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Cristo Nuestro Abogado – Poema

Cristo Nuestro Abogado – Poema

Diplomado en toda ciencia

De los problemas humanos.

Jesús te ofrece hoy su mano

Apelando tu sentencia.

Que tú eres un pecador

Dice el Registro Sagrado.

Mas Cristo nuestro Abogado

Será tu fiel Defensor.

En las cortes celestiales

Jesús será tu Abogado.

El siempre ha representado

A los que le son leales.

Asegura hoy su servicio

Mediante tu confesión.

Y dale hoy tu corazón

Porque se avecina el juicio.

Capacitado él está

Y le sobran credenciales.

El no conoce rivales

Y tu caso ganará.

Hoy es la última vez

Que te llama el Salvador.

Si hoy día no es tu Defensor

Mañana será tu Juez.

Es del cielo diplomado

Amor, su concentración.

Si es real tu confesión

El podrá ser tu Abogado.

El no te cobra honorarios

Antes ni después del juicio.

Porque con su sacrificio

Ya los pagó en el Calvario.

Pronto muy tarde será

Para que él te represente.

Debes tenerlo presente

Pronto el tiempo acabará.

Aún tienes tiempo mi hermano

Comunícate con él.

Si al cielo tú has sido fiel

Jesús te dará su mano.

Por Arcadio Vega

Agradecemos a Arcadio Vega, quien desinteresadamente y con gran amor por Cristo, nos ha permitido publicar sus poemas y demás escritos sin esperar nada a cambio. ¡Dios te bendiga grandemente Arcadio!

Arcadio nos dice:

Jesucristo es nuestro Abogado en la corte Celestial, presentando su sangre como méritos en nuestra defensa. Sin Cristo no puede haber salvación. Hechos 4:12. O como dijera alguien: “Con Cristo tenemos una esperanza sin fin, pero sin Cristo tenemos un fin sin esperanza”.

Cristo Nuestro Abogado - Poema
Cristo Nuestro Abogado – Poema

Ciertamente Jesús nos ama, se preocupa por nosotros y sabe por las situaciones por las que pasamos. Encontramos evidencias de este amor y preocupación en todo el Nuevo Testamento.

Una de las oraciones de intercesión más largas que podemos hallar es la de Jesús a favor nuestro, cuando todavía estaba en esta tierra, Él oró al Padre por todos nosotros, diciendo:

6 »He manifestado Tu nombre a los hombres que del mundo me diste; eran Tuyos y me los diste, y han guardado Tu palabra. 7 Ahora han conocido que todo lo que me has dado viene de Ti; 8 porque Yo les he dado las palabras que me diste; y las recibieron, y entendieron que en verdad salí de Ti, y creyeron que Tú me enviaste.

9 »Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me has dado; porque son Tuyos; 10 y todo lo Mío es Tuyo, y lo Tuyo, Mío; y he sido glorificado en ellos.

11 »Ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y Yo voy a Ti. Padre santo, guárdalos en Tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como Nosotros somos uno. 12 Cuando Yo estaba con ellos, los guardaba en Tu nombre, el nombre que me diste; y los guardé y ninguno se perdió, excepto el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliera. 13 Pero ahora voy a Ti; y hablo esto en el mundo para que tengan Mi gozo completo en sí mismos.

14 »Yo les he dado Tu palabra y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo. 15 No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. 16 Ellos no son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo.

17 »Santifícalos en la verdad; Tu palabra es verdad. 18 Como Tú me enviaste al mundo, Yo también los he enviado al mundo. 19 Y por ellos Yo me santifico, para que ellos también sean santificados en la verdad.

20 »Pero no ruego solo por éstos, sino también por los que han de creer en Mí por la palabra de ellos, 21 para que todos sean uno. Como Tú, oh Padre, estás en Mí y Yo en Ti, que también ellos estén en Nosotros, para que el mundo crea que Tú me enviaste.

22 »La gloria que me diste les he dado, para que sean uno, así como Nosotros somos uno: 23 Yo en ellos, y Tú en Mí, para que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que Tú me enviaste, y que los amaste tal como me has amado a Mí.

24 »Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde Yo estoy, para que vean Mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. 25 Oh Padre justo, aunque el mundo no te ha conocido, Yo te he conocido, y éstos han conocido que Tú me enviaste. 26 Yo les he dado a conocer Tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos y Yo en ellos». Juan 17.6-24

¿Has notado cuanto amor demostró Jesús por nosotros en esta oración? Él sabe de nuestras debilidades, y también conoce muy bien contra qué luchamos. Esto hace que nuestro Señor pueda representarnos ante el Padre, e interceder por nosotros ante Él.

Es muy grato para nosotros ver cómo el libro de Hebreos nos lo presenta como nuestro gran Sumo Sacerdote. En él podemos ver cómo Jesús se pone entre nosotros y el Padre para brindarnos su gracia y misericordia, leamos:

14 Teniendo, pues, un gran Sumo Sacerdote que trascendió los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, retengamos nuestra fe. 15 Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino Uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. 16 Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna. Hebreos 4.14-16

Cómo ves, la obra de Jesús continúa aún hoy a nuestro favor. No ha concluido aquí en la tierra. Él sabe por lo que pasamos y es por eso que también puede representarnos y abogar por nosotros. Esto es lo que dice el apóstol Juan, leamos:

Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Y si alguien peca, tenemos Abogado para con el Padre, a Jesucristo el Justo. 2 Él mismo es la propiciación por nuestros pecados, y no solo por los nuestros, sino también por los del mundo entero. 3 Y en esto sabemos que lo hemos llegado a conocer: si guardamos Sus mandamientos. 1 Juan 2.1-3

Todo esto hace que las palabras del autor del libro de Lamentaciones sean reales cada día para nosotros:

57 Te acercaste el día que te invoqué,

Dijiste: «¡No temas!».

58 Tú has defendido, oh Señor, la causa de mi alma,

Tú has redimido mi vida. Lamentaciones 3.57-58

¡Cuán bueno es nuestro Señor, cuánto amor nos tiene, y cuán digno de ser adorado!

Si has pecado y si te has arrepentido, no hay razón para no buscarle, para aislarte de Él, para no acercarte a Dios. Jesús murió por ti, y hoy mismo nuestro Dios está dispuesto a perdonarte.

Recuerda bien lo siguiente:

Su amor es inmenso, su perdón es posible, tu tiempo es ahora.

Te agradecemos mucho por haber visitado Gracia y Vida. Esperamos que hayas disfrutado de este poema, y que puedas meditar en todo lo leído. Si fue así, te dejamos el siguiente enlace para que puedas acceder a más poemas cristianos.

¡¡Dios te bendiga mucho!!

Notas

  • Todas las Citas Bíblicas fueron tomadas con permiso de la Nueva Biblia de las Américas (NBLA) © 2005 by The Lockman Foundation.

La imagen de portada corresponde a un trabajo de Gracia y Vida, a partir de la imagen original de Okan Caliskan, la cual se halla en Pixabay

Cristo Nuestro Abogado – Poema

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