Juan 2.18-22 – Destruid este templo, y en tres días lo levantaré

Comentario Bíblico Devocional sobre el Evangelio de Juan

Introducción

En el estudio anterior hemos visto a Jesús purificando el Templo al echar a los comerciantes del mismo (Juan 2.14-17). También platicamos sobre qué lo motivó a hacerlo, y además charlamos de por qué Juan nos contó esta historia en este lugar de su evangelio, en contraste con los demás evangelios que la ubican hacia el final del ministerio de Jesús.

Ahora, en este estudio, veremos la charla que se sucedió entre los judíos y Jesús a raíz del acto realizado por nuestro Señor. Veremos que tanto Jesús como ellos entendían bien qué estaba sucediendo y qué implicaba este acto. Conversaremos brevemente sobre el Templo de Jerusalén e intentaremos dar con la interpretación correcta de la respuesta de Jesús y lo que sucedió luego de Su muerte en las mentes de sus discípulos.

Pero antes de comenzar con el estudio presente, nos gustaría presentarte brevemente el Estudio Bíblico Devocional de Gracia y Vida:

Unas palabras sobre el comentario de Gracia y Vida

La presente es solo una porción del Comentario Bíblico sobre el Evangelio de Juan, publicado por Gracia y Vida. El mismo pretende ayudar a los lectores en la interpretación y en la aplicación de las escrituras a sus vidas; teniendo además como objetivo que la lectura sea fluida y de fácil interpretación.

Con dicho objetivo en mente, y a fin de entender los distintos versículos de la manera más apropiada, nos ayudaremos con un análisis del contexto y con las herramientas hermenéuticas necesarias para llegar a una correcta interpretación; pero todo esto sin entrar en largas discusiones, ni en detalles demasiado técnicos.

Sin más, y primero que cualquier otra cosa, te invitamos a leer atentamente el texto y orar para que el Señor te llene de su sabiduría; sin lugar a dudas Él es la gran fuente de toda verdad y de todo entendimiento. Hecho ésto, ahora sí comencemos con el estudio de los versículos que nos convocan, leamos:

El Texto

18 Entonces los judíos respondieron y le dijeron: Ya que haces estas cosas, ¿qué señal nos muestras? 19 Jesús respondió y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. 20 Entonces los judíos dijeron: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú lo levantarás en tres días? 21 Pero Él hablaba del templo de su cuerpo. 22 Por eso, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron de que había dicho esto; y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había hablado.

Juan 2.18-22 – LBLA

Juan 2.18-22 – Destruid este templo, y en tres días lo levantaré

Análisis del Texto

18 

Entonces los judíos respondieron y le dijeron: Ya que haces estas cosas, ¿qué señal nos muestras? 

Para poder entender correctamente estos textos que estamos analizando, es indispensable leer al menos desde Juan 2.13 y hasta el versículo 22. También obviamente sería de mucha utilidad leer el comentario anterior del cual hacíamos referencia en la introducción.

Con la palabra “entonces” Juan nos dice que inmediatamente luego del incidente de la purificación del Templo sucedió lo que estamos a punto de estudiar, es decir la charla entre Jesús y los representantes de la religión del momento. 

Es oportuno mencionar que Juan escribía su evangelio a creyentes de cultura griega, sin embargo al nombrar a los “judíos”, tanto en esta como otras muchas oportunidades, no se estaba refiriendo pueblo judío en su conjunto sino a las autoridades religiosas de aquel pueblo.

Fueron aquellas personas, “los representantes de Dios” de aquel momento, quienes bien habían entendido que la obra realizada por Jesús indicaba una sola cosa: Que Jesús se mostraba ante el pueblo como aquel Mesías que había sido profetizado. 

Jesús, el Mesías profetizado

Ya en el estudio anterior hemos mencionado los pasajes proféticos que anticiparon la limpieza del pueblo por parte del Mesías, pero es necesario evocarlos nuevamente ahora, por lo tanto, de ser posible, te recomendamos que los leas. Nos referimos a  Ezequiel 36.22-37 y a Malaquías 3:1-4.

