1 Pedro 1:15‭-‬16 Llamados a ser Santos

Comentario Bíblico Devocional


La presente es una porción del Comentario Bíblico sobre la epístola de 1 Pedro, publicado por Gracia y Vida. El mismo pretende ayudar a los lectores en la interpretación y en la aplicación de las escrituras a sus vidas; teniendo además como objetivo que la lectura sea fluida y de fácil interpretación.

Con dicho objetivo en mente, y a fin de entender los distintos versículos de la manera más apropiada, nos ayudaremos con un análisis del contexto histórico y también con las herramientas hermenéuticas necesarias para llegar a una correcta interpretación; pero todo esto sin entrar en largas discusiones, ni en detalles demasiado técnicos.

Sin más, y primero que cualquier otra cosa, le invitamos a leer atentamente el texto y orar para que el Señor lo llene de su sabiduría, sin lugar a dudas será Él la gran fuente de toda comprensión y entendimiento. Hecho ésto, ahora sí comencemos con el estudio de los textos que nos convocan, leamos:

El texto: 1 Pedro 1:15‭-‬16

15 sino que así como aquel que os llamó es santo, así también sed vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;16 porque escrito está: Sed santos, porque Yo soy santo. (1 Pedro 1:15‭-‬16 – LBLA)

Introducción al texto

En el versículo anterior, el apóstol Pedro hace un llamado a no conformarse a los viejos deseos que antes dominaban nuestras vidas; él nos dijo:

 Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais en vuestra ignorancia, (1 Pedro 1:14 – LBLA)

Y ahora en estos dos versículos presentes, va a ir un poco más allá. Nos va a pedir que seamos santos al igual que aquel que nos llamó a ser sus hijos.

Él nos dice que en vez de conformarnos con aquellos deseos, más vale, seamos santos en toda nuestra manera de vivir.

Les invito entonces a analizar el texto para intentar hallar bendición en él. Comencemos:

15

Aquel que os llamó

Pedro en este texto nos habla de Dios, Él es quien nos llamó para ser sus hijos. Y quien ahora, además, nos llama a vivir en santidad. En su epístola, Pedro nos presenta a un Dios quien no sólo crea el plan de salvación; sino que se mete en la historia de la humanidad, se revela a sí mismo, y nos da la posibilidad de vivir una vida eterna en su presencia. ¡Y todo por el gran amor con el que nos amó!

Todo esto fue posible, entre otras muchas cosas, porque en su infinito amor Él quiso que todos lleguemos al conocimiento de su nombre (Juan 3:16); y que a través de su Hijo Jesucristo, todos podamos ser hechos sus hijos (ver 2 Pedro 3:9). Pero más allá de eso, Dios pretende un poco más de nosotros.

En el estudio anterior vimos que al conocerle, Dios nos regaló una nueva naturaleza; y que ahora el Espíritu Santo vive en nosotros. Gracias a ambas cosas, tenemos la posibilidad de una relación estrecha con Dios; y la ayuda del Espíritu Santo para poder vivir como a Dios le agrada. Es por todo esto que Él nos dio, que pretende que vivamos en santidad.

Es decir, dado que Él ya nos dio todas las herramientas necesarias, entonces bien pudiéramos llevar una vida de santidad. Ésto es lo que Él nos pide a través del apóstol Pedro, Él nos dice:

Sed también vosotros santos

Esto es una orden directa que Dios les daba a sus hijos a través del apóstol. Es una orden para los antiguos lectores de primera Pedro, pero lo es también para nosotros. Haríamos bien en este punto, en notar la estrecha relación existente entre este mandato de ser santos, y el anterior de “no os conforméis” de 1:14.

El uno y el otro van de la mano. Aún sin importar que el primero haya sido expresado en forma negativa y éste último en forma positiva; ambos tienen el mismo objetivo. Éste es, que dejando atrás la vieja vida de pecado, logremos vivir una vida santa. Consecuentemente, si quien nos regaló esta nueva naturaleza es Santo, nosotros al recibirla, también deberíamos ser santos.

Relacionando ahora ambos mandatos, entendemos que al seguir una vida de santidad, nos será imposible conformarnos a los deseos pecaminosos del pasado. Y que si Dios está siempre cerca para bendecirnos con su ayuda, entonces no nos resultará tan imposible vivir en la santidad en la cual Él espera que vivamos.

