Dios prueba a sus hijos – Las aguas de Mara. – Gracia y Vida


¿Cuántas veces has pasado por circunstancias adversas mientras creías estar en paz con Dios?

¿Cuántas veces aún siendo dirigidos y acompañados por Dios llegamos a situaciones de conflicto, nos topamos con diversas dificultades o nos alcanzan los problemas de la vida?

En el estudio de hoy veremos

  • Cómo el pueblo de Dios se queja contra Él al encontrar aguas amargas en el desierto.
  • La acción de su líder, Moisés.
  • La respuesta de Dios.
  • Aplicaciones para nuestras vidas.

Contexto de la historia

En esta historia vemos al pueblo de Dios en medio del desierto. Dios sacó a Israel de Egipto con mano poderosa y con demostraciones de su poder.

Este pueblo, que había sido esclavo por más de cuatrocientos años, necesitaba convertirse en una nación, pero mucho más, necesitaba conocer a Dios.

Él tenía un plan para con ellos, quería ser conocido y adorado, quería relacionarse y mostrarles su amor y poder. Pero para eso, ellos debían conocerle.

Así es que, después de caminar por el desierto por varios días, Israel se topa con la situación que leemos a continuación.

Dios prueba a sus hijos - Las aguas de Mara.
Las aguas de Mara

Texto bíblico

22 Moisés hizo partir a Israel del mar Rojo, y salieron hacia el desiertode Shur; anduvieron tres días en el desierto y no encontraron agua.23 Cuando llegaron a Marano pudieron beber las aguas de Mara porque eran amargas; por tantoal lugar le pusieron el nombre de Mara. 24 Y murmuró el pueblo contra Moisés, diciendo: ¿Qué beberemos? 25 Entonces él clamó al Señor, y el Señorle mostró un árbol; y él loechó en las aguas, y las aguas se volvieron dulces. Y Dios les dio allí un estatuto y una ordenanza, y allí los puso a prueba.26 Y dijo: Si escuchas atentamente la voz delSeñor tu Dios, y haces lo que es recto ante sus ojos, y escuchas sus mandamientos, y guardas todos sus estatutos, no te enviaré ninguna de las enfermedades que envié sobre los egipcios; porque yo, el Señor, soy tu sanador.27 Llegaron a Elim, dondehabía doce fuentes de agua y setenta palmeras, y acamparon allí junto a las aguas. (Éxodo 15.22-27 – LBLA)

Análisis, reflexión y aplicaciones

El pueblo estaba compuesto por hombres, mujeres, niños y ancianos, quienes además llevaban consigo a su ganado. ¿Quién pudiera culparlos por sentir la necesidad de beber agua en el desierto?

Ya llevaban tres días de camino. La nube de Dios les proporcionaba resguardo de los rayos del sol y por la noche se volvía columna de fuego, para abrigarlos en el frío del desierto.

Pero a pesar del cuidado del clima y tras caminar de día y de noche, necesitaron refrigerarse y, a primera vista, las aguas de Mara eran la solución.

Cuántas expectativas tendrían de llegar a un lugar así, a una laguna o aunque sea a un charco. Pero con agua para sus familias, para sus hijos y para sus ancianos.

Llegar a este sitio debió ser un momento sublime, pero luego de la euforia inicial, y al probar el agua, la decepción fue muy grande. ¿Qué pensarían ellos en esta situación? ¿Sería tal vez una burla del destino? El desánimo ganó terreno y la bronca no tardó en llegar.

Junto con la bronca también llegó la murmuración, el arrepentimiento de haber salido de Egipto, y la necesidad de culpar a alguien: «Moisés». Y junto con él y por extensión, a Dios mismo.

Su líder, al ver la situación no tardó en hacer lo que de él se esperaba, lo que era necesario, lo que dio resultado antes y lo daría también después.

Moisés clamó a Dios.

Cuántas veces nos encontramos con problemas inesperados y cuántas otras con soluciones poco efectivas o finalmente inútiles.