Dicho esto, vemos que Jesús al realizar tal acto estaba demostrando ante los ojos de todo el pueblo que Él pretendía ser quien cumplía con aquellos textos y que por lo tanto, Él era el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento.

Él era entonces el Mesías esperado, lo que todo el pueblo estuvo deseando durante tantos años. Ese era el mensaje que pretendía dar y que los religiosos habían interpretado muy bien. Pero el gran problema era que ellos no estaban dispuestos a creer en Él.

Juan 2.18-22 – Destruid este templo, y en tres días lo levantaré

La ceguera espiritual de los líderes religiosos

Para este entonces Jesús había realizado muchísimos milagros, había dado grandes señales y había enseñado como nadie lo había hecho jamás, sin embargo los celos ministeriales de los religiosos, su ego y su ceguera espiritual, no les permitían entender la verdad mostrada por Jesús.

Veamos lo que estaba sucediendo en verdad en los corazones de aquellos hombres, a quienes Jesús les dijo lo siguiente:

36 Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha dado para llevar a cabo, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. 37 Y el Padre que me envió, ése ha dado testimonio de mí. Pero no habéis oído jamás su voz ni habéis visto su apariencia. 

38 Y su palabra no la tenéis morando en vosotros, porque no creéis en aquel que El envió.39 Examináis las Escrituras porque vosotros pensáis que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; 40 y no queréis venir a mí para que tengáis vida.

44 ¿Cómo podéis creer, cuando recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único? 45 No penséis que yo os acusaré delante del Padre; el que os acusa es Moisés, en quien vosotros habéis puesto vuestra esperanza. 46 Porque si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. 47 Pero si no creéis sus escritos, ¿Cómo creeréis mis palabras?

Juan 5.36-40, 44-47 – LBLA

Podemos ver por ende que, además de no creer en los hechos sobrenaturales realizados por Jesús (milagros), tampoco creían en sus palabras, y claro está, menos creían en las señales mesiánicas realizadas por Él. Cuán frustrante debería esto para nuestro Señor. Y peor aún, así y todo seguían pidiendo más señales:

¿Qué señal muestras?

¿Para qué las pedirían? Para nosotros es evidente que ninguna otra señal sería efectiva para aquellos hombres, obviamente Jesús también estaba al tanto de esto mismo. Es verdaderamente llamativo que a tales expertos de la ley se les había escapado de sus mentes tantas evidencias mesiánicas. Permítenos que nombremos solo algunas:

Las sanaciones eran cumplimiento de que Él era el Mesías (Isaías 29.18-19; 35.5-6; 53.4), las palabras del Padre en su bautismo también lo eran (Salmos 2.7; Isaías 42.1). El lugar de su nacimiento hubiese sido bien conocido, si se hubiese querido averiguar (Miqueas 5.2 – recordar que Juan, el padre terrenal de Jesús, fue a Belén para un censo, los datos seguirían estando disponibles).

Juan 2.18-22 – Destruid este templo, y en tres días lo levantaré

Gracia y vida ha publicado un estudio con las profecías cumplidas por el Señor Jesucristo nombradas en el evangelio de Mateo. Haz clic si lo consideras pertinente, para ir a aquel estudio.

Volviendo a los maestros de la ley, podemos ver que en verdad nada de esto les interesaba, ellos estaban muy cómodos con sus reglas y leyes, mostrándose espirituales ante los demás, pero sin llegar a serlo, buscando ser admirados por los hombres pero sin lograr agradar a Dios y encontrándose muy lejos de Él.

No por nada Jesús, en distintas situaciones, los llamó sepulcros blanqueados y también hipócritas (Mateo 23.27). Pero al mismo tiempo, cuánta tristeza en el corazón del Salvador del mundo al ver los resultados de la ceguera de aquellos hombres, lee por favor Mateo 23.37 y nota cuál era el sentimiento de Jesús en aquel momento.