En la Biblia encontramos muchos lugares en donde se nos pide que asumamos esta forma de vivir, les invito a leer por ejemplo Efesios 4:22; 1 Ts. 5:15–24; 1 Jn. 3:2-3. Pero además de aquellos, los cuales son realmente importantes de leer; quisiera dejarles a continuación el siguiente texto del apóstol Pablo, en el cual podremos ver en él una:

Descripción de una vida santa

Dejen de mentirse unos a otros, ahora que se han quitado el ropaje de la vieja naturaleza con sus vicios, 10 y se han puesto el de la nueva naturaleza, que se va renovando en conocimiento a imagen de su creador.

12 Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia, 13 de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes. 14 Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto.

15 Que gobierne en sus corazones la paz de Cristo, a la cual fueron llamados en un solo cuerpo. Y sean agradecidos. 16 Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón. 17 Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él. (Colosenses 3:9,10, 12-17 – NVI)

1 Pedro 1:15‭-‬16 Llamados a ser Santos
Santos en toda manera de vivir

Ésta pudiera ser por tanto nuestra meta, ya que en Su Palabra se nos muestra claramente cómo vivir en la santidad que Dios espera de nosotros; debemos estudiarla y aplicarla en cada momento y en todo lugar. Ésto mismo es lo que Pedro nos sigue diciendo ahora, el nos pide que mantengamos esta vida santa en:

Toda vuestra manera de vivir

Toda vuestra manera implica cada área, cada etapa, todo lugar, cada momento; con cada pensamiento, con toda actitud, y toda acción. Siempre. Estemos frente a quien estemos. A pesar de la compañía que tengamos e incluso estando solos. Siempre debemos ser santos y actuar como verdaderos hijos de Dios.

No dice que solo lo seamos mientras estemos en la iglesia; o frente a alguna autoridad, o adelante de alguien especial. Siempre debemos actuar así. Tal vez nos encontremos muchas veces en situaciones en donde las bromas en común, las actitudes compartidas, etc., nos lleven a la tentación de expresarnos, actuar o desenvolvernos como si no fuéramos de Cristo.

Pero en todos los casos, la manera en que nos comportemos manifestará nuestra madurez espiritual; ya sea en el trabajo, en la escuela, en el gimnasio, o en cualquier otro lugar en el que estemos, debemos demostrar de qué estamos hechos, cuál es nuestra nueva naturaleza, y quién es nuestro Señor.

Cláramente la Biblia dice que seremos reconocidos por nuestros frutos (Lucas 6.43-49). Por lo tanto bien haremos en poner en evidencia los mismos en donde sea que nos encontremos.

La santidad es por ende, algo que se lleva con nosotros, con lo que se vive cada día, es algo que se tiene como meta, y por lo cual se pelea en cada momento la buena batalla. No es algo fácil de lograr; por lo tanto no alcanza con una actitud momentánea. Es algo que Dios espera de nosotros, y como hijos obedientes deberíamos batallar para vivir en ella siempre. Pablo dice:

 No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto. (Romanos 12:2 – DHH).

Entonces:

¿Qué podemos decir de la santidad?

De ella podemos decir que: Es difícil de conseguir y permanecer en ella. Y que depende de nuestra entrega a Dios. Que nuestras fuerzas nunca serán suficientes para vencer al pecado que mora en nosotros (Romanos 7:14-25). Y que la obtenemos sólo con la ayuda del poder de Dios.

Por lo tanto, debemos contar con la oración, con la entrega y la búsqueda de Dios, ya que todo aquello será vital para lograr obtenerla; y además, a esto pudiéramos agregar que apoyarse en los hermanos de la Iglesia nos representará una herramienta muy poderosa y necesaria.

Debemos notar aquí que es precisamente para el fortalecimiento y crecimiento mutuo que la Iglesia tiene su sentido de existir. No dejemos de congregarnos, participemos de la vida de Iglesia y sepamos que en ella encontraremos quien pueda acompañarnos en nuestro crecimiento espiritual.

Concluimos entonces, que buscar la comunión con Dios y tener un tiempo con Él cada día será una obligación para quien tenga la meta de vivir en santidad; y por otro lado la Iglesia tendrá una buena parte en la consecución de esta meta. Lo logrará a través de la oración, del aliento mutuo, y de la operación de los dones de cada uno de los hermanos puestos a disposición del crecimiento espiritual de toda la Iglesia.

Pero al final, mi amigo lector, esto también es una cuestión de decisión, de voluntad y de firmeza en cuanto a nuestra meta. ¿Es nuestra meta agradar a Dios? De ser así, debemos esforzarnos en buscar Su apoyo, la comunión con Él y con su iglesia. De lo contrario nos será imposible. No importa cuánto lo intentemos o cuán firme vocación tengamos.