En cuántos momentos nos sentimos desconcertados, impotentes, tristes o agobiados. Y, ¿Cuál es nuestra actitud en esos momentos?

Los israelitas no estaban espiritualmente maduros. El carácter de su fe estaba en formación. Dios debía seguir demostrando su poder, amor y cuidado para que ellos lo conocieran realmente, y para que creyeran incondicionalmente, así como lo hacemos nosotros. ¿Verdad?

Está última era la intención de Dios. Él, sin lugar a dudas, hubiese podido potabilizar esas aguas antes de que ellos llegaran, o hubiese podido llevarlos a un oasis anticipadamente.

Hubiese podido ahorrarles la experiencia. Pero no lo hizo. Él tenía algo más en mente, tenía un propósito para esta prueba. Dios esperaba darles mucho más que solo agua.

¿Cuántas veces nos ponemos obstinados delante de Dios? ¿En cuantas oportunidades no le damos elección en nuestras oraciones? Queremos lo que pedimos, y ninguna otra cosa. Pero hay algo que siempre debemos tener en cuenta:

Dios  siempre ve más allá.

Imagen de un oasis, palmeras y un lago
Dios prueba a sus hijos

Es que: ¿Cómo se acrecienta nuestra fe sino al pasar por las pruebas? ¿Y cómo conocer la providencia y respuesta de Dios sino oramos? ¿Cómo conocer de su inmenso poder sino lo vemos actuar? Y muchas veces, ¿Cómo acercarnos más a Dios sin tener pruebas en nuestras vidas?

¿Por qué no les privó de este trago amargo? Ellos necesitaban conocerle un poco más. “De oídas te había oído, pero ahora mis ojos te ven” ¿Recuerdas la frase? Otro que pasó por una gran prueba, pero que la superó al buscar a y afirmarse en Dios. (Job 42.5)

Despotricar, quejarse, hablar mal, enojarse, obstinarse. Ninguna de estas cosas nos brindan los resultados necesarios. Debemos clamar.

Moisés lo sabía muy bien y fue eso lo que hizo. Él oró y Dios le respondió. Esto fue una constante a lo largo de toda la historia de Moisés, y muy posiblemente pudiera también aplicarse a tu vida. Pero muchas veces depende de ti. Por eso aquí, tal vez quepan las siguientes preguntas:

¿Cuán firme está tu fe?

¿Cuán cerca estás de Dios? ¿Confías realmente en Él? ¿Conoces Su poder? ¿Te aferras a Él? ¿Tienes por costumbre pasar tiempo en oración y leyendo su Palabra?

Creo que estas son preguntas clave para nuestras vidas, ya que estando cerca de Dios, ninguna montaña es tan alta, ninguna piedra tan pesada y ninguna situación imposible. ¿Cómo serlo con un Dios Todopoderoso a nuestro lado?

¿Qué circunstancia estás atravesando? Tal vez éste sea el momento justo para acercarte a Dios.

En el final de la historia vemos que Dios conduce al pueblo a un oasis, muchas palmeras, varias fuentes de aguas.

Cuando clamas a Dios todo puede suceder. Sucedió antes, sucede ahora, sucederá siempre. ¿Tienes fe? Dios siempre obra, Su poder nunca se acaba. Sucede en mi vida y puede suceder en la tuya. Lo más probable es que ya esté pasando. ¿Qué tal los ojos tu fe? Después de Mara siempre llega el oasis. La pregunta es:

¿Cómo vives tú Mara?

Dios te guíe para poder vivir con fe, fortaleza y paciencia. 

El que te conduce a Mara, también te llevará al oasis. Es cuestión de tiempo, de madurez y de fe.

¿Cómo vives tú Mara? ¡Vivela con fe!


Dios prueba a sus hijos – Las aguas de Mara


Nota:

 Cita Bíblica tomada con permiso de LBLA – http://www.lbla.com

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Publicado por Gracia y Vida

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