará Dios; 16 sin embargo, continuemos viviendo según la misma norma que hemos alcanzado. Filipenses 3.12-16 – LBLA
    3. Más allá de la gran comisión, ¿Qué metas ha puesto Dios para tu vida, las conoces, sabes lo que Dios quiere de ti? ¿Qué dones te ha dado? Y, ¿Qué estás haciendo con ellos?
  5. A la hora de enfrentar situaciones difíciles, Jesús es nuestro gran ejemplo
    1. Él no imploró, ni despotricó, no echó en cara a Dios lo que había hecho por Él. No le dijo: Si me amas, quítame de esta situación. No. En lugar de eso se comportó de manera madura y buscó la gloria de Dios antes que su beneficio personal. 
    2. En una ocasión por venir, Él le diría: “si es posible, que pase de mí esta copa” (Mateo 26.39). Pero Getsemaní todavía no había llegado, y en aquel momento también demostró gran madurez, sensatez y voluntad de: Hacer la voluntad de Dios y de cumplir con su propósito.
    3. Muchas veces nos veremos tentados a rendirnos, pero eso no es una opción:
    4. 7 Pero todo lo que para mí era ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo. 8 Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo, Filipenses 3.7-8 – LBLA

Versículo 28

  1. La voz desde el cielo:
    1. Dios habló en forma audible en 3 oportunidades (dentro del ministerio de Jesús): 
      1. Bautismo (Marcos 1.9-11 – En su identificación de Jesús con la humanidad caída).
      2. Transfiguración (hablando sobre la muerte de Jesús a favor de la humanidad – ver especialmente Lucas 9,31 en la TLA – Traducción Lenguaje Actual).
      3. Mientras Jesús estaba en el Templo después de su entrada triunfal (cuando estaba a punto de morir – nuestro texto de hoy).
  2. Dios siempre nos alienta
    1. Aunque en Juan 12.30 Jesús nos dice que la voz de Dios se manifestó por causa de los que oían, esta voz seguramente también llegó para alentar a Jesús.
    2. Dios siempre está presto para alentar, fortalecer y sustentar a sus hijos.
    3. El apóstol Pablo lo sabía muy bien y por eso también escribió los siguientes versículos de Romanos 8:
      1. Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito. Romanos 8.28 – LBLA.
      2. Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? Romanos 8.31 – LBLA. 
      3. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Romanos 8.35 – LBLA.
      4. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos 8.38 – LBLA.

Jesús se angustia ante la víspera de su crucifixión – Juan 12.27-28

Para despedirnos

Hasta aquí hemos llegado con el estudio de hoy. Esperamos tus comentarios y sugerencias, queremos que sepas que anhelamos haber podido ser de ayuda. Te enviamos nuestros saludos en el amor del Señor.

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NOTAS

  1. Las Citas Bíblicas marcadas con LBLA fueron tomadas con permiso de LBLA – http://www.lbla.com.
  2. Las identificadas como NVI, fueron tomadas de: Escritura de la Santa Biblia, NEW INTERNATIONAL VERSION®, NIV® Copyright © 1973, 1978, 1984, 2011 por Biblica, Inc.® Usado con permiso. Todos los derechos reservados en todo el mundo.
  1. Las identificadas como RVR1960, fueron tomadas de: La versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.
  2. Imagen compuesta por Gracia y Vida, cuyo fondo fue tomado del trabajo de Gerd Altmann en Pixabay.

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