¿Qué mayor señal podría darles? ¿Qué les alcanzaría para que puedan creer? Evidentemente a quienes no querían hacerlo y nada les bastaba, pero aún así, Jesús les dio un indicio de qué sucedería con Él en breve, esto sería evidentemente una señal para todos, que más tarde se entendería. Veremos este tema en el siguiente versículo.

Reflexión

Antes de seguir con el otro texto sería bueno reflexionar sobre nuestra fe. ¿Es simple y sencilla como la de un niño? ¿Te han bastado las manifestaciones y la revelación de Dios hasta el momento, o siempre estás en busca de algo más para poder convencerte? 

Bienaventurados son los que creen sin necesidad de ver (Juan 20.29), pero para los que necesitamos un poco más de fe, Dios siempre está allí para ayudar a los que tienen voluntad de creer. ¿Cuál es tu situación? 

Recuerda siempre aquel evento en el cual Jesús echó al demonio que atormentaba a un muchacho. El padre de éste, hablando con Jesús le dijo:

22 Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. 23 Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. 24 E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.

Marcos 8.22-24 – RVR1960 ®

Juan 2.18-22 – Destruid este templo, y en tres días lo levantaré

En aquella respuesta de Jesús está la respuesta a todas nuestras preguntas. El autor de este comentario siempre recuerda la respuesta del padre del muchacho, y te anima a creer y a pedir ayuda aún cuando en tu corazón existan dudas. 

La respuesta de Dios siempre llega a aquellos que están dispuestos a creer, a quienes sin complejos, le dicen al Señor: “me cuesta, pero quiero creer, ayúdame con mi fe”. ¿Sabías que la fe es un don de Dios? Si no te alcanza, pide más fe. Te será concedida.

19

Jesús respondió y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. 

Obviamente la interpretación de esta señal era algo que a ellos no les estaba revelada. Sin embargo, aún así Jesús les dio una respuesta. Alguien tal vez pudiera preguntarse: ¿No podía Jesús decir algo que ellos pudieran entender? Pero la verdad, ante tantas señales frente a sus ojos y después de tantas enseñanzas desperdiciadas por ellos:

¿Sería conveniente darles perlas a los puercos? Es evidente que Jesús, a propósito, no les dio una señal más maravillosa y comprensible en aquel momento. Aunque claro, con el Espíritu Santo de nuestro lado, lo que podemos ver es una señal más que extraordinaria en su resurrección de entre los muertos.

Es lamentable que quienes fueran los líderes religiosos del momento estuvieran tan lejos de Dios como para no poder ver a Jesús como su Mesías. Quiera Dios ayudarnos para nunca estar nosotros en esta misma situación y, al mismo tiempo, tengamos nosotros la disposición constante de buscarlo en cada momento con la actitud correcta.

Nos ayude el Señor a no conducir a quienes están bajo nuestro cuidado al alejamiento y/o al endurecimiento espiritual. Ciertamente eso nos colocaría en el mismo lugar que aquellos fariseos y demás maestros de la ley (saduceos, escribas, intérpretes, etc.). 

Mantengamos la comunión permanente con aquel que puede guiarnos cada día para caminar en la dirección y en el sentido correcto, y así guiemos a nuestro pueblo hacia el único camino, la única verdad y la única fuente de vida eterna. ¿Estás dispuesto? ¡Dios te bendiga en esa tarea! ¡Él quiere hacerlo!

Juan 2.18-22 – Destruid este templo, y en tres días lo levantaré

Templo de Herodes
Templo de Herodes – Maqueta del segundo Templo de Jerusalén

Imagen de Juan R. Cuadra – Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2591412

20

Entonces los judíos dijeron: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú lo levantarás en tres días?

