La fe que abre las puertas – Devocional Diario

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La fe que abre las puertas – Devocional Diario

¡Bienvenidos! El día de hoy vamos a ver cuál es el resultado de poner nuestra fe en acción. En el contexto de nuestro texto base veremos cómo un hombre paralítico y sus amigos se presentan delante de Jesús para pedirle que realice un milagro. Lo hacen utilizando empeño, esfuerzo, ingenio y valentía.

Todos estos recursos fueron utilizados porque primeramente había una fe que los movilizaba a hacer lo que fuere necesario como para llegar hasta Jesús. Hoy veremos que la fe puesta en la persona correcta consigue mucho más de lo que pudiéramos imaginar. Ellos sólo fueron por un milagro, pero al final obtuvieron mucho más que eso.

Pero antes de leer nuestro texto,

Te pedimos que por favor que te tomes unos instantes para orar

Una vez hecho esto, ahora sí, leamos el

Texto base de este devocional

Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

Marcos 2.5 – LBLA

Una aclaración pertinente es que el texto completo de esta historia se encuentra en Marcos 2.1-12; pero también en Mateo 9.1-8 y Lucas 5.17-26.

Pensemos Juntos en

La situación desde el punto de vista de los cinco hombres

Un hombre con parálisis y sus amigos, queriendo acercarse a Jesús en busca de un milagro, se encontraron con una gran multitud que les impedía verlo. Ellos, lejos de darse por vencidos y ante la imposibilidad de llegarse hasta Él, buscaron la manera de hacerlo y no repararon en detalles. ¡Cuánta determinación por conseguir el favor de Dios!

Un tejado roto, unas cuerdas improvisadas, un hombre descendiendo del techo de una casa y todo el mundo mirando esta situación con asombro, fueron los primeros resultados de una fe que mueve montañas. El milagro iba a llegar luego. Pero… Cuánto esmero, coraje y fe de parte de ellos. Este es un gran ejemplo para nosotros, ¿Cierto?

La fe que abre las puertas - Devocional Diario
La fe que abre las puertas – Devocional Diario

La situación desde el punto de vista de Jesús

¿Nos imaginamos a Jesús, quien todo lo sabe, mirando hacia el techo de reojo? De seguro Él los estaba esperando. ¿No lo crees? Ahora, cuando aquel hombre por fin bajó, Jesús hizo algo inesperado: 

No le preguntó nada, como lo había hecho en otros casos. No lo tocó ni lo envió a ningún lado específico para que hiciera alguna cosa. Lo único que hizo es algo que aquel hombre ni se esperaba (obviamente todos los demás tampoco se lo esperaban).

Claro, Jesús le daría lo que buscaba, pero en principio le dio algo mucho mejor: el perdón de sus pecados. El debate que vino a continuación será tema de otras charlas, pero por ahora, lo más importante que quisiéramos invitarte a mirar es: Que Jesús al ver la fe de ellos (no sólo la del hombre con parálisis, sino también la de sus amigos): Obró el milagro.

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Una mirada hacia nuestras vidas

¡Cuántas puertas nos abre la fe! ¿Cierto? Demasiadas como para abandonarla, o como para permitirnos perderla por alguna cosa que no hemos podido conseguir, ¿No es así? Hay muchos que afirman perderla por solo una respuesta que no les ha llegado, o por la decepción de no recibir el milagro que esperaban. Pero eso no es algo que podemos permitirnos.

Aunque es cierto que las respuestas no siempre nos llegan cuando lo esperamos, no es porque Dios no tenga poder, o porque no nos ama lo suficiente; tampoco es cierto no nos lleguen como consecuencia de que no hemos tenido la suficiente fe o porque hayamos pecado (aunque habrán veces en las que Dios quiera hablarnos por medio del silencio). 

Lo cierto es que Dios tiene una mirada más amplia que la nuestra. En este caso Él vio más que su necesidad de sanidad, de la cual luego se ocuparía. Pero en principio, Jesús vio la oportunidad de enseñar y de demostrar su autoridad, junto con la necesidad de aquel hombre de obtener el perdón de sus pecados.

Esta visión general es la que Dios siempre utiliza con nosotros. Él sabe más que nadie qué necesitamos, tanto que muchas veces nos da lo que no pedimos y nos hace esperar por lo que anhelamos; y ésto, lejos de llamarnos al enojo o a la frustración, debería llevarnos al agradecimiento y a la adoración

Él nos da exactamente lo que en verdad necesitamos.

Pero eso sí, la llave para acercarnos a Él siempre será la llave de la fe. Por eso es que nunca estará por demás preguntarnos: ¿Cuánta fe tenemos? Y también: ¿De qué manera nos acercamos a Él? Cuando le necesitemos, no dudemos en pedirle todo aquello que necesitemos, pero eso sí, sin dudar (por favor lee Santiago 1.6-8).

Ahora, por otro lado, y ya dejando de mirarnos a nosotros mismos: 

¿Cuán dispuestos estamos a ser como uno de esos cuatro amigos que hicieron todo lo necesario para llevar a este hombre frente a Jesús? ¿Pueden otros confiar lo suficiente como para dejarse bajar en una camilla por ti? ¿Pueden otros descansar en que los llevas cada día a la presencia de Dios en tus oraciones? ¿Eres así de confiable?

Esperamos que sí, pero de no serlo todavía, todos tenemos tela para cortar, aspectos por mejorar y puntos en los cuales seguir cambiando y creciendo. ¿No es así? Se puede seguir creciendo. Es solo cuestión de disposición y entrega. ¿Estás dispuesta/o? ¡Te animamos a hacerlo!

Oración

Padre Celestial, te agradecemos por ser aquel que siempre está dispuesto a escucharnos y ayudarnos. Quisiéramos tener tanta fe como aquellos hombres, y por tanto te pedimos que nos ayudes para que nuestra fe crezca aún más y para que sepamos confiar y descansar en ti.

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También te queremos entregar nuestras vidas y pedirte que nos ayudes a ser como aquellos hombres. Ellos estuvieron dispuestos a hacer lo necesario para ayudar a su amigo para encontrarte a ti, y nosotros queremos hacer lo mismo con los nuestros. Queremos ayudarlos, pero también servirte de todo corazón. 

Padre queremos decirte que te adoramos y te alabamos; y también que somos tuyos y que reconocemos todo tu amor y todo lo que hacés por nosotros. Señor, te pedimos cada una de estas cosas y esperamos que sigas obrando en nosotros; te agradecemos y te pedimos todo esto en el nombre de Cristo Jesús, amén.

Saludo y despedida

Si has hecho esta oración, si estás dispuesta/o a ponerte en sus manos y a poner toda tu fe en Él, no podemos más que alegrarnos. 

Sabemos que Dios va a seguir obrando en ti, y que ha de continuar manifestándose a tu vida, porque tenemos la certeza de que Él te ama.

También esperamos que sean muchos los que reciban tu ayuda para acercarse a Dios. Esperamos que Él te guíe en eso y que te ayude cada día a obrar según Su voluntad.

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Y además, queremos que sepas que si quieres comunicarte con nosotros, te estaremos esperando. ¡Que Dios te bendiga mucho!

Notas

La Cita Bíblica fue tomada con permiso de LBLA –http://www.lbla.com.

La imagen corresponde a un trabajo de Gracia y Vida sobre la imagen original de lecreusois  descargada de Pixabay.

La fe que abre las puertas – Devocional Diario

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