Obremos entonces según corresponda. ¿Estará usted de acuerdo? ¿Estará dispuesto? ¡Espero que sí!

16

Porque escrito está

Cuando Pedro menciona este texto del Antiguo Testamento, nos está diciendo: No solo yo digo lo siguiente. Es Dios mismo quién lo hace. La autoridad de esta orden no sale de la boca de un simple hombre, sale de Dios mismo. Ésta es la autoridad a la que Pedro apela, ya que él espera que tomen muy enserio lo que les pide.

Pedro toma esta referencia del libro de Levítico, en donde dice:

 Porque yo soy Jehová, que os hago subir de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios: seréis, pues, santos, porque yo soy santo. (Levítico 11:45 – RVR1960).

Algo que siempre debemos tener en cuenta, es que las escrituras son para nosotros una verdadera fuente de autoridad. Los escritores bíblicos del Nuevo Testamento frecuentemente se apoyan en el Antiguo; confirmando así, y por ende reafirmando el mensaje de Dios para sus hijos. Y éste es el mensaje para nosotros:

1 Pedro 1:15‭-‬16 Llamados a ser Santos
Vivamos en santidad

Sed santos, porque yo soy santo

En este punto debemos nombrar varias artistas del tema de la santidad, la primera y fundamental será que la santidad es uno de los atributos fundamentales de Dios. Pero luego veremos qué es, cómo se aplica a nuestras vidas, y por qué Dios pide que seamos santos. Pero veamos primero el punto de vista de Dios.

Dios es santo en esencia, es santo en cada acto, en cada pensamiento, en todo momento. Pero además, su santidad es la razón esencial por la cual su justicia debe ser cumplida. Es también la razón por la cual conocemos el pecado, es decir, de qué otra forma contrastamos nuestra manera de vivir, sino frente a la pureza de un Dios Santo.

Y por otro lado sabemos que su santidad y su justicia motivaron el sacrificio de Jesús en la cruz; ya que alguien debía cumplir con la justicia demandada por Dios en virtud de su santidad. Como vemos la santidad de Dios conlleva un gran número de cuestiones que incluso hacen a la relación entre Él y nosotros.

Sin el sacrificio de Cristo, la humanidad no hubiese podido llegar  a la salvación preparada por Dios para todos aquellos que creyéramos (Juan 3:16), a la adopción del Padre, a la herencia que Dios nos tiene reservada en los cielos. Estaríamos separados y destituidos de la presencia y de la gloria de Dios para siempre.

Ahora, dado que su plan se llevó a cabo, que la posibilidad de ser sus hijos está puesta en frente nuestro, y que la relación con Dios ya es posible. Él espera que como agradecimiento a Él por hacer todo esto posible, y por el amor que se genera y se comparte entre Él y nosotros, lleguemos a ser:

Imitadores de Dios

El doctor Kistemaker, en su comentario sobre 1 Pedro dice que la santidad es la característica de Dios más nombrada tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento. Y por otro lado, nos hace notar que Jesús, en al menos en dos oportunidades, enseña que debemos ser imitadores de Dios, veamos:

Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. (Mateo 5:48 – RVR1960)

Y,

Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. (Lucas 6:36 – RVR1960)

Entendemos por tanto que Dios espera que lo imitemos. Que nos comportemos como Él. Y que seamos como el modelo que recibimos en Cristo Jesús. Más adelante en esta misma epístola leeremos que Dios espera que actuemos según la nueva naturaleza a la que hemos renacido (1:23), ya que hemos purificado nuestras almas por la obediencia a la verdad (1:22).  

Pero ahora tal vez podamos preguntarnos: ¿Puede alguien ser verdaderamente santo? La respuesta es sí. Pero para entender cómo es esto posible deberemos primero ver qué entendemos por santidad.

Definición de santidad

La misma tiene por lo menos dos acepciones posibles. La primera nos dice que quien es Santo es “puro limpio y sin manchas”, esta acepción solo puede aplicarse a Dios. Pero la segunda acepción: “Separado con un propósito”, es la que se aplica a nosotros. Fuimos tomados de entre el resto de los pecadores con un propósito muy especial: Ser los que lleven las buenas nuevas de Salvación a todo el mundo, los que representen a Dios aquí en la tierra.

Tal vez nos resulte de interés que esta segunda acepción también fue aplicada a lo largo de la historia del pueblo judío, para por ejemplo, los utensilios del templo, para los sacerdotes de Dios, para la tribu de los levitas, etc. Todos los cuales eran separados y purificados ritualmente para cumplir con un determinado propósito en el servicio de Dios.