Ya por todo lo dicho, no es necesario que expliquemos por qué estos no entendían las palabras de Jesús. Obviamente entendían las palabras de Jesús de manera literal y no podían ver el significado espiritual de las mismas. 

Pero también, y al mismo tiempo, nosotros debemos ser muy sinceros y confesar que en aquel momento hubiese sido muy difícil entender el sentido correcto de sus palabras. Aquella interpretación no solo era imposible de entender para aquellos, sino también para cualquier otra persona.

Para peor, los judíos siempre entendían los dichos de Jesús en forma literal, así que lamentablemente esta no fue la excepción. Véanse otros ejemplos como el de Nicodemo y el nuevo nacimiento (Juan 3.1-36), la mujer samaritana y el agua de vida (Juan 4.5-42), el pueblo y el pan del cielo (Juan 6.25-59), etc., etc.

En los versículos siguientes veremos que los discípulos lograron comprenderlas recién para después de que él hubiera resucitado. Así que, aunque no los defendamos, tampoco podemos acusarlos en este punto.

Veamos ahora que los judíos estaban muy orgullosos de su Templo y que por lo tanto, las palabras de Jesús no podían ser ni entendidas ni bien recibidas por los mismos.

Posiblemente ellos pensarían que ese Templo jamás volvería a ser destruido, y por lo tanto, por su gloria y por lo que representaba, ellos pensarían que Jesús, o bien los estaba provocando, o quizás estuviera hablando algo sin sentido.

Por eso fue su respuesta:

En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú lo levantarás en tres días?

Juan 2.18-22 – Destruid este templo, y en tres días lo levantaré

Francamente era algo ridículo para ellos. Cuarenta y seis años se había demorado en dejarlo como estaba, destruirlo y reconstruirlo en tres días sería algo imposible de ser realizado. 

En efecto, el Templo cuyos cimientos fueron levantados por Zorobabel, con gran alegría y lágrimas, en el 535 A.C. (Esdras 2.8-13), fue reformado y ampliado desde el año 19 A.C. por Herodes. Pero la obra no finalizó sino hasta el año 64 D.C.

Se entiende entonces, desde esa perspectiva, que los judíos respondieran de aquella manera. Lo ilógico de la situación, era que estaban pidiendo un milagro, pero sin fe. Pero si Jesús fuera el Mesías que ellos esperaban, lo que haría sería manifestar con un milagro grandilocuente que lo era. Desde ese punto de vista: ¿Qué mejor milagro que ese?

Lamentablemente para ellos, ni Jesús haría lo que ellos esperaban, ni el el Templo se mantendría erguido para siempre. Para el año 70 D.C. los ejércitos romanos sitiaron Jerusalén y terminaron por destruir el mismo. 

En este punto pudiéramos reflexionar en aquello de lo cual estamos orgullosos y decir:

Nada construido por la manos del hombre tendrá gloria permanente, lo único que permanece para toda la eternidad es el fruto del trabajo espiritual. ¿En dónde acumulas tus tesoros? Por favor lee Mateo 6.19-20; Filipenses 3.8 y 1 Timoteo 6.18-19. ¡Haz tesoros espirituales!

21 

Pero Él hablaba del templo de su cuerpo

Sin embargo, obviamente Jesús no hablaba de un Templo físico, sino uno espiritual, hecho no con manos humanas (Marcos 14.58). Su cuerpo era aquel Templo del cual hablaba, y el cual sería “destruido” por la muerte pero “reedificado” por la resurrección.

Juan aquí nos está dando la interpretación de los discípulos de Jesús un tiempo después de aquel acontecimiento, luego de su resurrección. Jesús probablemente también hablara de estar tres días en la tumba y luego resucitar de los muertos. Compárese con la señal de Jonás (Mateo 12.38-41).