Entendiendo ambas acepciones, podemos decir que Dios es santo en esencia, que su santidad radica en su pureza, su ausencia de maldad, y su carácter moral puro. Él es el único limpio, puro y sin manchas. Ésto, entre otras muchas cosas, es lo que lo diferencia su esencia de la nuestra. En este sentido, no llegaremos a ser completamente santos mientras vivamos en esta tierra.

Sin embargo, nosotros también llegaremos a tener esta misma esencia y condición de pureza más adelante. ¿Cómo? Este atributo lo llegaremos a tener recién cuando Dios nos asigne un cuerpo nuevo en el tiempo de su manifestación. (Ver Mateo 13.43; Filipenses 3:21; Colosenses 3:4; etc.). ¡Que increíble! ¿No le parece?

1 Pedro 1:15‭-‬16 Llamados a ser Santos
Esfuérzate en vivir en santidad

Un largo proceso y algo más

Por todo lo que venimos viendo entendemos que este llamado de Dios no es para nada fácil, ya que por lo menos hasta aquel tiempo, todos seremos imperfectos, dado que no hemos sido despojados de nuestra naturaleza carnal, o vieja naturaleza.

Esto es así, a pesar de que ya tengamos una nueva naturaleza en nosotros, y a pesar de que nuestro proceso de santificación se siga produciendo por obra del Espíritu Santo en nuestras vidas.

Pero entonces, ¿En qué sí podemos decir que somos verdaderamente santos? Primero, en nuestra separación del mundo; entendiendo “mundo” como el orden pecaminoso que maneja nuestra sociedad y el planeta entero. Segundo, en nuestra función de presentar el camino de la salvación a todo aquel que nos quiera escuchar.

Y Tercero, con la ayuda del Espíritu, podemos conformarnos al propósito de imitar a Cristo y así no vivir juntando tesoros espirituales en vez de estar todo el tiempo corriendo detrás de las metas de este mundo (Romanos 12:2). Podemos vivir con el objetivo de servir a Dios, y con la búsqueda constante de agradarle, andando en santidad moral.

Ésta es la vida de santidad que Dios nos demanda.

Esta vida entonces, implica poner nuestra meta en obtener los tesoros celestiales, apartar la vista de los objetivos que teníamos cuando vivíamos en nuestros delitos y pecados, y tener ahora los de Cristo, es decir, extender el reino.

Por otra parte, Él sabe sobre la imposibilidad de una santidad completa en cuanto a pureza; y dado que estamos la dispensación de la gracia y no ya en la de la ley; la santidad debe ser una meta, pero no conseguirla por completo no nos mata; ni nos quita la posibilidad de arrepentirnos al pecar, ni de volver a lograr la comunión con Dios.

Dios se compadece de nosotros cuando en verdad lo intentamos y aún así resbalamos. En el estudio anterior vimos que llegado a ese caso, abogado tenemos en el cielo para con nosotros (véase 1 Juan 2:1).

La ley del pacto anterior nos sirvió para mostrarnos nuestro pecado; y la gracia, para que logremos entrar en la salvación. Para que experimentemos una comunión con Dios sin intermediarios; para que le sirvamos ya no por obligación, sino por amor, por agradecimiento.

Entonces, es a partir de esta nueva oportunidad de relación con Dios, que podemos decir junto con Pedro, que por la gracia de Dios somos:

Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; (1 Pedro 2:9 – LBLA).

Ésta es, gracias a Dios, nuestra condición actual, somos el pueblo de Dios, adquiridos por Él a través del sacrificio de Cristo. Un pueblo santo, con un propósito muy especial, anunciar las virtudes de quien nos rescató, para que otros también sean salvos.

¡A nuestro Dios sea la gloria por los siglos de los siglos! Amén.


1 Pedro 1:15‭-‬16 Llamados a ser Santos


Índice

1 Pedro 1:14 No se conformen a los viejos deseos

1 Pedro 1:17 Conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación


Nota:

Todas las Citas Bíblicas identificadas con LBLA fueron tomadas con permiso de LBLA – http://www.lbla.com

Las identificadas como NVI, fueron tomadas de:

Escritura de la Santa Biblia, NEW INTERNATIONAL VERSION®, NIV® Copyright © 1973, 1978, 1984, 2011 por Biblica, Inc.® Usado con permiso. Todos los derechos reservados en todo el mundo.

Las identificadas como RVR1960, fueron tomadas de:

la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.

Y las identificadas como DHH, fueron tomadas de:

Dios habla hoy ®, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996.


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