Aquí también se puede ver lo siguiente: Si bien el texto habla del cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, también es cierto que nuestros cuerpos son Templos en donde Dios habita y donde nosotros podemos tener comunión con el Padre sin restricciones. Leamos los siguientes dos textos para ilustrar mejor este punto:

16 ¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros? 17 Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él, porque el templo de Dios es santo, y eso es lo que vosotros sois.

1 Corintios 3:16-17 – LBLA

¿O qué acuerdo tiene el templo de Dios con los ídolos? Porque nosotros somos el templo del Dios vivo, como Dios dijo: Habitare en ellos, y andare entre ellos; y seré su Dios, y ellos serán mi pueblo.

2 Corintios 6:16 – LBLA

Juan 2.18-22 – Destruid este templo, y en tres días lo levantaré

Otro tema a considerar en esta parte es que los judíos, en vez de intentar entender estas palabras, las aprovecharon para acusarlo luego en el “juicio” en que juzgaron a Jesús (ver Mateo 26.61; Marcos 14.58 y Hechos 6.14). 

Para pensar

¿Entiendes tú las palabras de Jesús? Si al leer las escrituras no las puedes entender, quien siempre estará dispuesto para ayudarte a comprenderlas es el Espíritu Santo. Pídele su ayuda y Él te llevará a toda verdad (Juan 16.13) y llenará de sabiduría (Santiago 1.5).

Por otro lado, si eres cristiano y te cuesta entender la Palabra de Dios, no te entristezcas, busca la ayuda del Espíritu, pero también en tu Iglesia siempre habrá quien pueda ayudarte, consulta con tu pastor o líder y que Él te guíe a la persona adecuada, quien con gusto estudiará contigo la Biblia o te despejará tus dudas.

22 

Por eso, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron de que había dicho esto; y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había hablado.

Cuando Jesús murió, sus discípulos se juntaron como Él les había pedido. Sus corazones estaban apesadumbrados y su entendimiento nublado, sin embargo, cuando Él resucitó todo comenzó a acomodarse en sus mentes y corazones. Este texto nos ayuda a comprender lo que pasaba en aquellos hombres.

Ellos obviamente no lograron comprender todas las cosas que Jesús les enseñaba, es más muchas veces se los vio dubitativos en cuanto a lo que Él hablaba, ver por ejemplo Mateo 16.7 y contexto. El presente versículo es entonces un ejemplo que nos muestra que existieron cosas que ellos lograron entender mucho después.

Una vez que Jesús hubo resucitado, se acordaron de lo dicho por Él y su fe fue fortalecida aún más. En aquel momento tuvieron mayor fe, no solo en lo que las escrituras decían, sino también en las palabras de Jesús. Obviamente el Espíritu Santo llegó luego para enseñarles y ayudarlos a comprender todo lo que no habían entendido antes.

Jesús conociendo todo esto, en una ocasión les dijo:

 12 Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. 13 Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir. 14 El me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber.

Juan 16.12-14 – LBLA

Juan 2.18-22 – Destruid este templo, y en tres días lo levantaré

¿Qué texto recordaron? Muy posiblemente Salmos 16.10:  

Pues tú no abandonarás mi alma en el Seol,

ni permitirás a tu Santo ver corrupción.

Salmos 16.10 – LBLA
Para terminar

Antes de terminar este estudio nos gustaría alentarte para que estudies la Palabra de Dios, que reflexiones y medites en ella. Tus experiencias con Dios irán ayudándote a crecer espiritualmente y en ese proceso tu entendimiento del texto bíblico se irá acrecentando más y más.

Esperamos que este estudio te haya servido para entender el texto bíblico y para reflexionar en el mismo, nos despedimos deseando que nuestro Señor te llene de su sabiduría y de sus bendiciones.

Links

Te dejamos algunos otros links que pudieran servirte:

Nota

Todas las Citas Bíblicas identificadas con LBLA fueron tomadas con permiso de LBLA – http://www.lbla.com.

Las identificadas como RVR1960, fueron tomadas de:

la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.

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